OPINI脫N de Andy Storey.-
“La conquista de la tierra, que b谩sicamente significa quit谩rsela a aquellos que tienen una tez diferente o la nariz ligeramente m谩s chata que nosotros, no es un buen asunto cuando lo analizas con detalle…”, admite el monstruo imperialista Kurtz de la novela de Joseph Conrad El coraz贸n de las tinieblas (Heart of darkness).
En el libro Ireland in the World Order. A History of Uneven Development, Maurice Coakley comenta que “Lo que distingui贸 claramente a Irlanda de otras islas atl谩nticas, en la transici贸n desde el final de la era medieval al comienzo de la era moderna, es la forma en la que Irlanda fue incorporada al nuevo orden pol铆tico centralizado: la fuerza bruta de la conquista… implicando devastaci贸n humana y material”. Es oportuno recordar los brutales hechos de la conquista, en estos tiempos en los que algunos historiadores y pol铆ticos se empe帽an en la rom谩ntica rehabilitaci贸n del imperialismo. El secretario de exteriores brit谩nico William Hague declar贸 recientemente que “Tenemos que escapar de esta culpabilidad post-colonial”, haci茅ndose eco de la siguiente afirmaci贸n de Gordon Brown, en 2005: “Los d铆as de los brit谩nicos teniendo que disculparse por su pasado colonial han terminado”. Quiz谩s me he perdido algo. ¿Cu谩ndo empezaron a pedir disculpas?
La raz贸n por la que la fuerza bruta fue necesaria en Irlanda se debi贸 a que el orden social ga茅lico (con las limitaciones inherentes a la cantidad de excedente social, que se basaba, especialmente, en la propiedad individual de la tierra) fue tal que la mayor铆a de sus l铆deres no pudieron ser sometidos por el emergente estado moderno centralizado. El orden ga茅lico en s铆 mismo tuvo que ser exterminado.
Como Maurice explica, “no fue solamente un asunto de desapoderar a una pendenciera elite local, sino la erradicaci贸n de un orden social en su totalidad, una forma de vida. (…) Las nuevas estructuras sociales establecidas se basaron en altos niveles de coacci贸n y en la exclusi贸n sistem谩tica de la poblaci贸n ind铆gena de las instituciones del poder”. Factores entrelazados de religi贸n y alfabetizaci贸n (o la falta de ello) agravaron esta separaci贸n entre el grupo dominante y la masa del pueblo. Una de las caracter铆sticas de este modelo de desarrollo, o subdesarrollo, fue la ausencia de una amplia base de capitalismo agrario en Irlanda, y esto mismo ocurri贸 en otras partes del mundo, como Maurice documenta, aprovechando la experiencia de Mike Davis.
“En regiones donde el sistema agrario pre-capitalista estaba presente, y donde el poder colonial domin贸 en la era de la industrializaci贸n, las consecuencias fueron m谩s o menos catastr贸ficas. El intento por parte de los gobernantes coloniales europeos de llevar a marchas forzadas estas sociedades hacia un sistema comercial de agricultura cre贸 una gran masa de exceso de mano de obra y dej贸 una estela de caos ecol贸gico. Simult谩neamente, aquellas industrias de fabricaci贸n que esas sociedades pose铆an fueron primero limitadas por las restricciones mercantilistas del poder colonial y despu茅s estuvieron sujetas a la guerra rel谩mpago del libre comercio por las recientes industrias mecanizadas de Gran Breta帽a y otras potencias coloniales”. De este modo fueron destruidas las industrias textiles de Inglaterra e India y las de muchos otros pa铆ses, como han argumentado en los 煤ltimos a帽os escritores tales como Ha-Joon Chang en sus historias revisadas del “libre” comercio.
Mike Davis habla de c贸mo el empobrecimiento fue de este modo la otra cara de la modernizaci贸n, o de c贸mo lo que nosotros ahora llamamos el “tercer mundo” fue creado a trav茅s de lo que Davis memorablemente describe como “el tard铆o holocausto Victoriano” a lo largo de Africa, Asia y Lationame茅rica. Como Mauricio explica, “el subdesarrollo es el da帽o colateral de la expansi贸n del capitalismo”. Y as铆 sigue.
El empobrecimiento de pa铆ses como Irlanda e India alent贸 el camino para la independencia pol铆tica, en cuanto a que fue visto como un prerrequisito para el desarrollo econ贸mico o al menos como la 煤nica v铆a de escape del deterioro econ贸mico. Tal como el nacionalista pan-africano Kwane Nkrumah expuso, “buscad primero el reino de la pol铆tica y todo lo dem谩s vendr谩 despu茅s”.
Aquel mensaje todav铆a resuena en los actuales movimientos pol铆ticos en contra del neoliberalismo en Latinoam茅rica y otros lugares. ¿Qu茅 es el “nacionalismo de recursos”, la reclamaci贸n del derecho de las personas sobre el agua y el gas que su tierra contiene de los movimientos sociales en Bolivia, si no el deseo de utilizar medios pac铆ficos para garantizar el bienestar econ贸mico o simplemente la supervivencia? Por supuesto que hoy se plantean retos de sostenibilidad ambiental, pero el paralelismo con la historia que Maurice documenta es evidente. Asimismo, ¿qu茅 es la auditor铆a de la deuda, seguida del rechazo de la deuda considera ileg铆tima en Ecuador a finales del 2000, si no una afirmaci贸n de la voluntad pol铆tica y de la capacidad para promover el bienestar de su propia gente en contra, en este caso ,de instituciones financieras globales?
¿Reivindicando el control de los recursos naturales? ¿Rechazando deuda ileg铆tima? ¿Alguna posibilidad de que esto ocurra aqu铆 en un futuro cercano? La a la vez hilarante y tr谩gica introducci贸n del libro de Maurice cita a funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) desconcertados con el hecho de que las autoridades irlandesas estaban a finales del 2010 del lado del Banco Central Europeo (BCE), en contra de cualquier “quita” para los acreedores de la deuda irlandesa. Desde el FMI se concluy贸 que el equipo irland茅s estaba sufriendo el “s铆ndrome de Estocolmo”, que eran rehenes de quienes hab铆an llegado a identificarse con sus secuestradores. Pero Maurice establece las razones estructurales de esta postura. Si en anteriores periodos de la historia se vio el triunfo de la independencia local como vital para el progreso econ贸mico de Irlanda, en las d茅cadas m谩s recientes se ha experimentado un cambio dram谩tico, como Maurice explica:
“La cercana integraci贸n del capitalismo Noratl谩ntico en la segunda mitad del siglo veinte pareci贸 ofrecer a la elite irlandesa una v铆a de escape a la trampa del subdesarrollo. Donde anteriores estrategias de progreso fueron establecidas en la reafirmaci贸n de mayor independencia nacional, como Maurice nos lleva a observar, “las altas esferas de la elite irlandesa han llegado a ser fabulosamente ricas, estableci茅ndose ellas mismas como intermediarios en estos circuitos; muchos m谩s han llegado a ser moderadamente ricos durante este proceso”. Para estas personas, la persecuci贸n de la “pol铆tica brit谩nica” hab铆a llegado a ser un anacronismo, o incluso una amenaza, y reservaron su particular odio para aquellos republicanos que todav铆a ve铆an la b煤squeda de la independencia nacional como el problema m谩s acuciante que resolver. Para las elites el romper ahora con la estrategia de subordinaci贸n es casi impensable, incluso si, una vez m谩s, significa el empobrecimiento de la sociedad irlandesa, es el momento de mantener las fortunas de los especuladores financieros a trav茅s del repago de la deuda ilegitima.
Pero la subordinaci贸n no parece tan atractiva a la mayor铆a de la poblaci贸n. Entonces, argumenta Maurice, la situaci贸n actual una vez m谩s saca la “pregunta nacional” a la palestra: “Una de las iron铆as de la situaci贸n actual es que soberan铆a y democracia nacional, los temas claves de los movimientos nacionales de independencia que durante largo tiempo han sido considerados como anticuados y completamente irrelevantes, han resurgido como la demanda de derechos en el discurso popular. Decir que la cuesti贸n nacional ha sido impuesta forzosamente por la crisis financiera no es para afirmar que hay una respuesta nacional a la crisis. La dif铆cil situaci贸n irlandesa de servidumbre por deudas es parte de una amplia pauta: La resistencia solamente puede tener 茅xito si es parte de una amplia uni贸n”.
Si la historia irlandesa nos ofrece lecciones en conquista y opresi贸n, afortunadamente tambi茅n nos muestra lecciones en la organizaci贸n con 茅xito de tal resistencia. Maurice, en uno de sus pasajes m谩s optimista del libro, se帽ala, “un activo que la cultura pol铆tica irlandesa posee es una larga tradici贸n de rebeli贸n contra la injusticia”. La sociedad de la tierra, la campa帽a anti-aislamiento y los movimientos de derechos civiles, todos ellos, ofrecen valiosos ejemplos de movimientos populares de insubordinaci贸n. Los desaf铆os de la organizaci贸n de equivalentes coaliciones modernas de resistencia preocupan a muchos de nosotros en nuestra vida diaria ahora mismo. Pero siempre vale la pena que nos detengamos para reflexionar sobre qu茅 nos ense帽a la historia y qu茅 deber铆amos aprender del resto del mundo. Dar la vuelta al viejo clich茅, “¡No hagas nada! Si茅ntate aqu铆”. Haced ambas cosas: sentaos aqu铆 y leed un buen libro. Si est谩s interesado en la lectura del mejor libro disponible sobre c贸mo hemos llegado a d贸nde estamos y en c贸mo a煤n ser铆a posible ir a otro lugar, entonces lee Ireland in the World Order. A History of Uneven Development, de Maurice Coakley.
“La conquista de la tierra, que b谩sicamente significa quit谩rsela a aquellos que tienen una tez diferente o la nariz ligeramente m谩s chata que nosotros, no es un buen asunto cuando lo analizas con detalle…”, admite el monstruo imperialista Kurtz de la novela de Joseph Conrad El coraz贸n de las tinieblas (Heart of darkness).
En el libro Ireland in the World Order. A History of Uneven Development, Maurice Coakley comenta que “Lo que distingui贸 claramente a Irlanda de otras islas atl谩nticas, en la transici贸n desde el final de la era medieval al comienzo de la era moderna, es la forma en la que Irlanda fue incorporada al nuevo orden pol铆tico centralizado: la fuerza bruta de la conquista… implicando devastaci贸n humana y material”. Es oportuno recordar los brutales hechos de la conquista, en estos tiempos en los que algunos historiadores y pol铆ticos se empe帽an en la rom谩ntica rehabilitaci贸n del imperialismo. El secretario de exteriores brit谩nico William Hague declar贸 recientemente que “Tenemos que escapar de esta culpabilidad post-colonial”, haci茅ndose eco de la siguiente afirmaci贸n de Gordon Brown, en 2005: “Los d铆as de los brit谩nicos teniendo que disculparse por su pasado colonial han terminado”. Quiz谩s me he perdido algo. ¿Cu谩ndo empezaron a pedir disculpas?
La raz贸n por la que la fuerza bruta fue necesaria en Irlanda se debi贸 a que el orden social ga茅lico (con las limitaciones inherentes a la cantidad de excedente social, que se basaba, especialmente, en la propiedad individual de la tierra) fue tal que la mayor铆a de sus l铆deres no pudieron ser sometidos por el emergente estado moderno centralizado. El orden ga茅lico en s铆 mismo tuvo que ser exterminado.
Como Maurice explica, “no fue solamente un asunto de desapoderar a una pendenciera elite local, sino la erradicaci贸n de un orden social en su totalidad, una forma de vida. (…) Las nuevas estructuras sociales establecidas se basaron en altos niveles de coacci贸n y en la exclusi贸n sistem谩tica de la poblaci贸n ind铆gena de las instituciones del poder”. Factores entrelazados de religi贸n y alfabetizaci贸n (o la falta de ello) agravaron esta separaci贸n entre el grupo dominante y la masa del pueblo. Una de las caracter铆sticas de este modelo de desarrollo, o subdesarrollo, fue la ausencia de una amplia base de capitalismo agrario en Irlanda, y esto mismo ocurri贸 en otras partes del mundo, como Maurice documenta, aprovechando la experiencia de Mike Davis.
“En regiones donde el sistema agrario pre-capitalista estaba presente, y donde el poder colonial domin贸 en la era de la industrializaci贸n, las consecuencias fueron m谩s o menos catastr贸ficas. El intento por parte de los gobernantes coloniales europeos de llevar a marchas forzadas estas sociedades hacia un sistema comercial de agricultura cre贸 una gran masa de exceso de mano de obra y dej贸 una estela de caos ecol贸gico. Simult谩neamente, aquellas industrias de fabricaci贸n que esas sociedades pose铆an fueron primero limitadas por las restricciones mercantilistas del poder colonial y despu茅s estuvieron sujetas a la guerra rel谩mpago del libre comercio por las recientes industrias mecanizadas de Gran Breta帽a y otras potencias coloniales”. De este modo fueron destruidas las industrias textiles de Inglaterra e India y las de muchos otros pa铆ses, como han argumentado en los 煤ltimos a帽os escritores tales como Ha-Joon Chang en sus historias revisadas del “libre” comercio.
Mike Davis habla de c贸mo el empobrecimiento fue de este modo la otra cara de la modernizaci贸n, o de c贸mo lo que nosotros ahora llamamos el “tercer mundo” fue creado a trav茅s de lo que Davis memorablemente describe como “el tard铆o holocausto Victoriano” a lo largo de Africa, Asia y Lationame茅rica. Como Mauricio explica, “el subdesarrollo es el da帽o colateral de la expansi贸n del capitalismo”. Y as铆 sigue.
El empobrecimiento de pa铆ses como Irlanda e India alent贸 el camino para la independencia pol铆tica, en cuanto a que fue visto como un prerrequisito para el desarrollo econ贸mico o al menos como la 煤nica v铆a de escape del deterioro econ贸mico. Tal como el nacionalista pan-africano Kwane Nkrumah expuso, “buscad primero el reino de la pol铆tica y todo lo dem谩s vendr谩 despu茅s”.
Aquel mensaje todav铆a resuena en los actuales movimientos pol铆ticos en contra del neoliberalismo en Latinoam茅rica y otros lugares. ¿Qu茅 es el “nacionalismo de recursos”, la reclamaci贸n del derecho de las personas sobre el agua y el gas que su tierra contiene de los movimientos sociales en Bolivia, si no el deseo de utilizar medios pac铆ficos para garantizar el bienestar econ贸mico o simplemente la supervivencia? Por supuesto que hoy se plantean retos de sostenibilidad ambiental, pero el paralelismo con la historia que Maurice documenta es evidente. Asimismo, ¿qu茅 es la auditor铆a de la deuda, seguida del rechazo de la deuda considera ileg铆tima en Ecuador a finales del 2000, si no una afirmaci贸n de la voluntad pol铆tica y de la capacidad para promover el bienestar de su propia gente en contra, en este caso ,de instituciones financieras globales?
¿Reivindicando el control de los recursos naturales? ¿Rechazando deuda ileg铆tima? ¿Alguna posibilidad de que esto ocurra aqu铆 en un futuro cercano? La a la vez hilarante y tr谩gica introducci贸n del libro de Maurice cita a funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) desconcertados con el hecho de que las autoridades irlandesas estaban a finales del 2010 del lado del Banco Central Europeo (BCE), en contra de cualquier “quita” para los acreedores de la deuda irlandesa. Desde el FMI se concluy贸 que el equipo irland茅s estaba sufriendo el “s铆ndrome de Estocolmo”, que eran rehenes de quienes hab铆an llegado a identificarse con sus secuestradores. Pero Maurice establece las razones estructurales de esta postura. Si en anteriores periodos de la historia se vio el triunfo de la independencia local como vital para el progreso econ贸mico de Irlanda, en las d茅cadas m谩s recientes se ha experimentado un cambio dram谩tico, como Maurice explica:
“La cercana integraci贸n del capitalismo Noratl谩ntico en la segunda mitad del siglo veinte pareci贸 ofrecer a la elite irlandesa una v铆a de escape a la trampa del subdesarrollo. Donde anteriores estrategias de progreso fueron establecidas en la reafirmaci贸n de mayor independencia nacional, como Maurice nos lleva a observar, “las altas esferas de la elite irlandesa han llegado a ser fabulosamente ricas, estableci茅ndose ellas mismas como intermediarios en estos circuitos; muchos m谩s han llegado a ser moderadamente ricos durante este proceso”. Para estas personas, la persecuci贸n de la “pol铆tica brit谩nica” hab铆a llegado a ser un anacronismo, o incluso una amenaza, y reservaron su particular odio para aquellos republicanos que todav铆a ve铆an la b煤squeda de la independencia nacional como el problema m谩s acuciante que resolver. Para las elites el romper ahora con la estrategia de subordinaci贸n es casi impensable, incluso si, una vez m谩s, significa el empobrecimiento de la sociedad irlandesa, es el momento de mantener las fortunas de los especuladores financieros a trav茅s del repago de la deuda ilegitima.
Pero la subordinaci贸n no parece tan atractiva a la mayor铆a de la poblaci贸n. Entonces, argumenta Maurice, la situaci贸n actual una vez m谩s saca la “pregunta nacional” a la palestra: “Una de las iron铆as de la situaci贸n actual es que soberan铆a y democracia nacional, los temas claves de los movimientos nacionales de independencia que durante largo tiempo han sido considerados como anticuados y completamente irrelevantes, han resurgido como la demanda de derechos en el discurso popular. Decir que la cuesti贸n nacional ha sido impuesta forzosamente por la crisis financiera no es para afirmar que hay una respuesta nacional a la crisis. La dif铆cil situaci贸n irlandesa de servidumbre por deudas es parte de una amplia pauta: La resistencia solamente puede tener 茅xito si es parte de una amplia uni贸n”.
Si la historia irlandesa nos ofrece lecciones en conquista y opresi贸n, afortunadamente tambi茅n nos muestra lecciones en la organizaci贸n con 茅xito de tal resistencia. Maurice, en uno de sus pasajes m谩s optimista del libro, se帽ala, “un activo que la cultura pol铆tica irlandesa posee es una larga tradici贸n de rebeli贸n contra la injusticia”. La sociedad de la tierra, la campa帽a anti-aislamiento y los movimientos de derechos civiles, todos ellos, ofrecen valiosos ejemplos de movimientos populares de insubordinaci贸n. Los desaf铆os de la organizaci贸n de equivalentes coaliciones modernas de resistencia preocupan a muchos de nosotros en nuestra vida diaria ahora mismo. Pero siempre vale la pena que nos detengamos para reflexionar sobre qu茅 nos ense帽a la historia y qu茅 deber铆amos aprender del resto del mundo. Dar la vuelta al viejo clich茅, “¡No hagas nada! Si茅ntate aqu铆”. Haced ambas cosas: sentaos aqu铆 y leed un buen libro. Si est谩s interesado en la lectura del mejor libro disponible sobre c贸mo hemos llegado a d贸nde estamos y en c贸mo a煤n ser铆a posible ir a otro lugar, entonces lee Ireland in the World Order. A History of Uneven Development, de Maurice Coakley.
*Presentaci贸n realizada por Andy Storey del libro Ireland in the World Order: a History of Uneven Development, de Maurice Coakley. 20 de septiembre de 2012, Irlanda.Art铆culo traducido para Pueblos - Revista de Informaci贸n y Debate por Ana Pernichi.
