OPINI脫N de Jorge Majfud
Entiendo que la discusi贸n no est谩 entre el libro de papel o el libro digital. Ambos son medios de un antiguo h谩bito intelectual: la lectura. La diferencia radica en que el libro digital se adquiere m谩s f谩cilmente; pero el libro de papel no se ha ido abandonado por sus deficiencias de funcionamiento. A excepci贸n de la carencia de hiperlinks que obligaban al lector a memorizar y ordenar la informaci贸n de otra forma (los hiperlinks facilitan el acceso a la informaci贸n pero no a la comprensi贸n) las p谩ginas del libro de papel siguen siendo el modelo b谩sico que imitan los libros electr贸nicos. El libro de papel no pose铆a ninguna deficiencia que dificultara la lectura reflexiva; tal vez son los lectores hechos en la cultura del consumo de cantidades, en lugar de calidades, quienes han adquirido algunas deficiencias de lectura y reflexi贸n, sobre todo de reflexi贸n abstracta y hol铆stica. Esto, obviamente, es s贸lo una aproximaci贸n de un fen贸meno m谩s complejo y lleno de excepciones. Pero no son las excepciones lo que deber铆a ocuparnos m谩s.
Evidentemente hablo como un miembro de una generaci贸n a caballo de esos dos mundos, alguien que aprecia las ventajas de las nuevas tecnolog铆as, que no quiere ser un reaccionario pero tampoco un id贸latra desmemoriado que desprecia las virtudes del mundo anterior s贸lo porque no tiene idea de tan ex贸tica experiencia humana, social e intelectual.
En el fondo, creo que el dilema entre el libro de papel y el libro digital es falso o, por lo menos, no es tan trascendente como el dilema entre las redes sociales y los libros tradicionales. Aqu铆 est谩 la verdadera competencia por los lectores; aqu铆 est谩n los verdaderos formadores de actitudes y de habilidades intelectuales.
En este punto la diferencia es abismal. Basta con observar el nivel de desaf铆o que impone un libro tradicional, incluso uno de los peores, y el nivel de desaf铆o intelectual que nos impone, por ejemplo, Facebook. Incluso, si los libros tradicionalmente estuvieron envueltos de un aura de prestigio, muchas veces inmerecido, Facebook carece de una min煤scula fracci贸n de este aura. Es m谩s, muchos de sus usuarios, si no la mayor铆a, se reconocen perdiendo el tiempo en este espacio virtual, aunque no puedan dejar de hacerlo.
Haga el experimento. Elija un grupo de los estudiantes m谩s perezosos que quiz谩s usted conoce y ofr茅zcale un libro, una revista de pol铆tica internacional, un juego de ajedrez, un piano, un microscopio o siete horas de Facebook. La famosa generaci贸n “m煤ltiple-tarea” es mucho m谩s pasiva, previsible y mon贸tona de lo que se cree ella mismo.
Claro, Facebook tiene algunas utilidades positivas, como el hecho de facilitar cierto tipo de conocimiento de nuevas personas o la recuperaci贸n del contacto de viejos amigos. No obstante, en lo que se refiere estrictamente al desaf铆o intelectual que deriva de su uso, nunca alcanza a superar el desaf铆o del peor de los libros. Por el contrario, es probable que act煤e m谩s como un anestesiaste que como un estimulante de las habilidades intelectuales. Se puede argumentar que no es posible comparar las dos realidades porque son cosas diferentes; lo cual ser铆a lo mismo que estamos diciendo desde otro punto de vista.
Pero el hecho concreto es que cada individuo sigue teniendo d铆as de veinticuatro horas, y las horas que uno invierte en una actividad necesariamente se las quita a otra. No tendr铆a sentido ignorar y abstenerse del uso de estas realidades del mundo de hoy, pero tampoco tiene mucho sentido ni ganancia reemplazar hasta el aniquilamiento la pr谩ctica de otras habilidades que antes estaban entre las modestas p谩ginas de un libro. No al menos si queremos individuos m谩s amplios y sociedades m谩s despiertas, m谩s libres de la repetici贸n, de la propaganda, de la actitud de reba帽o, de la autocomplacencia y del conformismo como religi贸n.
La Sociedad Desobediente y las Asambleas de Democracia Directa
Luego de Facebook deber谩 surgir algo m谩s maduro seg煤n nuestra concepci贸n del movimiento humanista hacia la radicalizaci贸n de la democracia, tal como se ha ido desarrollando, con altibajos, con avances y retrocesos, desde la ca铆da de la Edad Media.
Ese “algo” debe ser un espacio diferente a las actuales redes sociales, donde los pensamientos no sean ef铆meros, fraudulentos o apenas una decoraci贸n que no cambian ninguna vida, donde los compromisos son siempre virtuales y las discusiones tienen escasa o nula trascendencia m谩s all谩 de la burbuja virtual de los egos heridos, la que cada tanto se agrega la ilusi贸n de ser el principal disparador de una revoluci贸n o de un alzamiento en alguna parte del mundo, como si no hubiesen habido verdaderas revoluciones populares mucho antes de Twitter y Facebook. Las revoluciones sociales no las han hecho ni Facebook ni Twitter sino juventudes maduras en la conciencia de s铆 mismos como protagonistas de la historia.
Yo todav铆a veo, igual que a finales del siglo XX, una etapa donde los medios virtuales de comunicaci贸n ser谩n verdaderas herramientas y no meros juguetes para la diversi贸n y la adicci贸n de tareas triviales, repetitivas, voyeristas y egol谩tricas.
Esta nueva etapa ser铆a marcada por una especie de Asamblea Virtual donde los participantes tengan un verdadero poder de decisi贸n sobre el resto de la realidad pol铆tica, econ贸mica y social que los rodea. Entonces, cuando los instrumentos de esta Asamblea impliquen un efecto directo en el individuo y en la sociedad, las discusiones y las reflexiones inevitablemente tender谩n a realizarse con mayor responsabilidad y con mayor cuidado y reflexi贸n. Los miembros ya no ser谩n simplemente “amigos virtuales” o “seguidores” sino “ciudadanos” que se gobiernan a s铆 mismos. A determinados tiempos de discusi贸n seguir谩n votaciones peri贸dicas sobre temas concretos.
Eso mismo que hacemos, por ejemplo, en una asamblea de profesores de una universidad (p煤blica o privada, como en mi caso personal), donde mes a mes proponemos cambios en las leyes de la instituci贸n y decidimos su destino mediante votaci贸n directa, abierta o secreta; como lo hacen los obreros que poseen una cooperativa y no votan simplemente por medidas de resistencia contra los due帽os de sus empleos sino en beneficio del grupo y del individuo que forma parte de la administraci贸n de su propia fuente de trabajo.
Hace muchos a帽os que ya tenemos los instrumentos t茅cnicos para que as铆 sea. De la misma forma que alguien puede decidir invertir todos sus ahorros en una transacci贸n electr贸nica, de la misma forma un individuo puede participar en la decisi贸n de qu茅 hacer con el presupuesto de su provincia o hacia d贸nde debe dirigir una parte de los impuestos que paga.
Esto 煤ltimo, por ejemplo, consiste en una idea aparte y concreta sobre una reforma impositiva que propuse en otros escritos y que est谩 en l铆nea con el mismo pensamiento: si cada ciudadano puede decidir d贸nde colocar un X porcentaje de sus contribuciones impositivas, podr谩 de esta forma premiar o castigar a aquellos que han sido elegidos para cargos p煤blicos o aquellos otros privados que realizan una obra que beneficia a la sociedad o, por lo menos, al mismo contribuyente de forma indirecta.
Esta nueva etapa de democracia directa, m谩s cerca del anarquismo organizado que de las democracias representativas, inevitablemente redefinir谩 el concepto de lo privado y de lo p煤blico, rest谩ndole progresivamente poder a los individuos y a los grupos que se aferran al poder pol铆tico y econ贸mico desde hace siglos.
Entiendo que la discusi贸n no est谩 entre el libro de papel o el libro digital. Ambos son medios de un antiguo h谩bito intelectual: la lectura. La diferencia radica en que el libro digital se adquiere m谩s f谩cilmente; pero el libro de papel no se ha ido abandonado por sus deficiencias de funcionamiento. A excepci贸n de la carencia de hiperlinks que obligaban al lector a memorizar y ordenar la informaci贸n de otra forma (los hiperlinks facilitan el acceso a la informaci贸n pero no a la comprensi贸n) las p谩ginas del libro de papel siguen siendo el modelo b谩sico que imitan los libros electr贸nicos. El libro de papel no pose铆a ninguna deficiencia que dificultara la lectura reflexiva; tal vez son los lectores hechos en la cultura del consumo de cantidades, en lugar de calidades, quienes han adquirido algunas deficiencias de lectura y reflexi贸n, sobre todo de reflexi贸n abstracta y hol铆stica. Esto, obviamente, es s贸lo una aproximaci贸n de un fen贸meno m谩s complejo y lleno de excepciones. Pero no son las excepciones lo que deber铆a ocuparnos m谩s.
Evidentemente hablo como un miembro de una generaci贸n a caballo de esos dos mundos, alguien que aprecia las ventajas de las nuevas tecnolog铆as, que no quiere ser un reaccionario pero tampoco un id贸latra desmemoriado que desprecia las virtudes del mundo anterior s贸lo porque no tiene idea de tan ex贸tica experiencia humana, social e intelectual.
En el fondo, creo que el dilema entre el libro de papel y el libro digital es falso o, por lo menos, no es tan trascendente como el dilema entre las redes sociales y los libros tradicionales. Aqu铆 est谩 la verdadera competencia por los lectores; aqu铆 est谩n los verdaderos formadores de actitudes y de habilidades intelectuales.
En este punto la diferencia es abismal. Basta con observar el nivel de desaf铆o que impone un libro tradicional, incluso uno de los peores, y el nivel de desaf铆o intelectual que nos impone, por ejemplo, Facebook. Incluso, si los libros tradicionalmente estuvieron envueltos de un aura de prestigio, muchas veces inmerecido, Facebook carece de una min煤scula fracci贸n de este aura. Es m谩s, muchos de sus usuarios, si no la mayor铆a, se reconocen perdiendo el tiempo en este espacio virtual, aunque no puedan dejar de hacerlo.
Haga el experimento. Elija un grupo de los estudiantes m谩s perezosos que quiz谩s usted conoce y ofr茅zcale un libro, una revista de pol铆tica internacional, un juego de ajedrez, un piano, un microscopio o siete horas de Facebook. La famosa generaci贸n “m煤ltiple-tarea” es mucho m谩s pasiva, previsible y mon贸tona de lo que se cree ella mismo.
Claro, Facebook tiene algunas utilidades positivas, como el hecho de facilitar cierto tipo de conocimiento de nuevas personas o la recuperaci贸n del contacto de viejos amigos. No obstante, en lo que se refiere estrictamente al desaf铆o intelectual que deriva de su uso, nunca alcanza a superar el desaf铆o del peor de los libros. Por el contrario, es probable que act煤e m谩s como un anestesiaste que como un estimulante de las habilidades intelectuales. Se puede argumentar que no es posible comparar las dos realidades porque son cosas diferentes; lo cual ser铆a lo mismo que estamos diciendo desde otro punto de vista.
Pero el hecho concreto es que cada individuo sigue teniendo d铆as de veinticuatro horas, y las horas que uno invierte en una actividad necesariamente se las quita a otra. No tendr铆a sentido ignorar y abstenerse del uso de estas realidades del mundo de hoy, pero tampoco tiene mucho sentido ni ganancia reemplazar hasta el aniquilamiento la pr谩ctica de otras habilidades que antes estaban entre las modestas p谩ginas de un libro. No al menos si queremos individuos m谩s amplios y sociedades m谩s despiertas, m谩s libres de la repetici贸n, de la propaganda, de la actitud de reba帽o, de la autocomplacencia y del conformismo como religi贸n.
La Sociedad Desobediente y las Asambleas de Democracia Directa
Luego de Facebook deber谩 surgir algo m谩s maduro seg煤n nuestra concepci贸n del movimiento humanista hacia la radicalizaci贸n de la democracia, tal como se ha ido desarrollando, con altibajos, con avances y retrocesos, desde la ca铆da de la Edad Media.
Ese “algo” debe ser un espacio diferente a las actuales redes sociales, donde los pensamientos no sean ef铆meros, fraudulentos o apenas una decoraci贸n que no cambian ninguna vida, donde los compromisos son siempre virtuales y las discusiones tienen escasa o nula trascendencia m谩s all谩 de la burbuja virtual de los egos heridos, la que cada tanto se agrega la ilusi贸n de ser el principal disparador de una revoluci贸n o de un alzamiento en alguna parte del mundo, como si no hubiesen habido verdaderas revoluciones populares mucho antes de Twitter y Facebook. Las revoluciones sociales no las han hecho ni Facebook ni Twitter sino juventudes maduras en la conciencia de s铆 mismos como protagonistas de la historia.
Yo todav铆a veo, igual que a finales del siglo XX, una etapa donde los medios virtuales de comunicaci贸n ser谩n verdaderas herramientas y no meros juguetes para la diversi贸n y la adicci贸n de tareas triviales, repetitivas, voyeristas y egol谩tricas.
Esta nueva etapa ser铆a marcada por una especie de Asamblea Virtual donde los participantes tengan un verdadero poder de decisi贸n sobre el resto de la realidad pol铆tica, econ贸mica y social que los rodea. Entonces, cuando los instrumentos de esta Asamblea impliquen un efecto directo en el individuo y en la sociedad, las discusiones y las reflexiones inevitablemente tender谩n a realizarse con mayor responsabilidad y con mayor cuidado y reflexi贸n. Los miembros ya no ser谩n simplemente “amigos virtuales” o “seguidores” sino “ciudadanos” que se gobiernan a s铆 mismos. A determinados tiempos de discusi贸n seguir谩n votaciones peri贸dicas sobre temas concretos.
Eso mismo que hacemos, por ejemplo, en una asamblea de profesores de una universidad (p煤blica o privada, como en mi caso personal), donde mes a mes proponemos cambios en las leyes de la instituci贸n y decidimos su destino mediante votaci贸n directa, abierta o secreta; como lo hacen los obreros que poseen una cooperativa y no votan simplemente por medidas de resistencia contra los due帽os de sus empleos sino en beneficio del grupo y del individuo que forma parte de la administraci贸n de su propia fuente de trabajo.
Hace muchos a帽os que ya tenemos los instrumentos t茅cnicos para que as铆 sea. De la misma forma que alguien puede decidir invertir todos sus ahorros en una transacci贸n electr贸nica, de la misma forma un individuo puede participar en la decisi贸n de qu茅 hacer con el presupuesto de su provincia o hacia d贸nde debe dirigir una parte de los impuestos que paga.
Esto 煤ltimo, por ejemplo, consiste en una idea aparte y concreta sobre una reforma impositiva que propuse en otros escritos y que est谩 en l铆nea con el mismo pensamiento: si cada ciudadano puede decidir d贸nde colocar un X porcentaje de sus contribuciones impositivas, podr谩 de esta forma premiar o castigar a aquellos que han sido elegidos para cargos p煤blicos o aquellos otros privados que realizan una obra que beneficia a la sociedad o, por lo menos, al mismo contribuyente de forma indirecta.
Esta nueva etapa de democracia directa, m谩s cerca del anarquismo organizado que de las democracias representativas, inevitablemente redefinir谩 el concepto de lo privado y de lo p煤blico, rest谩ndole progresivamente poder a los individuos y a los grupos que se aferran al poder pol铆tico y econ贸mico desde hace siglos.
