OPINI脫N de Jorge Majfud
No deja de ser una curiosidad el hecho de que los conservadores religiosos pongan tantas expectativas en los fen贸menos clim谩ticos. Con excepci贸n del calentamiento global, del cual son fuertes opositores. Cuando reconocen que existe un calentamiento global progresivo, se acuerdan de la naturaleza para culparla del fen贸meno, dejando de lado alguna posible intervenci贸n humana o divina.
Todo lo dem谩s es atribuible a Dios, seg煤n las necesidades del momento.
Ellos son los mismos moralistas que se niegan a que una mujer violada tome alguna p铆ldora abortiva unos d铆as despu茅s. La raz贸n radica en que no se puede interrumpir una vida que Dios quiso. Que es estrictamente lo mismo que decir Dios quiso que alg煤n criminal violara a esa mujer y a todas las dem谩s mujeres inocentes que han sufrido ese tipo inigualable de violencia f铆sica y, sobre todo, moral.
No soy de los que creen que una mujer es due帽a de lo que lleva en su vientre y puede hacer lo que quiera con 茅l. Pero tampoco es la 煤nica responsable de engendrar una nueva vida. Una vez que concebimos un hijo se nos terminan algunas libertades. Yo no puedo elegir entre darle de comer a mi hijo ya nacido o echarme a descansar aunque est茅 agotado por una jornada de trabajo intenso.
No obstante, tampoco me convencen los argumentos de los ortodoxos que bellamente se denominan “pro vidas” (como si sus adversarios fuesen “pro muerte”) y no tienen empacho de justificar o apoyar, por acci贸n o por omisi贸n, tantas guerras santas en defensa de Dios, la patria y el honor, las que dejan cientos de miles de inocentes muertos sin nombre, muertos que no duelen.
El sexo ajeno y el clima regional los preocupa de manera especial. Los interpretes de un Dios invisible e inimaginable por su perfecci贸n, necesitan cosas visuales para entender Su voluntad. Cosas sin贸pticas como el calentamiento global, las estructuras sociales o los mecanismos con los que operan las ideolog铆as, caen todas en un gran abismo negacionista.
Cada vez que hay una cat谩strofe clim谩tica, como un tornado o un hurac谩n que deja decenas de muertos, los arengadores religiosos como Pat Robertson suelen atribuirlos a la voluntad de Dios . Excepto cuando los edificios destruidos son iglesias y cuando las victimas no son pecadores negros y pobres en su mayor铆a.
Daria la impresi贸n de que el Creador del Universo, un ser Todopoderoso y Todobondadoso, se ha comportado 煤ltimamente como un dios de la tormenta, a imagen y semejante de alg煤n dios azteca o de alg煤n atrasado dios africano. El creador de la Humanidad y del Universo tiene poco control sobre la voluntad de algunos pecadores. Le resulta m谩s f谩cil hacer temblar las placas tect贸nicas, destruyendo ciudades enteras, masacrando involucrados y descuidados por igual, que convencer a un humilde club de mala gente para que deje de bailar y consumir cerveza como animales.
Cuando en alguna ciudad se detectan algunos grupos o individuos haciendo uso il铆cito del sexo o consumiendo alg煤n producto de la lista prohibida, este dios manda un hurac谩n o un terremoto y mata a los pecadores junto con algunos miles de ni帽os y otros inocentes. Recurso que es peri贸dicamente imitado por algunos fan谩ticos disfrazados de santos m谩rtires y por los ej茅rcitos mas poderosos del mundo que todo lo ven y todo lo pueden.
Se supone que la terrible muerte de un grupo de ni帽os por causa de un tornado perdido debe ser bastante persuasivo para que los pecadores dejen de amarse de formas poco ortodoxas. Cuando el mismo tornado se desv铆a y pasa por encima de un grupo de elegidos, no se trata de ning煤n castigo divino sino de una prueba o de un premio del m谩s all谩.
*Jorge Majfud
No deja de ser una curiosidad el hecho de que los conservadores religiosos pongan tantas expectativas en los fen贸menos clim谩ticos. Con excepci贸n del calentamiento global, del cual son fuertes opositores. Cuando reconocen que existe un calentamiento global progresivo, se acuerdan de la naturaleza para culparla del fen贸meno, dejando de lado alguna posible intervenci贸n humana o divina.
Todo lo dem谩s es atribuible a Dios, seg煤n las necesidades del momento.
Ellos son los mismos moralistas que se niegan a que una mujer violada tome alguna p铆ldora abortiva unos d铆as despu茅s. La raz贸n radica en que no se puede interrumpir una vida que Dios quiso. Que es estrictamente lo mismo que decir Dios quiso que alg煤n criminal violara a esa mujer y a todas las dem谩s mujeres inocentes que han sufrido ese tipo inigualable de violencia f铆sica y, sobre todo, moral.
No soy de los que creen que una mujer es due帽a de lo que lleva en su vientre y puede hacer lo que quiera con 茅l. Pero tampoco es la 煤nica responsable de engendrar una nueva vida. Una vez que concebimos un hijo se nos terminan algunas libertades. Yo no puedo elegir entre darle de comer a mi hijo ya nacido o echarme a descansar aunque est茅 agotado por una jornada de trabajo intenso.
No obstante, tampoco me convencen los argumentos de los ortodoxos que bellamente se denominan “pro vidas” (como si sus adversarios fuesen “pro muerte”) y no tienen empacho de justificar o apoyar, por acci贸n o por omisi贸n, tantas guerras santas en defensa de Dios, la patria y el honor, las que dejan cientos de miles de inocentes muertos sin nombre, muertos que no duelen.
El sexo ajeno y el clima regional los preocupa de manera especial. Los interpretes de un Dios invisible e inimaginable por su perfecci贸n, necesitan cosas visuales para entender Su voluntad. Cosas sin贸pticas como el calentamiento global, las estructuras sociales o los mecanismos con los que operan las ideolog铆as, caen todas en un gran abismo negacionista.
Cada vez que hay una cat谩strofe clim谩tica, como un tornado o un hurac谩n que deja decenas de muertos, los arengadores religiosos como Pat Robertson suelen atribuirlos a la voluntad de Dios . Excepto cuando los edificios destruidos son iglesias y cuando las victimas no son pecadores negros y pobres en su mayor铆a.
Daria la impresi贸n de que el Creador del Universo, un ser Todopoderoso y Todobondadoso, se ha comportado 煤ltimamente como un dios de la tormenta, a imagen y semejante de alg煤n dios azteca o de alg煤n atrasado dios africano. El creador de la Humanidad y del Universo tiene poco control sobre la voluntad de algunos pecadores. Le resulta m谩s f谩cil hacer temblar las placas tect贸nicas, destruyendo ciudades enteras, masacrando involucrados y descuidados por igual, que convencer a un humilde club de mala gente para que deje de bailar y consumir cerveza como animales.
Cuando en alguna ciudad se detectan algunos grupos o individuos haciendo uso il铆cito del sexo o consumiendo alg煤n producto de la lista prohibida, este dios manda un hurac谩n o un terremoto y mata a los pecadores junto con algunos miles de ni帽os y otros inocentes. Recurso que es peri贸dicamente imitado por algunos fan谩ticos disfrazados de santos m谩rtires y por los ej茅rcitos mas poderosos del mundo que todo lo ven y todo lo pueden.
Se supone que la terrible muerte de un grupo de ni帽os por causa de un tornado perdido debe ser bastante persuasivo para que los pecadores dejen de amarse de formas poco ortodoxas. Cuando el mismo tornado se desv铆a y pasa por encima de un grupo de elegidos, no se trata de ning煤n castigo divino sino de una prueba o de un premio del m谩s all谩.
*Jorge Majfud
