OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro
Se ha enamorado el Obispo. Por aquella tierra ancha como el mar. Por donde Jorge Cafrune, Atahualpa y Gardel. Por donde la palabra se convierte en seda. Por donde el dulce de leche se hace humanidad gaucha de orgullo, bife y caballo. Por donde el Buenos Aires moderno, Mar del Plata a帽orada, La Plata de trazos paralelos. Por donde tuve un amor que se habr谩 hecho mayor como los trigales. Rusita le llamaban. Pero no era su nombre. Era por su blancura rubia, su altura cimbreante, el azul de sus ojos de nube azul exiliada.
Se ha enamorado el Obispo. Coraz贸n primero. Seguro que coraz贸n primero. Casi nadie tiene en cuenta el coraz贸n de un Obispo. Casi nadie ha tenido en sus manos el coraz贸n tembloroso de un Obispo. Coraz贸n-potro. Coraz贸n desbocado. Coraz贸n solo. Coraz贸n pedig眉e帽o, exigente, rebelde contra leyes injustas que ignoran que s铆stole y di谩stole fundan vida. Se ha enamorado el Obispo. Entrepierna despu茅s y tambi茅n. Ante un cuerpo gritando caricias. Besos gritando. Cintura para la suavidad de unas manos. Sexo pidiendo ternura.
Se ha enamorado el Obispo. Los vimos en el agua. Estrenando amistad con el mar, poniendo de testigo al mar, haciendo c贸mplice al mar. Olas laicas bendiciendo. Espuma laica bendiciendo. Salitre laico bendiciendo. De rodilla en el agua el Obispo enamorado, la mujer enamorada. Ante la diosa agua, creadora presocr谩tica de vida. Rez谩ndole al viento que se ba帽aba al lado del amor de un Obispo enamorado, de una mujer con la cintura erecta de brisa sorprendida por el amor de una mitra enamorada.
Al fin y al cabo eso es la vida. Ir camino del amor, andar enamor谩ndose, haciendo huella por los pechos de una mujer seda y viento y escalofr铆o y v茅rtigo. Dejando fechas en la boca de un hombre, en el sexo de un hombre, en el temblor de un hombre. Ah铆 van, hombre y mujer, patrocinando la vida, cuerpo dentro del cuerpo, permanencia en el otro. Porque tocar la carne es buscar el alma incorporada, habitante distante de la carne cercana.
Se ha enamorado el Obispo. Papa escandalizado, Pont铆fices escandalizados, sacerdotes escandalizados, seglares escandalizados. Los que proclaman el amor, lo que predican el amor como eje alrededor del que debe girar en redondo la vida, escandalizados. Apostatando de las caricias, de los besos, de los cuerpos empotrados, de almas que van de la mano, de caminos que juntan sus 谩rboles para agrandar la redondez de una sombra que es hogar, residencia, estancia ancha hasta que la muerte se adentre y se haga 煤ltima mirada, despedida 煤ltima, hasta cu谩ndo, cari帽o de hueso hasta siempre.
Se ha enamorado el Obispo Fernando Mar铆a Bargall贸. Por los cincuenta y tantos va. Por una edad sin edad ella. Con besos seguro incomprensibles, con la piel rozando la piel provocada, con el abrazo que hace projimidad del cuerpo. Con el amor descubierto sin m谩s requisitos que los labios entreabiertos como lunas menguantes.
T煤 y yo no los conocemos, pero se nos parecen. ¿Te acuerdas c贸mo nos quisimos? ¿Vives c贸mo nos queremos? Fue aquella entrevista para un peri贸dico del sur. Me la pidi贸 Javierre, Jos茅 Mar铆a. Ya se fue. T煤 y yo estamos aqu铆. Por entonces empezamos a sentirnos. Porque tambi茅n fue el mar, por la Chipiona de Roc铆o, de la Virgen de Regla morenita, morochita dir铆a el Obispo enamorado. Porque le comentamos tambi茅n a las olas que nos est谩bamos queriendo. Yo andaba por entonces como ahora, escribiendo. T煤 andabas empe帽ada en el cambio del mundo. Juntamos las manos, los besos, un hijo y todav铆a estamos palp谩ndonos el alma
Claro que no soy Obispo y t煤 no eres empresaria. No tuvimos una cruz en el pecho ni un anillo urbi et orbe. Eramos de calle, de adoqu铆n y ladrillo hipotecado. Pens茅 nuestro cari帽o y me acord茅 del Obispo que se top贸 con el amor como si fuera un monte. Tal vez fue por el mar, por las olas testigos, por tus ojos de espuma, por mis manos de sal, por los cuerpos de viento, por el hijo que naci贸 a las cinco en punto de la tarde, cuando Espa帽a es torera, cuando le chorre贸 la vida a Ignacio S谩nchez Mej铆as, cuando el luto de Lorca, cuando el alma derrumbada de Federico.
Se enamor贸 el Obispo. Alta ella como una palmera. Conciencia retorcida de dolor desobediente, 茅l. En un mar sufriente de olas laicas. T煤 y yo nos quisimos porque nos quisimos y nos comprendi贸 la brisa y aqu铆 estamos.
No s茅 por qu茅, pensando en t铆 esta ma帽ana, me acord茅 del Obispo enamorado.
Se ha enamorado el Obispo. Por aquella tierra ancha como el mar. Por donde Jorge Cafrune, Atahualpa y Gardel. Por donde la palabra se convierte en seda. Por donde el dulce de leche se hace humanidad gaucha de orgullo, bife y caballo. Por donde el Buenos Aires moderno, Mar del Plata a帽orada, La Plata de trazos paralelos. Por donde tuve un amor que se habr谩 hecho mayor como los trigales. Rusita le llamaban. Pero no era su nombre. Era por su blancura rubia, su altura cimbreante, el azul de sus ojos de nube azul exiliada.
Se ha enamorado el Obispo. Coraz贸n primero. Seguro que coraz贸n primero. Casi nadie tiene en cuenta el coraz贸n de un Obispo. Casi nadie ha tenido en sus manos el coraz贸n tembloroso de un Obispo. Coraz贸n-potro. Coraz贸n desbocado. Coraz贸n solo. Coraz贸n pedig眉e帽o, exigente, rebelde contra leyes injustas que ignoran que s铆stole y di谩stole fundan vida. Se ha enamorado el Obispo. Entrepierna despu茅s y tambi茅n. Ante un cuerpo gritando caricias. Besos gritando. Cintura para la suavidad de unas manos. Sexo pidiendo ternura.
Se ha enamorado el Obispo. Los vimos en el agua. Estrenando amistad con el mar, poniendo de testigo al mar, haciendo c贸mplice al mar. Olas laicas bendiciendo. Espuma laica bendiciendo. Salitre laico bendiciendo. De rodilla en el agua el Obispo enamorado, la mujer enamorada. Ante la diosa agua, creadora presocr谩tica de vida. Rez谩ndole al viento que se ba帽aba al lado del amor de un Obispo enamorado, de una mujer con la cintura erecta de brisa sorprendida por el amor de una mitra enamorada.
Al fin y al cabo eso es la vida. Ir camino del amor, andar enamor谩ndose, haciendo huella por los pechos de una mujer seda y viento y escalofr铆o y v茅rtigo. Dejando fechas en la boca de un hombre, en el sexo de un hombre, en el temblor de un hombre. Ah铆 van, hombre y mujer, patrocinando la vida, cuerpo dentro del cuerpo, permanencia en el otro. Porque tocar la carne es buscar el alma incorporada, habitante distante de la carne cercana.
Se ha enamorado el Obispo. Papa escandalizado, Pont铆fices escandalizados, sacerdotes escandalizados, seglares escandalizados. Los que proclaman el amor, lo que predican el amor como eje alrededor del que debe girar en redondo la vida, escandalizados. Apostatando de las caricias, de los besos, de los cuerpos empotrados, de almas que van de la mano, de caminos que juntan sus 谩rboles para agrandar la redondez de una sombra que es hogar, residencia, estancia ancha hasta que la muerte se adentre y se haga 煤ltima mirada, despedida 煤ltima, hasta cu谩ndo, cari帽o de hueso hasta siempre.
Se ha enamorado el Obispo Fernando Mar铆a Bargall贸. Por los cincuenta y tantos va. Por una edad sin edad ella. Con besos seguro incomprensibles, con la piel rozando la piel provocada, con el abrazo que hace projimidad del cuerpo. Con el amor descubierto sin m谩s requisitos que los labios entreabiertos como lunas menguantes.
T煤 y yo no los conocemos, pero se nos parecen. ¿Te acuerdas c贸mo nos quisimos? ¿Vives c贸mo nos queremos? Fue aquella entrevista para un peri贸dico del sur. Me la pidi贸 Javierre, Jos茅 Mar铆a. Ya se fue. T煤 y yo estamos aqu铆. Por entonces empezamos a sentirnos. Porque tambi茅n fue el mar, por la Chipiona de Roc铆o, de la Virgen de Regla morenita, morochita dir铆a el Obispo enamorado. Porque le comentamos tambi茅n a las olas que nos est谩bamos queriendo. Yo andaba por entonces como ahora, escribiendo. T煤 andabas empe帽ada en el cambio del mundo. Juntamos las manos, los besos, un hijo y todav铆a estamos palp谩ndonos el alma
Claro que no soy Obispo y t煤 no eres empresaria. No tuvimos una cruz en el pecho ni un anillo urbi et orbe. Eramos de calle, de adoqu铆n y ladrillo hipotecado. Pens茅 nuestro cari帽o y me acord茅 del Obispo que se top贸 con el amor como si fuera un monte. Tal vez fue por el mar, por las olas testigos, por tus ojos de espuma, por mis manos de sal, por los cuerpos de viento, por el hijo que naci贸 a las cinco en punto de la tarde, cuando Espa帽a es torera, cuando le chorre贸 la vida a Ignacio S谩nchez Mej铆as, cuando el luto de Lorca, cuando el alma derrumbada de Federico.
Se enamor贸 el Obispo. Alta ella como una palmera. Conciencia retorcida de dolor desobediente, 茅l. En un mar sufriente de olas laicas. T煤 y yo nos quisimos porque nos quisimos y nos comprendi贸 la brisa y aqu铆 estamos.
No s茅 por qu茅, pensando en t铆 esta ma帽ana, me acord茅 del Obispo enamorado.
*marpalabra.blogspot.com.es/
