7 de octubre de 2012

Elecciones municipales en Brasil, espectáculo neoliberal

OPINIÓN de Marcela Peixoto.-   

A falta de una semana para las elecciones municipales en Brasil, el panorama en este país se presenta cuando menos curioso. Casos como el de la candidata a alcaldesa de Cariús – Ceará, detenida como sospechosa de financiar su campaña con dinero del tráfico de drogas; de candidatos a su reelección que no explican cómo su patrimonio personal se ha quintuplicado durante los cuatro años en la alcaldía o de candidatos que parecen estar en un programa de televisión, tales son sus llamamientos mediáticos. Todos estos casos surgen en un perverso espectáculo, ya sobradamente enrarecido por la corrupción de una clase política desacreditada.

Ante un electorado mayoritariamente carente de formación política, las campañas de las y los candidatos a las alcaldías se perfilan en un atmósfera en la que todo vale. Ya no se trata de un debate entre una minoría de izquierda progresista y una mayoría de derecha conservadora: la “despolitización” de pueblo llega a niveles preocupantes. Sea por la “broma” de votar a ese o aquél “chiflado” porque parece gracioso, o el voto a cambio de un puesto de trabajo, por unos cuantos ladrillos, tejas, gafas y por supuesto algo de dinero, la realidad es que en ese país el proceso electoral se ha convertido en un espectáculo mediático y de intercambio de favores personales. El elector va a votar al candidato que le parezca peculiar o el que ofrezca ventajas personales para él o su familia.

Lo peor es ver como las cosas parecen no moverse o más bien parecen estar empeorando en un contexto donde el evento más esperado casi siempre es el capítulo siguiente de la telenovela. El poder nefasto de los medios de comunicación de masas en la conformación del pensamiento lleva a la opinión pública con llamamientos sin ningún contenido político y parecen suplantar de manera efectiva la capacidad de la gente de pensar y actuar en la construcción de alternativas autónomas. Esa es la realidad del juego político en un país dónde el voto es obligatorio para la mayoría de las y los ciudadanos, la educación pública fundamental casi nunca es de calidad y la sanidad no atiende a las necesidades reales de la población.

El discurso político manchado por la corrupción, carente de contenido ideológico y de propuestas que puedan solucionar los graves problemas sociales y ambientales del país, es actualmente la cara que el Brasil insiste en maquillar de puertas afuera. El deterioro cultural de la sociedad que vio florecer a Vinicius de Moraes y ahora se abalanza sobre un tal Michel Teló, se perfila como algo más preocupante aún, si a eso le añadimos unos niveles de consumo que crecen a pasos agigantados (13,5% en 2012). Lo que realmente está pasando aquí tiene que ver con la incapacidad política para hacer frente a un sistema que pone el acento en el beneficio y que prima que las y los ciudadanos se transformen en consumidores acríticos.

Estamos siendo testigos de campañas electorales en las que ya no se habla de politizar a las personas, llamándolas a reflexionar sobre su realidad. Vemos atónitos como desaparece la capacidad y el interés de un pueblo de pensar el objetivo último de una gestión pública eficaz y comprometida con el bien común, y como se reafirma en el poder una clase política vacía de planteamientos capaces de rescatar (construir) la conciencia crítica de ese pueblo. Es triste pensar que la desgracia de toda una nación (pueblo + territorio) es el plato perfecto para un neoliberalismo de lo más inconsciente.

*Marcela Peixoto es socia de Sodepaz.

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