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Manifestaciones estudiantiles en Chile. Cultura de la protesta: Protesta de la cultura

OPINI脫N de 脕lvaro Cuadra   

1. Las manifestaciones como puesta-en-escena

Las recientes manifestaciones estudiantiles en Chile exhiben una serie de rasgos del mayor inter茅s, tanto pol铆tico como cultural. Las nuevas generaciones han encontrado nuevos modos de protestar en un pa铆s que hasta hace poco parec铆a adormecido por la seducci贸n de los medios y la publicidad en el seno de una “sociedad de consumidores”. De alg煤n modo, ha nacido en nuestro pa铆s una in茅dita cultura de la protesta que es, al mismo tiempo, una protesta desde la cultura.

Lo primero que se advierte en las 煤ltimas manifestaciones es su marcado acento est茅tico. La muchedumbre se sabe protagonista de una puesta-en-escena que espera el horario estelar de los noticieros para una puesta-en-cuadro. Este car谩cter performativo y visual de las protestas es algo nuevo, pues, m谩s all谩 de los lienzos y pancartas de marcado tono ideol贸gico, la manifestaci贸n es animada por diversas “acciones de arte” que van desde cuerpos desnudos a escenificaciones cuasi circenses de arte callejero. Las protestas son espacios de auto expresi贸n.

Las nuevas armas contestarias incluyen maquetas de los carros policiales, como imagen especular y degradada de la represi贸n, rostros pintados e improvisados c谩nticos. M谩s parecido a un “carnaval”, en el sentido de Bajt铆n, que a la cl谩sica protesta en las calles. Las manifestaciones estudiantiles se han vuelto fotog茅nicas y teleg茅nicas. Los estudiantes se saben en los medios de comunicaci贸n, hay, por decirlo as铆, una “consciencia medi谩tica” arraigada en ellos. Notemos que la muchedumbre no comparece ya ante un hipot茅tico ma帽ana hist贸rico sino ante las c谩maras nacionales y extranjeras. As铆, el 茅xito de la convocatoria no solo se mide por la asistencia al acto sino por el “tiempo al aire” de los diversos episodios que la constituyen en los noticieros televisivos nocturnos de ese mismo d铆a: La acci贸n pol铆tica y la visualidad son, ahora, inseparables.

La narrativa medi谩tica es la que garantiza la puesta-en-cuadro de las diversas secuencias de una manifestaci贸n, es ella la que construye y refiere la po茅tica de la protesta. La construcci贸n medi谩tica recoge todos los rasgos formales y los convierte en referencias locales y globales. No olvidemos que existe, adem谩s, toda una construcci贸n visual alternativa en la red que compite con los medios. Los v铆deos en “Youtube” son subidos por los mismos estudiantes que se registran a s铆 mismos, multiplicando su presencia en el espacio y en el tiempo.

La figura emblem谩tica de las manifestaciones estudiantiles en nuestro pa铆s ha sido, qu茅 duda cabe, Camila Vallejos. Es interesante destacar que el liderazgo es marcado por una l铆der femenina. Es cierto, no es la primera, no es la 煤nica. De hecho, como se sabe, la misma ex presidente Michelle Bachelet cuenta hasta el presente con una elevada adhesi贸n ciudadana. Sin embargo, la lucidez y el glamour de Camila Vallejos constituyen un factor que ha fortalecido la fuerza del movimiento de estudiantes. En una “sociedad de consumidores”, la protesta estudiantil posee la fuerza de la seducci贸n.

2. El baile de m谩scaras

La estetizaci贸n de las manifestaciones estudiantiles no significa, de buenas a primeras, una despolitizaci贸n de las protestas. Si observamos con atenci贸n, las protestas estudiantiles est谩n mostrando la conjunci贸n de dos aspectos que aparec铆an disociados: Convicci贸n y Seducci贸n. De este modo, un movimiento social y juvenil se apropia del espacio p煤blico-medi谩tico conjugando sus demandas con la l贸gica del espect谩culo. Los j贸venes estudiantes resultan ser, paradojalmente, los verdaderos maestros de una “clase pol铆tica” carente de convicciones e incapaz de seducir a la ciudadan铆a.

Las manifestaciones han dejado de ser un espacio cultural y pol铆tico compacto y uniforme. Por el contrario, se trata de actos masivos abigarrados y multicolores en que diversos actores pol铆ticos y culturales se expresan. En toda manifestaci贸n encontramos un flujo de lo diverso, se trata de un movimiento en distintas direcciones que gira en torno a una demanda central: Educaci贸n p煤blica gratuita y de calidad. La lista es larga: Estudiantes secundarios, estudiantes universitarios, padres y apoderados. Profesores secundarios, profesores universitarios. Artistas, intelectuales, representaciones de minor铆as 茅tnicas y sexuales, grupos de teatro, grupos ecologistas, ciudadanos indignados y muchos otros. La marcha de lo diverso es carnavalesca y transversal. Lejos de constatar una despolitizaci贸n de las protestas estudiantiles, estamos asistiendo a una nueva modalidad de la expresi贸n pol铆tica ciudadana.

Lo carnavalesco incluye en sus m谩rgenes, la escenificaci贸n de la violencia. La est茅tica Hard Core se nos presente como la irrupci贸n de las fuerzas policiales, sea bajo la forma de amenaza presente, provocaci贸n intencionada o, lisa y llanamente, brutal represi贸n. La violencia puesta-en-escena en las urbes ha sido estigmatizada desde la Comuna de Par铆s durante el siglo XIX hasta el presente. T茅rminos tales como “terrorismo”, “encapuchados”, “violentistas” o “lumpen” dan buena cuenta de ello. La violencia en las manifestaciones se ejerce desde el anonimato: Hay fuerzas policiales, funcionarios an贸nimos que se enfrentan con medios t茅cnicos a estudiantes an贸nimos. Como en un baile de m谩scaras se habla de “infiltrados”. Contra lo que pudiera pensarse, el ejercicio de la violencia no fortalece la dosis de politicidad de una manifestaci贸n sino, m谩s bien, proporciona un elemento de tensi贸n dram谩tica a la narrativa medi谩tica que justifica, inevitablemente, la “restituci贸n del orden”.

3. Asinus asinum fricat

La imagen de un oficial de Carabineros junto a alg煤n ministro de estado o al mismo presidente reafirma el orden constituido frente a los “actos de violencia”: “Asinus asinum fricat”, solo un asno frota a otro asno, afirmaban los antiguos. El gobierno de turno celebra a sus fuerzas represivas en nombre de la ley, la moral y la paz social. Los medios de comunicaci贸n, desde luego, clausuran su relato con un “Happy Ending” en que las demandas estudiantiles son opacadas por el “vandalismo” o, en el mejor de los casos, minimizadas por promesas y placebos para que todo siga igual.

No obstante, las manifestaciones persisten obstinadas y cada cierto tiempo regresan inevitables. Hay varias razones que pueden, en principio, explicar este fen贸meno. Por de pronto, el hecho notable de que el movimiento estudiantil se ha mantenido a una cierta distancia de los partidos pol铆ticos tradicionales. Esto indica que este movimiento social no se inscribe en la “racionalidad partitocr谩tica” inherente al Chile republicano e ilustrado anterior al golpe de estado de 1973 y recreado como mero “pastiche” desde 1990. Pareciera que junto a las manifestaciones estudiantiles irrumpe una racionalidad de nuevo cu帽o que estar铆a m谩s pr贸xima a demandas filos贸fico-morales que a ideolog铆as estrictas: “El pueblo unido avanza sin partido”.

Las demandas estudiantiles exceden con mucho lo “pol铆ticamente correcto”. Al igual que los surrealistas, pareciera que a los estudiantes no les basta el imperativo marxista de “Transformar el mundo”. Se trata m谩s bien de una urgencia moral y vital, menos Marx y m谩s Rimbaud: “Cambiar la vida”. En este sentido, las manifestaciones estudiantiles ponen de manifiesto no solo una enorme “brecha generacional” sino, adem谩s, una “brecha cultural y pol铆tica”. Las manifestaciones estudiantiles est谩n poniendo de manifiesto un hast铆o profundo de las nuevas generaciones respecto a lo que es y ha sido este pa铆s.

Las protestas de los estudiantes no admiten una lectura pol铆tica tradicional. Nuestra “caja de herramientas” resulta obsoleta ante este tipo de fen贸menos. Apenas podemos barruntar algunos aspectos que est谩n orientando este proceso acelerado de cambios. Sabemos que estamos ante s铆ntomas locales de una “mutaci贸n antropol贸gica” de gran escala asociada a una “Cultura Global” o “Cultura Internacional Popular”. Las demandas de las nuevas generaciones a escala mundial entran en constelaci贸n con aquella “contra-cultura” del siglo XX, ya no como “Psicodelia” sino como aquello que se ha dado en llamar “Ciberdelia”.

4. Las Redes y el fantasma de Salvador Allende

Desde un punto de vista m谩s amplio, se hace indispensable considerar dos ejes centrales que est谩n situando a los actores pol铆ticos y culturales en este tiempo: Las comunicaciones y el consumo. En la era de la “cibercultura”, el movimiento estudiantil se desarrolla y se gestiona en el espacio virtual como una expansi贸n del espacio p煤blico. Las “redes sociales” son habitadas por estos “cibernautas” que conversan, discuten y coordinan sus propias acciones. Ya no estamos ante modelos de comunicaci贸n centralizados, verticales y masivos al estilo “Broadcast” sino a modelos horizontales, no jerarquizados y personalizados, el estilo “Podcast”. Esta impronta comunicacional constituye una suerte de matriz que se proyecta en las relaciones sociales y sus modos de organizaci贸n. Los estudiantes adscritos a estructuras partidarias estrictas y burocr谩ticas son una minor铆a, su actuar IRL (in real life) sigue siendo “Podcast”: el asambleismo, la autonom铆a y la acci贸n parecen seducir a los j贸venes de hoy.

Si las nuevas tecnolog铆as y las redes sociales ampl铆an la noci贸n de espacio p煤blico, es el consumo el que sit煤a a los sujetos en un nuevo imaginario hist贸rico y social. La “sociedad de consumidores”, en tanto dise帽o socio cultural, crea las condiciones de posibilidad para formas in茅ditas de socializaci贸n, permitiendo la emergencia de un nuevo “car谩cter social”. Es en esta dimensi贸n donde se ha acu帽ado el concepto de “narcisismo sociogen茅tico”, para explicar c贸mo las relaciones de seducci贸n redefinen el individualismo en las sociedades democr谩ticas del siglo XXI. Cualquier consideraci贸n sobre los movimientos sociales contempor谩neos no puede dejar de lado esta cuesti贸n, pues, en rigor, estamos asistiendo –precisamente– a la confrontaci贸n de una cultura secularizada y una “polis” anquilosada. Las instituciones sociales, y muy especialmente la educaci贸n, aparecen extempor谩neas y vetustas ante una cultura “mediatizada”. Las burocracias educacionales, secundarias y universitarias, est谩n muy distantes del mundo rutilante que destellan las pantallas y los escaparates. Una clase magistral no puede competir con un grupo de Rock.

En este nuevo mundo, empero, la historia sigue presente. Las manifestaciones estudiantiles no solo se apropian del espacio medi谩tico sino que ocupan un espacio urbano lleno de historia, los monumentos y la arquitectura prescriben, todav铆a, los desplazamientos y el espacio de circulaci贸n. Sin embargo, el tiempo hist贸rico tambi茅n se hace presente como un “ahora” que se conecta con un “otrora”, otro ahora, un presente diferido que vuelve. Entre medio de los estudiantes que se desplazan aparece la imagen, un doble, del presidente Salvador Allende que alienta a los j贸venes y repite incansable su discurso. Esta “simulaci贸n” es significativa, pues instala en el imaginario actual una figura que m谩s de tres d茅cadas de silencio han querido desterrar. No se trata de una vindicaci贸n circunscrita a lo pol铆tico e ideol贸gico, m谩s bien se enarbola su estatura moral frente a la miseria del presente. Las manifestaciones estudiantiles en nuestro pa铆s representan mucho m谩s que una demanda sectorial, pareciera m谩s bien que se trata, casi literalmente, de un lento despertar despu茅s de una larga noche de pesadillas y olvidos.


*脕lvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, ELAP, Universidad ARCIS. Art铆culo publicado en la revista Am茅rica Latina en Movimiento N潞 477, Juventudes en escena, julio de 2012 .

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