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Poderoso caballero...

OPINI脫N de Ileana Alamilla    

Quienes sobrevaloran el dinero o los bienes materiales, cualquier aspecto, negocio o acci贸n en su vida, la tasan en met谩lico. Desafortunadamente, la pol铆tica se rige por esa perversa ley de la posesi贸n magnificada de recursos.

Quienes sobrevaloran el dinero o los bienes materiales, cualquier aspecto, negocio o acci贸n en su vida, la tasan en met谩lico. Desafortunadamente, la pol铆tica se rige por esa perversa ley de la posesi贸n magnificada de recursos.

Debido a esta pr谩ctica siniestra, para ser diputado(a) adem谩s de los requisitos legales no se requiere capacidad, talento, estudios, trayectoria, honor y honradez, se necesita dinero. Por supuesto que esto tiene muy honrosas y escasas excepciones de parlamentarios que no precisan comprar su curul.
En nuestro pa铆s, la pol铆tica est谩 mercantilizada, la mayor铆a de “pol铆ticos” carecen de ideolog铆a, no saben de planteamientos program谩ticos, solo han escuchado o son seducidos por agrupaciones, mal llamadas partidos pol铆ticos, para que engrosen sus filas y “aprovechen las ventajas que ofrece el poder”, enti茅ndase negocios, empleos para sus familiares y redes sociales, contratos, granjer铆as y prebendas.

Son los incentivos econ贸micos los que invitan a participar en pol铆tica, esa pr谩ctica de lo posible, que ha sido prostituida por los malos liderazgos, los caciques y por muchos inescrupulosos. Se ha convertido en una costumbre generalizada asumir que todo se compra y/o se vende.

Por eso, y varias otras razones, es que los diputados est谩n tan desacreditados, porque el Congreso es un hoyo negro donde cualquier cosa puede suceder, porque est谩 plagado de intereses espurios, que antes eran inconfesables, pero ahora son descaradamente reivindicados. En privado y en p煤blico se sabe que muchos parlamentarios andan desesperados porque no hay modo que fluyan m谩s los negocios, los sobresueldos y que se les cumpla con darles plazas para sus allegados, al fin que “para eso trabajaron para el partido”.

Y fue as铆 que el primer secretario de la junta directiva del Congreso, Estuardo Gald谩mez, intent贸 no solo sobornar con dos mil quetzales, sino que insisti贸 a Enrique Garc铆a, reportero de elPeri贸dico, para que los recibiera, false贸 la verdad de lo sucedido, se justific贸 de manera absurda y recibi贸 la comprensi贸n de sus correligionarios, que lo exculpan, argumentando que es primera vez que est谩 en el Congreso y por eso cometi贸 ese “error”.

En relaci贸n con ese congresista del Partido Patriota, lo menos que podr铆a hacer esa entidad pol铆tica es someterlo a la Comisi贸n de Honor y aplicarle un castigo ejemplar para demostrar que no hay apa帽amiento y sentar un precedente. Es obvio que dicho se帽or no estaba calificado 茅ticamente para ser diputado y menos miembro de la junta directiva de ese Organismo.

Pero no ser铆a justo tirarle todo el lodo a ese caso. Se sabe que esa pr谩ctica est谩 naturalizada. En el Congreso se han regalado laptops, vales para spa y algunos otros obsequios. Hay denuncias de corrupci贸n en los tribunales, de mordidas a los polic铆as y pagos il铆citos a funcionarios; hace unos a帽os un sindicato entreg贸 sobres con Q200 a los reporteros que cubrieron una conferencia de prensa, hecho que fue denunciado por ellos en el momento.

Los periodistas somos profesionales de la informaci贸n. Probablemente nuestros salarios no sean los que amerita el trabajo que hacemos, pero eso no justifica violentar los principios. Recibir dinero, recursos u obsequios compromete la informaci贸n, vulnera la independencia del periodista, confronta la 茅tica y es ofensivo de la dignidad humana.

Enrique Garc铆a saca a luz p煤blica un hecho vergonzoso para el diputado y se erige en un ejemplo de profesional de la informaci贸n, como 茅l hay muchos, pero hoy, 茅l lo ha demostrado.


*Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es directora de la Agencia CERIGUA

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