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Muere a los 83 años Carlos Fuentes

El autor de Cambio de piel, Gringo Viejo o La región más transparente,  premio Cervantes en 1987, había nacido en Panamá en 1928

EL SALERO/ AGENCIAS.- El  escritor mexicano Carlos Fuentes ha muerto este martes a los 83 años, señaló el presidente Felipe Calderón a través de su cuenta en Twitter. "Lamento profundamente el fallecimiento de nuestro querido y admirado Carlos Fuentes, escritor y mexicano universal",  ha escrito Calderón.

Fuentes, de 83 años,  estaba internado en el hospital de los Ángeles del Pedregal. Fuentes del hospital no quisieron precisar cómo falleció el autor. "Sí, está aquí. Ha fallecido", dijeron a la agencia EFE en el servicio de urgencias del centro sanitario.

El escritor es reconocido por novelas como La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel y Terra nostra, entre las cerca de 20 novelas que escribió.

Ganador del Premio Cervantes (1987) y el Príncipe de Asturias (1994), Fuentes había nacido en Ciudad de Panamá en 1928.


Fuentes tenía un magnífico estado de ánimo y hablaba de proyectos inmediatos.

A principios de mayo estuvo en la feria del libro en Buenos Aires y había entregado una nueva novela a la editorial. Apenas ayer recibió un doctorado honoris causa de una universidad española.

En su última entrevista, difundida este lunes, confesó "mi sistema de juventud es trabajar mucho, tener siempre un proyecto pendiente. Ahora he terminado un libro, Federico en su balcón, pero ya tengo uno nuevo, El baile del centenario, que empiezo a escribirlo el lunes en México".

Pero "la muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello (...) iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es", dijo alguna vez.


CRÍTICO DEL NACIONALISMO


Fuentes es considerado un crítico del nacionalismo oficial mexicano, un cosmopolita que ejerció una notable crítica contra su país, en particular invocando una y otra vez su incapacidad para convertirse en una sociedad moderna y en desvelar los misterios del alma mexicana.

Según la agencia EFE, su concepción de la lengua era que la misma era "como un río caudaloso a veces, apenas un arroyo otras, pero siempre dueño de un cauce (...), toda una profusa corriente de oralidad que corre entre dos riberas: la memoria y la imaginación".

Amante del idioma en que escribía, llegó a decir que su lucha por conservar el español duró toda su niñez, pues estuvo "a punto de perder su idioma nativo cada 24 horas".

"El idioma quería decir para mí nacionalidad: era un conjunto opresivo de significados sujetos siempre a lucha, a reconquista", apuntó.

Considerado el fundador de la novela modernista en México, el intelectual cursó estudios superiores en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra (Suiza).

Fue desde muy joven cuando su valía literaria comenzó a sobresalir y a contribuir a la universalidad de una generación de escritores extraordinarios que formarían el llamado "boom latinoamericano".

Admirador de autores como los británicos D.H. Lawrence (1885-1930) y Aldous Huxley (1894-1963), Fuentes consideraba pertinente la ficción para responder a las preguntas de cómo éramos y cómo seremos, y conocer el mundo desprovistos de la racionalidad.

"Ni la ciencia, ni la lógica, ni la política nos darán una respuesta. Tampoco nos la dará la novela. Lo que hace la novela es plantear la pregunta de una manera equívoca, de una manera cómica, transgresiva que las otras disciplinas no nos permiten", llegó a decir.

A su obra narrativa el propio Fuentes la llamó la "Edad del tiempo", e incluye títulos como "Los días enmascarados" (1954), "La región más transparente" (1958), "La muerte de Artemio Cruz" (1962), "Gringo viejo" (1985), "La silla del Águila" (2003) y "La voluntad y la fortuna" (2008), sobre la violencia ligada con el narcotráfico.

Entre sus ensayos destacan títulos como "Cervantes o la critica de la lectura" (1976), "Los 68" (2005), y "La gran novela latinoamericana" (2011).

En 2008, el español Juan Goytisolo dijo que Carlos Fuentes logró junto con García Márquez y el resto de los llamados autores del "boom latinoamericano" "que entroncara de nuevo la literatura española con la modernidad" después de que España diera la espalda a la cultura universal durante siglos.

Para el crítico literario mexicano Christopher Domínguez, "la obra de Fuentes es el conjunto más complejo y variado de la narrativa mexicana", y en la misma estuvieron "todas las conquistas y tendencias de la literatura contemporánea".

Señala que "el desarraigo" es el punto de partida permanente de Fuentes, un escritor que llegó a describir su quehacer literario como una lucha de un boxeador con las palabras, a las que siempre trató de no dejarlas entrar en su acepción común y corriente.

Domínguez destaca entre toda su obra la novela "Terra Nostra" (1975), "el único de sus libros que puede ser leído más allá del horizonte mexicano y la novela que lo sobrevivirá".

De esa novela dice que está hermanada con "Rayuela", de Julio Cortázar; "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, y "Conversación en La Catedral", de Mario Vargas Llosa, y la considera el más alto exponente del "gran Fuentes".

Sobre la transición que comenzó en 2000 en México con la llegada al poder de Vicente Fox de la mano del conservador Partido Acción Nacional (PAN), Fuentes dijo que el mandatario "llegó con una ola de entusiasmo renovador que no se podía cumplir".

En ese mandato, que duraría hasta 2006, hubo según el escritor un "Gobierno holgazán" en México, que "dejó pasar el momento histórico" que le correspondía tras sacar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de 71 años consecutivos en el poder.

Entre los muchos premios que ha recibido destacan el Cervantes (1987), el Príncipe de Asturias de las Letras (1994), el de Biblioteca Breve por "Cambio de piel" (1967), y el Nacional de Literatura de México (1984).

Además se hizo acreedor a distinciones tales como la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, otorgada por el Gobierno sandinista (1988); la Orden al Mérito en Chile (1993) y la española Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (2008).

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