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Memorias del subdesarrollo (II)

Por Jorge Majfud
al gran Tom谩s Guti茅rrez Alea

Una sociedad evidencia un alto grado de desarrollo por la forma en que sus miembros se conducen y relacionan entre s铆; no por una simple inundaci贸n de capitales.

La historia de Uruguay y Argentina siempre ha padecido de cierto bipolarismo. De grandes crisis y depresiones autodestructivas se pasa a una euforia igualmente desmesurada. Pero esta monta帽a rusa del 谩nimo social rioplatense no se corresponde con una realidad m谩s estable.

Entre una inundaci贸n de capitales y el verdadero desarrollo hay una distancia considerable. Contrariamente a los porcentajes de crecimiento econ贸mico, la cultura social rioplatense no ha avanzado. Normalmente se entiende que son los recursos econ贸micos los que dan forma a esas relaciones pero es muy probable que en gran medida sea estrictamente lo contrario: una sociedad evidencia un alto grado de desarrollo debido a la forma en que sus miembros se conducen y relacionan entre s铆 (Ya dedicamos muchos otros ensayos a exponer las graves contradicciones de algunas sociedades desarrolladas que, como la antigua Atenas, como Estados Unidos, muestran un alto grado de civilidad y desarrollo fronteras adentro y salvaje arrogancia fronteras afuera.)

A pesar de ciertos progresos sociales en algunos pa铆ses de la regi贸n, nuestras sociedades del boom econ贸mico latinoamericano todav铆a muestran ciudades exageradamente sucias y peligrosas, extremos de ostentosa riqueza y de miseria extrema, polic铆as que todav铆a piden coimas o que nadie respeta, ciudadanos que rompen con cualquier norma comunitaria apenas pueden, apedreos impunes y por placer a autobuses, ingeniosas destrucciones del patrimonio p煤blico, barriadas cada vez m谩s enrejadas, juventudes disueltas e idiotizadas por las parad贸jicas “redes sociales” (el diablo est谩 en los nombres, en los ideol茅xicos), personas honestas que se ofenden por cualquier cr铆tica…

En Uruguay y Argentina nunca se respetaron a rajatabla las se帽ales de tr谩nsito, los carteles de PARE, pero al menos a帽os atr谩s se respetaban los sem谩foros. Hoy los j贸venes se divierten cruzando con la luz roja. Es com煤n ver las caras sonrientes de las muchachas que llaman la atenci贸n arriesgando sus vidas y la de los dem谩s.

Esta es todav铆a la pura mentalidad del subdesarrollo que se intenta negar. No ha cedido; se ha potenciado con el remedo de un consumismo importado de cachivaches importados.

Obviamente algo est谩 fallando en el feliz reino del “estamos mucho mejor” y no creo que sea un problema meramente pol铆tico o ideol贸gico.

Bastar铆a con citar el actual nivel de la educaci贸n b谩sica, seg煤n algunos est谩ndares internacionales. Si bien Uruguay se ha situado en el segundo lugar en Am茅rica Latina en las pruebas PISA, perdiendo el primer puesto con Chile, la posici贸n que ocupa en el 煤ltimo tercio entre los pa铆ses participantes contradice el sitial de avanzada que ostent贸 durante casi un siglo hasta los a帽os sesenta. Y como los resultados no conforman algunos optan por negar la validez de la evaluaci贸n internacional.

Tampoco deja de ser una confirmaci贸n el hecho de que los 煤ltimos gobiernos han aumentado el presupuesto de la educaci贸n y los resultados han empeorado. Obviamente la inversi贸n econ贸mica es crucial, pero sigue fallando la organizaci贸n del cambio, no s贸lo a nivel administrativo y estrat茅gico sino a nivel de la cultura general: el modus operandi de la sociedad reflejado en cada individuo que prefiere actuar por reacci贸n, sin objetivos claros, y no por creaci贸n. As铆, cada medida de lucha contra una realidad desfavorable se convierte en intrascendentes protestas decoradas de discursos y repetidas pancartas, cuando no en una negaci贸n destructiva sin un objetivo alternativo claro que sea capaz de evaluar la responsabilidad propia. Falta autonom铆a, responsabilidad; sobran quejas, inmovilidad, temor a asumir los riesgos de no quedarse estancado en un mundo de permanentes cambios.

Tambi茅n la delincuencia ha rejuvenecido. Me refiero al car谩cter juvenil, adolescente y hasta infantil del crimen. Esto no es nada sorprendente. Trece a帽os atr谩s, en medio de la otra euforia primermundista de una ideolog铆a opuesta, el neoliberalismo, alert谩bamos que la crisis por venir a finales de siglo era una bomba de tiempo, ya que una econom铆a se puede recuperar en pocos a帽os pero los efectos sociales perduran por generaciones. La abrumadora mayor铆a de los ni帽os nac铆an y nacen en hogares en condiciones paup茅rrimas de salud y educaci贸n que no hab铆an conocido los eternos campeones del mundo, el pa铆s m谩s progresista de Am茅rica Latina, el pa铆s de mayor igualdad social, de mayor nivel de vida, de las leyes m谩s avanzadas del siglo XX.

Parte del problema es que, a nivel popular, la sociedad latinoamericana se ha quedado en una ret贸rica congelada, hecha de retazos de viejos intelectuales europeos y norteamericanos, como en el siglo XIX, repitiendo como si fuesen novedosos descubrimientos listos para la salvaci贸n, y no ha sido capaz de elaborar un pensamiento propio. Salvo en casos excepcionales.

En Asia, particularmente en China, el desarrollo econ贸mico impulsado por el capitalismo comunista ha ido de la mano de un desarrollo de la educaci贸n formal, tan competitiva como en las olimpiadas donde los ni帽os sacrifican su infancia en pos de la competencia y el 茅xito. (El desarrollo social todav铆a corre, de forma amenazante, muy por detr谩s.) Pese a las multimillonarias inversiones, China no ha tenido los mismos resultados en cuando a creatividad e innovaci贸n, aunque es de suponer que esto vendr谩 con el tiempo.

Siempre he pensado, desde un punto de vista marxista, que los grandes cambios culturales (supraestructura) se deb铆an a los grandes cambios de la base econ贸mica y productiva. Muchos marxistas (ej. A. Gramsci, L. Althusser, etc.) remendaron esta din谩mica d茅cadas atr谩s. Pero el mundo supramoderno desaf铆a esta visi贸n tan clara en la historia. Ernesto Guevara, N. Chomsky, Paulo Freire, Eduardo Galeano y tantos otros ten铆an mucha fe en el camino inverso, en el estimulo moral, en la educaci贸n, en la concientiza莽茫o, etc.

Si bien hoy los cambios estructurales no son tan profundos como se los quiere presentar, lo cierto es que una sociedad posindustrial, inform谩tica, parece cambiar m谩s f谩cilmente desde arriba hacia abajo, es decir, desde la cultura y la educaci贸n hacia el orden econ贸mico y productivo, que a la inversa. En casos la relativa independencia de los dos reinos (el cultural y el econ贸mico) no deja de ser notable.

Los gobiernos pueden hacer mucho (empezando por la educaci贸n formal) pero todo es muy poco al lado de lo que ser铆a necesario para cambiar toda una cultura que adolece de dos problemas hist贸ricos: la autodestrucci贸n y la autocomplacencia. El simple 茅xito econ贸mico no puede hacerlo. Podr铆a lograrlo una profunda autocritica colectiva. Pero para eso se necesita un foco de cr铆ticos incisivos e innovadores, capaces de promover un pensamiento propio y no importado, una incisiva campa帽a de concientizaci贸n no s贸lo sobre lo que “uno es”, sino sobre lo que “uno hace”. Algo parecido se logr贸 en la lucha contra el tabaco y las poderosas tabacaleras. ¿Por qu茅 no habr铆a de lograrse en otros 谩mbitos tan simples como el respeto civil, la responsabilidad propia en el logro de soluciones personales y colectivas?

Claro, tal vez sea una tarea dif铆cil cuando los j贸venes est谩n tan ocupados en banalidades universalizadas por las “redes (anti)sociales” en nombre de la democracia y la liberaci贸n de los individuos.

No es que haya perdido mi fe en la futura democracia directa, en la independencia de los individuos en una sociedad hiperdesarrollada. S贸lo que la realidad muestra que esa utop铆a est谩 cada d铆a m谩s lejos, que las nuevas herramientas de liberaci贸n siguen siendo los juguetes que impiden madurar. Seguimos actuando como lobos y ovejas mientras nos creemos individuos liberados. Individuos virtuales de una sociedad virtual y con una liberaci贸n virtual, rodeados de nuevos capitales y viejos escombros.



Jorge Majfud

Diciembre 2010

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