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Crisis... de legitimidad

OPINI脫N de Ram贸n Cotarelo/ Palinuro.- 


La crisis sempiterna suele verse como algo econ贸mico, incluso et茅reamente financiero. Tantos miles de millones de euros de unos recortes, tantos centenares de miles de millones de unos rescates. Pero todo eso sucede en un medio, el de la vida colectiva, en el que la crisis ha tenido un impacto tremendo, abriendo un proceso de confrontaci贸n, de conflicto social que ha roto los consensos b谩sicos, la legitimidad del sistema en su conjunto. Los principios mismos sobre los que se basaba aquella est谩n quebrando o han quebrado ya ante la brutalidad neoliberal. Y lo hacen a la vista de todos, a la luz p煤blica.

La igualdad, piedra angular de la democracia, ha sucumbido a las m谩s ostentosas e injustas desigualdades, diferencias salariales astron贸micas, beneficios ilimitados, rentas disparatadas, el lujo y boato de los ricos frente a las necesidades de los pobres, los trabajadores y las debilidades de las clases medias. 

La justicia brilla por su abitrariedad. Raramente se procesa y condena a los ricos y, si sucede, tienen condiciones penitenciarias favorables y el poder pol铆tico los indulta sin m谩s tardanza. Los tribunales se ceban en los pobres. Quinientos desahucios diarios es cantidad que no requiere mucho comentario. 

Las libertades cada vez m谩s restringidas por el poder, empezando por la libertad de expresi贸n y su correlato de derecho a la informaci贸n, crecientemente acosados por la autoridad so capa del orden p煤blico. La libertad de manifestaci贸n y reuni贸n, la libertad de comunicaci贸n en la red, todo molesta a las autoridades espa帽olas que tratan de restringirlas o negarlas empleando eufemismos est煤pidos. 

La seguridad jur铆dica de los ciudadanos no se respeta. No se trata solamente de que la autoridad gubernativa act煤e arbitrariamente, multando a la gente a voleo o denunci谩ndola porque s铆, que ya es bastante barbarie. Se trata de la propia autoridad legislativa que no respeta derechos legalmente adquiridos y ejercidos, como los de los funcionarios, los jubilados, los trabajadores, etc. Crea as铆 el Gobierno mismo, con sus agresiones y expolios injustos una situaci贸n de incertidumbre y de temor que rompe el principio hobbesiano del orden social y provoca esta crisis de legitimidad. 

A este elenco de penas es preciso a帽adir el toque espec铆ficamente espa帽ol de los conflictos territoriales. La crisis de legitimidad afecta incluso al concepto mismo de naci贸n, lo que enciende las pasiones m谩s extremas. El hecho de que sean las tres derechas nacionalistas -la espa帽ola, la vasca y la catalana- las que gobiernen los v茅rtices del tri谩ngulo del conflicto permite augurar en principio m谩s conflicto y m谩s enfrentamiento, lo que no es c贸modo. 

Est谩 claro que el PP solo no puede con la tarea, aunque el esp铆ritu del gobierno sea de sostenella y no enmendalla porque, al identificar, como siempre, los intereses de su partido con los generales, cree llagada la hora de destruir a su adversario aunque sea a costa de hundir el pa铆s por el que, en el fondo, no siente especial aprecio por m谩s rebuznos patri贸ticos que suelte.

Hace falta, al parecer, la ayuda del PSOE y este lleva ocho meses loco por darla porque, de aceptarse, vindicar铆a de golpe el criterio de Rubalcaba de pactar frente a ataques cada vez m谩s frecuentes de sus propias filas. Pero el gobierno la desprecia, lo que hace imposible todo acuerdo y deja a Rubalcaba en muy mal lugar ante los suyos, en concreto el de una oposici贸n ninguneada, puesto que no hay alternativa. No hay alternativa para la izquierda parlamentaria en una situaci贸n en que el gobierno tiene una mayor铆a absoluta holgada que le permite hacer literalmente lo que le viene en gana. Y lo hace. 

No hay alternativa porque esta solo puede ser la revoluci贸n en la que no piensa nadie en la izquierda salvo grupos de escaso eco popular. La 煤nica posibilidad es seguir ofertando pacto de Estado, en el entendimiento de que, con 茅l, el PSOE se juega su supervivencia al menos como lo conocemos hoy. Pero lo hace en cumplimiento de esa afirmaci贸n frecuentemente formulada de que es necesario que los partidos antepongan de verdad los intereses generales a los suyos como partidos que solo reza para 茅l y nunca para la derecha. Eso es lo que, aunque con distinta intensidad, vienen a pedir tres muy buenos art铆culos publicados en El Pa铆s en los 煤ltimos d铆as, sobre las posibilidades del PSOE en estos momentos: que el hoy partido de la oposici贸n tenga sentido de Estado. Son el de Fernando Garc铆a Selgas, el de F茅lix de Az煤a y el de Ignacio S谩nchez Cuenca.

Y as铆 debe ser: frente a la irresponsabilidad de la derecha, carente de programa, de proyecto de recuperaci贸n del pa铆s y solo interesada en exprimir en provecho propio las posibilidades de este, la izquierda tiene que ser consciente de las obligaciones que impone ls situaci贸n de emergencia provocada por el desastre econ贸mico-financiero y actuar de forma que contenga la crisis de legitimidad. Y el sacrificio que se le exige es doble porque, la disposici贸n a colaborar en la tarea com煤n con un compadre tan ruin y tramposo como la derecha espa帽ola no exime al PSOE de actuar con criterio exigente de oposici贸n en todo lo dem谩s. La primera parte la ha cumplido con creces; con la segunda, ni ha empezado y no ser谩 la actual direcci贸n, adocenada, desvencijada y acomodada a una rutina institucional que provoca el rechazo ciudadano por caduca y corrupta, la que lo haga.
 
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio p煤blico).

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