Ir al contenido principal

Chile: una nueva constituci贸n

OPINI脫N de Eduardo Contreras.-  

Aunque nadie debe suponer que una nueva Constituci贸n, por s铆 sola y por arte de magia, resuelva los problemas de la sociedad toda vez que lo principal sigue siendo la lucha del pueblo y, en definitiva, el control del poder pol铆tico, lo cierto es que la exigencia de una nueva Constituci贸n para Chile y la convocatoria para lograrlo son asuntos que est谩n planteados a la orden del d铆a en nuestro pa铆s.

Tiene pleno sentido si se considera que Chile es el 煤nico pa铆s de la regi贸n en que tras una dictadura que impuso mediante el terror un sistema institucional, pol铆tico y econ贸mico en favor del gran capital, contin煤e hasta hoy en los estrechos marcos de ese modelo y se mantengan esas mismas normas constitucionales con lev铆simas reformas.

Consecuentemente, los 煤nicos que no se suman a la exigencia del cambio institucional son los partidarios a ultranza del neoliberalismo. Se sienten a gusto con un texto que es esencialmente antidemocr谩tico, autoritario. Lamentablemente tambi茅n se ubican en ese campo conservador algunos que en el pasado reciente posaban de izquierdistas. Hoy se autodenominan “emprendedores” y, con exagerada audacia, se sienten “hombres de Estado”.

La Constituci贸n del 80, dijeron sus autores, consolidar铆a un modelo social y econ贸mico exitoso para chilenas y chilenos. No ha sido as铆. S贸lo se trataba de favorecer a los poderosos. Nada la justifica porque hoy los pobres son mucho m谩s pobres y los ricos inmensamente m谩s ricos. La encuesta Casen revel贸 que casi el 7% de los chilenos vive de allegados en otras viviendas y se mantienen altas cifras de hacinamiento en los hogares del pueblo mientras que 67 mil ni帽os menores de 13 a帽os comparten con otros las camas en que duermen. La realidad echa por tierra los argumentos de los partidarios del statu quo.

Lo concreto es que la inmensa mayor铆a ciudadana est谩 hace a帽os empe帽ada en lograr un ordenamiento jur铆dico superior claramente democr谩tico, sin exclusiones, a la par de construir un modelo econ贸mico y social m谩s justo, sin marginados.

Hasta la reciente carta pastoral de la conferencia episcopal de la iglesia cat贸lica llama a “escuchar el clamor de nuestro pueblo” y denuncia las profundas desigualdades; condena el lucro desregulado, exige humanizar y compartir con equidad los recursos y se solidariza con estudiantes y trabajadores. Tal como en dictadura exigieron Pierre Dubois, el inolvidable cura de la Victoria, y otros sacerdotes como Jarlan, Aldunate, Puga, en fin tantos que sumaron su voz a la del movimiento sindical y de pobladores.

Hace pocos d铆as un grupo de senadores encabezado por Jos茅 Antonio G贸mez present贸 un proyecto de reforma constitucional a objeto que en las elecciones de noviembre del 2013 se agregue una cuarta urna en la que la ciudadan铆a decida si se convoca o no a una asamblea constituyente. Puede discutirse la viabilidad del proyecto a la luz de la actual normativa y puede discutirse diversos otros aspectos de la iniciativa. Pero eso no es lo central, porque lo importante es que se suma a una exigencia colectiva que se desarrolla hace muchos a帽os. Su m茅rito es sumar esfuerzos, no arriar banderas. Por eso hay que valorar toda propuesta que contribuya al prop贸sito democr谩tico de una nueva Carta Magna, para lo que lo fundamental sigue siendo la movilizaci贸n de las masas.

La tarea del cambio institucional es tarea de todos. Conocemos de los esfuerzos de la Izquierda chilena y de diversas organizaciones ciudadanas que hace a帽os trabajan en esta direcci贸n as铆 como de los empe帽os de diversos dirigentes sociales de todos conocidos. Es tambi茅n deber de las universidades en tanto ellas son centros de pensamiento. Hay que estudiar las constituyentes de otras latitudes. Conocer y estudiar las experiencias de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, que han llevado a cabo interesantes procesos de cambio institucional.

Hay quienes creemos que lo 贸ptimo ser铆a una constituyente elegida con un sistema electoral democr谩tico, universal, que elabore un proyecto que luego se someta por un largo per铆odo al debate p煤blico de las organizaciones de trabajadores, estudiantes, pobladores, centros de investigaci贸n, institutos culturales, escuelas de Derecho de las universidades etc., en fin que no se excluya a nadie de la difusi贸n y discusi贸n del proyecto y que, s贸lo luego de ese debate de masas, se someta a plebiscito.

Se requiere una Constituci贸n para las grandes mayor铆as, no para unos pocos privilegiados. Que establezca la absoluta imposibilidad de que aquellos que fueron parte de una dictadura puedan ser designados funcionarios de gobierno y para que no puedan postular jam谩s a cargos de representaci贸n popular, como se estableci贸 en pa铆ses en situaciones semejantes. Se requiere un parlamento unicameral y en el que los parlamentarios no tengan privilegios especiales, que vivan del sueldo que ten铆an a la fecha de ser elegidos. Parlamentarios que est茅n obligados a rendir cuenta peri贸dicamente de su desempe帽o a sus electores y que, adem谩s, puedan ser removidos de sus cargos por quienes les eligieron.

Que el Estado recupere su papel fundamental en la econom铆a, que regule adecuadamente el funcionamiento de la actividad econ贸mica privada, y desarrolle 谩reas de propiedad mixta. Que garantice efectivamente el derecho de todos a la vivienda, la salud, el trabajo, el salario digno, la educaci贸n, al trabajo y la salud.

Que sancione todo tipo de discriminaciones y garantice los derechos del pueblo trabajador a participar en los principales aspectos de la vida nacional. Que recupere las riquezas naturales, nunca m谩s el fraude del litio. Que proh铆ba la intromisi贸n de militares y polic铆as extranjeros en los temas de seguridad nacional y no sea permitido que preparen a los polic铆as chilenos para reprimir al pueblo como hoy sucede y ha sido reconocido.

Una Constituci贸n opuesta a toda forma de neocolonialismo y que de consiguiente no permita la flagrante intromisi贸n del Comando Sur del ej茅rcito norteamericano en las instituciones chilenas con operaciones del tipo “Fuerzas Comando 2013” que ya se prepara en Fuerte Aguayo en Conc贸n.

Una Constituci贸n en fin que permita hacer realidad que el ej茅rcito y dem谩s ramas de las Fuerzas Armadas sean efectivamente instituciones al servicio del conjunto del pueblo chileno, independientes y soberanas. Una Constituci贸n que sea producto de un serio y profundo debate de masas, sin excluir a nadie.

El reciente proceso de elecciones presidenciales en Venezuela, la ampl铆sima participaci贸n ciudadana que tuvo, el orden y tranquilidad en que se desarroll贸, pese a los agoreros de todo pelaje, es una fiel expresi贸n de que el cambio social puede iniciarse y es posible en los marcos de un sistema aut茅nticamente democr谩tico y participativo.

Hay pues que estudiar y buscar en nuestra propia historia constitucional, desde los primeros reglamentos hasta hoy, analizar su contenido de clase, la forma en que se establecieron y sus modificaciones. Ninguna ha sido fruto de un proceso constituyente democr谩tico y participativo y es hora ya que el denominado “soberano” –que se supone que es el pueblo todo– sea quien imponga las reglas del juego.

Una nueva Constituci贸n no nos caer谩 del cielo ni se establecer谩 en tiempo breve. Ser谩 el producto de muchas nuevas batallas al final de las cuales el pueblo, de nuevo en posiciones de poder, terminar谩 sin duda fijando las reglas de su propio futuro como siempre debi贸 ser y no ha sido hasta ahora.

ARCHIVOS

Mostrar m谩s


OTRA INFORMACI脫N ES POSIBLE

Informaci贸n internacional, derechos humanos, cultura, minor铆as, mujer, infancia, ecolog铆a, ciencia y comunicaci贸n

ElMercurioDigital.es, editado por mercurioPress/El Mercurio de Espa帽a bajo licencia de Creative Commons. Medio independiente propiedad de mercurioPress
©Desde 2002 en internet
Otra informaci贸n es posible


--