Greg Beals en el Campamento de Refugiados de Mai-Aini, Etiop铆a (ACNUR) – Cruzaron la frontera a medianoche, desconsolados por la muerte de su hija el d铆a anterior. Arsama, la hija de dos a帽os de Gebre falleci贸 por la gripe. La noche despu茅s de enterrarla, Gebre, de 28 a帽os, y su esposa Teka, de 25, decidieron abrirse camino hacia Etiop铆a.La muerte de Arsama fue solo una raz贸n para escapar. Gebre estaba exasperado por los siete a帽os en el ej茅rcito – parte del servicio nacional obligatorio de Eritrea que dura d茅cadas – sin apenas dinero para pagar la comida para su familia. Parec铆a que no hubiera fin a la miseria, recordaba Gebre, aqu铆 en Etiop铆a.
El cruce tuvo lugar en luna llena. El plan era ir primero a Sud谩n, quedarnos por un tiempo y despu茅s trasladarnos a Etiop铆a. Gebre ten铆a amigos que conoc铆an los caminos que cruzan la frontera monta帽osa y les guiaron a trav茅s de ellos, evitando las patrullas eritreas. Al amanecer la familia camin贸 al campamento de refugiados Shagarab, en el este de Sud谩n, donde se reagrup贸 para el siguiente tramo de su viaje.
Gebre pidi贸 indicaciones a residentes locales. Despu茅s de su conversaci贸n, otro grupo de hombres en una camioneta se acerc贸. Estos hombres, denominados raishida, eran de piel clara y llevaban rifles AK-47. Ordenaron a Gebre y a su esposa que se pusieran en la parte trasera del veh铆culo, que entonces fue cubierto con una lona. Los hombres informaron a la pareja de que ser铆an trasladados al campamento de Shagarab.
Cada a帽o miles de refugiados eritreos intentan cruzar la frontera a Sud谩n y Etiop铆a. Muchos se dirigen a Egipto, Israel, Marruecos y Europa, pero para algunos el viaje termina en tragedia. En los campamentos de Mai-Aini y Adi-Hirush en Etiop铆a, hay m谩s de 400 personas que han sido devueltas por las autoridades egipcias, incluyendo a Gebre y Teka.
ACNUR cree que muchos otros han muerto de hambre en el desierto, o murieron cruzando r铆os, o han sido asesinados por bandas de traficantes. “Los afortunados son los deportados”, dice Michael Owor, jefe de la sub-oficina de ACNUR en el norte de Etiop铆a. “Estoy muy seguro de que muchos refugiados simplemente perecen”.
Los oficiales de ACNUR han expresado su alarma ante el n煤mero de refugiados que est谩 intentando hacer el arriesgado viaje desde Etiop铆a a terceros pa铆ses. Un informe reciente se帽al贸 que hasta un 80 por ciento de los reci茅n llegados a Shagarab ha venido de campamentos de Etiop铆a.
“Los que fracasan la primera vez, regresan a Etiop铆a solo para volverlo a intentar”, dice Benoit Hamanyimana, oficial de protecci贸n del ACNUR. “Sienten que lo han perdido todo y por lo tanto no tienen nada que perder. Necesitamos ofrecerles apoyo psicol贸gico, pero tambi茅n programas de medios de vida para que puedan descubrir su potencial y estabilizar su situaci贸n”.
Los traficantes de personas incluso intentan penetrar en campamentos de refugiados ofreciendo transporte a terceros pa铆ses a cambio de un pago que a menudo es realizado por los familiares de los reci茅n llegados. En un caso, las autoridades et铆opes arrestaron a un grupo de cooperantes sospechosos de proporcionar ayuda a los traficantes.
En muchos aspectos el viaje de Gebre y Teka es t铆pico. Una hora y media despu茅s de que fueron obligados a subir a la camioneta, la pareja se encontr贸 en una propiedad de los traficantes, quienes ped铆an 45.000 nakfa de Eritrea (US$3.000) para garantizar su liberaci贸n. “Nos dijeron que si no consegu铆amos el dinero, nos envolver铆an en pl谩stico y nos quemar铆an”, dijo Gebre. “Me pegaron, pero no fue grave. Pegaron a mi esposa lo suficientemente fuerte como para dejarle una cicatriz en la espalada”.
Durante 10 d铆as las amenazas continuaron. Gebre dijo la verdad a sus captores, que no ten铆a el dinero para pagar el rescate. “No pensamos en nada m谩s que en escapar o esperar a ver qu茅 pasaba”, dijo Gebre.
脡l y su esposa ni escaparon ni fueron asesinados. En cambio, fueron vendidos y llevados en otra camioneta a la Pen铆nsula del Sina铆 en Egipto, donde fueron vendidos de nuevo – esta vez a beduinos.
Fueron llevados a un recinto cerrado donde les dieron de comer una peque帽a cantidad de arroz y avena cocida. Hab铆a unos 35 otros prisioneros. Sudaneses, somal铆es y et铆opes permanec铆an sentados en silencio. Se hizo todo lo posible por aislarlos. Se le dijo a cada uno que si hablaban, ser铆an matados.
Los beduinos supuestamente dijeron a Genre y Teka que deb铆an conseguir US$6.000 de rescate o les matar铆an. La pareja les crey贸. Dieron a Gebre un tel茅fono y le ordenaron que llamara a su familia en Eritrea.
Consigui贸 comunicarse, pero era m谩s de lo que su pariente pod铆a pagar y tuvieron que pedir ayuda a otros. Las negociaciones de pago duraron m谩s de cinco semanas. Despu茅s de pagar el rescate, los beduinos dejaron a la pareja en el desierto.
“Nunca hab铆a querido ir a Egipto y nunca he querido ir a Israel”, dice Gebre. “Pero sab铆amos a lo que nos enfrentar铆amos si nos qued谩bamos en Egipto, as铆 que pregunt茅 al beduino c贸mo llegar a la frontera de Israel”. Los captores se帽alaron con sus dedos, y Gebre y su esposa se pusieron a caminar.
Pasaron solo unos minutos, cuando oyeron disparos al aire. Los hombres de la tribu hab铆an dirigido a Gebre y Teka hacia una patrulla egipcia. Gebre recibi贸 un disparo en la parte baja de la espalda, la bala sali贸 cerca del est贸mago. Otro disparo arranc贸 parte del brazo de Teka.
Fueron llevados al hospital en Sina铆, donde una doctora cur贸 sus heridas. Gebre la describi贸 como la primera persona durante su viaje que los trat贸 con amabilidad. Despu茅s de un mes, fueron llevados a una prisi贸n egipcia. “Estaba bajo tierra y no se pod铆a ver nada”, recuerda Gebre. “Est谩bamos separados – hombres y mujeres. No pod铆a hablar con mi esposa”.
Gebre dice al describir la experiencia: “Sientes como si estuvieras perdiendo la cabeza”. De hecho, se le pasaron muchas cosas por la cabeza. “Pens茅 en mis padres y en c贸mo transfirieron sus vidas a los beduinos por m铆”, dijo. “Pens茅 en que estaba inv谩lido por la herida de la bala. Mi esposa hab铆a sido herida. ¿C贸mo iba a cuidar de s铆 misma?”.
Los pensamientos de Gebre tambi茅n iban dirigidos a su hija, Arsama. “Pens茅 en c贸mo falleci贸 a tan temprana edad”, dijo. “¿Qu茅 me habr铆a dicho? Probablemente todav铆a habr铆a sido muy peque帽a para comprender lo que hemos perdido”.
Finalmente, la amable doctora vino a la c谩rcel a curar las heridas de la pareja. Les dijo que regresar铆a. Unos meses despu茅s regres贸, esta vez con un representante de la embajada de Etiop铆a en El Cairo. El hombre tom贸 la foto y la direcci贸n de la pareja. La doctora dijo a Gebre que ella pagar铆a su viaje en avi贸n a Etiop铆a.
Un a帽o despu茅s de su terrible experiencia, Gebre y Teka est谩n viviendo en el Campamento de Refugiados en Mai-Aini y tienen un hijo llamado Samuel. “Pienso en mi hijo y siento que me queda algo de esperanza en mi vida”, dice el orgulloso padre con una sonrisa. “Espero que vaya a la escuela y sea responsable. Espero que un d铆a, cuando sea mayor, cuide de m铆”.
