Por Josep Maria Antentas y Esther Vivas
La jornada del 15 de junio (15J) ha sido de estas que dejan huella. 24 horas que valen por muchas m谩s. Tiempo acelerado y condensado. Marca, sin duda, un punto de inflexi贸n, de resultado incierto, en la trayectoria del movimiento nacido el 15 de mayo (15M).
La movilizaci贸n ante el Parlament de Catalunya llegaba un mes despu茅s del 15M, propulsada por el 茅xito de las acampadas y las ocupaciones de plazas. Pero tambi茅n tras varios meses de movilizaciones contra los recortes sociales en Catalunya, capitaneados por los y las trabajadoras de la sanidad. El objetivo era muy claro: mostrar un rechazo decidido a unos presupuestos antisociales, que recortan servicios p煤blicos b谩sicos, en la primera sesi贸n parlamentaria donde iban a ser discutidos. El 15J era un paso m谩s en el intento de detener unos presupuestos destructivos frente a un gobierno decidido a sacar adelante los recortes cueste lo que cueste.
El 15J, el movimiento opt贸, a riesgo de poder descarrilar, por pisar el acelerador a fondo. El resultado fue una masiva acci贸n de desobediencia civil sin precedentes en Barcelona ciudad. En t茅rminos de capacidad disruptiva, de marcar la agenda del d铆a, de hacerse o铆r..., el balance de la movilizaci贸n no deja dudas. El Parc de la Ciutadella, en el interior del cual se ubica el Parlament de Catalunya, fue cerrado por el gobierno durante dos d铆as. La sesi贸n parlamentaria del 15J se vi贸 sustancialmente alterada. El presidente de la Generalitat, despu茅s de varios intentos fallidos en coche, opt贸 por llegar al Parlament en helic贸ptero. Lo mismo hicieron varios consejeros y la presidenta del hemiciclo. La sesi贸n empez贸 tarde y hubo que modificar el orden del d铆a. Un grupo amplio diputados, ante la imposibilidad de acceder al recinto tuvo, que ser trasladado al Parlament dentro de una furgoneta policial y entrando por las instalaciones del zoo (ubicadas al lado del Parlament)... ¡toda una met谩fora! Definitivamente el d铆a 15J no fue un d铆a del agrado de los partidarios de la “ley y el orden”.
“Normalidad” fue una de las palabras fetiche de los opositores a la movilizaci贸n. “Hay que restablecer la normalidad democr谩tica” gritaron al un铆sono autoridades y medios de comunicaci贸n. ¿Qu茅 “normalidad”? cabr铆a preguntarse. ¿La de los cinco millones de parados? ¿La de los miles de desahucios cada mes? ¿La de la inmunidad de los pol铆ticos corruptos? ¿La del rodillo neoliberal que con la crisis como pretexto socava sin cesar los derechos sociales? Es precisamente esta falsa “normalidad” la que el movimiento del 15M cuestiona. “No somos mercanc铆as en manos de pol铆ticos y banqueros” rezaba el eslogan de la manifestaci贸n del 15M.
Desde los tiempos de auge del movimiento antiglobalizaci贸n, no hab铆amos visto una movilizaci贸n con tanta determinaci贸n y coraje en sus ganas de desafiar al poder establecido como la del 15J. Las im谩genes de los delegados al 3er Encuentro Ministerial de la cumbre de la OMC en Seattle, bloqueados por los manifestantes con sus t谩cticas de acci贸n directa no violenta, nos vinieron a muchos a la cabeza. Pero las instituciones internacionales eran apenas conocidas por los ciudadanos antes de que el propio movimiento las pusiera en su diana, y carec铆an de legitimidad alguna o simbolismo democr谩tico. Dada su propia naturaleza resultaba dif铆cil por parte de los partidarios del actual modelo econ贸mico hacer demagogia en nombre de la democracia defendiendo al BM, al FMI, la OMC o la UE, como s铆 ha sucedido ahora.
A diferencia de Grecia, el asedio al Parlament no se dio en un contexto de sublevaci贸n popular, sino en un contexto de ascenso de un movimiento que goza de amplias simpat铆as, pero que todav铆a no se han transformado en adhesi贸n militante a la lucha, y con una base social movilizada a煤n reducida. El 15J, siendo de gran magnitud en t茅rminos de acci贸n de desobediencia civil en la que participaron quiz谩 unas tres mil personas, no fue una jornada de movilizaci贸n de masas. Ello explica la contundencia del ataque contra el movimiento, por parte de un poder pol铆tico que lucha a la desesperada para evitar que la corriente de simpat铆a popular hacia las acampadas y las ocupaciones de plazas se transforme en un movimiento de masas.
Los opositores al movimiento, m谩s all谩 de algunas voces irreductibles, hab铆an estado hasta ahora bastante pasivos, desbordados por un movimiento que no esperaban y por las simpat铆as que despert贸. (Tantas, que posiblemente incluso al movimiento le salieron falsos amigos de conveniencia). Pero el aceler贸n del 15J y la elevaci贸n del list贸n del nivel de la confrontaci贸n ha provocado un contraataque en toda regla de una magnitud no prevista, quiz谩 por error, por parte del movimiento. Despu茅s de varias semanas desarroll谩ndose en un ambiente pol铆tico y medi谩tico bastante favorable, por primera vez 茅ste se enfrenta a un ataque generalizado desde el poder pol铆tico y los medios de comunicaci贸n con el objetivo de aislarlo, debilitarlo y destruirlo.
El ataque mezcla, m谩s o menos deliberadamente, dos argumentaciones: la supuesta ilegitimidad de una movilizaci贸n presentada como antidemocr谩tica y su presunto car谩cter violento. Vistas de cerca ambas argumentaciones carecen de solidez.
El argumento demag贸gico que la protesta era un "secuestro del Parlament" y un "ataque a la democracia" es inaceptable. No son los y las manifestantes quienes tienen secuestrado el Parlament, sino el poder econ贸mico y financiero. Son los intereses de los grandes grupos empresariales quines lo hicieron ya hace tiempo. Y, todo hay que decirlo, sin encontrar mucha resistencia por parte “sus se帽or铆as”, presos de un evidente s铆ndrome de Estocolmo ante el poder econ贸mico.
Quienes entonan el mantra de que el Parlament es el dipositario de la soberan铆a del pueblo catal谩n y que los diputados son los 煤nicos representantes leg铆timos del pueblo y que organizar una acci贸n de desobediencia civil para “parar” simb贸licamente el Parlament es antidemocr谩tico, “olvidan” muchas cosas.
Primero, obvian que una parte muy importante de los ciudadanos de Catalunya (abstencionistas, votantes en blanco, nulo y opciones extraparlamentarias) nunca ha votado por ninguna de las opciones presentes en el Parlament. Y que hay muchos m谩s ciudadanos que no votaron al partido gobernante, CiU, que los que s铆 lo hicieron.
Segundo, no parecen tener en cuenta que muchos de los votantes de algunas de las opciones parlamentarias lo hacen a menudo desde una creciente desafecci贸n, como mal menor, y que comparten plenamente las demandas del movimiento.
Tercero, pasan por alto un “detalle” fundamental: ni los recortes, ni los rescates bancarios, ni tantas muchas otras tropel铆as, han pasado por las urnas. No figuraban ni siquiera en los programas electorales de los partidos en el gobierno. Es precisamente el movimiento quien ha formulado propuestas de refer茅ndum sobre los recortes y las medidas de ajuste, como en Grecia o Islandia. Es el movimiento quien formula propuestas democr谩ticas, quien pide que se de voz al pueblo de Catalunya. Y es el gobierno y el Parlament quien lo niega. El mismo Parlament y gobierno que viene aprobando una y otra vez reducciones de derechos, regalos a los privilegiados y ataques al medioambiente. Pocas lecciones de democracia pueden venir de quienes recortan en permanencia derechos fundamentales a las personas y restringen las libertades.
Finalmente, reducir la idea de democracia al “parlamento” y a “cargos electos” es mostrar una visi贸n simplista y superficial de lo que es la democracia. 脡sta no es s贸lo sin贸nima de “parlamento” y “elecciones”. La democracia es tambi茅n la participaci贸n, la autoorganizaci贸n, las movilizaciones... Definitivamente su idea de democracia, ¡no es la nuestra!
Que no haya dudas: la decisi贸n de “parar el Parlament” es perfectamente leg铆tima. ¿D贸nde est谩 el esc谩ndalo en abuchear a los diputados? ¿O en intentar entorpecer la discusi贸n de unos presupuestos que suponen un grave atentado a los derechos sociales?. Despu茅s de largos meses de movilizaciones en la sanidad, en la educaci贸n, de acampadas y ocupaciones de plazas y ante un gobierno que avanza como una apisonadora, la desobediencia civil de masas era un paso m谩s en una lucha de largo recorrido. Algunos afirman que la acci贸n del 15J es ilegal. Olvidan que no todo lo legal es justo, ni que todo lo ilegal es ileg铆timo. La historia est谩 llena de movilizaciones y luchas al margen de lo que marcan las leyes, unas leyes que no son neutrales sino resultado de las relaciones de poder entre clases y grupos sociales.
El argumento del “ataque a la democracia” se mezcla con la cr铆tica a la “violencia” de las y los manifestantes. La campa帽a medi谩tica y pol铆tica contra el movimiento magnifica interesadamente incidentes aislados de una jornada de movilizaci贸n que, siguiendo los criterios de los y las convocantes, tuvo esencialmente un car谩cter no violento y pac铆fico. Las calificaciones de “kale borroka de baja intensidad”, “t谩cticas de guerrilla urbana”, “comportamientos de extrema violencia” formulados por el presidente Artur Mas y el consejero de interior Felip Puig est谩n absolutamente fuera de lugar.
A pesar de la histeria medi谩tica, la realidad es que las protestas del 15J se caracterizaron por su poca violencia, en lo que se refiere a los manifestantes, m谩s all谩 de hechos aislados. La violencia m谩s agresiva, como en tantas ocasiones, vino de la actuaci贸n policial, dejando cuarenta heridos (sin olvidar a los detenidos y las amenazas de nuevas detenciones), de los cuales pr谩cticamente no se habla. Una actuaci贸n policial, por cierto, que tuvo lugar en el marco de un dispositivo extra帽amente inadecuado para hacer frente a la movilizaci贸n. ¿Incompetencia de los mandos policiales? ¿Intento deliberado de facilitar situaciones tensas entre manifestantes y diputados para deslegitimar la protesta? Siempre quedar谩 la duda, pero la segunda posibilidad parece bastante probable.
La reacci贸n del conjunto de los partidos parlamentarios a la jornada del 15J fue monol铆tica. Oposici贸n frontal a la protesta. Vimos en directo un ejemplo lamentable de solidaridad grupal entre la clase pol铆tica y los pol铆ticos profesionales, todos inc贸modos por esta molesta irrupci贸n del movimiento. Definitivamente los pol铆ticos profesionales trabajan mejor con el pueblo desmovilizado y pegado al televisor. Pero lo m谩s lamentable fue la actuaci贸n de los partidos de “izquierdas” que, a pesar de posicionarse formalmente contra los recortes sociales, no dudaron en firmar una declaraci贸n conjunta de todos los grupos parlamentarios de repulsa a la movilizaci贸n y de defensa numantina de la (su) normalidad institucional. La actuaci贸n de la coalici贸n ICV-EUiA fue particularmente impresentable.
Viendo el triste papel de ICV-EUiA y de la izquierda parlamentaria en general, el 15J, m谩s que nunca, echamos en falta la existencia de un referente pol铆tico anticapitalista que rompiera el consenso parlamentario: una izquierda valiente que hubiera anunciado su negativa a participar en el pleno, a pedir su suspensi贸n y a exigir la marcha atr谩s de los recortes. Ello habr铆a ayudado a romper el consenso de aquellos que gobiernan a favor de las empresas y de los privilegiados y aportar legitimidad al movimiento. No es 茅sta, sin embargo, la pol铆tica de la izquierda parlamentaria catalana cuyo alineamiento incondicional inicial con los partidos de la derecha, en contra del movimiento y con una ret贸rica criminalizadora muestra una vez m谩s su honda renuncia a cualquier horizonte de transformaci贸n social.
Despu茅s del 15J estamos inmersos en una batalla por la legitimidad. Le toca ahora al movimiento hacer un esfuerzo de pedagog铆a para explicar los porqu茅s de la movilizaci贸n ante el Parlament y contestar la demagogia. Es hora de desplegar una estrategia inteligente frente a la criminalizaci贸n, para evitar el aislamiento y el alejamiento de su base social natural. Es necesario contra-argumentar bien, para ir abriendo brechas en un discurso medi谩tico que, pasadas las primeras horas tras el 15J, va a ir resquebraj谩ndose de nuevo y haci茅ndose menos hostil. Hay que entablar una discusi贸n pol铆tica bien argumentada con aquellos sectores sociales, organizaciones, periodistas... que genuinamente han podido ser v铆ctimas de la histeria anti-movimiento y de las argumentaciones de que se “hab铆a ido demasiado lejos”, para as铆 hacerlos bascular de nuevo hacia el movimiento.
La jornada de manifestaciones del pr贸ximo domingo 19 de junio ser谩 un test fundamental. Las manifestaciones que tendr谩n lugar en varias ciudades del Estado espa帽ol, y en particular la de Barcelona, deben servir para traducir en movilizaci贸n las simpat铆as que el movimiento ha despertado desde el 15M y, ahora m谩s que nunca, mostrar su amplio apoyo social. Despu茅s del aceler贸n del 15J, se necesita una movilizaci贸n masiva portadora de legitimidad. Una movilizaci贸n de masas es ahora fundamental para el futuro de un movimiento que no ha hecho m谩s que empezar.
*Josep Maria Antentas es profesor de sociolog铆a de la Universitat Aut貌noma de Barcelona (UAB) y Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Ambos son autores de ‘Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street’ (Editorial Popular, 2009) y participantes en la acampada de Pl. Catalunya.
La jornada del 15 de junio (15J) ha sido de estas que dejan huella. 24 horas que valen por muchas m谩s. Tiempo acelerado y condensado. Marca, sin duda, un punto de inflexi贸n, de resultado incierto, en la trayectoria del movimiento nacido el 15 de mayo (15M).
La movilizaci贸n ante el Parlament de Catalunya llegaba un mes despu茅s del 15M, propulsada por el 茅xito de las acampadas y las ocupaciones de plazas. Pero tambi茅n tras varios meses de movilizaciones contra los recortes sociales en Catalunya, capitaneados por los y las trabajadoras de la sanidad. El objetivo era muy claro: mostrar un rechazo decidido a unos presupuestos antisociales, que recortan servicios p煤blicos b谩sicos, en la primera sesi贸n parlamentaria donde iban a ser discutidos. El 15J era un paso m谩s en el intento de detener unos presupuestos destructivos frente a un gobierno decidido a sacar adelante los recortes cueste lo que cueste.
El 15J, el movimiento opt贸, a riesgo de poder descarrilar, por pisar el acelerador a fondo. El resultado fue una masiva acci贸n de desobediencia civil sin precedentes en Barcelona ciudad. En t茅rminos de capacidad disruptiva, de marcar la agenda del d铆a, de hacerse o铆r..., el balance de la movilizaci贸n no deja dudas. El Parc de la Ciutadella, en el interior del cual se ubica el Parlament de Catalunya, fue cerrado por el gobierno durante dos d铆as. La sesi贸n parlamentaria del 15J se vi贸 sustancialmente alterada. El presidente de la Generalitat, despu茅s de varios intentos fallidos en coche, opt贸 por llegar al Parlament en helic贸ptero. Lo mismo hicieron varios consejeros y la presidenta del hemiciclo. La sesi贸n empez贸 tarde y hubo que modificar el orden del d铆a. Un grupo amplio diputados, ante la imposibilidad de acceder al recinto tuvo, que ser trasladado al Parlament dentro de una furgoneta policial y entrando por las instalaciones del zoo (ubicadas al lado del Parlament)... ¡toda una met谩fora! Definitivamente el d铆a 15J no fue un d铆a del agrado de los partidarios de la “ley y el orden”.
“Normalidad” fue una de las palabras fetiche de los opositores a la movilizaci贸n. “Hay que restablecer la normalidad democr谩tica” gritaron al un铆sono autoridades y medios de comunicaci贸n. ¿Qu茅 “normalidad”? cabr铆a preguntarse. ¿La de los cinco millones de parados? ¿La de los miles de desahucios cada mes? ¿La de la inmunidad de los pol铆ticos corruptos? ¿La del rodillo neoliberal que con la crisis como pretexto socava sin cesar los derechos sociales? Es precisamente esta falsa “normalidad” la que el movimiento del 15M cuestiona. “No somos mercanc铆as en manos de pol铆ticos y banqueros” rezaba el eslogan de la manifestaci贸n del 15M.
Desde los tiempos de auge del movimiento antiglobalizaci贸n, no hab铆amos visto una movilizaci贸n con tanta determinaci贸n y coraje en sus ganas de desafiar al poder establecido como la del 15J. Las im谩genes de los delegados al 3er Encuentro Ministerial de la cumbre de la OMC en Seattle, bloqueados por los manifestantes con sus t谩cticas de acci贸n directa no violenta, nos vinieron a muchos a la cabeza. Pero las instituciones internacionales eran apenas conocidas por los ciudadanos antes de que el propio movimiento las pusiera en su diana, y carec铆an de legitimidad alguna o simbolismo democr谩tico. Dada su propia naturaleza resultaba dif铆cil por parte de los partidarios del actual modelo econ贸mico hacer demagogia en nombre de la democracia defendiendo al BM, al FMI, la OMC o la UE, como s铆 ha sucedido ahora.
A diferencia de Grecia, el asedio al Parlament no se dio en un contexto de sublevaci贸n popular, sino en un contexto de ascenso de un movimiento que goza de amplias simpat铆as, pero que todav铆a no se han transformado en adhesi贸n militante a la lucha, y con una base social movilizada a煤n reducida. El 15J, siendo de gran magnitud en t茅rminos de acci贸n de desobediencia civil en la que participaron quiz谩 unas tres mil personas, no fue una jornada de movilizaci贸n de masas. Ello explica la contundencia del ataque contra el movimiento, por parte de un poder pol铆tico que lucha a la desesperada para evitar que la corriente de simpat铆a popular hacia las acampadas y las ocupaciones de plazas se transforme en un movimiento de masas.
Los opositores al movimiento, m谩s all谩 de algunas voces irreductibles, hab铆an estado hasta ahora bastante pasivos, desbordados por un movimiento que no esperaban y por las simpat铆as que despert贸. (Tantas, que posiblemente incluso al movimiento le salieron falsos amigos de conveniencia). Pero el aceler贸n del 15J y la elevaci贸n del list贸n del nivel de la confrontaci贸n ha provocado un contraataque en toda regla de una magnitud no prevista, quiz谩 por error, por parte del movimiento. Despu茅s de varias semanas desarroll谩ndose en un ambiente pol铆tico y medi谩tico bastante favorable, por primera vez 茅ste se enfrenta a un ataque generalizado desde el poder pol铆tico y los medios de comunicaci贸n con el objetivo de aislarlo, debilitarlo y destruirlo.
El ataque mezcla, m谩s o menos deliberadamente, dos argumentaciones: la supuesta ilegitimidad de una movilizaci贸n presentada como antidemocr谩tica y su presunto car谩cter violento. Vistas de cerca ambas argumentaciones carecen de solidez.
El argumento demag贸gico que la protesta era un "secuestro del Parlament" y un "ataque a la democracia" es inaceptable. No son los y las manifestantes quienes tienen secuestrado el Parlament, sino el poder econ贸mico y financiero. Son los intereses de los grandes grupos empresariales quines lo hicieron ya hace tiempo. Y, todo hay que decirlo, sin encontrar mucha resistencia por parte “sus se帽or铆as”, presos de un evidente s铆ndrome de Estocolmo ante el poder econ贸mico.
Quienes entonan el mantra de que el Parlament es el dipositario de la soberan铆a del pueblo catal谩n y que los diputados son los 煤nicos representantes leg铆timos del pueblo y que organizar una acci贸n de desobediencia civil para “parar” simb贸licamente el Parlament es antidemocr谩tico, “olvidan” muchas cosas.
Primero, obvian que una parte muy importante de los ciudadanos de Catalunya (abstencionistas, votantes en blanco, nulo y opciones extraparlamentarias) nunca ha votado por ninguna de las opciones presentes en el Parlament. Y que hay muchos m谩s ciudadanos que no votaron al partido gobernante, CiU, que los que s铆 lo hicieron.
Segundo, no parecen tener en cuenta que muchos de los votantes de algunas de las opciones parlamentarias lo hacen a menudo desde una creciente desafecci贸n, como mal menor, y que comparten plenamente las demandas del movimiento.
Tercero, pasan por alto un “detalle” fundamental: ni los recortes, ni los rescates bancarios, ni tantas muchas otras tropel铆as, han pasado por las urnas. No figuraban ni siquiera en los programas electorales de los partidos en el gobierno. Es precisamente el movimiento quien ha formulado propuestas de refer茅ndum sobre los recortes y las medidas de ajuste, como en Grecia o Islandia. Es el movimiento quien formula propuestas democr谩ticas, quien pide que se de voz al pueblo de Catalunya. Y es el gobierno y el Parlament quien lo niega. El mismo Parlament y gobierno que viene aprobando una y otra vez reducciones de derechos, regalos a los privilegiados y ataques al medioambiente. Pocas lecciones de democracia pueden venir de quienes recortan en permanencia derechos fundamentales a las personas y restringen las libertades.
Finalmente, reducir la idea de democracia al “parlamento” y a “cargos electos” es mostrar una visi贸n simplista y superficial de lo que es la democracia. 脡sta no es s贸lo sin贸nima de “parlamento” y “elecciones”. La democracia es tambi茅n la participaci贸n, la autoorganizaci贸n, las movilizaciones... Definitivamente su idea de democracia, ¡no es la nuestra!
Que no haya dudas: la decisi贸n de “parar el Parlament” es perfectamente leg铆tima. ¿D贸nde est谩 el esc谩ndalo en abuchear a los diputados? ¿O en intentar entorpecer la discusi贸n de unos presupuestos que suponen un grave atentado a los derechos sociales?. Despu茅s de largos meses de movilizaciones en la sanidad, en la educaci贸n, de acampadas y ocupaciones de plazas y ante un gobierno que avanza como una apisonadora, la desobediencia civil de masas era un paso m谩s en una lucha de largo recorrido. Algunos afirman que la acci贸n del 15J es ilegal. Olvidan que no todo lo legal es justo, ni que todo lo ilegal es ileg铆timo. La historia est谩 llena de movilizaciones y luchas al margen de lo que marcan las leyes, unas leyes que no son neutrales sino resultado de las relaciones de poder entre clases y grupos sociales.
El argumento del “ataque a la democracia” se mezcla con la cr铆tica a la “violencia” de las y los manifestantes. La campa帽a medi谩tica y pol铆tica contra el movimiento magnifica interesadamente incidentes aislados de una jornada de movilizaci贸n que, siguiendo los criterios de los y las convocantes, tuvo esencialmente un car谩cter no violento y pac铆fico. Las calificaciones de “kale borroka de baja intensidad”, “t谩cticas de guerrilla urbana”, “comportamientos de extrema violencia” formulados por el presidente Artur Mas y el consejero de interior Felip Puig est谩n absolutamente fuera de lugar.
A pesar de la histeria medi谩tica, la realidad es que las protestas del 15J se caracterizaron por su poca violencia, en lo que se refiere a los manifestantes, m谩s all谩 de hechos aislados. La violencia m谩s agresiva, como en tantas ocasiones, vino de la actuaci贸n policial, dejando cuarenta heridos (sin olvidar a los detenidos y las amenazas de nuevas detenciones), de los cuales pr谩cticamente no se habla. Una actuaci贸n policial, por cierto, que tuvo lugar en el marco de un dispositivo extra帽amente inadecuado para hacer frente a la movilizaci贸n. ¿Incompetencia de los mandos policiales? ¿Intento deliberado de facilitar situaciones tensas entre manifestantes y diputados para deslegitimar la protesta? Siempre quedar谩 la duda, pero la segunda posibilidad parece bastante probable.
La reacci贸n del conjunto de los partidos parlamentarios a la jornada del 15J fue monol铆tica. Oposici贸n frontal a la protesta. Vimos en directo un ejemplo lamentable de solidaridad grupal entre la clase pol铆tica y los pol铆ticos profesionales, todos inc贸modos por esta molesta irrupci贸n del movimiento. Definitivamente los pol铆ticos profesionales trabajan mejor con el pueblo desmovilizado y pegado al televisor. Pero lo m谩s lamentable fue la actuaci贸n de los partidos de “izquierdas” que, a pesar de posicionarse formalmente contra los recortes sociales, no dudaron en firmar una declaraci贸n conjunta de todos los grupos parlamentarios de repulsa a la movilizaci贸n y de defensa numantina de la (su) normalidad institucional. La actuaci贸n de la coalici贸n ICV-EUiA fue particularmente impresentable.
Viendo el triste papel de ICV-EUiA y de la izquierda parlamentaria en general, el 15J, m谩s que nunca, echamos en falta la existencia de un referente pol铆tico anticapitalista que rompiera el consenso parlamentario: una izquierda valiente que hubiera anunciado su negativa a participar en el pleno, a pedir su suspensi贸n y a exigir la marcha atr谩s de los recortes. Ello habr铆a ayudado a romper el consenso de aquellos que gobiernan a favor de las empresas y de los privilegiados y aportar legitimidad al movimiento. No es 茅sta, sin embargo, la pol铆tica de la izquierda parlamentaria catalana cuyo alineamiento incondicional inicial con los partidos de la derecha, en contra del movimiento y con una ret贸rica criminalizadora muestra una vez m谩s su honda renuncia a cualquier horizonte de transformaci贸n social.
Despu茅s del 15J estamos inmersos en una batalla por la legitimidad. Le toca ahora al movimiento hacer un esfuerzo de pedagog铆a para explicar los porqu茅s de la movilizaci贸n ante el Parlament y contestar la demagogia. Es hora de desplegar una estrategia inteligente frente a la criminalizaci贸n, para evitar el aislamiento y el alejamiento de su base social natural. Es necesario contra-argumentar bien, para ir abriendo brechas en un discurso medi谩tico que, pasadas las primeras horas tras el 15J, va a ir resquebraj谩ndose de nuevo y haci茅ndose menos hostil. Hay que entablar una discusi贸n pol铆tica bien argumentada con aquellos sectores sociales, organizaciones, periodistas... que genuinamente han podido ser v铆ctimas de la histeria anti-movimiento y de las argumentaciones de que se “hab铆a ido demasiado lejos”, para as铆 hacerlos bascular de nuevo hacia el movimiento.
La jornada de manifestaciones del pr贸ximo domingo 19 de junio ser谩 un test fundamental. Las manifestaciones que tendr谩n lugar en varias ciudades del Estado espa帽ol, y en particular la de Barcelona, deben servir para traducir en movilizaci贸n las simpat铆as que el movimiento ha despertado desde el 15M y, ahora m谩s que nunca, mostrar su amplio apoyo social. Despu茅s del aceler贸n del 15J, se necesita una movilizaci贸n masiva portadora de legitimidad. Una movilizaci贸n de masas es ahora fundamental para el futuro de un movimiento que no ha hecho m谩s que empezar.
*Josep Maria Antentas es profesor de sociolog铆a de la Universitat Aut貌noma de Barcelona (UAB) y Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Ambos son autores de ‘Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street’ (Editorial Popular, 2009) y participantes en la acampada de Pl. Catalunya.
