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Quinientos diez y siete

OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro   

Quinientos diez y siete desahucios diarios se practican en Espa帽a. A una media de cuatro miembros por unidad familiar, arroja un total de 2068 personas empujadas al fr铆o, al calor, a los puentes, a la lluvia, a la nieve, a los cajeros, a las aceras. Hipotecas truncadas por trabajos truncados. Dejaron incluso de comer para pagar sus techos euro a euro, para que los banqueros compraran un yate al contado, para que cenaran con el Rey vestidos de monarcas disimulando su oscuro oficio de usureros.

Madre con ochenta a帽os sudados entre lutos de posguerra y partos con palangana y trapos limpios. Hijos de espinazo doblado y azad贸n de patatas y pimientos. Nueras con manos agrietadas de aceitunas. Nieto con port谩til para que no sea alba帽il de piropo, tortilla y vino tinto. Juntos, todos juntos, como un ramo de vida, de l谩grimas, de camas enamoradas los s谩bados, de alegr铆as veniales cuando se juntan los primos, cuando la primera comuni贸n del ni帽o-almirante, de novia prematura ella, de entierro, porque otra vez la pena, penita, pena.

Unas tierras con cuatro vacas. Si tuvieran unas tierras con cuatro vacas, producir铆an leche, la vender铆an, montar铆an su propia f谩brica, cuajar铆an quesos, yogures, tetra briks o cartones que es m谩s f谩cil decir. Y poco a poco… Estuvo de acuerdo el rodrigo rato cualquiera, lentes y manguitos antes, traje Corte Ingl茅s ahora, corbata del d铆a del padre. “Te debe avalar tu madre” “Puedes rescatar la hipoteca cuando montes tu clesa imperial y a vivir que son dos d铆as” Y madre puso la huella y Pepe firm贸 despacio para no saltarse una letra de su apellido Fern谩ndez, aunque siempre le llamaron Benito-sin-techo, nunca supo por qu茅.

Por fin la tierra y las vacas. Se crey贸 terrateniente y ganadero. Lo miraba todo desde su ventana ma帽anera y cre铆a que en sus dominios no se pon铆a el sol. Hab铆a que regar la tierra porque los pastos eran tallos de agua. Y com铆an las vacas, vaya si com铆an. Rumiando una sonrisa, una alegr铆a de vida tranquila. Y el dinero se devoraba a s铆 mismo. Y el rato-corte-ingl茅s amenazaba. Benito, m谩s dinero, que no tienes para la amortizaci贸n del mes, que me ha amonestado el director, que te denuncian, que el juez no entiende de sue帽os rotos, que los antidisturbios por si acaso, que si el juzgado.

Y madre-ochenta-a帽os en la calle. Hijos-espinazo-de-azad贸n. Nieto-port谩til. Nueras-cerrando-las-piernas-del-alma para no engendrar. Y Benito-sin-techo escoci茅ndole el apodo.

¿Y qu茅 tengo que hacer ahora? Buscarte un puente, Benito-sin-techo. Buscar una manta para tu madre-pos-guerra, para tu hijo-port谩til, para tu mujer-cerrada. Y t煤 a llorar mientras pagas con tu llanto el castillo derruido, tu clesa imperial enterrada como un sue帽o oscuro.

Quinientas diez y siete tumbas de escombros. Sue帽os incinerados en la caja mortuoria de los bancos. Para que otros puedan comprarse yates al contado mientras t煤 no tienes a quien contarle tu asco. 2.068 seres humanos deshumanizados por la musculatura del dinero inventado para unos pocos a costa de muchos. Vidas construidas sobre las ruinas de las vidas.

Madre de huella enlutada. Huella maldita que empuj贸 las paredes embargadas, los tallos de luz que alimentaban el ganado, las vacas decorando museos de dinero.

2.068 Benitos diarios sin techo. 2.068 Benitos aplastados, sin resurrecci贸n posible porque hay que pagar los intereses del sue帽o durante 25 a帽os todav铆a..

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