OPINI脫N de Thierry Meyssan.-
Cada 4 a帽os, la elecci贸n del presidente de los Estados Unidos da lugar a un show de proporciones planetarias con el que la prensa dominante busca convencer a la opini贸n p煤blica internacional de que el pueblo estadounidense elige democr谩ticamente al hombre que va a dirigir el mundo.
En ciertos pa铆ses, especialmente en Europa, la cobertura medi谩tica de ese acontecimiento alcanza proporciones similares, o incluso mayores, a las de la elecci贸n del jefe de Estado local. La prensa insin煤a que aunque esos pa铆ses son democracias, sus ciudadanos no deciden su propio destino, que en realidad depende de la buena voluntad del inquilino de la Casa Blanca. En ese caso, ¿son esos pa铆ses democracias verdaderas?
Lo que sucede es que se confunde el escrutinio electoral con la democracia. Esta observaci贸n es tambi茅n perfectamente aplicable a Estados Unidos. Supuestamente, el gran show electoral estadounidense nos demuestra que Estados Unidos es la representaci贸n misma de la democracia. La realidad es muy diferente.
Contrariamente a la idea generalizada, no es el pueblo estadounidense quien elige a su presidente, ni directamente ni de ninguna otra forma. El pueblo estadounidense no es soberano y los ciudadanos no son electores. El presidente de Estados Unidos es designado por un colegio compuesto de 538 personas –los verdaderos electores– designados a su vez por los Estados que componen la Uni贸n, que son los 煤nicos soberanos. Con el paso del tiempo, los Estados se acostumbraron a consultar a sus ciudadanos antes de designar el colegio de electores. Pero el litigio de Gore contra Bush (en el a帽o 2000) sirvi贸 para recordar que la opini贸n de los ciudadanos tiene un car谩cter exclusivamente consultativo. La Corte Suprema consider贸 que no ten铆a por qu茅 esperar que se volvieran a contar los votos en la Florida para proclamar el ganador. Para la Corte Suprema lo importante no era conocer la opini贸n de los habitantes del Estado de la Florida sino que el Estado designara a sus electores.
Pero la ilusi贸n no se termina ah铆. Durante la estancia de George W. Bush en la Casa Blanca, nadie pod铆a creer que un individuo tan inculto e incompetente fuese quien ejerciera realmente el poder. Todos pensaban que un discreto equipo lo har铆a en su lugar. Sin embargo, cuando Barack Obama se convirti贸 en su sucesor, muchos dedujeron que siendo Obama m谩s inteligente que Bush ser铆a 茅l mismo quien ejerciera el poder. Pero, ¿c贸mo creer que el equipo que ejerc铆a el poder en lugar de Bush renunciar铆a espont谩neamente a hacerlo con la llegada de Obama?
Echemos una ojeada a la agenda del presidente de los Estados Unidos. Est谩 llena de un sinf铆n de audiencias, discursos e inauguraciones. ¿Qui茅n tendr铆a tiempo de informarse sobre todos los temas que se tratan en los discursos que lee el presidente? El presidente de los Estados Unidos tiene de presidente lo mismo que los presentadores de noticieros de televisi贸n tienen de periodistas. Su trabajo es esencialmente el mismo: leer guiones escritos por otras personas. En otras palabras, es un lector de telepromter.
Sin embargo, percibimos confusamente que el show Obama-Romney no es un simple espect谩culo, que algo m谩s se est谩 decidiendo. En efecto, en el sistema constitucional estadounidense la primera funci贸n del presidente es la de nombrar a las personas que ocupar谩n m谩s de 6 000 puestos. La alternancia pol铆tica es por ello como una amplia migraci贸n de las 茅lites. Miles de altos funcionarios y decenas de miles de asistentes y de consejeros pueden verse privados de sus cargos y reemplazados por otros individuos, que en su mayor铆a ser铆an antiguos empleados de la administraci贸n Bush. La elecci贸n presidencial estadounidense es decisiva para las carreras individuales de toda esa gente, lo cual viene acompa帽ado de una larga cadena de corrupci贸n a favor de tales o m谩s cuales transnacionales. Hay por lo tanto muchas razones para invertir dinero, mucho dinero, en ese duelo.
¿Y la pol铆tica internacional? En los 煤ltimos a帽os, los cambios no han provenido del resultado de las elecciones presidenciales sino que se han producido durante el transcurso de los mandatos presidenciales. Bill Clinton (presidente de 1993 al 2000) supuestamente deb铆a continuar la reducci贸n de los presupuestos militares posterior a la desaparici贸n de la URSS y aportar la prosperidad econ贸mica. Pero en 1995 emprendi贸 el rearme de Estados Unidos. George W. Bush (presidente de 2001 a 2008) deb铆a racionalizar el Pent谩gono y librar una «guerra sin fin», pero a finales de 2006 detuvo el proceso de privatizaci贸n del Pent谩gono y comenz贸 a preparar la retirada de las tropas desplegadas en Afganist谩n e Irak. Barack Obama (presidente de 2009 a 2012) deb铆a proseguir la retirada y retomar desde cero las relaciones con Rusia y con el mundo musulm谩n. Y lo que hizo fue construir el escudo antimisiles y apoyar la «revoluci贸n de color» en Egipto, as铆 como las guerras contra Libia y en Siria. En cada una de esas ocasiones los lectores de telepromter no tuvieron el menor escr煤pulo en dar un viraje de 180 grados, traicionando as铆 las promesas que hab铆an hecho a su pueblo.
El verdadero problema de la clase dirigente estadounidense es encontrar el lector de telepromter m谩s apropiado para justificar los virajes pol铆ticos. En ese aspecto, Romney representa una ret贸rica nueva. No deja de proclamar que Estados Unidos est谩 hecho para dirigir el mundo, mientras que Obama admite que el mundo puede guiarse por el derecho internacional. El actual presidente trata de resolver los problemas econ贸micos mediante una importante reducci贸n de los gastos militares y haciendo recaer el peso de la guerra en los hombros de sus aliados. Por ejemplo, subcontrat贸 a franceses y brit谩nicos para que garantizaran la destrucci贸n de Libia. Romney, por el contrario, afirma que, para garantizar el funcionamiento de la econom铆a estadounidense, las fuerzas armadas de Estados Unidos tienen que estar presentes en los cielos y en las aguas internacionales del mundo entero. Y por lo tanto, pretende mantener el nivel de los gastos militares, a pesar de la crisis y como medio de resolverla.
Tensi贸n y suspense. ¿Cu谩l de los dos candidatos, Barack Obama o Mitt Romney, ser谩 el designado para leer el telepromter presidencial VSS-20?
Sea quien sea el candidato ganador, el fondo seguir谩 siendo el mismo. Estados Unidos quiere desligarse del Medio Oriente, del que ya no depende tanto en el plano energ茅tico. Y s贸lo lograr谩 hacerlo compartiendo esa regi贸n con Rusia. Si se mantiene en la Casa Blanca, Obama presentar谩 esa jugada como un progreso del multilateralismo. Si Romney logra desplazarlo, el nuevo presidente afirmar谩 que est谩 aplicando una estrategia similar a la de la 茅poca de Reagan al propiciar el oso ruso se vea enredado en una interminable serie de conflictos. En definitiva, en ese tema como en todos los dem谩s, la 煤nica consecuencia de la elecci贸n presidencial estadounidense ser谩 la selecci贸n de los argumentos a utilizar para convencernos de que Estados Unidos es una democracia poderosa y justa. As铆 que… ¿de qu茅 nos quejamos?
Cada 4 a帽os, la elecci贸n del presidente de los Estados Unidos da lugar a un show de proporciones planetarias con el que la prensa dominante busca convencer a la opini贸n p煤blica internacional de que el pueblo estadounidense elige democr谩ticamente al hombre que va a dirigir el mundo.
En ciertos pa铆ses, especialmente en Europa, la cobertura medi谩tica de ese acontecimiento alcanza proporciones similares, o incluso mayores, a las de la elecci贸n del jefe de Estado local. La prensa insin煤a que aunque esos pa铆ses son democracias, sus ciudadanos no deciden su propio destino, que en realidad depende de la buena voluntad del inquilino de la Casa Blanca. En ese caso, ¿son esos pa铆ses democracias verdaderas?
Lo que sucede es que se confunde el escrutinio electoral con la democracia. Esta observaci贸n es tambi茅n perfectamente aplicable a Estados Unidos. Supuestamente, el gran show electoral estadounidense nos demuestra que Estados Unidos es la representaci贸n misma de la democracia. La realidad es muy diferente.
Contrariamente a la idea generalizada, no es el pueblo estadounidense quien elige a su presidente, ni directamente ni de ninguna otra forma. El pueblo estadounidense no es soberano y los ciudadanos no son electores. El presidente de Estados Unidos es designado por un colegio compuesto de 538 personas –los verdaderos electores– designados a su vez por los Estados que componen la Uni贸n, que son los 煤nicos soberanos. Con el paso del tiempo, los Estados se acostumbraron a consultar a sus ciudadanos antes de designar el colegio de electores. Pero el litigio de Gore contra Bush (en el a帽o 2000) sirvi贸 para recordar que la opini贸n de los ciudadanos tiene un car谩cter exclusivamente consultativo. La Corte Suprema consider贸 que no ten铆a por qu茅 esperar que se volvieran a contar los votos en la Florida para proclamar el ganador. Para la Corte Suprema lo importante no era conocer la opini贸n de los habitantes del Estado de la Florida sino que el Estado designara a sus electores.
Pero la ilusi贸n no se termina ah铆. Durante la estancia de George W. Bush en la Casa Blanca, nadie pod铆a creer que un individuo tan inculto e incompetente fuese quien ejerciera realmente el poder. Todos pensaban que un discreto equipo lo har铆a en su lugar. Sin embargo, cuando Barack Obama se convirti贸 en su sucesor, muchos dedujeron que siendo Obama m谩s inteligente que Bush ser铆a 茅l mismo quien ejerciera el poder. Pero, ¿c贸mo creer que el equipo que ejerc铆a el poder en lugar de Bush renunciar铆a espont谩neamente a hacerlo con la llegada de Obama?
Echemos una ojeada a la agenda del presidente de los Estados Unidos. Est谩 llena de un sinf铆n de audiencias, discursos e inauguraciones. ¿Qui茅n tendr铆a tiempo de informarse sobre todos los temas que se tratan en los discursos que lee el presidente? El presidente de los Estados Unidos tiene de presidente lo mismo que los presentadores de noticieros de televisi贸n tienen de periodistas. Su trabajo es esencialmente el mismo: leer guiones escritos por otras personas. En otras palabras, es un lector de telepromter.
Sin embargo, percibimos confusamente que el show Obama-Romney no es un simple espect谩culo, que algo m谩s se est谩 decidiendo. En efecto, en el sistema constitucional estadounidense la primera funci贸n del presidente es la de nombrar a las personas que ocupar谩n m谩s de 6 000 puestos. La alternancia pol铆tica es por ello como una amplia migraci贸n de las 茅lites. Miles de altos funcionarios y decenas de miles de asistentes y de consejeros pueden verse privados de sus cargos y reemplazados por otros individuos, que en su mayor铆a ser铆an antiguos empleados de la administraci贸n Bush. La elecci贸n presidencial estadounidense es decisiva para las carreras individuales de toda esa gente, lo cual viene acompa帽ado de una larga cadena de corrupci贸n a favor de tales o m谩s cuales transnacionales. Hay por lo tanto muchas razones para invertir dinero, mucho dinero, en ese duelo.
¿Y la pol铆tica internacional? En los 煤ltimos a帽os, los cambios no han provenido del resultado de las elecciones presidenciales sino que se han producido durante el transcurso de los mandatos presidenciales. Bill Clinton (presidente de 1993 al 2000) supuestamente deb铆a continuar la reducci贸n de los presupuestos militares posterior a la desaparici贸n de la URSS y aportar la prosperidad econ贸mica. Pero en 1995 emprendi贸 el rearme de Estados Unidos. George W. Bush (presidente de 2001 a 2008) deb铆a racionalizar el Pent谩gono y librar una «guerra sin fin», pero a finales de 2006 detuvo el proceso de privatizaci贸n del Pent谩gono y comenz贸 a preparar la retirada de las tropas desplegadas en Afganist谩n e Irak. Barack Obama (presidente de 2009 a 2012) deb铆a proseguir la retirada y retomar desde cero las relaciones con Rusia y con el mundo musulm谩n. Y lo que hizo fue construir el escudo antimisiles y apoyar la «revoluci贸n de color» en Egipto, as铆 como las guerras contra Libia y en Siria. En cada una de esas ocasiones los lectores de telepromter no tuvieron el menor escr煤pulo en dar un viraje de 180 grados, traicionando as铆 las promesas que hab铆an hecho a su pueblo.
El verdadero problema de la clase dirigente estadounidense es encontrar el lector de telepromter m谩s apropiado para justificar los virajes pol铆ticos. En ese aspecto, Romney representa una ret贸rica nueva. No deja de proclamar que Estados Unidos est谩 hecho para dirigir el mundo, mientras que Obama admite que el mundo puede guiarse por el derecho internacional. El actual presidente trata de resolver los problemas econ贸micos mediante una importante reducci贸n de los gastos militares y haciendo recaer el peso de la guerra en los hombros de sus aliados. Por ejemplo, subcontrat贸 a franceses y brit谩nicos para que garantizaran la destrucci贸n de Libia. Romney, por el contrario, afirma que, para garantizar el funcionamiento de la econom铆a estadounidense, las fuerzas armadas de Estados Unidos tienen que estar presentes en los cielos y en las aguas internacionales del mundo entero. Y por lo tanto, pretende mantener el nivel de los gastos militares, a pesar de la crisis y como medio de resolverla.
Tensi贸n y suspense. ¿Cu谩l de los dos candidatos, Barack Obama o Mitt Romney, ser谩 el designado para leer el telepromter presidencial VSS-20?
Sea quien sea el candidato ganador, el fondo seguir谩 siendo el mismo. Estados Unidos quiere desligarse del Medio Oriente, del que ya no depende tanto en el plano energ茅tico. Y s贸lo lograr谩 hacerlo compartiendo esa regi贸n con Rusia. Si se mantiene en la Casa Blanca, Obama presentar谩 esa jugada como un progreso del multilateralismo. Si Romney logra desplazarlo, el nuevo presidente afirmar谩 que est谩 aplicando una estrategia similar a la de la 茅poca de Reagan al propiciar el oso ruso se vea enredado en una interminable serie de conflictos. En definitiva, en ese tema como en todos los dem谩s, la 煤nica consecuencia de la elecci贸n presidencial estadounidense ser谩 la selecci贸n de los argumentos a utilizar para convencernos de que Estados Unidos es una democracia poderosa y justa. As铆 que… ¿de qu茅 nos quejamos?
*Voltairenet
