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Democracia y totalitarismo

OPINI脫N de Emilio Cafassi   

A juzgar por el ex presidente y reciente candidato presidencial derrotado, Lacalle, el congreso extraordinario de su sector, la Unidad Nacional (UNA), fue todo un 茅xito. No ser铆a para menos. Dicen haber comprendido qu茅 es LA democracia y estar en condiciones de denunciar a quienes pretenden mancillarla y a rescatar a los uruguayos del abismo totalitario, comenzando por el gobierno y la fuerza pol铆tica que lo sustenta. “Debemos alejar a los uruguayos del peligro creciente de ser presas de un r茅gimen totalitario del Frente Amplio, que s贸lo concibe el ejercicio del gobierno de un modo autoritario, en que la 煤nica visi贸n correcta de la realidad es la propia”, sostiene el comunicado. No se interroga acerca de c贸mo har铆a una fuerza tan heterog茅nea, compleja y masiva para tener una visi贸n estrictamente “propia”, es decir “煤nica” e inmutable de la realidad en su seno, para luego poder irradiarla un铆vocamente al conjunto de la sociedad, sojuzg谩ndola. Y c贸mo lo implementar铆a en el actual r茅gimen pol铆tico. La representaci贸n parlamentaria de la UNA le impide fingir ignorancia respecto a divergencias internas gubernamentales y entre integrantes de la fuerza y el gobierno, como por ejemplo la muy reciente del propio canciller con el presidente Mujica en un episodio relevante de pol铆tica exterior. Es decir, de la funci贸n intr铆nseca que le fue encomendada, que tambi茅n lleg贸 a la confrontaci贸n al mism铆simo vicepresidente de la Rep煤blica y ha estado en el recinto parlamentario bajo la forma de interpelaci贸n.

Ya el slogan peyorativo que utiliza la derecha para con el Frente como “colcha de retazos” est谩 subrayando la coexistencia de trayectorias, perspectivas y fundamentos te贸ricos con m煤ltiples bifurcaciones que impiden que se constituya en impulsor de la monoscop铆a y el totalitarismo que se le pretende atribuir. Inversamente, la existencia de divergencias, identidades variopintas e incluso intereses, ha sido un factor de crecimiento sin que ponga en riesgo la unidad de acci贸n y la ejecutividad que requiere la acci贸n pol铆tica. Lejos de poder asimilarse a tantas experiencias de organizaci贸n pol铆tica autoritarias y verticalistas que pululan por el mundo, tanto progresistas como reaccionarias, el FA es una rara avis de tolerancia, inclusi贸n y eficiencia que debe ser reconocida y valorada por su lugar pionero en la historia. A la vez, la unidad de acci贸n no es prerrogativa excluyente del oficialismo. El gran m茅rito del Frente no es haberla logrado sino conseguirla con tan vasto pluralismo y autonom铆a organizativa de los diferentes sectores que lo integran. En las sectas no hay dificultades para la unidad de acci贸n. De lo contrario veamos hasta d贸nde llega la autonom铆a y pluralismo de los legisladores blancos y colorados proclives a la despenalizaci贸n del aborto voluntario una vez llegados a instancias decisorias.

El domingo pasado traje a colaci贸n –no sin sorpresa, ya que fue la primera vez- al semanario digital “Patria” en cuyo lenguaje y sintaxis encontraba importantes convergencias con la publicaci贸n de los terroristas de estado “envozalta.org”. En la edici贸n pasada, ya dejaba entrever la naturalizaci贸n superficial y pueril de la democracia realmente existente a la que llaman econ贸micamente LA democracia. Aquella que para ellos el FA “no entiende (…) est谩n aferrados y no hay ya forma de abrir esas cerradas mentes” (art铆culo “Confusi贸n frenteamplista”). Se les descubre inmediatamente un prop贸sito pedag贸gico y evangelizador. As铆 como los sacerdotes se dedican profesionalmente a actuar como intermediarios entre la comunidad y la divinidad que adoran, los dirigentes de UNA pretenden hacerlo entre LA democracia y la ciudadan铆a, a la que trata de alejar de los imp铆os. Parecen casi la antigua casta sacerdotal, hist贸ricamente dominante y habitualmente enfrentada al poder –y sociedad- civil. La declaraci贸n y el 煤ltimo n煤mero de la publicaci贸n combinan ambas dimensiones se帽aladas. Un art铆culo de Ricardo Puglia se refiere al gobierno sin ahorrar un s贸lo giro estil铆stico del macarthismo de los primeros a帽os ´50 y de la “doctrina de la seguridad nacional”. Se congratula de que “la imagen del gobierno marxista-comunista-tupamaro-sindical y totalitario del presidente Mujica viene perdiendo apoyo electoral”.

Sin embargo hay un m茅rito involuntario en la declaraci贸n del congreso y los art铆culos telegr谩ficos de esa publicaci贸n digital payasesca que es el de obligar a una respuesta del FA en torno al problema de la democracia y de este modo incitar a alg煤n debate al que, al menos personalmente, me siento convocado sin que por ello pueda agotarlo en un simple art铆culo. Para decirlo del modo m谩s sint茅tico y casi lacallo-telegr谩fico, los gobiernos del FA han realizado much铆simo menos de lo que quisiera y poco menos de lo que creo que podr铆an, pero sus limitaciones parecen estar mucho m谩s del lado del nivel pol铆tico que del econ贸mico-social. Un gobierno progresista no puede tener otro horizonte prioritario que el de la equidad. En dos esferas: la del acceso a la riqueza material y la del acceso a las libertades y ejercicio de la potestad decisional. No son planos estancos, se interpenetran e influyen mutuamente, pero deben ser considerados metodol贸gicamente aut贸nomos e inclusive por fuera del plano meramente anal铆tico. Pueden darse proyectos, pol铆ticas e implementaciones por separado en tiempos y alcances para cada una de esas esferas o niveles. La respuesta tan extendida en muchas izquierdas de que la distribuci贸n de la riqueza es un factor domocratizador (cosa que sin duda coadyuva a ello), s贸lo logra encubrir las debilidades en materia de pol铆ticas distributivas del poder o efectivamente democratizadoras en el plano institucional.

No me extra帽a que la derecha considere la arquitectura institucional vigente como LA democracia, que presupone en consecuencia, como sosten铆a Hanna Arendt, que no existe ni nunca ha existido ninguna alternativa al sistema actual. Si de algo se han encargado hist贸ricamente es de producir slogans ideologizados carentes de fundamentos te贸ricos e hist贸ricos, propios de la realpolitik, cuya funci贸n 煤ltima es disuadir toda tentativa de imaginar dispositivos distintos. Lo preocupante es que esta matriz ideol贸gica sea compartida por el FA. Por un lado porque de este modo se ve impedido para interrogarse sin prejuicios sobre el grado de democraticidad de la rep煤blica representativa y de la democracia liberal (o como prefiero llamarla, fiduciaria) en la que se encuentra inserto. Por el otro, porque se ve inducido a aceptar a la democracia representativa como si fuera la 煤nica democracia posible. De esta forma la democracia se naturaliza, se deshistoriza y se convierte de manera mec谩nica y encorsetada en LA democracia.

Lo ideol贸gicamente renegado es la historicidad de las instituciones, que en el transcurso de su existencia pueden dejar de cumplir con los fines para los cuales fueron edificadas. Es impensable la inmutabilidad de una instituci贸n, cualquiera 茅sta fuere, ni su permanencia hist贸rico-social a lo largo de los tiempos. Salvo que se suponga que ciertas instituciones est谩n de acuerdo con una “naturaleza” humana, y por lo tanto no ser铆an construcciones de sentido sino descubrimiento de un orden inherente a la humanidad o vaya uno a saber a qu茅 divinidad. Justamente por ello, la democracia es nombrada sin adjetivos, con lo cual su identificaci贸n hist贸rica se vuelve confusa. Evidentemente, se est谩 hablando de la democracia actual, pero al no acotarla conceptualmente queda identificada con la democracia en cuanto tal, como modelo ideal. Lo mismo ocurre con los partidos pol铆ticos. 脡stos han cambiado su forma y sus modos de acci贸n a lo largo de su corta existencia hist贸rica. Pero el modo de nombrarlos en este discurso no registra tal variaci贸n: se habla de "los partidos pol铆ticos" sin verificar si las modificaciones han influido en la consecuci贸n de los fines que les dieron vida.

La declaraci贸n del congreso de la UNA recibi贸 una contundente y precisa respuesta por parte de la novel presidenta del FA, M贸nica Xavier, en la que refuta argumentos y repasa momentos discursivos y de gesti贸n de Lacalle, pero deja pasar la indispensable diferenciaci贸n que deber铆a separar a lacalleanos y frenteamplistas en la concepci贸n sustantiva de la democracia, incluso cuando alude a los agravios “a la institucionalidad democr谩tica que tanto nos const贸 construir”. Es razonable que sociedades como las nuestras, que vienen del reciente Estado Terrorista, valoren la institucionalidad formal representativa, pero ello no puede justificar el silencio respecto al contenido preciso que ella trae consigo. Cuando se alude a la institucionalidad democr谩tica es indispensable expresar qu茅 significa en concreto y a qu茅 tipo de democracia se est谩 haciendo referencia. As铆 utilizados, esos conceptos cierran la discusi贸n te贸rica y pol铆tica, pues aparecen naturalizados, identificados con el objeto que buscan describir y explicar, negando el car谩cter interpretativo (y por tanto particular, situado) del discurso que los enuncia.

Este debate excede adem谩s al 谩mbito del Estado y es pertinente a toda forma institucional pol铆tica o civil en su interior. Es deseable que sea el FA qui茅n lo tome y comience a implementarlo para s铆 y a elaborar con ello propuestas de reforma pol铆tica y constitucional, dejando al gobierno “marxista-comunista-tupamaro-sindical y totalitario”, tal como lo llama este nuevo partido nacional, en su tarea de gesti贸n cotidiana. Ser谩 dif铆cil que lo haga la UNA, que porta el tufo rancio del aceite de motosierra apenas encubierto por colonia de peluquer铆a de asentamiento popular. Durante su presidencia, refiri茅ndose a los empleados p煤blicos, Lacalle sostuvo que "ellos hacen como que trabajan, yo hago como que les pago".

Seguramente los dirigentes de UNA hacen como que piensan y proponen, mientras Lacalle hace como que escribe.

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