OPINI脫N de Carlos Carnicero
Hay personas con una inclinaci贸n enfermiza al “si, pero no”. Intentan que el estatus de cada problema no altere las coordenadas en donde se sienten c贸modos. Le ocurre a Alfredo P茅rez Rubalcaba. Alfredo P茅rez Rubalcaba es prisionero de su pasado. Treinta a帽os en coche oficial crean muchas dependencias. No se sabe donde est谩n las paradas de metro. Y si adem谩s necesita cohorte de incondicionales, la vida se convierte simplemente en un acto de resistencia para sobrevivir. Pol铆ticamente hablando.
Hay personas con una inclinaci贸n enfermiza al “si, pero no”. Intentan que el estatus de cada problema no altere las coordenadas en donde se sienten c贸modos. Le ocurre a Alfredo P茅rez Rubalcaba. Alfredo P茅rez Rubalcaba es prisionero de su pasado. Treinta a帽os en coche oficial crean muchas dependencias. No se sabe donde est谩n las paradas de metro. Y si adem谩s necesita cohorte de incondicionales, la vida se convierte simplemente en un acto de resistencia para sobrevivir. Pol铆ticamente hablando.
Carme Chac贸n –o su marido, Miguel Barroso- le ha dado una patada en la espinilla. Va a ser la primera de una serie que le espera en la lucha por el poder interno. Cuanto m谩s peque帽o es un partido, m谩s enconada es la disputas por los despojos. No han aprendido nada.
Comisi贸n de Investigaci贸n de BANKIA, frente a los titubeos del secretario general del PSOE que se ha tenido que subir al barco de la pol铆tica catalana. Que nadie se confunda: fuegos de artificio. Evaluaci贸n de bajas entre los nuestros y ellos. En el mismo consejo de ministros que se sent贸 Rubalcaba como vicepresidente, estuvo Carme Chac贸n aplaudiendo cada uno de los errores de Jos茅 Luis Gonz谩lez Zapatero.
Las bander铆as son agotadoras para quien las promueve y para quien las sufre. El PSOE cerr贸 en falso su crisis en las elecciones andaluzas. Ese espejismo de conservar el poder les alivi贸 de la urgencia de una enorme catarsis interna. Y ahora, como si no hubiera ocurrido nada, cada se帽or feudal del PSOE intenta conservar un reino que no tiene m谩s poder que el de su influencia interna en un partido que cada vez existe menos. El principio de reducci贸n de los partidos es directamente proporcional a su alejamiento de los ciudadanos.
No soy amigo de dar consejos. Me he quedado con las ganas de asistir a una comparecencia de Alfredo P茅rez Rubalcaba, rodeado de sus fieles, en donde dijera algo muy sencillo: nos hemos equivocado de ra铆z en los 煤ltimos quince a帽os. Quisimos competir en la gesti贸n de este capitalismo salvaje. Ense帽amos un se帽uelo –importante, pero no el 煤nico- de derechos ciudadanos y nos olvidamos de que la redistribuci贸n de la riqueza y la igualdad de oportunidades es la esencia del socialismo democr谩tico. Hemos indultado y privilegiado banqueros, legitimando de antemano el espect谩culo obsceno de una sociedad resumida en un eslogan: “bajar impuestos es progresista”. Y hemos consentido que los ricos sean cada vez m谩s ricos y los pobres cada vez m谩s pobres.
Ahora Rubalcaba no tiene quien le crea. Est谩 anclado a su suelo en las encuestas y forma parte de un t谩ndem, PP-PSOE que no entiende ni sufre ni comparte la inmensa decepci贸n de la ciudadan铆a.
Rubalcaba languidece. Su cara de actor del club de la comedia exhibiendo ocurrencias y frases hechas con cara de falso p铆caro ya no emocionan ni a los m谩s suyos. Su ingenio es dram谩tico porque carece de contenido. Ya no le sirve ser el m谩s listo de una clase en la que no aprueba nadie.
Ni siquiera el reflejo de Hollande le permite salir del cascar贸n donde le meti贸 Felipe Gonz谩lez cuando siendo mucho m谩s joven se mont贸 en su primer coche oficial en el ministerio de Educaci贸n.
Esta talludo para no mirarse al espejo y decir sencillamente: me he equivocado en casi todo. No es tan dif铆cil.
Comisi贸n de Investigaci贸n de BANKIA, frente a los titubeos del secretario general del PSOE que se ha tenido que subir al barco de la pol铆tica catalana. Que nadie se confunda: fuegos de artificio. Evaluaci贸n de bajas entre los nuestros y ellos. En el mismo consejo de ministros que se sent贸 Rubalcaba como vicepresidente, estuvo Carme Chac贸n aplaudiendo cada uno de los errores de Jos茅 Luis Gonz谩lez Zapatero.
Las bander铆as son agotadoras para quien las promueve y para quien las sufre. El PSOE cerr贸 en falso su crisis en las elecciones andaluzas. Ese espejismo de conservar el poder les alivi贸 de la urgencia de una enorme catarsis interna. Y ahora, como si no hubiera ocurrido nada, cada se帽or feudal del PSOE intenta conservar un reino que no tiene m谩s poder que el de su influencia interna en un partido que cada vez existe menos. El principio de reducci贸n de los partidos es directamente proporcional a su alejamiento de los ciudadanos.
No soy amigo de dar consejos. Me he quedado con las ganas de asistir a una comparecencia de Alfredo P茅rez Rubalcaba, rodeado de sus fieles, en donde dijera algo muy sencillo: nos hemos equivocado de ra铆z en los 煤ltimos quince a帽os. Quisimos competir en la gesti贸n de este capitalismo salvaje. Ense帽amos un se帽uelo –importante, pero no el 煤nico- de derechos ciudadanos y nos olvidamos de que la redistribuci贸n de la riqueza y la igualdad de oportunidades es la esencia del socialismo democr谩tico. Hemos indultado y privilegiado banqueros, legitimando de antemano el espect谩culo obsceno de una sociedad resumida en un eslogan: “bajar impuestos es progresista”. Y hemos consentido que los ricos sean cada vez m谩s ricos y los pobres cada vez m谩s pobres.
Ahora Rubalcaba no tiene quien le crea. Est谩 anclado a su suelo en las encuestas y forma parte de un t谩ndem, PP-PSOE que no entiende ni sufre ni comparte la inmensa decepci贸n de la ciudadan铆a.
Rubalcaba languidece. Su cara de actor del club de la comedia exhibiendo ocurrencias y frases hechas con cara de falso p铆caro ya no emocionan ni a los m谩s suyos. Su ingenio es dram谩tico porque carece de contenido. Ya no le sirve ser el m谩s listo de una clase en la que no aprueba nadie.
Ni siquiera el reflejo de Hollande le permite salir del cascar贸n donde le meti贸 Felipe Gonz谩lez cuando siendo mucho m谩s joven se mont贸 en su primer coche oficial en el ministerio de Educaci贸n.
Esta talludo para no mirarse al espejo y decir sencillamente: me he equivocado en casi todo. No es tan dif铆cil.
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