OPINI脫N de Ram贸n Cotarelo/ Palinuro.-

Dudo mucho de que los variopintos aliados de los comunistas en las coaliciones, alianzas o plataformas en que participan suscriban un discurso tan extremo e intolerante. No son ciegos ni insensibles al hecho de que el PSOE tiene un considerable respaldo electoral que incluso hoy, en lo que los mismos socialistas llaman su horas m谩s bajas, est谩 en un 20,5% del voto frente al 14% de AGE. De Syriza, nada.
Los socialistas, a su vez, murmuran que la 煤nica funci贸n real de esa izquierda a la izquierda es restar votos al PSOE, votos inutilizados, en el fondo beneficiosos par la derecha que, obviamente, no hubiera podido sacar m谩s diputados con menos votos de no ir la izquierda fragmentada. Pero eso es un asunto sin mayor relieve al lado del problema real de los socialistas que es mantener y acrecentar su voto, haciendo una oposici贸n clara y decidida para lo cual tienen que haber definido su alternativa. Por supuesto que eso habr谩 de hacerse reivindicando el viejo esp铆ritu socialdem贸crata del socialismo reformista. El problema es que, paralizado por el descr茅dito que reflejan las encuestas y las elecciones, el PSOE no ha pasado de formular lo anterior como un deseo, sin hacerlo visible al electorado.
Y es que el Partido Socialista sufre aqu铆 el mismo s铆ndrome del conjunto de la izquierda, el de su indefinici贸n y consiguiente desconcierto. Todas las fuerzas pol铆ticas parlamentarias comparten un terreno com煤n de entendimiento: la legitimidad fundamental del sistema democr谩tico seg煤n la cual solo se puede aspirar a realizar el programa propio obteniendo el apoyo de la mayor铆a del electorado. Un electorado que muestra, por lo general pero de modo constante, una clara orientaci贸n conservadora. Ganar elecciones en esas circunstancias con un programa pol铆tico de reformas radicales, no digamos ya revolucionarias, es imposible, de forma que la alternativa es desagradable pero clara: moderas tu programa, lo haces reformista, pactas o no haces nada porque careces de fuerza parlamentaria.
De aqu铆 que haya una nostalgia en la izquierda radical por las v铆as de hecho, por decirlo suavemente, una pronta inclinaci贸n en favor de todos los movimientos pol铆ticos de oposici贸n extraparlamentaria que surjan. Pero, a la larga, nadie en la izquierda radical parlamentaria propugna abolir la democracia burguesa, instaurar la dictadura del proletariado y mucho menos acabar con el mercado y nacionalizar toda la actividad econ贸mica y financiera. Hay propuestas de reformas m谩s o menos radicales, pero el programa m谩ximo ha desaparecido del escenario. ¿Por qu茅 no decirlo abiertamente?
Eso ayudar铆a a un proceso de recomposici贸n del socialismo democr谩tico que se ha ido alejando de su ideal reformista originario y, unas veces por prepotencia (tiempos de Felipe) y otras por pusilanimidad (tiempos de Zapatero), se ha acomodado a las condiciones del capitalismo, adapt谩ndose a 茅l y cediendo a sus imposiciones en lugar de hacer al rev茅s. El remate ha sido que el PSOE se haya convertido vergonzantemente, a la chita callando, en un partido din谩stico y que su posici贸n sobre la planta territorial del Estado esconda en un nebuloso federalismo una concepci贸n unitaria de Espa帽a. En ese proceso de recomposici贸n, el PSOE tiene que rescatar su ideario socialdem贸crata de transformaci贸n del capitalismo por la v铆a reformista y ofrecerlo como terreno com煤n de di谩logo y, quiz谩, entendimiento, entre la izquierda.
Solo los m谩s sectarios o menos avisados ignoran que, con independencia de otros factores, una de las causas esenciales de la superioridad electoral de la derecha es su unidad frente a la fragmentaci贸n de la izquierda. Y el sentido com煤n dice que, cuando la unidad es imprescindible, habr谩 que pagar sus costes en forma de concesiones mutuas. Una unidad sobre la base de los presupuestos de una de las partes es una absorci贸n. La unidad se basa en el mutuo entendimiento y la conciencia de que este es imprescindible si se quiere ser eficaz a la hora de transformar la sociedad desde el 煤nico punto en que esto es posible: desde el poder pol铆tico.
Esa plataforma de entendimiento, por la que Palinuro aboga desde siempre, tiene que girar en torno a la recuperaci贸n, consolidaci贸n y ampliaci贸n del Estado del bienestar que es la joya de la corona socialdem贸crata; sobre todo ahora que se acusa al PSOE, con raz贸n, de haber atentado contra los fundamentos mismos de ese Estado del bienestar. Pero, adem谩s, no hay que reducirse a tal forma de Estado. La plataforma de entendimiento podr铆a partir de la recuperaci贸n de lo que acertadamente la Constituci贸n de 1978 llama "Estado social y democr谩tico de derecho". Esto no quiere decir en absoluto que Palinuro abogue por la intangibilidad de la Constituci贸n; al contrario, piensa que debe reformarse y en profundidad para que recoja, por ejemplo, el derecho de autodeterminaci贸n. Pero aquella f贸rmula permanece ya que es un verdadero programa de izquierda: Estado del bienestar, justicia social, Estado de derecho y garant铆as de las libertades p煤blicas y los derechos de los ciudadanos incluidos, los derechos de las mujeres (aborto), de las minor铆as sexuales (matrimonio y adopciones de gays) as铆 como los econ贸micos y sociales, trabajo, vivienda, educaci贸n y salud.
¿No es un punto de entendimiento suficientemente claro, suficientemente amplio y suficientemente de izquierda?

Una de las reacciones m谩s curiosas a los resultados electorales del domingo es esa euforia con la que la izquierda a la izquierda (que, sin embargo, no se considera "extrema izquierda") ha vitoreado los nueve diputados de Xos茅 Manuel Beiras, al frente de AGE. Los entusiastas ven en esta formaci贸n la r茅plica hispana de la Syriza, griega, una renovaci贸n de la izquierda hegem贸nica en Grecia, que se ha impuesto sobre el renqueante PASOK. Pero, al hacerlo, hacen tambi茅n una peque帽a trampa. En la Syriza griega no hay comunistas, puesto que estos se presentaron a las elecciones con su propio nombre. En la pretendida marca espa帽ola s铆 los hay. Es verdad que est谩n sumergidos en dos colectivos distintos ya que el PCE forma parte de IU que, a su vez, forma parte de AGE junto con Equo y alg煤n otro grupo. Cada cual se camufla como quiere y puede. Esto en s铆 no tiene mucha importancia dado, adem谩s que el triunfo es de nueve diputados sobre 75, pero tiene la que tiene. En concreto la de formular ese discurso de la hora de la recuperaci贸n de la hegemon铆a para la verdadera izquierda que pasa inevitablemente por el hundimiento y desaparici贸n consiguiente del PSOE, por lo menos su pasokizaci贸n. Un discurso comunista tradicional desde los a帽os veinte del siglo XX, la eliminaci贸n de la socialdemocracia traidora. Un discurso que apenas se ha modificado (aunque, a veces, como en Andaluc铆a, sea obligado -no sin muchos conflictos- mantener una pol铆tica de alianza con este querido enemigo) y que hoy, como ayer, consiste en negar paladinamente al socialismo democr谩tico todo car谩cter de izquierda y considerarlo siempre al servicio del capital en todas sus formas. Un discurso que trata de despojar a la socialdemocracia del derecho a usar ese nombre para apropi谩rselo el que discursea.
Dudo mucho de que los variopintos aliados de los comunistas en las coaliciones, alianzas o plataformas en que participan suscriban un discurso tan extremo e intolerante. No son ciegos ni insensibles al hecho de que el PSOE tiene un considerable respaldo electoral que incluso hoy, en lo que los mismos socialistas llaman su horas m谩s bajas, est谩 en un 20,5% del voto frente al 14% de AGE. De Syriza, nada.
Los socialistas, a su vez, murmuran que la 煤nica funci贸n real de esa izquierda a la izquierda es restar votos al PSOE, votos inutilizados, en el fondo beneficiosos par la derecha que, obviamente, no hubiera podido sacar m谩s diputados con menos votos de no ir la izquierda fragmentada. Pero eso es un asunto sin mayor relieve al lado del problema real de los socialistas que es mantener y acrecentar su voto, haciendo una oposici贸n clara y decidida para lo cual tienen que haber definido su alternativa. Por supuesto que eso habr谩 de hacerse reivindicando el viejo esp铆ritu socialdem贸crata del socialismo reformista. El problema es que, paralizado por el descr茅dito que reflejan las encuestas y las elecciones, el PSOE no ha pasado de formular lo anterior como un deseo, sin hacerlo visible al electorado.
Y es que el Partido Socialista sufre aqu铆 el mismo s铆ndrome del conjunto de la izquierda, el de su indefinici贸n y consiguiente desconcierto. Todas las fuerzas pol铆ticas parlamentarias comparten un terreno com煤n de entendimiento: la legitimidad fundamental del sistema democr谩tico seg煤n la cual solo se puede aspirar a realizar el programa propio obteniendo el apoyo de la mayor铆a del electorado. Un electorado que muestra, por lo general pero de modo constante, una clara orientaci贸n conservadora. Ganar elecciones en esas circunstancias con un programa pol铆tico de reformas radicales, no digamos ya revolucionarias, es imposible, de forma que la alternativa es desagradable pero clara: moderas tu programa, lo haces reformista, pactas o no haces nada porque careces de fuerza parlamentaria.
De aqu铆 que haya una nostalgia en la izquierda radical por las v铆as de hecho, por decirlo suavemente, una pronta inclinaci贸n en favor de todos los movimientos pol铆ticos de oposici贸n extraparlamentaria que surjan. Pero, a la larga, nadie en la izquierda radical parlamentaria propugna abolir la democracia burguesa, instaurar la dictadura del proletariado y mucho menos acabar con el mercado y nacionalizar toda la actividad econ贸mica y financiera. Hay propuestas de reformas m谩s o menos radicales, pero el programa m谩ximo ha desaparecido del escenario. ¿Por qu茅 no decirlo abiertamente?
Eso ayudar铆a a un proceso de recomposici贸n del socialismo democr谩tico que se ha ido alejando de su ideal reformista originario y, unas veces por prepotencia (tiempos de Felipe) y otras por pusilanimidad (tiempos de Zapatero), se ha acomodado a las condiciones del capitalismo, adapt谩ndose a 茅l y cediendo a sus imposiciones en lugar de hacer al rev茅s. El remate ha sido que el PSOE se haya convertido vergonzantemente, a la chita callando, en un partido din谩stico y que su posici贸n sobre la planta territorial del Estado esconda en un nebuloso federalismo una concepci贸n unitaria de Espa帽a. En ese proceso de recomposici贸n, el PSOE tiene que rescatar su ideario socialdem贸crata de transformaci贸n del capitalismo por la v铆a reformista y ofrecerlo como terreno com煤n de di谩logo y, quiz谩, entendimiento, entre la izquierda.
Solo los m谩s sectarios o menos avisados ignoran que, con independencia de otros factores, una de las causas esenciales de la superioridad electoral de la derecha es su unidad frente a la fragmentaci贸n de la izquierda. Y el sentido com煤n dice que, cuando la unidad es imprescindible, habr谩 que pagar sus costes en forma de concesiones mutuas. Una unidad sobre la base de los presupuestos de una de las partes es una absorci贸n. La unidad se basa en el mutuo entendimiento y la conciencia de que este es imprescindible si se quiere ser eficaz a la hora de transformar la sociedad desde el 煤nico punto en que esto es posible: desde el poder pol铆tico.
Esa plataforma de entendimiento, por la que Palinuro aboga desde siempre, tiene que girar en torno a la recuperaci贸n, consolidaci贸n y ampliaci贸n del Estado del bienestar que es la joya de la corona socialdem贸crata; sobre todo ahora que se acusa al PSOE, con raz贸n, de haber atentado contra los fundamentos mismos de ese Estado del bienestar. Pero, adem谩s, no hay que reducirse a tal forma de Estado. La plataforma de entendimiento podr铆a partir de la recuperaci贸n de lo que acertadamente la Constituci贸n de 1978 llama "Estado social y democr谩tico de derecho". Esto no quiere decir en absoluto que Palinuro abogue por la intangibilidad de la Constituci贸n; al contrario, piensa que debe reformarse y en profundidad para que recoja, por ejemplo, el derecho de autodeterminaci贸n. Pero aquella f贸rmula permanece ya que es un verdadero programa de izquierda: Estado del bienestar, justicia social, Estado de derecho y garant铆as de las libertades p煤blicas y los derechos de los ciudadanos incluidos, los derechos de las mujeres (aborto), de las minor铆as sexuales (matrimonio y adopciones de gays) as铆 como los econ贸micos y sociales, trabajo, vivienda, educaci贸n y salud.
¿No es un punto de entendimiento suficientemente claro, suficientemente amplio y suficientemente de izquierda?
