Entrevista de Anal铆a G贸mez Vidal a Jorge Majfud:
Anal铆a G贸mez Vidal: En contraposici贸n con lo expresado por usted en la primera parte de esta entrevista, existe la sensaci贸n colectiva de que las nuevas tecnolog铆as “democratizan” y le dan voz al ciudadano que tiene acceso a ellas.
Jorge Majfud: Son un instrumento, una herramienta, un arma o un juguete. Depende del uso que se les d茅.
AGV: Bien, pero retomando su afirmaci贸n sobre la distracci贸n de las nuevas tecnolog铆as, ¿Son una pantalla enga帽osa para el atontamiento en masa? ¿Definen un nuevo estrato social, sin valor real a nivel pol铆tico y civil, que marca una nueva forma de marginalidad? Pero en ese caso, ¿C贸mo se justifica la expansi贸n y globalizaci贸n de ideas alrededor del mundo? ¿No ser铆a simplista extremar el rol de las nuevas tecnolog铆as en las revueltas 谩rabes, ya sea posicion谩ndolas como actores principales, o como “elementos de distracci贸n”?
JM: Dese los antiguos egipcios, fenicios, hebreos y helenos las ideas se han expandido, internacionalizado y globalizado. Nacen, se desarrollan, se expanden y mueren. Algunas duran unos pocos a帽os y otros algunos siglos. Algunas renacen permanentemente, como las ideas de los antiguos griegos. Las tecnolog铆as tienen su propia din谩mica pero no est谩n exentas de los est铆mulos de la cultura, de la historia y de los intereses m谩s temporales de la pol铆tica. La invenci贸n de la imprenta provoc贸 una revoluci贸n pero fue provocada por la revoluci贸n humanista, y as铆 todo. Yo no creo que haya un Demiurgo capaz de calcular y provocar el “atontamiento de las masas”. Tampoco creo que las masas sean tontas, pero no voy a caer en la demagogia de “voz populi, vox Dei”, de la cual no creo ni medio. Basta con mirar un poco la historia. La democracia directa est谩 todav铆a por nacer. Aparece m谩s lejana de lo que pens谩bamos hace veinte a帽os, pero la posibilidad real est谩 ah铆 todav铆a y tal vez sea inevitable. Postergable, pero inevitable. Tenemos los instrumentos, pero nos falta la madurez social, la cultura necesaria que s贸lo llega con generaciones de aprendizaje. Por ahora hay s贸lo balbuceos, con frecuencia tr谩gicos.
AGV: Volviendo al an谩lisis sobre el sistema capitalista, como lo plantee anteriormente, existe una cierta sensaci贸n de statu quo aguerrido.
JM: S铆, esa es una buena definici贸n. Pero tambi茅n hay una lucha por una “reparaci贸n”. Todos quieren “salvar algo”, desde el Euro hasta los puestos de trabajo. Nadie, o casi nadie, habla de “sepultar algo”. Pero el statu quo siempre ha sido violento, m谩s cuando se lo cuestiona. Pi i Margall, un catal谩n progresista, si no anarquista, en 1851 public贸 Reacci贸n y revoluci贸n… Lo tengo por aqu铆, dec铆a: “la revoluci贸n es la paz y la reacci贸n la guerra”. Y en otra parte: “Cincuenta a帽os atr谩s —dicen— no exist铆a entre nosotros esta peste abominable [de los partidos pol铆ticos]; a la voz de Dios doblaban todos los espa帽oles la rodilla, a la del rey ce帽铆an o desce帽铆an sus espaldas. [...] La libertad nos ha tra铆do la discordia […] La revoluci贸n ha venido a cerrar la era de paz de nuestros padres, ha venido a encender la guerra entre clase y clase, entre hombre y hombre, entre la fe y la raz贸n [...] Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado”. Son reflexiones muy actuales, escritas en un contexto ultraconservador.
AGV: Mientras los indignados protestan y salen a las calles, hay un movimiento en sentido contrario, pero paralelo, que se refugia en la posici贸n m谩s conservadora. Entonces, surgen resultados pol铆ticos como el fortalecimiento del Tea Party en EE.UU., o la victoria del PP en Espa帽a de la mano de Rajoy. Estos sucesos, a su vez, parecen estar en contradicci贸n 铆ntima con las demandas de los j贸venes y trabajadores indignados en Occidente. ¿Por qu茅 entonces se dan estos resultados? ¿Qu茅 hace que caminemos en direcci贸n contraria a lo que demandamos?¿Son realmente alternativas o posiciones excluyentes?
JM: Vamos por partes. El Tea Party es un movimiento b谩sicamente reaccionario. La confusi贸n y la falta de sustento conceptual es tal que se mezclan un ej茅rcito de mediocres feudalistas con gente de una inteligencia extraordinaria y con algunas propuestas verdaderamente valientes, como es el caso del republicano Ron Paul y su no-intervencionismo radical. No obstante, sospecho que este movimiento fraudulento del T茅 disminuir谩 su influencia pol铆tica de forma progresiva. Los Occupy han aparecido en el momento justo para contrabalancear lo que muchos piensan es una ola conservadora imparable. En Espa帽a, como en otros pa铆ses, votaron con el bolsillo y con un fuerte sentimiento de frustraci贸n. En esos casos de crisis econ贸micas, los votantes necesitan encontrar un culpable que no sean ellos mismos. En el 2003 estuve en Espa帽a por varios meses y le dije a mis colegas arquitectos: la nueva generaci贸n est谩 demasiado acostumbrada a la bonanza econ贸mica. Sus niveles de gasto y ocio multiplican al de Uruguay y Argentina, mientras que no veo que la productividad por persona sea mayor. Por otra parte, el boom de la construcci贸n no puede sostenerse indefinidamente. Me dijeron que los que estaban en crisis eran Uruguay y Argentina, no Espa帽a. Cierto: las olas de inmigrantes proven铆an del sur. Ellos recordar谩n mi respuesta (algo de lo mismo ya hab铆a dicho en los diarios de Espa帽a): No olviden que, por alguna raz贸n, el R铆o de la Plata se llen贸 de inmigrantes europeos en el siglo XX, sobre todo de Espa帽a, y esa realidad se va a repetir apenas se produzca la primer gran crisis aqu铆. Sonriendo, me preguntaron si sab铆a cu谩ndo vendr铆a esa crisis (raz贸n por la cual rechazaba una magn铆fica oportunidad que me estaban ofreciendo por escrito para trabajar como arquitecto all铆) y les dije: “No m谩s de cinco a帽os, al menos en la construcci贸n; luego viene lo dem谩s, como siempre”. Ahora los espa帽oles est谩n emigrando. Ahora, el sistema bipartidista es la ilusi贸n perfecta del cambio que mantiene el statu quo: los electores votan al partido de la oposici贸n cada vez que quieren un cambio pero no se animan a cambiar nada de verdad. El debate electoral en Espa帽a fue alarmantemente mediocre. “Esto es inconcebible, es una real verg眉enza, es incalificable, es producto de hacer las cosas mal, es inexcusable”. Es la pol铆tica de los adjetivos. Luego de limpiar los discursos y los debates (en realidad no hubo debate entre Rajoy y Rubalcaba, ni entre el PP y el PSOE en general, sino simulacros) no quedaba nada, o casi nada. Entonces la pol铆tica, que es concebida como soluci贸n y salvaci贸n de una sociedad en crisis, se convierte en su opuesto: en un consuelo destructivo, m谩s que en un instrumento de potencializaci贸n de una sociedad. Porque un cambio real hubiese sido preguntarse, en tiempos de bonanza, qu茅 se est谩 haciendo mal para realizar los cambios a tiempo y no cuando llega la crisis. Esa es mi mayor cr铆tica desde hace un par de a帽os a los pa铆ses de America Latina. Est谩n dormidos en la autocomplacencia de la bonanza, en el festejo del derrumbe (muy cuestionable) del imperio. Pero si observamos que gran parte de esa bonanza se basa en la misma historia de d茅cadas y siglos atr谩s, deber铆a llamarlos a reflexi贸n. Por ejemplo, la exportaci贸n de commodities, la lenta, y hasta, inexistencia de una mayor cultura democr谩tica en el sentido del respeto individual por las reglas de juego (que se traduce en corrupci贸n administrativa arriba y violencia civil e impunidad generalizada abajo) y la falta de coraje civil para cambiar esas mismas reglas y una repetici贸n y renovaci贸n alarmante de viejos discursos exculpatorios.
Anal铆a G贸mez Vidal: En contraposici贸n con lo expresado por usted en la primera parte de esta entrevista, existe la sensaci贸n colectiva de que las nuevas tecnolog铆as “democratizan” y le dan voz al ciudadano que tiene acceso a ellas.
Jorge Majfud: Son un instrumento, una herramienta, un arma o un juguete. Depende del uso que se les d茅.
AGV: Bien, pero retomando su afirmaci贸n sobre la distracci贸n de las nuevas tecnolog铆as, ¿Son una pantalla enga帽osa para el atontamiento en masa? ¿Definen un nuevo estrato social, sin valor real a nivel pol铆tico y civil, que marca una nueva forma de marginalidad? Pero en ese caso, ¿C贸mo se justifica la expansi贸n y globalizaci贸n de ideas alrededor del mundo? ¿No ser铆a simplista extremar el rol de las nuevas tecnolog铆as en las revueltas 谩rabes, ya sea posicion谩ndolas como actores principales, o como “elementos de distracci贸n”?
JM: Dese los antiguos egipcios, fenicios, hebreos y helenos las ideas se han expandido, internacionalizado y globalizado. Nacen, se desarrollan, se expanden y mueren. Algunas duran unos pocos a帽os y otros algunos siglos. Algunas renacen permanentemente, como las ideas de los antiguos griegos. Las tecnolog铆as tienen su propia din谩mica pero no est谩n exentas de los est铆mulos de la cultura, de la historia y de los intereses m谩s temporales de la pol铆tica. La invenci贸n de la imprenta provoc贸 una revoluci贸n pero fue provocada por la revoluci贸n humanista, y as铆 todo. Yo no creo que haya un Demiurgo capaz de calcular y provocar el “atontamiento de las masas”. Tampoco creo que las masas sean tontas, pero no voy a caer en la demagogia de “voz populi, vox Dei”, de la cual no creo ni medio. Basta con mirar un poco la historia. La democracia directa est谩 todav铆a por nacer. Aparece m谩s lejana de lo que pens谩bamos hace veinte a帽os, pero la posibilidad real est谩 ah铆 todav铆a y tal vez sea inevitable. Postergable, pero inevitable. Tenemos los instrumentos, pero nos falta la madurez social, la cultura necesaria que s贸lo llega con generaciones de aprendizaje. Por ahora hay s贸lo balbuceos, con frecuencia tr谩gicos.
AGV: Volviendo al an谩lisis sobre el sistema capitalista, como lo plantee anteriormente, existe una cierta sensaci贸n de statu quo aguerrido.
JM: S铆, esa es una buena definici贸n. Pero tambi茅n hay una lucha por una “reparaci贸n”. Todos quieren “salvar algo”, desde el Euro hasta los puestos de trabajo. Nadie, o casi nadie, habla de “sepultar algo”. Pero el statu quo siempre ha sido violento, m谩s cuando se lo cuestiona. Pi i Margall, un catal谩n progresista, si no anarquista, en 1851 public贸 Reacci贸n y revoluci贸n… Lo tengo por aqu铆, dec铆a: “la revoluci贸n es la paz y la reacci贸n la guerra”. Y en otra parte: “Cincuenta a帽os atr谩s —dicen— no exist铆a entre nosotros esta peste abominable [de los partidos pol铆ticos]; a la voz de Dios doblaban todos los espa帽oles la rodilla, a la del rey ce帽铆an o desce帽铆an sus espaldas. [...] La libertad nos ha tra铆do la discordia […] La revoluci贸n ha venido a cerrar la era de paz de nuestros padres, ha venido a encender la guerra entre clase y clase, entre hombre y hombre, entre la fe y la raz贸n [...] Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado”. Son reflexiones muy actuales, escritas en un contexto ultraconservador.
AGV: Mientras los indignados protestan y salen a las calles, hay un movimiento en sentido contrario, pero paralelo, que se refugia en la posici贸n m谩s conservadora. Entonces, surgen resultados pol铆ticos como el fortalecimiento del Tea Party en EE.UU., o la victoria del PP en Espa帽a de la mano de Rajoy. Estos sucesos, a su vez, parecen estar en contradicci贸n 铆ntima con las demandas de los j贸venes y trabajadores indignados en Occidente. ¿Por qu茅 entonces se dan estos resultados? ¿Qu茅 hace que caminemos en direcci贸n contraria a lo que demandamos?¿Son realmente alternativas o posiciones excluyentes?
JM: Vamos por partes. El Tea Party es un movimiento b谩sicamente reaccionario. La confusi贸n y la falta de sustento conceptual es tal que se mezclan un ej茅rcito de mediocres feudalistas con gente de una inteligencia extraordinaria y con algunas propuestas verdaderamente valientes, como es el caso del republicano Ron Paul y su no-intervencionismo radical. No obstante, sospecho que este movimiento fraudulento del T茅 disminuir谩 su influencia pol铆tica de forma progresiva. Los Occupy han aparecido en el momento justo para contrabalancear lo que muchos piensan es una ola conservadora imparable. En Espa帽a, como en otros pa铆ses, votaron con el bolsillo y con un fuerte sentimiento de frustraci贸n. En esos casos de crisis econ贸micas, los votantes necesitan encontrar un culpable que no sean ellos mismos. En el 2003 estuve en Espa帽a por varios meses y le dije a mis colegas arquitectos: la nueva generaci贸n est谩 demasiado acostumbrada a la bonanza econ贸mica. Sus niveles de gasto y ocio multiplican al de Uruguay y Argentina, mientras que no veo que la productividad por persona sea mayor. Por otra parte, el boom de la construcci贸n no puede sostenerse indefinidamente. Me dijeron que los que estaban en crisis eran Uruguay y Argentina, no Espa帽a. Cierto: las olas de inmigrantes proven铆an del sur. Ellos recordar谩n mi respuesta (algo de lo mismo ya hab铆a dicho en los diarios de Espa帽a): No olviden que, por alguna raz贸n, el R铆o de la Plata se llen贸 de inmigrantes europeos en el siglo XX, sobre todo de Espa帽a, y esa realidad se va a repetir apenas se produzca la primer gran crisis aqu铆. Sonriendo, me preguntaron si sab铆a cu谩ndo vendr铆a esa crisis (raz贸n por la cual rechazaba una magn铆fica oportunidad que me estaban ofreciendo por escrito para trabajar como arquitecto all铆) y les dije: “No m谩s de cinco a帽os, al menos en la construcci贸n; luego viene lo dem谩s, como siempre”. Ahora los espa帽oles est谩n emigrando. Ahora, el sistema bipartidista es la ilusi贸n perfecta del cambio que mantiene el statu quo: los electores votan al partido de la oposici贸n cada vez que quieren un cambio pero no se animan a cambiar nada de verdad. El debate electoral en Espa帽a fue alarmantemente mediocre. “Esto es inconcebible, es una real verg眉enza, es incalificable, es producto de hacer las cosas mal, es inexcusable”. Es la pol铆tica de los adjetivos. Luego de limpiar los discursos y los debates (en realidad no hubo debate entre Rajoy y Rubalcaba, ni entre el PP y el PSOE en general, sino simulacros) no quedaba nada, o casi nada. Entonces la pol铆tica, que es concebida como soluci贸n y salvaci贸n de una sociedad en crisis, se convierte en su opuesto: en un consuelo destructivo, m谩s que en un instrumento de potencializaci贸n de una sociedad. Porque un cambio real hubiese sido preguntarse, en tiempos de bonanza, qu茅 se est谩 haciendo mal para realizar los cambios a tiempo y no cuando llega la crisis. Esa es mi mayor cr铆tica desde hace un par de a帽os a los pa铆ses de America Latina. Est谩n dormidos en la autocomplacencia de la bonanza, en el festejo del derrumbe (muy cuestionable) del imperio. Pero si observamos que gran parte de esa bonanza se basa en la misma historia de d茅cadas y siglos atr谩s, deber铆a llamarlos a reflexi贸n. Por ejemplo, la exportaci贸n de commodities, la lenta, y hasta, inexistencia de una mayor cultura democr谩tica en el sentido del respeto individual por las reglas de juego (que se traduce en corrupci贸n administrativa arriba y violencia civil e impunidad generalizada abajo) y la falta de coraje civil para cambiar esas mismas reglas y una repetici贸n y renovaci贸n alarmante de viejos discursos exculpatorios.
