OPINI脫N de Carlos Carnicero.-
Hay ocasiones en las que una mayor铆a absoluta es poca cosa. Claro, sirve para manejar el Bolet铆n Oficial del Estado a golpe de decreto ley. Pero cuando la realidad internacional, la pol铆tica interior y la ciudadan铆a dan la espalda al proyecto arropado por m谩s de la mitad m谩s uno de los ciudadanos, el pacto se hace imprescindible.
Ahora, con la crisis catalana en un punto en el que todo el mundo quiere ganar un concurso infantil de quien micciona m谩s lejos, la temperatura empieza a ser insoportable.
Con la colaboraci贸n de Jos茅 Ignacio Wert, la carrera hacia el desprop贸sito est谩 asegurada, porque Artur Mas quiere pasar a la historia. Y esas obsesiones siempre dinamitan una sociedad.
Los disparates se hacen realidad si hay una densidad de irresponsables en puestos relevantes que la hacen posible. Estamos en esa. El grito de independencia no es m谩s que el “s谩lvese quien pueda” de este incendio generalizado de Espa帽a. Ocasiones como estas requieren estadistas, una especie en extinci贸n gracias a las obsesiones demosc贸picas por la pr贸xima elecci贸n: son una venda que impide ver el futuro.
Hay un dicho repetido de que las crisis son ocasi贸n de nuevas oportunidades. Siempre que haya talento para dar la vuelta a la din谩mica generada hacia el caos que impulsen una reformulaci贸n de la realidad. No es caso: aqu铆 hay demasiada gente empujando hacia el abismo. 脡poca de fan谩ticos iluminados obsesionados con su ceguera. Empezando por 脕ngela Merkel, desguazando y fraccionando Europa en un rumbo sin salida m谩s que hacia la pobreza del sur y la crisis del norte. Mariano Rajoy es, probablemente, un bien intencionado. Es lo peor que se puede decir enumerando las condiciones de alguien. Est谩 solo. En Europa, aunque hace escarceos con Italia y Francia. En Espa帽a, donde el incumplimiento de su programa electoral est谩 asentado solo en sus propios votos y con casi toda la sociedad enfrente. No ha sido capaz de definir un horizonte concreto de esperanza que provoque adhesi贸n en la ciudadan铆a. Y ahora, Catalu帽a se le va de las manos y lo 煤nico que se le ocurre es “espa帽olizar” a los ni帽os catalanes. Wert est谩 agujereando los botes de salvavidas. Y le encanta la provocaci贸n como tecnolog铆a de aceleraci贸n de los desastres. Cuando llega a casa, se mira en el espejo y se reconoce como el mejor de los machos que dice lo que le pide el cuerpo.
Sin dramatismos, estamos en una emergencia nacional en la que se impone un gabinete de crisis con pactos con los partidos y las fuerzas sociales. Pactar es ceder y acordar. Y ese d铆a el presidente de Gobierno no acudi贸 a clase. Deber铆a hacer un esfuerzo para entender que el barco se le est谩 hundiendo y debiera hacer una llamada de SOS.
Hay ocasiones en las que una mayor铆a absoluta es poca cosa. Claro, sirve para manejar el Bolet铆n Oficial del Estado a golpe de decreto ley. Pero cuando la realidad internacional, la pol铆tica interior y la ciudadan铆a dan la espalda al proyecto arropado por m谩s de la mitad m谩s uno de los ciudadanos, el pacto se hace imprescindible.
Ahora, con la crisis catalana en un punto en el que todo el mundo quiere ganar un concurso infantil de quien micciona m谩s lejos, la temperatura empieza a ser insoportable.
Con la colaboraci贸n de Jos茅 Ignacio Wert, la carrera hacia el desprop贸sito est谩 asegurada, porque Artur Mas quiere pasar a la historia. Y esas obsesiones siempre dinamitan una sociedad.
Los disparates se hacen realidad si hay una densidad de irresponsables en puestos relevantes que la hacen posible. Estamos en esa. El grito de independencia no es m谩s que el “s谩lvese quien pueda” de este incendio generalizado de Espa帽a. Ocasiones como estas requieren estadistas, una especie en extinci贸n gracias a las obsesiones demosc贸picas por la pr贸xima elecci贸n: son una venda que impide ver el futuro.
Hay un dicho repetido de que las crisis son ocasi贸n de nuevas oportunidades. Siempre que haya talento para dar la vuelta a la din谩mica generada hacia el caos que impulsen una reformulaci贸n de la realidad. No es caso: aqu铆 hay demasiada gente empujando hacia el abismo. 脡poca de fan谩ticos iluminados obsesionados con su ceguera. Empezando por 脕ngela Merkel, desguazando y fraccionando Europa en un rumbo sin salida m谩s que hacia la pobreza del sur y la crisis del norte. Mariano Rajoy es, probablemente, un bien intencionado. Es lo peor que se puede decir enumerando las condiciones de alguien. Est谩 solo. En Europa, aunque hace escarceos con Italia y Francia. En Espa帽a, donde el incumplimiento de su programa electoral est谩 asentado solo en sus propios votos y con casi toda la sociedad enfrente. No ha sido capaz de definir un horizonte concreto de esperanza que provoque adhesi贸n en la ciudadan铆a. Y ahora, Catalu帽a se le va de las manos y lo 煤nico que se le ocurre es “espa帽olizar” a los ni帽os catalanes. Wert est谩 agujereando los botes de salvavidas. Y le encanta la provocaci贸n como tecnolog铆a de aceleraci贸n de los desastres. Cuando llega a casa, se mira en el espejo y se reconoce como el mejor de los machos que dice lo que le pide el cuerpo.
Sin dramatismos, estamos en una emergencia nacional en la que se impone un gabinete de crisis con pactos con los partidos y las fuerzas sociales. Pactar es ceder y acordar. Y ese d铆a el presidente de Gobierno no acudi贸 a clase. Deber铆a hacer un esfuerzo para entender que el barco se le est谩 hundiendo y debiera hacer una llamada de SOS.
*ccarnicero.com
