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Democracia de calidad frente a la crisis

OPINI脫N de Victoria Camps · Adela Cortina · Jos茅 Luis Garc铆a Delgado.-   

Un gran n煤mero de espa帽oles est谩 viviendo la crisis actual como un aut茅ntico fracaso del pa铆s en su conjunto. Hace ya m谩s de tres d茅cadas emprendimos una transici贸n pol铆tica y social que, con sus luces y sombras, como todo en este mundo, se ha convertido en una aut茅ntica referencia para algunos pa铆ses deseosos de dar el paso de la dictadura a la democracia.

Se transformaron las infraestructuras, se modernizaron los medios de comunicaci贸n, aument贸 el n煤mero de estudiantes universitarios, ingresamos en la Uni贸n Europea, construimos un razonable Estado de justicia.

Pero en 2007 estall贸 en el nivel global y local una crisis que parece ser sobre todo econ贸mico-financiera y pol铆tica, y descubrimos que el rey estaba en buena parte desnudo. Que, por desgracia, nos queda mucho camino por andar.

No se trata solo de una crisis econ贸mica y pol铆tica, sino tambi茅n de una crisis 茅tica, que pone de manifiesto las carencias de esp铆ritu c铆vico. En los 煤ltimos a帽os, nos ha faltado un marco 茅tico efectivo, capaz de estimular la responsabilidad social y un buen uso de la libertad.

En una democracia que es, a su vez, un Estado de derecho, es preciso perseguir un bien com煤n que ampl铆e el horizonte de los intereses individuales como los 煤nicos fines de la actividad econ贸mica y pol铆tica. Por leg铆timos que sean los intereses privados, las instituciones y los ciudadanos se deben tambi茅n a unos intereses comunes.

Sostener la equidad y mejorarla deber铆a ser el principio irrenunciable de un Estado de derecho. En muy poco tiempo, Espa帽a consigui贸 poner en pie un Estado de bienestar homologable con el resto de los pa铆ses de nuestro entorno. Pero el modelo es fr谩gil y no podr谩 sostenerse si no va acompa帽ado de la voluntad de preservarlo por encima de todo.

Los a帽os de bonanza econ贸mica pasados han propiciado una cultura de la irresponsabilidad y del dinero f谩cil, que ha tra铆do consigo corrupci贸n, evasi贸n de impuestos y un consumismo voraz. La corrupci贸n, la malversaci贸n de bienes p煤blicos, el despilfarro, el desinter茅s por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de la crisis, la asignaci贸n de sueldos, indemnizaciones y retiros desmesurados producen indignaci贸n en ocasiones, pero tambi茅n modelos que se van copiando con resultados desastrosos. Para que una sociedad funcione bien es necesario que las leyes sean claras y que se apliquen, pero tambi茅n que la ciudadan铆a rechace las conductas inaceptables.

La costumbre de ocultar la verdad por parte de pol铆ticos y controladores de la econom铆a de distintos niveles ha sido responsable de la crisis en buena medida. Pero esa costumbre se ha extendido tambi茅n entre intelectuales y otros agentes de la vida p煤blica, plegados a lo pol铆ticamente correcto, sea de un signo o de otro. La partidizaci贸n de la vida p煤blica impide agregar voluntades para encontrar salidas efectivas y consensuadas a los problemas que nos agobian.

El bienestar no se nutre solo de bienes materiales y consumibles, sino tambi茅n de formas de vida que fortalezcan cultural y espiritualmente al individuo y a la sociedad con valores como la solidaridad, la cooperaci贸n, la pasi贸n por el saber, el autodominio, la austeridad, la previsi贸n o el trabajo bien hecho.

Dar a entender que se pueden alcanzar las metas vitales sin trabajo alguno es enga帽ar, condenar a las gentes a ser carne de fracaso y destruir un pa铆s. Hay que aprender que esfuerzo y ocio son dos caras del buen vivir, que ayudan a construir un buen presente y un buen futuro.

La profesionalidad, en todos sus 谩mbitos de ejercicio, es un valor que no debe medirse solo por la eficiencia y la competencia cient铆fica y t茅cnica, siendo ambos valores altamente encomiables. Ser un buen profesional significa incorporar tambi茅n ideales que hagan de las distintas profesiones un servicio a la sociedad y al inter茅s com煤n.

El mejor instrumento de que disponemos para conseguir una sociedad mejor y cambiar el orden de los valores es la educaci贸n, entendida como formaci贸n de la personalidad y como una tarea de la sociedad en su conjunto.

Adem谩s del d茅ficit notable de ideas para gestionar y resolver la crisis, se echa de menos un liderazgo que act煤e con valent铆a y con prudencia, que corrija los despilfarros de otros tiempos, que sepa discernir la gravedad de cada problema y que tenga visi贸n de futuro y no atienda 煤nicamente al corto plazo.

Generar pueblo y sociedad civil tanto en Espa帽a como en Europa, donde somos y donde queremos estar, es uno de los retos, porque tal vez sea esta una de las claves del fracaso de Europa: no haber intentado reforzar la conciencia de ciudadan铆a europea, la Europa de los ciudadanos.


*Victoria Camps, Adela Cortina y Jos茅 Luis Garc铆a Delgado, Catedr谩ticos de las universidades de Barcelona, Valencia y Madrid, respectivamente, en representaci贸n del C铆rculo C铆vico de Opini贸n

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