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Que el asilo de Assange no eclipse las torturas a Manning

OPINI脫N de Emilio Cafassi    

Si la insatisfacci贸n de dos ciudadanas suecas por el comportamiento er贸tico de Julian Assange deriva finalmente en un conflicto diplom谩tico que mantiene en vilo a la prensa internacional, no se requiere perspicacia para advertir inmediatamente que la excede. Los 铆tems que el affair sobreexpone son variados y merecen atenci贸n como indicadores de cambios sustantivos, potenciales algunos y vigentes otros, en las pr谩cticas comunicacionales y su relaci贸n con los estados, los actores pol铆ticos, las instituciones, pero fundamentalmente, con el crimen. Tomemos algunos peque帽os ejemplos de estos cambios que en cierta medida complementan las razones del exilio de Assange, difundidos por la prensa en las 煤ltimas semanas, que tienen como protagonista a la polic铆a estadounidense. La hemos visto acribillar de varios balazos en la zona de Times Square en Nueva York a un sujeto porque al ser descubierto fumando marihuana (que como sabemos es un delito aberrante de alt铆sima peligrosidad social, por lo dem谩s afortunadamente infrecuente en aquellas latitudes) intent贸 escaparse blandiendo un cuchillo. D铆as despu茅s fue difundido un nuevo caso especular en el que la polic铆a de Michigan liquid贸 en un estacionamiento a un ciudadano de 46 disparos por la espalda, a qui茅n persegu铆a por haberse llevado un caf茅 sin pagar. Hasta un perro cay贸 asesinado por las balas policiales al ladrar excesivamente tratando de evitar que los uniformados se acerquen a su amo dormido o desmayado. No conocemos estos casos gracias a la monumental infraestructura period铆stica y la amplia cobertura con la que cuentan las grandes cadenas de la unificaci贸n informativa sino a simples ciudadanos, seguramente indignados y atemorizados, quienes mu帽idos de sus celulares registraron los hechos.

Si bien estos videos fueron exhibidos por los grandes medios, no fueron producidos por ellos. La separaci贸n entre la producci贸n de fuentes y su reproducci贸n (la que a su vez va diversific谩ndose y segment谩ndose) refleja el incremento de las fuerzas productivas en ramas apropiables por la comunicaci贸n tanto industrial como personal, que presionan a las relaciones de propiedad para su readaptaci贸n, o bien las dejan en franca crisis. La producci贸n ciudadana de insumos informativos y denuncias es un arma cultural novedosa con la que cuenta la sociedad civil para ejercer cierta defensa y autonom铆a ante la violencia o la injusticia. Lo que antiguamente requer铆a de medios de producci贸n f铆sicos y recursos humanos (c谩maras sofisticadas y camar贸grafos, adem谩s de organizaci贸n period铆stica para salir a “producir la noticia”) hoy se hace pr谩cticamente innecesario pero sobre todo m谩s potente y diseminado. Aquello que anteriormente pod铆a captarse por azar hoy puede ser el resultado de una vasta ciudadan铆a atenta y celosa de sus derechos. Si la CNN, difusora de los videos, los hubiera producido, casi con seguridad los desconocer铆amos porque habr铆an sido censurados en complicidad con los polic铆as asesinos. No pretendo sostener que esa o cualesquier otra de las cadenas informativas internacionales estadounidenses apa帽e o se solidarice con todo crimen en general, sino simplemente que evitar谩 difundir cualquier episodio que desmienta el ideol贸gico relato de un pa铆s con plena igualdad ante la ley (no casualmente las v铆ctimas eran indigentes y afrodescendientes) y respeto por los derechos humanos.

Assange en tanto l铆der del proyecto wikileaks refleja en otra dimensi贸n estas mismas transformaciones del capitalismo actual. El prop贸sito difusor y develador, que por cierto es compartido y llevado a cabo por varios otros emprendimientos period铆sticos y militantes, es f谩cticamente posible tambi茅n porque se est谩n operando transformaciones en los procesos de producci贸n y transmisi贸n de documentaci贸n de los estados y en la divisi贸n t茅cnica de su proceso de producci贸n. Hasta mediados del siglo XIX un informe confidencial original (no me refiero a copias cifradas o encriptadas) se escrib铆a a mano, generalmente por el propio autor y se transmit铆a a trav茅s de un mensajero de confianza. Hacia el siglo XX con m谩quina de escribir y copias en carb贸nico por id茅ntico medio. En estos dos casos, la 煤nica posibilidad de obtenerlo era expropiando al poseedor o teniendo el tiempo suficiente para copiar su contenido a mano en un apunte. La fotocopiadora permiti贸 a mediados de siglo evitar la privaci贸n para generar copias, cosa que requer铆a el acceso pr贸ximo a este medio de producci贸n y la transmisi贸n pod铆a hacerse por algunos medios electr贸nicos acotadas a lo textual o a lo sumo a la imagen fotogr谩fica. Las tecnolog铆as digitales con las que se producen actualmente, hacen indistinguibles la copia del original de cualquier forma documental multimedi谩tica y se reproducen a discreci贸n desde un pendrive o una conexi贸n a internet. Basta la voluntad de quien o quienes tengan acceso a archivos para lograr muy f谩cilmente su reproducci贸n.

Sin duda las transformaciones aludidas avanzan sobre m煤ltiples formas de la privacidad. Si uno pasea por las calles urbanas junto a miles de potenciales camar贸grafos improvisados, es muy probable que resulte filmado en alguna oportunidad, adem谩s del registro que toman las c谩maras de seguridad. Tan probable como que de entre miles de trabajadores que son enviados a realizar acciones de guerra, represi贸n, tortura o espionaje, haya algunos cuya 茅tica se revele ante la experiencia y decidan declinar y hasta denunciarlo. La diferencia es que en estos casos ahora pueden aportar pruebas documentales y ayudar a condenar a los responsables de las atrocidades. As铆 conocimos tantas pr谩cticas aberrantes recientes desde las torturas en Abu Graib hasta el video titulado “collateral murder” que coment茅 en una contratapa del 2010 (“Sadismo de playstation e impunidad”), entre otras, con cuya difusi贸n wikileaks cobr贸 notoriedad. Los autores intelectuales, los jerarcas de potencias imperiales, los principales capitalistas, no son los ejecutores directos de violaciones. La “quiebra” de algunos de ellos, sus empleados, es uno de los principales caminos para la denuncia y la posibilidad de incremento de la transparencia.

En consecuencia, la defensa de la privacidad tiene -y debe encontrar- el l铆mite que le opone la sospecha de criminalidad. Es algo as铆 como un costo a pagar por la lucha contra ella, tal como hace la –limitada, dig谩moslo de paso- justicia cuando act煤a. No veo diferencias cuando los asesinatos, las estafas o las violaciones recaen sobre los estados en vez de individuos o grupos de ellos. Si los indicios o pruebas provienen de documentos confidenciales de estado, no s贸lo es legitimo capturarlos y difundirlos, sino adem谩s proteger a los informantes y luchar por el juzgamiento y castigo de los responsables, aunque parad贸jicamente puedan blandir el premio nobel de la paz.

Assange est谩 siendo perseguido por algo bien diferente al poco recomendable h谩bito de prescindir de protecci贸n en sus relaciones 铆ntimas, si efectivamente as铆 fuera. Lo cierto es que no pesa cargo alguno sobre 茅l ni en la justicia sueca ni en la norteamericana. Hasta ahora, tanto 茅l como las dos mujeres suecas con las que mantuvo relaciones sexuales admiten haberlas practicado consentidamente aunque sin preservativo, hecho que ellas arguyen sucedi贸 por enga帽o o disimulo del acusado. En una primera instancia de la investigaci贸n la justicia sueca desestim贸 el caso, que fue retomado luego por una nueva fiscal que consigui贸 que las autoridades suecas solicitaran en noviembre de 2010 el pedido de extradici贸n al Reino Unido, con el 煤nico prop贸sito de interrogarlo, cosa que siempre se puede hacer con las tecnolog铆as actuales desde cualquier parte del mundo, incluyendo obviamente a Ecuador, evitando de este modo la sospecha de que se trate de una trampa que le tienden esas dos mujeres algo distra铆das en sus pr谩cticas sexuales y la justicia n贸rdica.

Assange merece por tanto plena solidaridad y el consecuente reclamo de salvoconducto para efectivizar el asilo territorial en Ecuador. Aunque no comparta, y hasta me parezca muy sospechosa, su decisi贸n de permitir la edici贸n de los documentos a 4 de los principales peri贸dicos del mundo con vasos comunicantes permanentes y fluidos con las embajadas estadounidenses, bajo la excusa de preservar la identidad de los agentes. Pero mucho m谩s solidaridad a煤n merece el soldado Bradley Manning, la verdadera fuente de los documentos clasificados, qui茅n se los entreg贸 a Assange, que se encuentra detenido y acusado de 22 cargos, entre ellos, "colaboraci贸n con el enemigo", lo que implica habitualmente la pena de muerte, aunque los fiscales han descartado la pena capital “de forma moment谩nea”. Manning ser谩 juzgado en 2013, en una clara violaci贸n del periodo de 120 d铆as permitido por el reglamento militar entre la detenci贸n y el inicio del juicio. M谩s grave a煤n es que est谩 sometido a torturas diversas y humillaciones como permanecer desnudo fuera de su celda durante las inspecciones matutinas, mantenerse esposado con la compa帽铆a de dos guardias de forma continua, o despierto permanentemente entre las 5 de la ma帽ana y las 10 de la noche.

Ambos est谩n hoy encerrados, aunque en condiciones muy desiguales. Comparado con el calvario que sufre el joven soldado, lo de Assange parece hasta un privilegio. Hizo bien en solicitar asilo a un pa铆s de Sudam茅rica ya que hoy es la 煤nica regi贸n que puede ofrecerle protecci贸n con simult谩nea vigencia de libertades civiles. Su vida y su libertad peligran ya que del mismo modo en que los polic铆as fusilaron a los pobres ciudadanos estadounidenses y al perro a los que alud铆, el aparato diplom谩tico-militar del terrorismo imperial quiere hacerlo con Assange y Manning, amedrentando con ello a la sociedad para disuadirla de hacer uso de estas tecnolog铆as para lograr transparencia y legalidad.

La muerte es su ideal aleccionador. Como hicieron con Bin Laden. Apelando a las mejores y m谩s prolijas tradiciones hist贸ricas que supieron cultivar. En privado y en secreto, sin c谩mara alguna ni documentaci贸n ya que por ellas puede cultivarse el temible virus de la indignaci贸n popular.

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