OPINI脫N de Tania S谩nchez Melero
Empezar el verano leyendo sobre el 23F en la “Anatom铆a de un instante” de Javier Cercas, a la vez que una se da de bruces con editoriales de El Pa铆s que reclaman sin pudor un gobierno de unidad nacional, hace imposible no evocar al joven Marx, disc铆pulo de Hegel, para el que la historia se presentaba como tragedia y se repet铆a como farsa. Da la sensaci贸n de que caminamos a la repetici贸n, como farsa, del tr谩gico momento del 23F.
Miguel 脕ngel Aguilar, desde las p谩ginas del peri贸dico de PRISA, cierra el c铆rculo el pasado martes de la comparaci贸n entre los dos momentos hist贸ricos, lanz谩ndose a la b煤squeda de un nuevo Leopoldo Calvo Sotelo capaz de liderar el, a su juicio, aclamado acuerdo nacional que nos saque de la crisis.
Si se analizan en paralelo la situaci贸n espa帽ola en las fechas previas al 23F y la situaci贸n actual, encontramos diferencias y similitudes.
Entre las primeras tenemos el hecho de que, en 1981, el intento de un gobierno de concertaci贸n presidido por un militar (que fue el objetivo principal de un golpe con muchos otros objetivos) se concret贸 en la tragedia del secuestro del Congreso y que hoy la apelaci贸n al “gran acuerdo nacional” no es m谩s que una farsa que aspira a ser la guinda del pastel de la gran estafa que est谩 suponiendo la crisis.
Entre las similitudes, destaca que vivimos una crisis econ贸mica de tal magnitud que pone en riesgo lo que de verdad preocupa a la gente del R茅gimen: la unidad de sus representantes y la riqueza y poder de las clases dominantes.
Sin embargo, la diferencia crucial (dejando a un lado la ausencia de ETA) es la sensaci贸n de que el Poder esta perdiendo lo que le permiti贸 apostar por un modelo de Europa que, lejos de ser el sue帽o dorado de la justicia social, se ha revelado como el para铆so de la desigualdad. Aquella hegemon铆a social sancionada en los pactos de la Transici贸n (y en los resultados electorales) que legitim贸 a una minor铆a para gobernar en base a unos intereses que poco ten铆an que ver con los derechos de las mayor铆as, se est谩 resquebrajando y hoy los ciudadanos saben que, en el marco pol铆tico actual, un trabajo digno y el disfrute de los derechos sociales se han convertido en una utop铆a irrealizable.
Esta sensaci贸n de que el poder se mantenga en manos de una minor铆a ya no es compatible con una m铆nima redistribuci贸n de la riqueza y de que esta imposibilidad empieza a hacer temblar la paz social, es el factor determinante para que la opini贸n publicada trate, desesperadamente, de ganarse el favor de la opini贸n p煤blica para justificar sus llamamientos al “gran acuerdo nacional”. Es exactamente el mismo miedo que llev贸 en la campa帽a de las 煤ltimas elecciones griegas a todos los poderes medi谩ticos a coaccionar a los votantes griegos pronosticando el caos si la victoria de Syriza se produc铆a.
En este escenario conviene preguntarnos a quien unifica la propuesta de “gran acuerdo nacional”, a quien beneficia y que objetivos persigue.
La primera pregunta es f谩cil de responder porque los propios promotores del mantra unitario lo aclaran; PP, PSOE, CiU y PNV, es decir, los partidos del R茅gimen, los cuatro que han tutelado las grandes decisiones de Estado, los responsables pol铆ticos de la crisis y mucho m谩s importante a煤n, los representantes del verdadero poder econ贸mico, pol铆tico e incluso judicial de este pa铆s, los que de verdad tienen miedo a no poder volver a la senda del crecimiento, porque si este negro futuro supone la pobreza de los m谩s d茅biles, no es menos cierto que hace temblar el sustento de su propio poder. ¿Cu谩l es este poder? Ni m谩s ni menos que ese entramado de amigos empresarios que sustentan a la clase pol铆tica dirigente de este pa铆s; esa que a costa de las concesiones p煤blicas e informaci贸n privilegiada ha permitido a los “gallitos de provincias” convertirse en grandes empresarios de la econom铆a globalizada.
La imposibilidad real de mantener los niveles de “reparto del bot铆n” de unas arcas p煤blicas dedicadas cada vez m谩s al pago de la deuda, corre el riesgo de convertir a esta casta de empresarios sin emprendimiento en nuevos ricos venidos a menos tras perder todo su dinero en un casino internacional del que nunca entendieron sus riesgos.
脡sta es la verdadera preocupaci贸n de quienes desesperadamente llaman a la unidad de las “fuerzas democr谩ticas”. No les preocupa ni la mejora de las condiciones de vida de la mayor铆a popular, ni salvar a Europa, ni la protecci贸n de una democracia desmantelada. Les importa 煤nicamente el mantenimiento se sus privilegios.
La cara de agotamiento y desesperaci贸n de Esperanza Aguirre, m谩xima exponente del liberalismo feudal disfrazado de modernidad tecn贸crata y populista en los 煤ltimos tiempos as铆 como las dos “pilladas” en televisi贸n donde bisbisea con compa帽eros de partido buscando desesperadamente que alguien le salve de reconocer el estrepitoso descarrilamiento de Madrid como “locomotora de la econom铆a espa帽ola”, recuerda mucho a esos bisbiseos conspiratorios de los ministros de Suarez que retrataba Pilar Urbano en las p谩ginas de ABC, en fechas pr贸ximas al 23F.
Aquel 23 de Febrero nadie (ni los empresarios, ni la Iglesia, ni los medios, ni por supuesto los militares y la Corona) se atrevi贸 a decir “esta boca es m铆a” hasta que se supo que el golpe duro fracasaba. Hoy, en este nuevo intento de autogolpe contra la democracia, la de verdad, la del gobierno a favor de las mayor铆as, tenemos la obligaci贸n de decir, antes de que se frag眉e el nuevo golpe de tim贸n, que el 煤nico gobierno de unidad que podr谩 sacarnos de esta crisis es el de la unidad de las mayor铆as sociales frente a la voracidad de una minor铆a enriquecida a nuestra costa.
Empezar el verano leyendo sobre el 23F en la “Anatom铆a de un instante” de Javier Cercas, a la vez que una se da de bruces con editoriales de El Pa铆s que reclaman sin pudor un gobierno de unidad nacional, hace imposible no evocar al joven Marx, disc铆pulo de Hegel, para el que la historia se presentaba como tragedia y se repet铆a como farsa. Da la sensaci贸n de que caminamos a la repetici贸n, como farsa, del tr谩gico momento del 23F.
Miguel 脕ngel Aguilar, desde las p谩ginas del peri贸dico de PRISA, cierra el c铆rculo el pasado martes de la comparaci贸n entre los dos momentos hist贸ricos, lanz谩ndose a la b煤squeda de un nuevo Leopoldo Calvo Sotelo capaz de liderar el, a su juicio, aclamado acuerdo nacional que nos saque de la crisis.
Si se analizan en paralelo la situaci贸n espa帽ola en las fechas previas al 23F y la situaci贸n actual, encontramos diferencias y similitudes.
Entre las primeras tenemos el hecho de que, en 1981, el intento de un gobierno de concertaci贸n presidido por un militar (que fue el objetivo principal de un golpe con muchos otros objetivos) se concret贸 en la tragedia del secuestro del Congreso y que hoy la apelaci贸n al “gran acuerdo nacional” no es m谩s que una farsa que aspira a ser la guinda del pastel de la gran estafa que est谩 suponiendo la crisis.
Entre las similitudes, destaca que vivimos una crisis econ贸mica de tal magnitud que pone en riesgo lo que de verdad preocupa a la gente del R茅gimen: la unidad de sus representantes y la riqueza y poder de las clases dominantes.
Sin embargo, la diferencia crucial (dejando a un lado la ausencia de ETA) es la sensaci贸n de que el Poder esta perdiendo lo que le permiti贸 apostar por un modelo de Europa que, lejos de ser el sue帽o dorado de la justicia social, se ha revelado como el para铆so de la desigualdad. Aquella hegemon铆a social sancionada en los pactos de la Transici贸n (y en los resultados electorales) que legitim贸 a una minor铆a para gobernar en base a unos intereses que poco ten铆an que ver con los derechos de las mayor铆as, se est谩 resquebrajando y hoy los ciudadanos saben que, en el marco pol铆tico actual, un trabajo digno y el disfrute de los derechos sociales se han convertido en una utop铆a irrealizable.
Esta sensaci贸n de que el poder se mantenga en manos de una minor铆a ya no es compatible con una m铆nima redistribuci贸n de la riqueza y de que esta imposibilidad empieza a hacer temblar la paz social, es el factor determinante para que la opini贸n publicada trate, desesperadamente, de ganarse el favor de la opini贸n p煤blica para justificar sus llamamientos al “gran acuerdo nacional”. Es exactamente el mismo miedo que llev贸 en la campa帽a de las 煤ltimas elecciones griegas a todos los poderes medi谩ticos a coaccionar a los votantes griegos pronosticando el caos si la victoria de Syriza se produc铆a.
En este escenario conviene preguntarnos a quien unifica la propuesta de “gran acuerdo nacional”, a quien beneficia y que objetivos persigue.
La primera pregunta es f谩cil de responder porque los propios promotores del mantra unitario lo aclaran; PP, PSOE, CiU y PNV, es decir, los partidos del R茅gimen, los cuatro que han tutelado las grandes decisiones de Estado, los responsables pol铆ticos de la crisis y mucho m谩s importante a煤n, los representantes del verdadero poder econ贸mico, pol铆tico e incluso judicial de este pa铆s, los que de verdad tienen miedo a no poder volver a la senda del crecimiento, porque si este negro futuro supone la pobreza de los m谩s d茅biles, no es menos cierto que hace temblar el sustento de su propio poder. ¿Cu谩l es este poder? Ni m谩s ni menos que ese entramado de amigos empresarios que sustentan a la clase pol铆tica dirigente de este pa铆s; esa que a costa de las concesiones p煤blicas e informaci贸n privilegiada ha permitido a los “gallitos de provincias” convertirse en grandes empresarios de la econom铆a globalizada.
La imposibilidad real de mantener los niveles de “reparto del bot铆n” de unas arcas p煤blicas dedicadas cada vez m谩s al pago de la deuda, corre el riesgo de convertir a esta casta de empresarios sin emprendimiento en nuevos ricos venidos a menos tras perder todo su dinero en un casino internacional del que nunca entendieron sus riesgos.
脡sta es la verdadera preocupaci贸n de quienes desesperadamente llaman a la unidad de las “fuerzas democr谩ticas”. No les preocupa ni la mejora de las condiciones de vida de la mayor铆a popular, ni salvar a Europa, ni la protecci贸n de una democracia desmantelada. Les importa 煤nicamente el mantenimiento se sus privilegios.
La cara de agotamiento y desesperaci贸n de Esperanza Aguirre, m谩xima exponente del liberalismo feudal disfrazado de modernidad tecn贸crata y populista en los 煤ltimos tiempos as铆 como las dos “pilladas” en televisi贸n donde bisbisea con compa帽eros de partido buscando desesperadamente que alguien le salve de reconocer el estrepitoso descarrilamiento de Madrid como “locomotora de la econom铆a espa帽ola”, recuerda mucho a esos bisbiseos conspiratorios de los ministros de Suarez que retrataba Pilar Urbano en las p谩ginas de ABC, en fechas pr贸ximas al 23F.
Aquel 23 de Febrero nadie (ni los empresarios, ni la Iglesia, ni los medios, ni por supuesto los militares y la Corona) se atrevi贸 a decir “esta boca es m铆a” hasta que se supo que el golpe duro fracasaba. Hoy, en este nuevo intento de autogolpe contra la democracia, la de verdad, la del gobierno a favor de las mayor铆as, tenemos la obligaci贸n de decir, antes de que se frag眉e el nuevo golpe de tim贸n, que el 煤nico gobierno de unidad que podr谩 sacarnos de esta crisis es el de la unidad de las mayor铆as sociales frente a la voracidad de una minor铆a enriquecida a nuestra costa.
