OPINI脫N de Rafael Garc铆a Almaz谩n
Noventa y siete a帽os son muchos a帽os. Aunque muchos, cuando le escuch谩bamos, pens谩bamos que su adi贸s estaba lejos por sus atinadas reflexiones. Sereno, cauto, con una tranquilidad que le daban los a帽os y esa socarroner铆a que siempre le acompa帽贸, Carrillo ha sido uno de los pol铆ticos m谩s importantes del siglo XX. Y del XXI porque, aunque sin cargos en este siglo, entend铆a perfectamente lo que pasaba y desde su particular visi贸n nos alumbraba con su sabidur铆a, su sensatez y su lucidez.
Es verdad que como cualquier persona de larga vida, tuvo luces y sombras. Pero, sin duda, el resplandor de sus luces superan con creces esos momentos dif铆ciles.
Hoy, podr铆amos reprocharle el pacto que hizo en la transici贸n, cuando se tuvo que tragar unos cuantos sapos, pero, ¿somos capaces de ponernos en su piel y en esa 茅poca? ¿Qu茅 hubiera pasado si Carrillo no hubiera pactado? Ahora la cr铆tica es f谩cil, y es verdad que a muchos no nos gust贸 ni nos gusta esa falsa transici贸n que fue m谩s una transacci贸n.
Acostumbro a decir lo que pienso, aunque sea en un obituario, as铆 es que no me puedo callar que en un momento determinado rompi贸 el partido comunista, al que hab铆a liderado por mucho tiempo para fundar otro partido, el Partido de los Trabajadores, que termin贸 cayendo en el foso del PSOE. Y ese para m铆 fue un grave error. Pero, fue tanto lo que dio y tan poco lo que recibi贸 que su fulgor tapa, de sobra, su penumbra.
No debemos olvidar que si otros “hombres de izquierda” despu茅s se aprovecharon de una transici贸n y coparon el poder durante muchos a帽os, fue porque Carrillo y su partido hab铆an luchado en los a帽os dif铆ciles y supieron estar a la altura de las circunstancias, dirigiendo la 煤nica oposici贸n que existi贸 durante el franquismo y anteponiendo luego lo que 茅l crey贸 que era el inter茅s general al suyo propio. Y eso no se puede olvidar.
Ha sido un hombre odiado por la derecha medi谩tica. Por mucho que hoy valoren algunas actitudes positivamente, no dejan de recordar episodios que nunca se pudieron probar. Son aquellos que lanzaron loas cuando muri贸 Fraga, “un hombre de Estado” y que todav铆a justifican razones para el golpe de Estado del 36. Estoy convencido de que Carrillo estaba encantado de que gente de tal cala帽a le difamara, eso le ensalzaba. Y es normal que no reconozcan a Carrillo sus m茅ritos e intenten demonizarlo, porque 茅l siempre estuvo enfrente, acus谩ndoles y llam谩ndoles por su nombre.
Ayer mi nieta me hizo una pregunta: Abuelo, ¿qui茅n fue el hombre de la peluca?
Un hombre que se jug贸 la vida por unas ideas, que siempre defendi贸 a los m谩s d茅biles y que tuvo que ponerse una peluca –una peluca que llevaba dentro el sue帽o de un mundo justo e igualitario-- para que este pa铆s pudiera ser homologable a los de nuestro entorno. Un hombre que cometi贸 errores pero que acert贸 en lo importante. Al que hay que dar las gracias por lo que hizo por todos, tambi茅n por los que le odian. Carrillo fue y es uno de los nuestros.Y lleg贸 hasta los noventa y siete a帽os. Y un d铆a durmiendo la siesta, con la cajetilla de tabaco en la mesilla, tranquilamente, serenamente, nos dijo adi贸s, sin abrir los ojos. ¿D贸nde hay que firmar?
Salud y Rep煤blica
Noventa y siete a帽os son muchos a帽os. Aunque muchos, cuando le escuch谩bamos, pens谩bamos que su adi贸s estaba lejos por sus atinadas reflexiones. Sereno, cauto, con una tranquilidad que le daban los a帽os y esa socarroner铆a que siempre le acompa帽贸, Carrillo ha sido uno de los pol铆ticos m谩s importantes del siglo XX. Y del XXI porque, aunque sin cargos en este siglo, entend铆a perfectamente lo que pasaba y desde su particular visi贸n nos alumbraba con su sabidur铆a, su sensatez y su lucidez.
Es verdad que como cualquier persona de larga vida, tuvo luces y sombras. Pero, sin duda, el resplandor de sus luces superan con creces esos momentos dif铆ciles.
Hoy, podr铆amos reprocharle el pacto que hizo en la transici贸n, cuando se tuvo que tragar unos cuantos sapos, pero, ¿somos capaces de ponernos en su piel y en esa 茅poca? ¿Qu茅 hubiera pasado si Carrillo no hubiera pactado? Ahora la cr铆tica es f谩cil, y es verdad que a muchos no nos gust贸 ni nos gusta esa falsa transici贸n que fue m谩s una transacci贸n.
Acostumbro a decir lo que pienso, aunque sea en un obituario, as铆 es que no me puedo callar que en un momento determinado rompi贸 el partido comunista, al que hab铆a liderado por mucho tiempo para fundar otro partido, el Partido de los Trabajadores, que termin贸 cayendo en el foso del PSOE. Y ese para m铆 fue un grave error. Pero, fue tanto lo que dio y tan poco lo que recibi贸 que su fulgor tapa, de sobra, su penumbra.

No debemos olvidar que si otros “hombres de izquierda” despu茅s se aprovecharon de una transici贸n y coparon el poder durante muchos a帽os, fue porque Carrillo y su partido hab铆an luchado en los a帽os dif铆ciles y supieron estar a la altura de las circunstancias, dirigiendo la 煤nica oposici贸n que existi贸 durante el franquismo y anteponiendo luego lo que 茅l crey贸 que era el inter茅s general al suyo propio. Y eso no se puede olvidar.
Ha sido un hombre odiado por la derecha medi谩tica. Por mucho que hoy valoren algunas actitudes positivamente, no dejan de recordar episodios que nunca se pudieron probar. Son aquellos que lanzaron loas cuando muri贸 Fraga, “un hombre de Estado” y que todav铆a justifican razones para el golpe de Estado del 36. Estoy convencido de que Carrillo estaba encantado de que gente de tal cala帽a le difamara, eso le ensalzaba. Y es normal que no reconozcan a Carrillo sus m茅ritos e intenten demonizarlo, porque 茅l siempre estuvo enfrente, acus谩ndoles y llam谩ndoles por su nombre.
Ayer mi nieta me hizo una pregunta: Abuelo, ¿qui茅n fue el hombre de la peluca?
Un hombre que se jug贸 la vida por unas ideas, que siempre defendi贸 a los m谩s d茅biles y que tuvo que ponerse una peluca –una peluca que llevaba dentro el sue帽o de un mundo justo e igualitario-- para que este pa铆s pudiera ser homologable a los de nuestro entorno. Un hombre que cometi贸 errores pero que acert贸 en lo importante. Al que hay que dar las gracias por lo que hizo por todos, tambi茅n por los que le odian. Carrillo fue y es uno de los nuestros.Y lleg贸 hasta los noventa y siete a帽os. Y un d铆a durmiendo la siesta, con la cajetilla de tabaco en la mesilla, tranquilamente, serenamente, nos dijo adi贸s, sin abrir los ojos. ¿D贸nde hay que firmar?
Salud y Rep煤blica
