OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro
Antes se abandonaba a los ni帽os en las puertas de la casa cuna. Un destino de soledad, una mantita de olvido y un chupete de besos. Noche con fr铆o acumulado. Las estrellas se marchaban al amanecer. Giraba el torno y como todos los d铆as el uniforme azul, toquilla blanca, recog铆a la infancia desechada y la vest铆a con una soledad de apellidos en su historia diminuta. La pubertad vendr铆a, con hormonas recortadas ante ni帽as con palomas bajo el jersey blanco y negro. Y las ni帽as bajaban los ojos para no mirar pecando las piernas de pantal贸n bombacho de ni帽os rubios y tristes. Sor Mar铆a llevaba alas blancas, almidonadas, en equilibrio imposible por las puertas. Sor Mar铆a no entend铆a aquel beso robado-entregado un domingo por la tarde en el patio con sol del orfanato. Y castigaba el amor mirando a la pared como si los ni帽os estuvieran condenados a enamorarse de nadie, a enterrar el cari帽o en los desconchones de un muro de lamentos.
Saldr铆an alg煤n d铆a de aquellas rejas negras y les deslumbrar铆a el sol negro de una vida marcada. Para siempre Manolo, el de la casa cuna. Roc铆o para siempre, la ni帽a abandonada, sin historia de padre, sin un abrazo de madre. Precio comercial a lo mejor de feriantes monjas de vida, entregando el futuro al sagrado coraz贸n en vos conf铆o y un mill贸n de aquellas pesetas con un Franco en el anverso por la gracia de Dios.
Pasaron los a帽os de posguerra, de pan con chocolate de tierra, de sopa de algarrobas. Saltamos de la alpargata al mercerdes, del b煤caro al frigor铆fico Fresh FrostFree, del corpi帽o fariseo al tanga revelador y epif谩nico. Siglo XXI de sida a retrovirales, de bistur铆 a laparoscopia, de plexigl谩s a silicona, de pir谩mides vitales a vicarios de apariencia bajo un estampado Ninna Ricci.
Dicen que el mundo ha cambiado. ¿Alguien se acuerda de las muletas de madera con suspensi贸n de guata en los sobacos? Hoy hay sillas para piernas imposibles que renunciaron a hacer el camino, brazos que no abrazan el viento, labios que no besan porque olvidaron el beso en una carretera con gauardarrailes de hemiplejia. Olvidos olvidados de alzheimer, memorias rotas como jarrones de m谩rmol para quienes la vida es una espalda lejana, sin hijos, sin amigos, sin el amor de siempre. Viejos a los que llaman tercera edad, pero viejos sin eufemismos.
Euros, muy pocos euros, para ayudar al cari帽o de madre, de marido que empuja la vida de ella con proteinuria, di谩lisis y ox铆geno 24 horas, de hermana con hermano despe帽ado cuando el parto. Euros, muy pocos euros, para paliar el abandono de tanto abandonado, de condenados a cama perpetua, a tristeza nunca revisable, a desconsuelo enrejado por una desesperaci贸n al borde del suicidio.
Alguien les ha robado esos euros. Hay que pagar a los bancos la soberbia de ser bancos, a los banqueros millones de desverg眉enza, a los fiscalmente amnistiados porque hay que purificar el dinero de bombas de racimo, de tr谩fico de muslos v铆rgenes, de droga pensada para matar de placer.
Euros, muy pocos euros, a los que nunca tendr谩n trabajo por el delito de haber cumplido cincuenta y cinco a帽os, por la afrenta de no ser j贸venes-movil-ordenador-facebook.
Porque los mercados, porque el nazismo econ贸mico, porque la miseria cotiza en bolsa. Porque hay que pagar una deuda que no sirvi贸 ni para comprarle pan a la vida, ni leche a las ma帽anas de enero, ni pensiones congeladas para congelados huesos con el asco tiritando, porque tienen que morirse los enfermos de angustia y que descansen en paz del eterno cansancio de la vida.
Hay cola en los tanatorios, tristes sin flores tristes. Tanatorios de luto por muertes adelantadas por pu帽aladas del ibex treinta y cinco. Enterrados los besos, las ilusiones, el futuro porque ten铆an raz贸n Camus y Sartre. Porque el hombre es una pasi贸n in煤til, porque vive en la peste, porque ser pobre es serlo para todo y con todas las consecuencias.
Est谩 enterrando a la humanidad el dinero, herida por la cornada de un becerro de oro, desguazadas las ingles por la embestida met谩lica de un circo sin carcajadas.
Alguien nos ha abandonado en las puertas de un orfanato, de una casa cuna sin techo, con mantita de olvido, sin chupete de besos.
Antes se abandonaba a los ni帽os en las puertas de la casa cuna. Un destino de soledad, una mantita de olvido y un chupete de besos. Noche con fr铆o acumulado. Las estrellas se marchaban al amanecer. Giraba el torno y como todos los d铆as el uniforme azul, toquilla blanca, recog铆a la infancia desechada y la vest铆a con una soledad de apellidos en su historia diminuta. La pubertad vendr铆a, con hormonas recortadas ante ni帽as con palomas bajo el jersey blanco y negro. Y las ni帽as bajaban los ojos para no mirar pecando las piernas de pantal贸n bombacho de ni帽os rubios y tristes. Sor Mar铆a llevaba alas blancas, almidonadas, en equilibrio imposible por las puertas. Sor Mar铆a no entend铆a aquel beso robado-entregado un domingo por la tarde en el patio con sol del orfanato. Y castigaba el amor mirando a la pared como si los ni帽os estuvieran condenados a enamorarse de nadie, a enterrar el cari帽o en los desconchones de un muro de lamentos.
Saldr铆an alg煤n d铆a de aquellas rejas negras y les deslumbrar铆a el sol negro de una vida marcada. Para siempre Manolo, el de la casa cuna. Roc铆o para siempre, la ni帽a abandonada, sin historia de padre, sin un abrazo de madre. Precio comercial a lo mejor de feriantes monjas de vida, entregando el futuro al sagrado coraz贸n en vos conf铆o y un mill贸n de aquellas pesetas con un Franco en el anverso por la gracia de Dios.
Pasaron los a帽os de posguerra, de pan con chocolate de tierra, de sopa de algarrobas. Saltamos de la alpargata al mercerdes, del b煤caro al frigor铆fico Fresh FrostFree, del corpi帽o fariseo al tanga revelador y epif谩nico. Siglo XXI de sida a retrovirales, de bistur铆 a laparoscopia, de plexigl谩s a silicona, de pir谩mides vitales a vicarios de apariencia bajo un estampado Ninna Ricci.
Dicen que el mundo ha cambiado. ¿Alguien se acuerda de las muletas de madera con suspensi贸n de guata en los sobacos? Hoy hay sillas para piernas imposibles que renunciaron a hacer el camino, brazos que no abrazan el viento, labios que no besan porque olvidaron el beso en una carretera con gauardarrailes de hemiplejia. Olvidos olvidados de alzheimer, memorias rotas como jarrones de m谩rmol para quienes la vida es una espalda lejana, sin hijos, sin amigos, sin el amor de siempre. Viejos a los que llaman tercera edad, pero viejos sin eufemismos.
Euros, muy pocos euros, para ayudar al cari帽o de madre, de marido que empuja la vida de ella con proteinuria, di谩lisis y ox铆geno 24 horas, de hermana con hermano despe帽ado cuando el parto. Euros, muy pocos euros, para paliar el abandono de tanto abandonado, de condenados a cama perpetua, a tristeza nunca revisable, a desconsuelo enrejado por una desesperaci贸n al borde del suicidio.
Alguien les ha robado esos euros. Hay que pagar a los bancos la soberbia de ser bancos, a los banqueros millones de desverg眉enza, a los fiscalmente amnistiados porque hay que purificar el dinero de bombas de racimo, de tr谩fico de muslos v铆rgenes, de droga pensada para matar de placer.
Euros, muy pocos euros, a los que nunca tendr谩n trabajo por el delito de haber cumplido cincuenta y cinco a帽os, por la afrenta de no ser j贸venes-movil-ordenador-facebook.
Porque los mercados, porque el nazismo econ贸mico, porque la miseria cotiza en bolsa. Porque hay que pagar una deuda que no sirvi贸 ni para comprarle pan a la vida, ni leche a las ma帽anas de enero, ni pensiones congeladas para congelados huesos con el asco tiritando, porque tienen que morirse los enfermos de angustia y que descansen en paz del eterno cansancio de la vida.
Hay cola en los tanatorios, tristes sin flores tristes. Tanatorios de luto por muertes adelantadas por pu帽aladas del ibex treinta y cinco. Enterrados los besos, las ilusiones, el futuro porque ten铆an raz贸n Camus y Sartre. Porque el hombre es una pasi贸n in煤til, porque vive en la peste, porque ser pobre es serlo para todo y con todas las consecuencias.
Est谩 enterrando a la humanidad el dinero, herida por la cornada de un becerro de oro, desguazadas las ingles por la embestida met谩lica de un circo sin carcajadas.
Alguien nos ha abandonado en las puertas de un orfanato, de una casa cuna sin techo, con mantita de olvido, sin chupete de besos.
