OPINI脫N de Pascual Serrano
“El verdadero periodismo es intencional: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar alg煤n tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Hablo, obviamente, del buen periodismo”. Ryszard Kapu艣ci艅ski. Declaraciones en un encuentro con Maria Nadotti en Capodarco di Fermo (Apulia-Italia), 27 de noviembre de 1999.
En los 煤ltimos tiempos el debate sobre el periodismo se limita a discutir sobre el formato y la presentaci贸n. “Sustituyen el problema del contenido por la cuesti贸n de la forma, colocan la t茅cnica en lugar de la filosof铆a. S贸lo hablan de c贸mo redactar, c贸mo almacenar, c贸mo transmitir algo. Pero qu茅 redactar, qu茅 almacenar y qu茅 transmitir, de eso ni una palabra. El punto d茅bil de estas manifestaciones radica en que a trav茅s de ellas, en lugar de discusiones sobre el contenido, el esp铆ritu y el sentido de las cosas, no nos enteramos m谩s que de los nuevos y deslumbrantes avances t茅cnicos conseguidos en el terreno de la comunicaci贸n” [1]- As铆 lo percib铆a Ryzard Kapu艣ci艅ski hace casi diez a帽os y ahora esa sensaci贸n es mucho m谩s evidente.
Hubo un tiempo, all谩 en el siglo XIX, en el que el periodismo y los peri贸dicos eran, b谩sicamente, pasquines de lucha y combate pol铆tico. Los peri贸dicos, la radio, la televisi贸n en sus inicios, eran instrumentos de diversos partidos y fuerzas pol铆ticas en lucha por sus propios intereses. As铆 por ejemplo, en Francia, Alemania o Italia, todos los partidos e instituciones relevantes ten铆an su propia prensa. La informaci贸n, para esa prensa, no era la b煤squeda de la verdad, sino ganar espacio y vencer al enemigo particular. Ese modelo puede ser saludable para la libertad de expresi贸n y el debate de las ideas, pero nadie lo defender谩 como el m谩s id贸neo para el conocimiento de los hechos. Pero aquello ya forma parte del pasado, y se podr铆a decir que hoy estamos en el polo opuesto, el principal argumento que esgrimen los directivos de los medios de comunicaci贸n y los popes de la prensa es que ofrecen informaci贸n neutral y equilibrada. Sus banderas, dicen, son la objetividad y la imparcialidad.
El culto a la objetividad provoca que los reporteros que presencian tragedias y sufrimientos cuyos responsables est谩n perfectamente identificados vean que sus cr贸nicas terminan llegando al p煤blico descafeinadas y deste帽idas tras atravesar los filtros de los jefes de redacci贸n y los directivos de despacho. La objetividad se ha convertido en elemento de culto para evitar enfrentarse a verdades desagradables o disgustar a una estructura de poder de la que dependen los medios de informaci贸n para obtener beneficios o incluso sobrevivir.
Ese culto transforma a los reporteros en observadores neutrales o voyeurs. Si trabajan en televisi贸n pr谩cticamente se han convertido en webcams que no expresan nada, y si escriben se dedican a transmitir fr铆amente datos y n煤meros que no ayudan a comprender los acontecimientos. El periodismo actual destierra la empat铆a, la pasi贸n y el af谩n de justicia. A los reporteros se les permite mirar, pero no sentir, ni hablar con su propia voz. Act煤an como “profesionales as茅pticos” y se consideran cient铆ficos sociales desapasionados y desinteresados. Los nuevos profesionales tienen p谩nico a insinuar un m铆nimo de posicionamiento ante cualquier acontecimiento. O lo que es peor, reproducen las l铆neas informativas y editoriales se帽aladas por sus superiores y las agencias para no ser marcados ideol贸gicamente. As铆 creen ser neutrales, pero no lo son, simplemente se convierten en operarios despersonalizados y desideologizados que abandonan cualquier iniciativa y principios.
Equidistancia... ¿Con respecto a d贸nde?
Otro pilar en el que se fundamenta el mito actual de la 茅tica period铆stica es de la equidistancia. Se defiende con el argumento de la necesidad de presentar todas las versiones de un hecho y todas las posiciones ante un acontecimiento. La t贸pica idea de que, ante un determinado hecho, para realizar una labor exquisita de periodismo objetivo hay que informar de lo que dicen ambos bandos debilita el verdadero periodismo. No es verdad que la verdad se sit煤e a mitad de camino de dos puntos de vista contrapuestos.
Hace unos a帽os observ茅 en televisi贸n la noticia sobre un derrame de fuel provocado por un barco encallado en Algeciras [2]. El periodista afirmaba que, seg煤n los ecologistas, el crudo estaba s贸lo a un kil贸metro de la costa, y seg煤n el gobierno espa帽ol todav铆a estaba a tres kil贸metros. El informador estaba convencido de que hab铆a aplicado un criterio de pluralidad y equilibrio porque recogi贸 la versi贸n de dos partes contrapuestas, y no se daba cuenta de que simplemente incumpli贸 su responsabilidad como periodista, que consist铆a en comprobar personalmente el derrame e informar a la audiencia de su ubicaci贸n en lugar de recoger dos versiones de las que, al menos una, no era verdad. En otras ocasiones asistimos a un periodismo que se limita a recoger una denuncia de corrupci贸n de un pol铆tico y el desmentido del pol铆tico acusado. El periodista se presenta as铆 como plural y queda bien con todas las partes: ha recogido la versi贸n de todos. Pero, una vez m谩s, el ciudadano se queda sin saber si hubo corrupci贸n o una acusaci贸n injuriosa. Lo 煤nico que ha habido es la cobard铆a de una profesi贸n que no busca la verdad y que, incluso conoci茅ndola, no se atreve a posicionarse.
Seg煤n el modelo que se est谩 promoviendo, un refugiado de la Alemania nazi que apareciera en televisi贸n diciendo que en su pa铆s est谩n sucediendo monstruosidades deber铆a ir seguido de un portavoz de los nazis afirmando que Adolf Hitler est谩 logrando llevar al pa铆s al mayor nivel de desarrollo nunca conocido, escribi贸 el ex columnista de The New York Times Russell Baker. Desde este punto de vista, y en aras del equilibrio, tras una agresi贸n neonazi deber铆amos recoger la reacci贸n de las v铆ctimas y tambi茅n la del grupo neonazi.
Y el d铆a 25 de noviembre, D铆a Internacional de Lucha contra la Violencia de G茅nero, buscar铆amos, junto a los que combaten esa violencia, la opini贸n de alg煤n asesino de su pareja. Y tras un bombardeo a una poblaci贸n civil, deber铆amos presentar con igual extensi贸n y legitimidad los argumentos de los bombardeados y los de quienes los bombardean.
De hecho as铆 se hizo cuando el ej茅rcito israel铆 atac贸 y asesin贸 a nueve cooperantes de la Flotilla de la Libertad que transportaba ayuda humanitaria a Gaza en mayo de 2010: los medios dieron la misma legitimidad informativa a las argumentaciones del gobierno de Israel, que acusaba a los cooperantes de defender a terroristas, que a las familias de las v铆ctimas. Se trata de un ejemplo m谩s de la cobard铆a del periodismo actual ante las presiones de los diferentes grupos de poder.
El redactor adopta la postura de Poncio Pilatos en versi贸n period铆stica, en lugar de lavarse las manos ante el crimen, reproduce lo que dice el criminal y la v铆ctimas y se queda satisfecho y a cubierto de las cr铆ticas. Un periodismo honesto y valiente requiere que el periodista asuma el rechazo seguro que suscitar铆a en una determinada parte de la poblaci贸n la toma de posici贸n ante un determinado hecho y quiz谩s ignorar a la que intenta justificar un crimen o se funda en un dato falso. Para evitar el esfuerzo o la indignaci贸n de una parte del p煤blico, si alguien afirma que Hitler es un ogro, nuestro periodista virginal mostrar谩 al instante a otra persona que dice que Hitler es un pr铆ncipe. ¿Un hombre dice que una bomba de la OTAN ha asesinado a cincuenta civiles que asist铆an a una boda en Afganist谩n? Inmediatamente el medio presentar谩 a un portavoz de la OTAN diciendo que se trataba de talibanes terroristas. As铆 (pensar谩n en la direcci贸n del medio)quedar谩n bien con quienes creen que la OTAN lucha contra el terrorismo en Afganist谩n y con quienes consideran que est谩 masacrando a la poblaci贸n civil. Eso s铆, nadie podr谩 saber lo que ha sucedido, que es precisamente para lo que se supone que est谩n los medios de comunicaci贸n y los periodistas. Lo importante es que el periodista pueda decir que fue imparcial, neutral y equidistante.
脡tica o complacencia
El problema es que estamos creando un profesional del periodismo que ya no sabe incorporar principios y valores 茅ticos y culturales a su trabajo. Incluso su vocabulario se limita a la exposici贸n de hechos y no incluye la elaboraci贸n de reflexiones complejas o an谩lisis de cuestiones 茅ticas. Como escribi贸 Walter Lippman en su libro Public Opinion, el periodismo no nos se帽ala la verdad porque siempre hay una brecha descomunal entre la verdad y la informaci贸n. Las cuestiones 茅ticas enfrentan al periodismo al nebuloso mundo de la interpretaci贸n y la filosof铆a, y por eso los periodistas huyen de la indagaci贸n 茅tica como un reba帽o de corderos atemorizados [3].
Conceptos como neutralidad, objetividad y equidistancia s贸lo son argumentos empresariales para ganar la credibilidad de los ciudadanos y la complacencia de grupos de poder, anunciantes y publicistas que no quieren un verdadero debate sobre el mundo en el que vivimos. Los periodistas m谩s consagrados de todo el espectro pol铆tico no han dudado en denunciar el mito de la objetividad. “En cuanto a la objetividad period铆stica, es tal vez la patra帽a m谩s grande que me ha tocado o铆r acerca de nuestro oficio”, afirm贸 el veterano periodista italiano Indro Montanelli [4], un periodista al que no se le podr谩 acusar de antisistema.
El historiador Paul Preston, que estudi贸 el papel de los corresponsales extranjeros que informaron sobre la Guerra Civil Espa帽ola en su libro Idealistas bajo las balas [5], afirma que “no puede existir la objetividad o ecuanimidad. No se puede tratar al asesino y al asesinado o al violador y la violada como si fuesen iguales. Cada periodista, como cada historiador, que lo sepa o no, ve las cosas a trav茅s del filtro de su sistema moral, 茅tico e ideol贸gico. Esto no quiere decir que no hay que intentar entender las motivaciones de todos los implicados en una situaci贸n” [6].
Indignaci贸n y denuncia “En Am茅rica Latina uno se mete de periodista y lo primero que hace es indignarse, la propia realidad te obliga. Si no haces periodismo de denuncia, no s茅 lo que est谩s haciendo”. As铆 se expresa la periodista y escritora Elena Poniatowska, quien no concibe el periodismo sin compromiso. Seg煤n Robert Fisk, en un mundo laboral dominado por el cinismo el periodismo es un empleo honroso a trav茅s del que se puede cambiar la forma en la que la gente ve el mundo [7].
Paul Preston, en Idealistas bajo las balas, recoge el grado de implicaci贸n que, inevitablemente, adoptaron algunos de los corresponsales que fueron a Espa帽a en la Guerra Civil. La mayor铆a de ellos, a la hora de vivir en primera l铆nea la lucha de un pueblo contra el fascismo y la tragedia del abandono del resto de los pa铆ses que se negaron a ayudar al gobierno leg铆timo espa帽ol, no dudaron en tomar partido, muchas veces enfrent谩ndose a la posici贸n del peri贸dico que les hab铆a enviado como corresponsales. Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, John Dos Passos, Mija铆l Koltsov, Louis Fischer, Herbert Southworth, Henry Buckley, W.H. Auden, Arthur Koestler, Cyril Connolly, George Orwell, Kim Philby.... a todos les transform贸 la guerra. La simpat铆a hacia el bando republicano espa帽ol no proced铆a de corresponsales rusos o de publicaciones marginales de izquierda, el corresponsal estadounidense Louis Fischer afirm贸 que “muchos de los corresponsales extranjeros que visitaban la zona franquista acababan simpatizando con las tropas republicanas, pero pr谩cticamente todos los innumerables periodistas y visitantes que penetraban en la Espa帽a leal se transformaban en colaboradores activos de la causa. (…). S贸lo un imb茅cil desalmado podr铆a no haber comprendido y simpatizado” con la Rep煤blica Espa帽ola [8].
Hemos de reconocer que el tremendo control que los grupos empresariales propietarios de los medios ejercen sobre los profesionales nos lleva a pensar que no son buenos tiempos para un periodismo socialmente comprometido. Por eso mismo, bucear en el periodismo de hist贸ricos reporteros como John Reed, Ryzard Kapu艣ci艅sky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa puede ayudarnos a recuperar la pasi贸n y la fuerza para seguir avanzando contracorriente.
Dec铆a Stefan Zweig que “nuestro tiempo quiere y ama hoy las biograf铆as heroicas, porque dada la pobreza propia en figuras de liderazgo pol铆ticamente creativo busca ejemplos mejores en el pasado” y destacaba “el poder de expandir las almas, aumentar las energ铆as, elevar el esp铆ritu de las biograf铆as heroicas. Desde los tiempos de Plutarco, son necesarias para toda estirpe en ascenso y toda juventud”.
John Reed fue el cronista de grandes hitos revolucionarios, Ryzard Kapu艣ci艅sky dedic贸 su vida a relatarnos los sue帽os descolonizadores de los pa铆ses del Tercer Mundo, Edgar Snow acerc贸 la lejana Asia y la revoluci贸n china a Occidente, Rodolfo Walsh sent贸 los principios de un periodismo emparentado con la literatura de no ficci贸n en el marco de una terrible dictadura y Robert Capa fotografi贸 como nadie a los seres humanos que sufr铆an la guerra. Su trayectoria debe ser para nosotros, los profesionales de la comunicaci贸n, un ejemplo de dignidad en estos tiempos en los que las ruedas de prensa, el ordenador con sus innumerables artilugios suplementarios o derivados y las cotizaciones en bolsa de nuestro medio de comunicaci贸n parece que se han confabulado para acabar con un periodismo que crea que pueda mejorar el mundo.
*Pascual Serrano es periodista. En 2011 public贸 “Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryzard Kapu艣ci艅sky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa”. Editorial Pen铆nsula. Barcelona. Este art铆culo ha sido publicado en el n潞 51 de Pueblos - Revista de Informaci贸n y Debate - Segundo Trimestre de 2012
[1] Kapu艣ci艅ski, Ryszard (2003): Lapidarium IV, Barcelona, Anagrama.
[2] Noticia emitida por TVE 2 el 29/01/2007.
[3] Hedges, Chris (2010): “The creed objectivity killed the news”. (Disponible en http://www.ufppc.org, febrero de 2010).
[4] Montanelli, Indro (2010): Memorias de un periodista, Barcelona, RBA.
[5] Preston, Paul (2008): Idealistas bajo las balas. Corresponsales extranjeros en la guerra de Espa帽a, Barcelona, DeBolsillo.
[6] Entrevista con Paul Preston. Julio de 2011.
[7] Siscar, Maria Josep (2010): “El escritor como arma de creaci贸n pol铆tica y social”. Diario P煤blico. (Disponible en www. publico.es, 04/12/2010).
[8] Preston, Paul (2008): Op. cit.
“El verdadero periodismo es intencional: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar alg煤n tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Hablo, obviamente, del buen periodismo”. Ryszard Kapu艣ci艅ski. Declaraciones en un encuentro con Maria Nadotti en Capodarco di Fermo (Apulia-Italia), 27 de noviembre de 1999.
En los 煤ltimos tiempos el debate sobre el periodismo se limita a discutir sobre el formato y la presentaci贸n. “Sustituyen el problema del contenido por la cuesti贸n de la forma, colocan la t茅cnica en lugar de la filosof铆a. S贸lo hablan de c贸mo redactar, c贸mo almacenar, c贸mo transmitir algo. Pero qu茅 redactar, qu茅 almacenar y qu茅 transmitir, de eso ni una palabra. El punto d茅bil de estas manifestaciones radica en que a trav茅s de ellas, en lugar de discusiones sobre el contenido, el esp铆ritu y el sentido de las cosas, no nos enteramos m谩s que de los nuevos y deslumbrantes avances t茅cnicos conseguidos en el terreno de la comunicaci贸n” [1]- As铆 lo percib铆a Ryzard Kapu艣ci艅ski hace casi diez a帽os y ahora esa sensaci贸n es mucho m谩s evidente.
Hubo un tiempo, all谩 en el siglo XIX, en el que el periodismo y los peri贸dicos eran, b谩sicamente, pasquines de lucha y combate pol铆tico. Los peri贸dicos, la radio, la televisi贸n en sus inicios, eran instrumentos de diversos partidos y fuerzas pol铆ticas en lucha por sus propios intereses. As铆 por ejemplo, en Francia, Alemania o Italia, todos los partidos e instituciones relevantes ten铆an su propia prensa. La informaci贸n, para esa prensa, no era la b煤squeda de la verdad, sino ganar espacio y vencer al enemigo particular. Ese modelo puede ser saludable para la libertad de expresi贸n y el debate de las ideas, pero nadie lo defender谩 como el m谩s id贸neo para el conocimiento de los hechos. Pero aquello ya forma parte del pasado, y se podr铆a decir que hoy estamos en el polo opuesto, el principal argumento que esgrimen los directivos de los medios de comunicaci贸n y los popes de la prensa es que ofrecen informaci贸n neutral y equilibrada. Sus banderas, dicen, son la objetividad y la imparcialidad.
El culto a la objetividad provoca que los reporteros que presencian tragedias y sufrimientos cuyos responsables est谩n perfectamente identificados vean que sus cr贸nicas terminan llegando al p煤blico descafeinadas y deste帽idas tras atravesar los filtros de los jefes de redacci贸n y los directivos de despacho. La objetividad se ha convertido en elemento de culto para evitar enfrentarse a verdades desagradables o disgustar a una estructura de poder de la que dependen los medios de informaci贸n para obtener beneficios o incluso sobrevivir.
Ese culto transforma a los reporteros en observadores neutrales o voyeurs. Si trabajan en televisi贸n pr谩cticamente se han convertido en webcams que no expresan nada, y si escriben se dedican a transmitir fr铆amente datos y n煤meros que no ayudan a comprender los acontecimientos. El periodismo actual destierra la empat铆a, la pasi贸n y el af谩n de justicia. A los reporteros se les permite mirar, pero no sentir, ni hablar con su propia voz. Act煤an como “profesionales as茅pticos” y se consideran cient铆ficos sociales desapasionados y desinteresados. Los nuevos profesionales tienen p谩nico a insinuar un m铆nimo de posicionamiento ante cualquier acontecimiento. O lo que es peor, reproducen las l铆neas informativas y editoriales se帽aladas por sus superiores y las agencias para no ser marcados ideol贸gicamente. As铆 creen ser neutrales, pero no lo son, simplemente se convierten en operarios despersonalizados y desideologizados que abandonan cualquier iniciativa y principios.
Equidistancia... ¿Con respecto a d贸nde?
Otro pilar en el que se fundamenta el mito actual de la 茅tica period铆stica es de la equidistancia. Se defiende con el argumento de la necesidad de presentar todas las versiones de un hecho y todas las posiciones ante un acontecimiento. La t贸pica idea de que, ante un determinado hecho, para realizar una labor exquisita de periodismo objetivo hay que informar de lo que dicen ambos bandos debilita el verdadero periodismo. No es verdad que la verdad se sit煤e a mitad de camino de dos puntos de vista contrapuestos.
Hace unos a帽os observ茅 en televisi贸n la noticia sobre un derrame de fuel provocado por un barco encallado en Algeciras [2]. El periodista afirmaba que, seg煤n los ecologistas, el crudo estaba s贸lo a un kil贸metro de la costa, y seg煤n el gobierno espa帽ol todav铆a estaba a tres kil贸metros. El informador estaba convencido de que hab铆a aplicado un criterio de pluralidad y equilibrio porque recogi贸 la versi贸n de dos partes contrapuestas, y no se daba cuenta de que simplemente incumpli贸 su responsabilidad como periodista, que consist铆a en comprobar personalmente el derrame e informar a la audiencia de su ubicaci贸n en lugar de recoger dos versiones de las que, al menos una, no era verdad. En otras ocasiones asistimos a un periodismo que se limita a recoger una denuncia de corrupci贸n de un pol铆tico y el desmentido del pol铆tico acusado. El periodista se presenta as铆 como plural y queda bien con todas las partes: ha recogido la versi贸n de todos. Pero, una vez m谩s, el ciudadano se queda sin saber si hubo corrupci贸n o una acusaci贸n injuriosa. Lo 煤nico que ha habido es la cobard铆a de una profesi贸n que no busca la verdad y que, incluso conoci茅ndola, no se atreve a posicionarse.
Seg煤n el modelo que se est谩 promoviendo, un refugiado de la Alemania nazi que apareciera en televisi贸n diciendo que en su pa铆s est谩n sucediendo monstruosidades deber铆a ir seguido de un portavoz de los nazis afirmando que Adolf Hitler est谩 logrando llevar al pa铆s al mayor nivel de desarrollo nunca conocido, escribi贸 el ex columnista de The New York Times Russell Baker. Desde este punto de vista, y en aras del equilibrio, tras una agresi贸n neonazi deber铆amos recoger la reacci贸n de las v铆ctimas y tambi茅n la del grupo neonazi.
Y el d铆a 25 de noviembre, D铆a Internacional de Lucha contra la Violencia de G茅nero, buscar铆amos, junto a los que combaten esa violencia, la opini贸n de alg煤n asesino de su pareja. Y tras un bombardeo a una poblaci贸n civil, deber铆amos presentar con igual extensi贸n y legitimidad los argumentos de los bombardeados y los de quienes los bombardean.
De hecho as铆 se hizo cuando el ej茅rcito israel铆 atac贸 y asesin贸 a nueve cooperantes de la Flotilla de la Libertad que transportaba ayuda humanitaria a Gaza en mayo de 2010: los medios dieron la misma legitimidad informativa a las argumentaciones del gobierno de Israel, que acusaba a los cooperantes de defender a terroristas, que a las familias de las v铆ctimas. Se trata de un ejemplo m谩s de la cobard铆a del periodismo actual ante las presiones de los diferentes grupos de poder.
El redactor adopta la postura de Poncio Pilatos en versi贸n period铆stica, en lugar de lavarse las manos ante el crimen, reproduce lo que dice el criminal y la v铆ctimas y se queda satisfecho y a cubierto de las cr铆ticas. Un periodismo honesto y valiente requiere que el periodista asuma el rechazo seguro que suscitar铆a en una determinada parte de la poblaci贸n la toma de posici贸n ante un determinado hecho y quiz谩s ignorar a la que intenta justificar un crimen o se funda en un dato falso. Para evitar el esfuerzo o la indignaci贸n de una parte del p煤blico, si alguien afirma que Hitler es un ogro, nuestro periodista virginal mostrar谩 al instante a otra persona que dice que Hitler es un pr铆ncipe. ¿Un hombre dice que una bomba de la OTAN ha asesinado a cincuenta civiles que asist铆an a una boda en Afganist谩n? Inmediatamente el medio presentar谩 a un portavoz de la OTAN diciendo que se trataba de talibanes terroristas. As铆 (pensar谩n en la direcci贸n del medio)quedar谩n bien con quienes creen que la OTAN lucha contra el terrorismo en Afganist谩n y con quienes consideran que est谩 masacrando a la poblaci贸n civil. Eso s铆, nadie podr谩 saber lo que ha sucedido, que es precisamente para lo que se supone que est谩n los medios de comunicaci贸n y los periodistas. Lo importante es que el periodista pueda decir que fue imparcial, neutral y equidistante.
脡tica o complacencia
El problema es que estamos creando un profesional del periodismo que ya no sabe incorporar principios y valores 茅ticos y culturales a su trabajo. Incluso su vocabulario se limita a la exposici贸n de hechos y no incluye la elaboraci贸n de reflexiones complejas o an谩lisis de cuestiones 茅ticas. Como escribi贸 Walter Lippman en su libro Public Opinion, el periodismo no nos se帽ala la verdad porque siempre hay una brecha descomunal entre la verdad y la informaci贸n. Las cuestiones 茅ticas enfrentan al periodismo al nebuloso mundo de la interpretaci贸n y la filosof铆a, y por eso los periodistas huyen de la indagaci贸n 茅tica como un reba帽o de corderos atemorizados [3].
Conceptos como neutralidad, objetividad y equidistancia s贸lo son argumentos empresariales para ganar la credibilidad de los ciudadanos y la complacencia de grupos de poder, anunciantes y publicistas que no quieren un verdadero debate sobre el mundo en el que vivimos. Los periodistas m谩s consagrados de todo el espectro pol铆tico no han dudado en denunciar el mito de la objetividad. “En cuanto a la objetividad period铆stica, es tal vez la patra帽a m谩s grande que me ha tocado o铆r acerca de nuestro oficio”, afirm贸 el veterano periodista italiano Indro Montanelli [4], un periodista al que no se le podr谩 acusar de antisistema.
El historiador Paul Preston, que estudi贸 el papel de los corresponsales extranjeros que informaron sobre la Guerra Civil Espa帽ola en su libro Idealistas bajo las balas [5], afirma que “no puede existir la objetividad o ecuanimidad. No se puede tratar al asesino y al asesinado o al violador y la violada como si fuesen iguales. Cada periodista, como cada historiador, que lo sepa o no, ve las cosas a trav茅s del filtro de su sistema moral, 茅tico e ideol贸gico. Esto no quiere decir que no hay que intentar entender las motivaciones de todos los implicados en una situaci贸n” [6].
Indignaci贸n y denuncia “En Am茅rica Latina uno se mete de periodista y lo primero que hace es indignarse, la propia realidad te obliga. Si no haces periodismo de denuncia, no s茅 lo que est谩s haciendo”. As铆 se expresa la periodista y escritora Elena Poniatowska, quien no concibe el periodismo sin compromiso. Seg煤n Robert Fisk, en un mundo laboral dominado por el cinismo el periodismo es un empleo honroso a trav茅s del que se puede cambiar la forma en la que la gente ve el mundo [7].
Paul Preston, en Idealistas bajo las balas, recoge el grado de implicaci贸n que, inevitablemente, adoptaron algunos de los corresponsales que fueron a Espa帽a en la Guerra Civil. La mayor铆a de ellos, a la hora de vivir en primera l铆nea la lucha de un pueblo contra el fascismo y la tragedia del abandono del resto de los pa铆ses que se negaron a ayudar al gobierno leg铆timo espa帽ol, no dudaron en tomar partido, muchas veces enfrent谩ndose a la posici贸n del peri贸dico que les hab铆a enviado como corresponsales. Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, John Dos Passos, Mija铆l Koltsov, Louis Fischer, Herbert Southworth, Henry Buckley, W.H. Auden, Arthur Koestler, Cyril Connolly, George Orwell, Kim Philby.... a todos les transform贸 la guerra. La simpat铆a hacia el bando republicano espa帽ol no proced铆a de corresponsales rusos o de publicaciones marginales de izquierda, el corresponsal estadounidense Louis Fischer afirm贸 que “muchos de los corresponsales extranjeros que visitaban la zona franquista acababan simpatizando con las tropas republicanas, pero pr谩cticamente todos los innumerables periodistas y visitantes que penetraban en la Espa帽a leal se transformaban en colaboradores activos de la causa. (…). S贸lo un imb茅cil desalmado podr铆a no haber comprendido y simpatizado” con la Rep煤blica Espa帽ola [8].
Hemos de reconocer que el tremendo control que los grupos empresariales propietarios de los medios ejercen sobre los profesionales nos lleva a pensar que no son buenos tiempos para un periodismo socialmente comprometido. Por eso mismo, bucear en el periodismo de hist贸ricos reporteros como John Reed, Ryzard Kapu艣ci艅sky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa puede ayudarnos a recuperar la pasi贸n y la fuerza para seguir avanzando contracorriente.
Dec铆a Stefan Zweig que “nuestro tiempo quiere y ama hoy las biograf铆as heroicas, porque dada la pobreza propia en figuras de liderazgo pol铆ticamente creativo busca ejemplos mejores en el pasado” y destacaba “el poder de expandir las almas, aumentar las energ铆as, elevar el esp铆ritu de las biograf铆as heroicas. Desde los tiempos de Plutarco, son necesarias para toda estirpe en ascenso y toda juventud”.
John Reed fue el cronista de grandes hitos revolucionarios, Ryzard Kapu艣ci艅sky dedic贸 su vida a relatarnos los sue帽os descolonizadores de los pa铆ses del Tercer Mundo, Edgar Snow acerc贸 la lejana Asia y la revoluci贸n china a Occidente, Rodolfo Walsh sent贸 los principios de un periodismo emparentado con la literatura de no ficci贸n en el marco de una terrible dictadura y Robert Capa fotografi贸 como nadie a los seres humanos que sufr铆an la guerra. Su trayectoria debe ser para nosotros, los profesionales de la comunicaci贸n, un ejemplo de dignidad en estos tiempos en los que las ruedas de prensa, el ordenador con sus innumerables artilugios suplementarios o derivados y las cotizaciones en bolsa de nuestro medio de comunicaci贸n parece que se han confabulado para acabar con un periodismo que crea que pueda mejorar el mundo.
*Pascual Serrano es periodista. En 2011 public贸 “Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryzard Kapu艣ci艅sky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa”. Editorial Pen铆nsula. Barcelona. Este art铆culo ha sido publicado en el n潞 51 de Pueblos - Revista de Informaci贸n y Debate - Segundo Trimestre de 2012
[1] Kapu艣ci艅ski, Ryszard (2003): Lapidarium IV, Barcelona, Anagrama.
[2] Noticia emitida por TVE 2 el 29/01/2007.
[3] Hedges, Chris (2010): “The creed objectivity killed the news”. (Disponible en http://www.ufppc.org, febrero de 2010).
[4] Montanelli, Indro (2010): Memorias de un periodista, Barcelona, RBA.
[5] Preston, Paul (2008): Idealistas bajo las balas. Corresponsales extranjeros en la guerra de Espa帽a, Barcelona, DeBolsillo.
[6] Entrevista con Paul Preston. Julio de 2011.
[7] Siscar, Maria Josep (2010): “El escritor como arma de creaci贸n pol铆tica y social”. Diario P煤blico. (Disponible en www. publico.es, 04/12/2010).
[8] Preston, Paul (2008): Op. cit.
