OPINI脫N de 脕lvaro Cuadra
La magia de las nuevas tecnolog铆as ha hecho posible observar un fen贸meno celeste en “vivo y en directo”. Hemos visto transitar el planeta Venus frente al sol, alineado con la Tierra el cinco de junio de este a帽o. Apenas un punto negro recort谩ndose contra la luz enceguecedora del Sol. No es necesario ser astr贸nomo para saber que no somos nada distinto. Nuestro planeta entero es, tambi茅n, observado desde Marte, un punto oscuro que atraviesa nuestra estrella.
Hay un extra帽o sentimiento, no exento de secreto pavor, saberse el habitante de un punto suspendido en el vac铆o, vagando alrededor de la luz. Rara vez pensamos estas cosas, sumidos como estamos en el despertador, las cuentas por pagar o aquella reuni贸n tan importante que nos reclama a primera hora. La curiosidad y el deslumbramiento ext谩tico lo hemos relegado a nuestros primeros a帽os. Es en la infancia cuando asistimos embobados al espect谩culo del mundo y nos hacemos esas preguntas fundamentales, la mayor铆a de las cuales solo tienen como respuesta un signo de interrogaci贸n.
Es en la infancia, empero, cuando cristaliza en nosotros la conjunci贸n de un pensar-ver, pensar-imaginar, pensar-sentir… Es la ni帽ez la que nos regala las preciosas horas en que el pensamiento nos lleva al l铆mite y nos muestra con nitidez el prodigio de prodigios, la capacidad humana de instalarse, precisamente, “all铆”. Esta “experiencia fundamental” ser谩 m谩s tarde pervertida por la cultura en la que nos toca nacer, convirtiendo en mero discurso ese universo vasto que avizoramos un d铆a. As铆, todo dogma encarcela el precioso tesoro que late en cada uno de nosotros. Sin embargo, detr谩s de tanto discurso pseudo espiritual, en rigor, discurso pol铆tico, se esconde una verdad sublime. Cada ser esta provisto de la capacidad para arribar a un 谩mbito superior de existencia y percepci贸n, cada ser puede acceder a la experiencia de “lo fino y espiritual”. Venus nos muestra la danza de los astros en un universo sin tiempo y sin l铆mites, una imagen que conjuga extra帽amente la dimensi贸n est茅tica y 茅tica de lo que somos en este diminuto planeta. Hay algo muy dif铆cil de comunicar que est谩 “all铆” y que se nos entrega como un dulce caramelo para nuestra fruici贸n. Cuando el tiempo desaparece, irrumpe la presciencia de lo otro.
En nuestra retina hay “un punto ciego” del cual no somos conscientes. Del mismo modo, en el fondo de nuestro pensamiento existe un punto oscuro que al igual que el planeta Venus se nos aparece, a veces, eclipsando la altiva raz贸n. Ese punto es lo “No Humano” que abre las puertas al Mundo de Alicia, donde conejos y relojes, sobre todo relojes…
Observo aquel lejano planeta que nos recuerda nuestro lugar en este universo y vuelvo, sabiendo que una parte de m铆 se qued贸 en otra parte y que ya no volver茅 a ser el mismo, s铆, vuelvo a mis tareas cotidianas: Encender la pipa y escuchar a Vivaldi que lo repite por en茅sima vez, como en una feria, Gloria in excelsis Deo. Vuelvo a hojear distra铆damente ese delicioso libro de Aforismos de Georg Lichtenberg: “ Un reloj que, al dar un cuarto, dijera siempre a su propietario: t煤…, al dar la media: t煤 eres…,los tres cuartos: t煤 eres un…, y al dar la hora: t煤 eres un hombre”
La magia de las nuevas tecnolog铆as ha hecho posible observar un fen贸meno celeste en “vivo y en directo”. Hemos visto transitar el planeta Venus frente al sol, alineado con la Tierra el cinco de junio de este a帽o. Apenas un punto negro recort谩ndose contra la luz enceguecedora del Sol. No es necesario ser astr贸nomo para saber que no somos nada distinto. Nuestro planeta entero es, tambi茅n, observado desde Marte, un punto oscuro que atraviesa nuestra estrella.
Hay un extra帽o sentimiento, no exento de secreto pavor, saberse el habitante de un punto suspendido en el vac铆o, vagando alrededor de la luz. Rara vez pensamos estas cosas, sumidos como estamos en el despertador, las cuentas por pagar o aquella reuni贸n tan importante que nos reclama a primera hora. La curiosidad y el deslumbramiento ext谩tico lo hemos relegado a nuestros primeros a帽os. Es en la infancia cuando asistimos embobados al espect谩culo del mundo y nos hacemos esas preguntas fundamentales, la mayor铆a de las cuales solo tienen como respuesta un signo de interrogaci贸n.
Es en la infancia, empero, cuando cristaliza en nosotros la conjunci贸n de un pensar-ver, pensar-imaginar, pensar-sentir… Es la ni帽ez la que nos regala las preciosas horas en que el pensamiento nos lleva al l铆mite y nos muestra con nitidez el prodigio de prodigios, la capacidad humana de instalarse, precisamente, “all铆”. Esta “experiencia fundamental” ser谩 m谩s tarde pervertida por la cultura en la que nos toca nacer, convirtiendo en mero discurso ese universo vasto que avizoramos un d铆a. As铆, todo dogma encarcela el precioso tesoro que late en cada uno de nosotros. Sin embargo, detr谩s de tanto discurso pseudo espiritual, en rigor, discurso pol铆tico, se esconde una verdad sublime. Cada ser esta provisto de la capacidad para arribar a un 谩mbito superior de existencia y percepci贸n, cada ser puede acceder a la experiencia de “lo fino y espiritual”. Venus nos muestra la danza de los astros en un universo sin tiempo y sin l铆mites, una imagen que conjuga extra帽amente la dimensi贸n est茅tica y 茅tica de lo que somos en este diminuto planeta. Hay algo muy dif铆cil de comunicar que est谩 “all铆” y que se nos entrega como un dulce caramelo para nuestra fruici贸n. Cuando el tiempo desaparece, irrumpe la presciencia de lo otro.
En nuestra retina hay “un punto ciego” del cual no somos conscientes. Del mismo modo, en el fondo de nuestro pensamiento existe un punto oscuro que al igual que el planeta Venus se nos aparece, a veces, eclipsando la altiva raz贸n. Ese punto es lo “No Humano” que abre las puertas al Mundo de Alicia, donde conejos y relojes, sobre todo relojes…
Observo aquel lejano planeta que nos recuerda nuestro lugar en este universo y vuelvo, sabiendo que una parte de m铆 se qued贸 en otra parte y que ya no volver茅 a ser el mismo, s铆, vuelvo a mis tareas cotidianas: Encender la pipa y escuchar a Vivaldi que lo repite por en茅sima vez, como en una feria, Gloria in excelsis Deo. Vuelvo a hojear distra铆damente ese delicioso libro de Aforismos de Georg Lichtenberg: “ Un reloj que, al dar un cuarto, dijera siempre a su propietario: t煤…, al dar la media: t煤 eres…,los tres cuartos: t煤 eres un…, y al dar la hora: t煤 eres un hombre”
