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Esa amante

OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro   

La segu铆a de noche, cuando la luna quer铆a. A pleno sol la segu铆a. Celoso de su cintura cuando Aznar, cuando Zapatero la abrazaban. Cuando el matrimonio homosexual, cuando la ley de dependencia, cuando la memoria hist贸rica, cuando crec铆an los derechos de la mujer. Cada movimiento de su cuerpo en las manos de otro, en la alegr铆a de otro, en el disfrute de otro. Se hac铆a querer sin llegar, sin permitir las manos, los labios. Piropos, s贸lo piropos hasta que volv铆a la espalda en las urnas y se marchaba con otro hasta Moncloa a convivir con el consentimiento del pueblo. S贸lo quedaban cada ma帽ana los mapas, cada tarde los mapas, cada noche los mapas.

Noviembre por fin. Dos mil once. 20-N en Cuelgamuros y en el rinc贸n del coraz贸n de muchos. Fecha agazapada, cubierta de burka negro, con un olvido sin olvido. Ven铆a de crear tres millones de puestos de trabajo, de bajar los impuestos para alegrar el consumo, de subir las pensiones para que los viejos bailen en Ibiza, de que los dependientes tengan cari帽o para alimentarse de caricias. “Mariano, devu茅lvenos la alegr铆a” Y Mariano, gozoso de viagra para una amante conseguida, reparti贸 tallos vedes de gloria para que Espa帽a tuviera lo que Zapatero le hab铆a arrebatado. Y quiso hacer de la amante emperatriz de Lavapies y adornarle con claveles la Gran V铆a…

Europa, Merkel, los mercados, la prima de riesgo, el Ibex treinta y tantos. La present贸 a sus contertulios y pretendi贸 obligarlos a doblarse ante la amante-amante, cortejada y conseguida, cada noche arrullada, honrada cada d铆a como la leg铆tima bendecida, como la Bruni de ayer con Sarkozy desterrado.

Montoro, De Guindos, Soraya, Mar铆a Dolores, besando cada ma帽ana a la amante del jefe. Envidi谩ndola Esperanza porque Esperanza lleva a帽os envidiando, lleva el odio en los genes, en el gesto retorcido de desprecio, porque le escuece m谩s lo que no es, lo que nunca ser谩, que lo conseguido en la Puerta del Sol con uvas fin de a帽o y 15-M acampando.

“Mariano, devu茅lvenos la alegr铆a” Mariano cansado, con el sabor amargo que deja la amante, la oscura relaci贸n del deseo consumado, la imposibilidad de decirle que se acaba el amor, que cada noche se extra帽an las estrellas y se odian las exigencia de un cuerpo joven que chorrea lujuria por las s谩banas de seda. Mariano sufre turbulencias interiores, baches a茅reos que descompensan la altura, v茅rtigo de cumbre a帽orada y odiada, al mismo tiempo todo, porque as铆 es el amor, im谩n devorador y deseo de huida.

A Mariano lo acorralan los despechos. Despechada Merkel que tiene a Europa en un pu帽o. Los mercados, la prima, el BCE, el FMI. El ministro dependiente de Alemania que impulsa su silla y atropella a Grecia e Italia. Hay mucho despecho por el cari帽o olvidado. “Es una deuda que tienes que pagar como se pagan las deudas del amor” Y Mariano recuerda a la compa帽era Angela que coloca la disyuntiva de siempre: O Espa帽a o yo, Mariano. Y Mariano sabe que siempre se vuelve a aquel primer amor. Y sube los impuestos a los de m谩s abajo. Wert-ministro desnuda la educaci贸n que para eso es ministro de educaci贸n. Y Mato mata la sanidad. Y as铆 se va desguazando el consumo, a base de IVA engrandecido, de pensiones mutiladas, de dependencia abandonada, de pago sobre pago y pago de medicamentos, de pagas extras sustra铆das, de sueldos congelados y disminuidos, de despidos masivos, de reformas laborales para crear empleo que en realidad es una f谩brica de parados, de hospitales a media asta, de ayudas al hambre suprimidas, de un mill贸n setecientas mil familias sin que ning煤n miembro pueda salir cada ma帽ana a comprar pan, con trescientos mil ni帽os con una sola comida al d铆a.

No es reconocida la amante. Odiada parece por destruida. Sin iniciativa para restaurarla. Fl谩cida de muslos y de pechos.

Algunos la recordamos todav铆a cuando iba entusiasmada hacia el progreso, hacia el bienestar social, hacia la alegr铆a de la convivencia en libertad. Porque existi贸 antes de que el nazismo econ贸mico la encerrara en el campo de concentraci贸n donde si entras pierdes toda esperanza. Y all铆 estamos, comi茅ndonos unos a otros para que se sacien los bancos, para pagar las deudas del desprecio. Merkel tiene elecciones y tiene que ganarlas pisando cad谩veres. No importan. Ya no sienten. Ella quiere un imperio donde no se ponga el sol.

Morirse poco a poco es muy duro. Pero no hay que preocuparse. Uno termina muri茅ndose. Que nadie llore. Cada uno se envuelve en su mortaja de pena, de asco y se hace tierra fecunda, para siempre tierra.

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