OPINI脫N de Javier Couso
Estamos asistiendo en estos momentos al debate sobre la exenci贸n de la Iglesia al pago del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI). Este impuesto, que afecta a toda persona o familia que tenga en propiedad un inmueble, tiene numerosas excepciones. Desde arist贸cratas que se escudan en la calificaci贸n singular de sus edificios, hasta organizaciones de todo tipo que alegan razones de facilitaci贸n democratica o de fomento de alguna actividad, en teor铆a, beneficiosa para la comunidad.
Est谩 claro que, en momentos en los que se atacan, de manera atroz, pilares b谩sicos como la sanidad o la educaci贸n con la excusa de una deuda que los causantes no explican de manera convincente, es nomal que una gran parte de la sociedad y las instituciones pongan sus ojos en otras formas de conseguir financiaci贸n. No es casual ni es la primera vez. Ya en el pasado se ha intentado sanear el estado de las arcas p煤blicas obligando a la Iglesia a contribuir con las propiedades infrautilizadas. Es en 1798 cuando se produce el primer intento de desamortizaci贸n eclesial.
Estamos asistiendo en estos momentos al debate sobre la exenci贸n de la Iglesia al pago del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI). Este impuesto, que afecta a toda persona o familia que tenga en propiedad un inmueble, tiene numerosas excepciones. Desde arist贸cratas que se escudan en la calificaci贸n singular de sus edificios, hasta organizaciones de todo tipo que alegan razones de facilitaci贸n democratica o de fomento de alguna actividad, en teor铆a, beneficiosa para la comunidad.
Est谩 claro que, en momentos en los que se atacan, de manera atroz, pilares b谩sicos como la sanidad o la educaci贸n con la excusa de una deuda que los causantes no explican de manera convincente, es nomal que una gran parte de la sociedad y las instituciones pongan sus ojos en otras formas de conseguir financiaci贸n. No es casual ni es la primera vez. Ya en el pasado se ha intentado sanear el estado de las arcas p煤blicas obligando a la Iglesia a contribuir con las propiedades infrautilizadas. Es en 1798 cuando se produce el primer intento de desamortizaci贸n eclesial.
Era de esperar que la curia cat贸lica y sus medios de propaganda, incluyendo los “santos” tod贸logos, pusieran el grito en el cielo y hablaran de persecuci贸n. Pero lo escandaloso es que el mayor propietario de inmuebles, despu茅s del mismo estado, no contribuya al financiamiento de lo p煤blico por medio de un impuesto que s铆 paga la mayor铆a de la poblaci贸n de un pa铆s en el que la propiedad de viviendas es sensiblemente superior al alquiler. Y es que no estamos hablando de centenares de inmuebles en manos de la corporaci贸n cat贸lica sino que la cifra supera los cien mil seg煤n estimaciones de organizaciones como Europa Laica a partir de datos de los ayuntamientos, ya que la propia Iglesia se niega a dar los n煤meros reales.
A esta propiedad de facto se une el fenomeno de la «inmatriculaci贸n», por el cual la instituci贸n cat贸lica pone a su nombre en el registro de la propiedad, locales, edificios o tierras que usa por cesi贸n municipal, apropiandose de una manera corsaria de patrimonio que en ning煤n caso est谩 claro le pertenezca.
A煤n as铆, no quiero centrarme en esta apropiaci贸n indebida o bula para no contribuir al soporte del estado, sino en las ideas fuerza que los propagandistas cat贸licos y de la derecha pepera lanzan en cualquier debate o columna y que calan entre la, cada vez m谩s irreflexiva, opini贸n p煤blica. Argumentos que llevan en su esencia la explicaci贸n de una sociedad a帽orada que, con p谩tina de modernidad, pretende imponerse en estos tiempos de poder neoliberal.
Sumado a la ya se帽alada man铆a de persecuci贸n por parte del "radicalismo" laico, el ideario que se repite en cualquier medio donde se defienden los privilegios de la Iglesia es el del papel que juega la ONG «C谩ritas Diocesana». Organizaci贸n que se encarga de realizar actividades en el entorno de la pobreza en base a aportaciones y subvenciones que paga el Estado con unos impuestos cuya contribuci贸n la Iglesia trata de escatimar.
Se llega incluso a acusar a cualquier otra organizaci贸n o partido de dejar en la estacada a las personas abocadas a la pobreza y a afirmar que la 煤ltima tabla de salvaci贸n la constituye C谩ritas, amenazando as铆 al estado con que el cese de esta labor costar铆a mucho dinero a las arcas p煤blicas.
No es mi intenci贸n hacer una diatriba contra C谩ritas, al contrario, creo que mayoritariamente realizan una gran labor de apoyo y asistencia en medio de la exclusi贸n social y me consta que el nivel de corrupci贸n es infinitamente menor que en la mayor铆a de las oneg茅s.
Pero lo que quiero denunciar es el modelo social que subyace en el proyecto de la derecha, antes vinculada a la omnipresente Iglesia Cat贸lica, y que ejemplifica la caridad, concepto renovado tras el rearme moral de Reagan y sus herederos neocoms con el t茅rmino de compasi贸n.
La idea central de un sistema basado en la caridad o la compasi贸n es la asunci贸n y perpetuaci贸n de una sociedad donde los pobres y los ricos lo son por voluntad divina o propia: Dios te hace pobre o t煤 eres el responsable de tu pobreza. Este pensamiento encuentra su exacerbaci贸n en el calvinismo que entroniza el ser rico como una muestra de la elecci贸n que Dios hace de las personas a las que quiere favorecer y la pobreza como un estigma de una suerte de pecado social del que uno mismo es culpable.
En la derecha patria, vinculada a la curia como herencia del nacional-catolicismo franquista, la pobreza se entiende como una suerte de desastre natural que azota a una parte de la poblaci贸n y que debe ser paliada por aquellos que tienen, en un c铆nico ejercicio de desprendimiento voluntario de lo que sobra,.
De ah铆 el entronque entre la antigua caridad religiosa y las modernas tesis del capitalismo de compasi贸n, adaptado al progresismo mundialista como la filantrop铆a de los magnates “guais-progres".
En todas las vertientes de esta moral, no se piensa en la ra铆z de la exclusi贸n o la pobreza, ni en las causas que abocan a tantas familias al infierno de un cuarto mundo en medio del escaparate de la abundacia primer mundista.
La izquierda debe oponerse con energ铆a a esta moral y a los proyectos pol铆ticos que representan, porque promueven y mantienen este asistencialismo que perpet煤a un modelo de sociedad en que la injusticia es algo natural como lo puede ser la lluvia o el viento. Ese asistencialismo caritativo pal铆a algo el sufrimiento, pero no acaba con 茅l. Se ocupa de algunos s铆ntomas, pero deja intacta la infecci贸n.
Nuestro proyecto social debe ser radicalmente diferente, no somos darwinistas en lo social ni creemos que la pobreza sea algo natural sino fruto de un injusto reparto. Frente a dejar la asistencia al albur del desprendimiento de los que tienen de sobra, nosotros promovemos la Justicia social que permita a cualquier persona vivir con dignidad.
No puede haber cientos de miles de familias sin casa y casas vac铆as, hogares donde se come una sola vez en medio de la sociedad de los excedentes alimentarios, personas sin dinero para asistencia m茅dica y miles de profesionales sanitarios en paro,... Es el modelo el que est谩 enfermo, el artificial, el nocivo.
La Justicia social es el antagonismo de la caridad, la compasi贸n o la filantrop铆a y debe ser el andamiaje que construya un aut茅ntico pa铆s soberano al servicio de sus ciudadanos. Donde la sanidad, la vivienda, la alimentaci贸n o la educaci贸n no dependan del capricho de voluntarios o adinerados que laven sus conciencias.
Frente al nuevo feudalismo financiero que nos quiere esclavos, nuestro proyecto es el de la Justicia.
Frente a su caridad, la Justicia Social.
A esta propiedad de facto se une el fenomeno de la «inmatriculaci贸n», por el cual la instituci贸n cat贸lica pone a su nombre en el registro de la propiedad, locales, edificios o tierras que usa por cesi贸n municipal, apropiandose de una manera corsaria de patrimonio que en ning煤n caso est谩 claro le pertenezca.
A煤n as铆, no quiero centrarme en esta apropiaci贸n indebida o bula para no contribuir al soporte del estado, sino en las ideas fuerza que los propagandistas cat贸licos y de la derecha pepera lanzan en cualquier debate o columna y que calan entre la, cada vez m谩s irreflexiva, opini贸n p煤blica. Argumentos que llevan en su esencia la explicaci贸n de una sociedad a帽orada que, con p谩tina de modernidad, pretende imponerse en estos tiempos de poder neoliberal.
Sumado a la ya se帽alada man铆a de persecuci贸n por parte del "radicalismo" laico, el ideario que se repite en cualquier medio donde se defienden los privilegios de la Iglesia es el del papel que juega la ONG «C谩ritas Diocesana». Organizaci贸n que se encarga de realizar actividades en el entorno de la pobreza en base a aportaciones y subvenciones que paga el Estado con unos impuestos cuya contribuci贸n la Iglesia trata de escatimar.
Se llega incluso a acusar a cualquier otra organizaci贸n o partido de dejar en la estacada a las personas abocadas a la pobreza y a afirmar que la 煤ltima tabla de salvaci贸n la constituye C谩ritas, amenazando as铆 al estado con que el cese de esta labor costar铆a mucho dinero a las arcas p煤blicas.
No es mi intenci贸n hacer una diatriba contra C谩ritas, al contrario, creo que mayoritariamente realizan una gran labor de apoyo y asistencia en medio de la exclusi贸n social y me consta que el nivel de corrupci贸n es infinitamente menor que en la mayor铆a de las oneg茅s.
Pero lo que quiero denunciar es el modelo social que subyace en el proyecto de la derecha, antes vinculada a la omnipresente Iglesia Cat贸lica, y que ejemplifica la caridad, concepto renovado tras el rearme moral de Reagan y sus herederos neocoms con el t茅rmino de compasi贸n.
La idea central de un sistema basado en la caridad o la compasi贸n es la asunci贸n y perpetuaci贸n de una sociedad donde los pobres y los ricos lo son por voluntad divina o propia: Dios te hace pobre o t煤 eres el responsable de tu pobreza. Este pensamiento encuentra su exacerbaci贸n en el calvinismo que entroniza el ser rico como una muestra de la elecci贸n que Dios hace de las personas a las que quiere favorecer y la pobreza como un estigma de una suerte de pecado social del que uno mismo es culpable.
En la derecha patria, vinculada a la curia como herencia del nacional-catolicismo franquista, la pobreza se entiende como una suerte de desastre natural que azota a una parte de la poblaci贸n y que debe ser paliada por aquellos que tienen, en un c铆nico ejercicio de desprendimiento voluntario de lo que sobra,.
De ah铆 el entronque entre la antigua caridad religiosa y las modernas tesis del capitalismo de compasi贸n, adaptado al progresismo mundialista como la filantrop铆a de los magnates “guais-progres".
En todas las vertientes de esta moral, no se piensa en la ra铆z de la exclusi贸n o la pobreza, ni en las causas que abocan a tantas familias al infierno de un cuarto mundo en medio del escaparate de la abundacia primer mundista.
La izquierda debe oponerse con energ铆a a esta moral y a los proyectos pol铆ticos que representan, porque promueven y mantienen este asistencialismo que perpet煤a un modelo de sociedad en que la injusticia es algo natural como lo puede ser la lluvia o el viento. Ese asistencialismo caritativo pal铆a algo el sufrimiento, pero no acaba con 茅l. Se ocupa de algunos s铆ntomas, pero deja intacta la infecci贸n.
Nuestro proyecto social debe ser radicalmente diferente, no somos darwinistas en lo social ni creemos que la pobreza sea algo natural sino fruto de un injusto reparto. Frente a dejar la asistencia al albur del desprendimiento de los que tienen de sobra, nosotros promovemos la Justicia social que permita a cualquier persona vivir con dignidad.
No puede haber cientos de miles de familias sin casa y casas vac铆as, hogares donde se come una sola vez en medio de la sociedad de los excedentes alimentarios, personas sin dinero para asistencia m茅dica y miles de profesionales sanitarios en paro,... Es el modelo el que est谩 enfermo, el artificial, el nocivo.
La Justicia social es el antagonismo de la caridad, la compasi贸n o la filantrop铆a y debe ser el andamiaje que construya un aut茅ntico pa铆s soberano al servicio de sus ciudadanos. Donde la sanidad, la vivienda, la alimentaci贸n o la educaci贸n no dependan del capricho de voluntarios o adinerados que laven sus conciencias.
Frente al nuevo feudalismo financiero que nos quiere esclavos, nuestro proyecto es el de la Justicia.
Frente a su caridad, la Justicia Social.
