Por Josep Maria Antentas y Esther Vivas
La reciente cumbre del G8 en Deauville, Francia, ha ofrecido pocas novedades. Sus protagonistas se han ce帽ido fielmente al gui贸n repetitivo de todos sus encuentros previos: ret贸rica democr谩tica y humanitaria vac铆a de contenido, por un lado, y profundizaci贸n de las pol铆ticas neoliberales, por el otro.
La fidelidad a un gui贸n invariable no ha podido disimular, sin embargo, el debilitamiento progresivo del G8. Su p茅rdida de protagonismo como instrumento para gestionar el orden mundial en beneficio del G20 es ya incuestionable, como resultado de las reconfiguraciones de la geopol铆tica y la econom铆a global, el declive de Estados Unidos y la Uni贸n Europea y el ascenso de los pa铆ses emergentes.
La agenda de Deauville ha estado marcada en particular por las revueltas del mundo 谩rabe, cuyo desarrollo desestabiliza los cimientos de la econom铆a del petr贸leo y debilita enormemente los mecanismos de dominaci贸n imperialistas de la regi贸n. El objetivo del G8 no es otro que intentar encauzar los procesos en curso en la direcci贸n menos perjudicial para los intereses occidentales y recuperar la iniciativa a trav茅s de la intervenci贸n en Libia. En medio de grandes proclamas acerca de su “compromiso para defender las reformas democr谩ticas en todo el mundo y responder a las aspiraciones de libertad” y del anuncio de ayudas econ贸micas de 40.000 millones de d贸lares, el llamado “compromiso de Deauville” persigue mantener la continuidad de las pol铆ticas neoliberales, de los planes de austeridad y del papel del Fondo Monetario Internacional en la regi贸n, el impacto social de cuyas recetas es de sobras conocido.
Bajo el shock del accidente de Fukushima, el G8 ha tenido tambi茅n en su agenda la cuesti贸n nuclear. Detr谩s de la ret贸rica sobre “promover los niveles m谩s altos de seguridad nuclear en todo el mundo”, y de aumentar la cooperaci贸n internacional para reforzar “la cultura de la seguridad en todo el planeta y mejorar la transparencia”, subsiste la firme voluntad de no perjudicar los intereses del lobby nuclear, cuyos planes para relanzar la energ铆a nuclear como alternativa a la crisis del petr贸leo se han ido al traste tras el accidente japon茅s. La verborrea sobre la seguridad nuclear esconde, como se帽ala el soci贸logo Michael L枚wy, que dicha industria “trae la cat谩strofe como la nube la tormenta”.
En paralelo, a pesar de que la declaraci贸n final de la cumbre afirma que “afrontar el cambio clim谩tico es una prioridad global”, el G8, siguiendo la estela de las reuniones del COP15 y 16 en Copenhague y Canc煤n, avala una pol铆tica de “ecoretoques” cosm茅ticos que rechaza adoptar medidas que incidan en el coraz贸n del actual modelo de producci贸n, distribuci贸n y consumo.
El debate sobre internet ha sido otro de los temas estrella en Deauville. Y, de nuevo, el divorcio entre ret贸rica y realidad salta a la vista. La defensa de “internet como instrumento de promoci贸n de los derechos humanos y de la participaci贸n democr谩tica en el mundo entero” suena a proclama vac铆a de contenido a la luz de las pol铆ticas concretas impulsadas por los miembros del G8 acerca de la red. La reuni贸n previa a la cumbre entre los jefes de Estado con los gigantes empresariales del sector, el llamado eG8, escenifica la alianza entre gobiernos e intereses privados. Garantizar la red como un espacio libre para la difusi贸n de conocimientos no pasa precisamente por ah铆, como bien saben los ciberactivistas.
Aunque no figurara en la agenda oficial, la llegada al viejo continente de los vientos que han electrizado al mundo 谩rabe los 煤ltimos meses ha recorrido, tambi茅n, la cumbre de Deauville. Quiz谩 desde su atalaya, para los l铆deres del G8, las acampadas en Sol o Plaza Catalunya a煤n parecen poco significativas, pero sin duda alguna son bien conscientes de la amenaza de que prenda la mecha de la contestaci贸n social en una Europa golpeada por los planes de austeridad. Miles de personas se movilizaban en Grecia durante los d铆as de la cumbre, continuando la larga serie de protestas que sacuden al pa铆s desde hace meses, pero importando el modelo de ocupaci贸n de plazas y acampadas del movimiento en el Estado espa帽ol. Justo un par de d铆as despu茅s del fin del c贸nclave, varios miles de personas intentaban ocupar y acampar en la plaza de la Bastilla en Par铆s. Algo se mueve por abajo.
La “rebeli贸n de los indignados” en el Estado espa帽ol es la punta del iceberg de un malestar social acumulado que empieza a transformarse en movilizaci贸n. Una primera sacudida social hacia una previsible nueva oleada de movilizaciones. Lejos de ser un movimiento circunscrito a nuestro pa铆s, las crecientes muestras de solidaridad internacional y de intentos de emulaci贸n en otros lugares indican que podemos estar ante el inicio de una nueva fase internacional de radicalizaci贸n y movilizaci贸n contra las medidas de ajuste. En la memoria de los miembros del G8 debe estar a煤n el ascenso fulgurante del movimiento antiglobalizaci贸n hace una d茅cada que puso en jaque a las instituciones internacionales. Deauville ha tenido lugar, precisamente, pocos meses antes del d茅cimo aniversario de la hist贸rica cumbre del G8 en G茅nova, escenario entonces de fuertes movilizaciones que marcaron el momento de m谩ximo apogeo de la contestaci贸n social a este antidemocr谩tico club de pa铆ses ricos.
Al igual que entonces, el gran reto del presente es internacionalizar el renacimiento de la contestaci贸n social y coordinar las m煤ltiples voces de la indignaci贸n.
*Josep Maria Antentas es profesor de Sociolog铆a de la UAB. Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (CEMS) de la UPF.
**Art铆culo publicado en P煤blico, 06/06/2011.
La reciente cumbre del G8 en Deauville, Francia, ha ofrecido pocas novedades. Sus protagonistas se han ce帽ido fielmente al gui贸n repetitivo de todos sus encuentros previos: ret贸rica democr谩tica y humanitaria vac铆a de contenido, por un lado, y profundizaci贸n de las pol铆ticas neoliberales, por el otro.
La fidelidad a un gui贸n invariable no ha podido disimular, sin embargo, el debilitamiento progresivo del G8. Su p茅rdida de protagonismo como instrumento para gestionar el orden mundial en beneficio del G20 es ya incuestionable, como resultado de las reconfiguraciones de la geopol铆tica y la econom铆a global, el declive de Estados Unidos y la Uni贸n Europea y el ascenso de los pa铆ses emergentes.
La agenda de Deauville ha estado marcada en particular por las revueltas del mundo 谩rabe, cuyo desarrollo desestabiliza los cimientos de la econom铆a del petr贸leo y debilita enormemente los mecanismos de dominaci贸n imperialistas de la regi贸n. El objetivo del G8 no es otro que intentar encauzar los procesos en curso en la direcci贸n menos perjudicial para los intereses occidentales y recuperar la iniciativa a trav茅s de la intervenci贸n en Libia. En medio de grandes proclamas acerca de su “compromiso para defender las reformas democr谩ticas en todo el mundo y responder a las aspiraciones de libertad” y del anuncio de ayudas econ贸micas de 40.000 millones de d贸lares, el llamado “compromiso de Deauville” persigue mantener la continuidad de las pol铆ticas neoliberales, de los planes de austeridad y del papel del Fondo Monetario Internacional en la regi贸n, el impacto social de cuyas recetas es de sobras conocido.
Bajo el shock del accidente de Fukushima, el G8 ha tenido tambi茅n en su agenda la cuesti贸n nuclear. Detr谩s de la ret贸rica sobre “promover los niveles m谩s altos de seguridad nuclear en todo el mundo”, y de aumentar la cooperaci贸n internacional para reforzar “la cultura de la seguridad en todo el planeta y mejorar la transparencia”, subsiste la firme voluntad de no perjudicar los intereses del lobby nuclear, cuyos planes para relanzar la energ铆a nuclear como alternativa a la crisis del petr贸leo se han ido al traste tras el accidente japon茅s. La verborrea sobre la seguridad nuclear esconde, como se帽ala el soci贸logo Michael L枚wy, que dicha industria “trae la cat谩strofe como la nube la tormenta”.
En paralelo, a pesar de que la declaraci贸n final de la cumbre afirma que “afrontar el cambio clim谩tico es una prioridad global”, el G8, siguiendo la estela de las reuniones del COP15 y 16 en Copenhague y Canc煤n, avala una pol铆tica de “ecoretoques” cosm茅ticos que rechaza adoptar medidas que incidan en el coraz贸n del actual modelo de producci贸n, distribuci贸n y consumo.
El debate sobre internet ha sido otro de los temas estrella en Deauville. Y, de nuevo, el divorcio entre ret贸rica y realidad salta a la vista. La defensa de “internet como instrumento de promoci贸n de los derechos humanos y de la participaci贸n democr谩tica en el mundo entero” suena a proclama vac铆a de contenido a la luz de las pol铆ticas concretas impulsadas por los miembros del G8 acerca de la red. La reuni贸n previa a la cumbre entre los jefes de Estado con los gigantes empresariales del sector, el llamado eG8, escenifica la alianza entre gobiernos e intereses privados. Garantizar la red como un espacio libre para la difusi贸n de conocimientos no pasa precisamente por ah铆, como bien saben los ciberactivistas.
Aunque no figurara en la agenda oficial, la llegada al viejo continente de los vientos que han electrizado al mundo 谩rabe los 煤ltimos meses ha recorrido, tambi茅n, la cumbre de Deauville. Quiz谩 desde su atalaya, para los l铆deres del G8, las acampadas en Sol o Plaza Catalunya a煤n parecen poco significativas, pero sin duda alguna son bien conscientes de la amenaza de que prenda la mecha de la contestaci贸n social en una Europa golpeada por los planes de austeridad. Miles de personas se movilizaban en Grecia durante los d铆as de la cumbre, continuando la larga serie de protestas que sacuden al pa铆s desde hace meses, pero importando el modelo de ocupaci贸n de plazas y acampadas del movimiento en el Estado espa帽ol. Justo un par de d铆as despu茅s del fin del c贸nclave, varios miles de personas intentaban ocupar y acampar en la plaza de la Bastilla en Par铆s. Algo se mueve por abajo.
La “rebeli贸n de los indignados” en el Estado espa帽ol es la punta del iceberg de un malestar social acumulado que empieza a transformarse en movilizaci贸n. Una primera sacudida social hacia una previsible nueva oleada de movilizaciones. Lejos de ser un movimiento circunscrito a nuestro pa铆s, las crecientes muestras de solidaridad internacional y de intentos de emulaci贸n en otros lugares indican que podemos estar ante el inicio de una nueva fase internacional de radicalizaci贸n y movilizaci贸n contra las medidas de ajuste. En la memoria de los miembros del G8 debe estar a煤n el ascenso fulgurante del movimiento antiglobalizaci贸n hace una d茅cada que puso en jaque a las instituciones internacionales. Deauville ha tenido lugar, precisamente, pocos meses antes del d茅cimo aniversario de la hist贸rica cumbre del G8 en G茅nova, escenario entonces de fuertes movilizaciones que marcaron el momento de m谩ximo apogeo de la contestaci贸n social a este antidemocr谩tico club de pa铆ses ricos.
Al igual que entonces, el gran reto del presente es internacionalizar el renacimiento de la contestaci贸n social y coordinar las m煤ltiples voces de la indignaci贸n.
*Josep Maria Antentas es profesor de Sociolog铆a de la UAB. Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (CEMS) de la UPF.
**Art铆culo publicado en P煤blico, 06/06/2011.
