OPINI脫N de 脕lvaro Cuadra.-
Una de las paradojas del Chile de hoy radica en que despu茅s de m谩s de dos d茅cadas del llamado “retorno a la democracia”, los sectores m谩s reaccionarios del pa铆s se las hayan ingeniado para que todo siga igual, cuando no mejor, para sus negocios. Durante cuatro gobiernos consecutivos lograron vetar cualquier cambio que pusiera en riesgo su posici贸n de privilegio, minando la credibilidad de los pol铆ticos concertacionistas al punto de erigirse en alternativa presidencial. Lo cierto es que la derecha chilena, sea como oposici贸n o como gobierno no ha perdido, hasta aqu铆, la iniciativa.
Entre las fortalezas de este sector pol铆tico debemos consignar la cultura olig谩rquica en que se desenvuelve todo en este pa铆s, desde la pol铆tica a los negocios. Sumemos a esto la presencia hegem贸nica de sectores eclesi谩sticos, castrenses y financieros que act煤an como verdaderos “poderes f谩cticos”. No obstante su aparente fortaleza, la derecha adolece de no pocas contradicciones que, a ratos, le juegan en contra. Nuestra vieja derecha reconoce, a grandes rasgos, tres grandes corrientes que la conforman, a saber: el nacionalismo, el fundamentalismo cat贸lico y el liberalismo econ贸mico. En la actualidad, asistimos a las tensiones derivadas de la vehemente, y a ratos inescrupulosa, expansi贸n financiera que contrasta con una derecha asentada en presupuestos morales ancestrales.
El gobierno del presidente Sebasti谩n Pi帽era ha puesto de manifiesto ciertas fisuras en el tinglado pol铆tico de nuestra derecha, grietas que responden a la contingencia, pero que se hunden en la misma heterogeneidad del sector social y pol铆tico en que se afirma. Estas definiciones ser谩n decisivas a la hora de encarar las pr贸ximas elecciones presidenciales, m谩s todav铆a si consideramos la irrupci贸n de un cierto “malestar ciudadano” que no advierte los presuntos beneficios del proceso modernizador neoliberal. Hasta el presente, las respuestas ante las diversas demandas de distintos sectores sociales han sido m谩s bien improvisados parches que no modifican el fondo de los problemas planteados.
Si bien la oposici贸n concertacionista est谩 disminuida y desprestigiada, no es menos cierto que la figura de la ex mandataria Michelle Bachelet se pasea como un fantasma que bien pudiera restituir un gobierno reformista, arrastrando a la derecha, una vez m谩s, a su condici贸n opositora. Todo esto en un contexto donde los movimientos sociales ya no son mera teor铆a sino una presencia en las calles y el concepto de “Asamblea Constituyente” ha dejado de ser un tab煤 pol铆tico. A todo esto se suma un mundo convulso en que el horizonte de una recesi贸n global y de una conflagraci贸n de proporciones est谩 dentro de lo posible. Se hace dif铆cil pensar que “La Era Dorada” de la derecha, amparada en una constituci贸n hecha a su medida, puede prolongarse indefinidamente durante el presente decenio.
* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS
Una de las paradojas del Chile de hoy radica en que despu茅s de m谩s de dos d茅cadas del llamado “retorno a la democracia”, los sectores m谩s reaccionarios del pa铆s se las hayan ingeniado para que todo siga igual, cuando no mejor, para sus negocios. Durante cuatro gobiernos consecutivos lograron vetar cualquier cambio que pusiera en riesgo su posici贸n de privilegio, minando la credibilidad de los pol铆ticos concertacionistas al punto de erigirse en alternativa presidencial. Lo cierto es que la derecha chilena, sea como oposici贸n o como gobierno no ha perdido, hasta aqu铆, la iniciativa.
Entre las fortalezas de este sector pol铆tico debemos consignar la cultura olig谩rquica en que se desenvuelve todo en este pa铆s, desde la pol铆tica a los negocios. Sumemos a esto la presencia hegem贸nica de sectores eclesi谩sticos, castrenses y financieros que act煤an como verdaderos “poderes f谩cticos”. No obstante su aparente fortaleza, la derecha adolece de no pocas contradicciones que, a ratos, le juegan en contra. Nuestra vieja derecha reconoce, a grandes rasgos, tres grandes corrientes que la conforman, a saber: el nacionalismo, el fundamentalismo cat贸lico y el liberalismo econ贸mico. En la actualidad, asistimos a las tensiones derivadas de la vehemente, y a ratos inescrupulosa, expansi贸n financiera que contrasta con una derecha asentada en presupuestos morales ancestrales.
El gobierno del presidente Sebasti谩n Pi帽era ha puesto de manifiesto ciertas fisuras en el tinglado pol铆tico de nuestra derecha, grietas que responden a la contingencia, pero que se hunden en la misma heterogeneidad del sector social y pol铆tico en que se afirma. Estas definiciones ser谩n decisivas a la hora de encarar las pr贸ximas elecciones presidenciales, m谩s todav铆a si consideramos la irrupci贸n de un cierto “malestar ciudadano” que no advierte los presuntos beneficios del proceso modernizador neoliberal. Hasta el presente, las respuestas ante las diversas demandas de distintos sectores sociales han sido m谩s bien improvisados parches que no modifican el fondo de los problemas planteados.
Si bien la oposici贸n concertacionista est谩 disminuida y desprestigiada, no es menos cierto que la figura de la ex mandataria Michelle Bachelet se pasea como un fantasma que bien pudiera restituir un gobierno reformista, arrastrando a la derecha, una vez m谩s, a su condici贸n opositora. Todo esto en un contexto donde los movimientos sociales ya no son mera teor铆a sino una presencia en las calles y el concepto de “Asamblea Constituyente” ha dejado de ser un tab煤 pol铆tico. A todo esto se suma un mundo convulso en que el horizonte de una recesi贸n global y de una conflagraci贸n de proporciones est谩 dentro de lo posible. Se hace dif铆cil pensar que “La Era Dorada” de la derecha, amparada en una constituci贸n hecha a su medida, puede prolongarse indefinidamente durante el presente decenio.
* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS
