OPINI脫N de Ram贸n Cotarelo.-

El 27O fue un exitazo. Con lluvia, con fr铆o, hubo manifestaci贸n. Miles de personas otra vez en la calle a decir "No" al gobierno. Y afirman que volver谩n las veces que haga falta hasta que aquel dimita. No es desagradable perspectiva, aunque se me antoja dif铆cil de conseguir de una gente enrocada en su mayor铆a absoluta, casi ensimismada al modo orteguiano. Se consolida esta movilizaci贸n social permanente que ya va para su segundo a帽o y ha destrozado todas las agorer铆as de pronta crisis, escasa duraci贸n, falta de visibilidad. Y, no se帽or, el movimiento horizontal, espont谩neo, organizado en red, sobrevive, se consolida, es una realidad con la que hay que contar y con un notable eco medi谩tico, tanto que, a fuer de conocido, el movimiento empieza a no ser noticia. Es algo tan cotidiano que los peri贸dicos ya no lo dan en portada. Lo dar铆an si hubiera habido violencia.
Pero precisamente ah铆 est谩 el triunfo incontestable de ayer. La multitud inteligente no se deja arrastrar por los agentes provocadores y su acci贸n sigue siendo muy contundente pero pac铆fica. Es la victoria sobre la t谩ctica intimidatoria y represiva de la gobernadora Cifuentes. Al comienzo de la jornada la polic铆a reanud贸 sus t谩cticas de hostigamiento de parar autobuses con destino a Madrid a fastidiar un poco al pasaje y de molestar a la gente por la calle oblig谩ndola a identificarse arbitrariamente. Pero, al poco, cej贸 en ello y se limit贸 a estar muy visible en todo el trayecto y presta a cargar si se le daba la orden. La orden no se dio y, por tanto, no hubo violencia. Est谩 bien que la autoridad desista de su actitud de bronca permanente, demuestra sentido com煤n, aunque equivale a una derrota pol铆tica.
A la par de la manifa de Madrid se dio otra de los yayoflautas en Barcelona. Los abuelos que, por cierto, iban en son de bastante guerra, a la toma de la Generalitat, como el que toma la Bastilla, dan a estas acciones un extraordinario valor simb贸lico, mucho m谩s all谩 de lo meramente noticiable de que la tercera edad sea pol铆ticamente activa. La confluencia en la calle, adem谩s, no se debe solo a un m贸vil de solidaridad de los viejos con los j贸venes, sino que revela tambi茅n movilizaci贸n en inter茅s propio. Los viejos son el segundo sector social, detr谩s de los j贸venes, en punto a vulnerabilidad ante los ataques del gobierno. El copago, el IVA, las pensiones, todo cae sobre ellos y ahora, tener que compartir su pensi贸n con los nietos. El tercer sector v铆ctima preferente de la vesania represora de la derecha es el de las mujeres, a las que se quisiera ver de regreso a casa y con la pata quebrada. Acabar谩 habiendo manifas espec铆ficas por las agresiones a las mujeres, acabar谩 habiendo feminiflautas.
Al habernos acostumbrado tanto a la presencia cotidiana de este movimiento sin nombre concreto, se nos olvida que tiene una enorme importancia porque supone la irrupci贸n de un actor hasta ahora ausente en un panorama dominado por los partidos pol铆ticos y los grupos de presi贸n, las patronales, la iglesia, la delincuencia organizada. Un actor que insiste en ser apartidista al tiempo que no apol铆tico, lo cual est谩 cargado de sentido. Es un movimiento pol铆tico pero no es partidista porque no pretende representar al pueblo ya que sostiene ser ese mismo pueblo. Ese nuevo actor, por tanto, tiene una enorme potencialidad cuanto que se presenta como el pueblo soberano, en cuyo nombre act煤an, en teor铆a, los dem谩s.
Y el pueblo soberano pide claramente la dimisi贸n del gobierno (entiendo que tambi茅n la del Parlamento) y la convocatoria de un proceso constituyente. El poder responde se帽alando impert茅rrito la ley. Eso de la ley es socorrido. Rajoy y el pr铆ncipe Felipe la blanden frente al irredentismo catal谩n. Y la ley no contempla proceso constituyente alguno. Claro. Porque este nunca puede ser un proceso legal sino pol铆tico, de hecho, en definitiva, ilegal. Es ah铆 en donde est谩 el punto de conflicto entre el poder y el movimiento. El primero blande la ley; el segundo, la desobediencia civil.
A su vez, todo esto tambi茅n pilla al PSOE ensimismado como, por otro motivo, lo est谩 el PP. El PSOE tampoco escucha la calle, ni siquiera la sigue ni la comprende. Sacudido por su impresionante declive en votos y decisiones de votos, parece haber comenzado un periodo de agitaci贸n interna. Ser谩 poco probable que haya alg煤n tipo de claridad antes de las elecciones catalanas. Pero si, como anuncian las encuestas, el PSOE obtiene otro rev茅s en Catalu帽a, la agitaci贸n se convertir谩 en tumulto. Ser谩 muy dif铆cil que la actual direcci贸n se mantenga en los cargos. Tendr谩 que abrir ese periodo de reflexi贸n program谩tica que le pide todo el mundo.
Si lo hace, lo primero debe ser mirar el movimiento indignado, entenderlo, estudiar sus peticiones y adoptar aquellas que el partido considere compatibles con su ideario o programa, la daci贸n en pago, la reforma del sistema electoral, etc.
*Palinuro

El 27O fue un exitazo. Con lluvia, con fr铆o, hubo manifestaci贸n. Miles de personas otra vez en la calle a decir "No" al gobierno. Y afirman que volver谩n las veces que haga falta hasta que aquel dimita. No es desagradable perspectiva, aunque se me antoja dif铆cil de conseguir de una gente enrocada en su mayor铆a absoluta, casi ensimismada al modo orteguiano. Se consolida esta movilizaci贸n social permanente que ya va para su segundo a帽o y ha destrozado todas las agorer铆as de pronta crisis, escasa duraci贸n, falta de visibilidad. Y, no se帽or, el movimiento horizontal, espont谩neo, organizado en red, sobrevive, se consolida, es una realidad con la que hay que contar y con un notable eco medi谩tico, tanto que, a fuer de conocido, el movimiento empieza a no ser noticia. Es algo tan cotidiano que los peri贸dicos ya no lo dan en portada. Lo dar铆an si hubiera habido violencia.
Pero precisamente ah铆 est谩 el triunfo incontestable de ayer. La multitud inteligente no se deja arrastrar por los agentes provocadores y su acci贸n sigue siendo muy contundente pero pac铆fica. Es la victoria sobre la t谩ctica intimidatoria y represiva de la gobernadora Cifuentes. Al comienzo de la jornada la polic铆a reanud贸 sus t谩cticas de hostigamiento de parar autobuses con destino a Madrid a fastidiar un poco al pasaje y de molestar a la gente por la calle oblig谩ndola a identificarse arbitrariamente. Pero, al poco, cej贸 en ello y se limit贸 a estar muy visible en todo el trayecto y presta a cargar si se le daba la orden. La orden no se dio y, por tanto, no hubo violencia. Est谩 bien que la autoridad desista de su actitud de bronca permanente, demuestra sentido com煤n, aunque equivale a una derrota pol铆tica.
A la par de la manifa de Madrid se dio otra de los yayoflautas en Barcelona. Los abuelos que, por cierto, iban en son de bastante guerra, a la toma de la Generalitat, como el que toma la Bastilla, dan a estas acciones un extraordinario valor simb贸lico, mucho m谩s all谩 de lo meramente noticiable de que la tercera edad sea pol铆ticamente activa. La confluencia en la calle, adem谩s, no se debe solo a un m贸vil de solidaridad de los viejos con los j贸venes, sino que revela tambi茅n movilizaci贸n en inter茅s propio. Los viejos son el segundo sector social, detr谩s de los j贸venes, en punto a vulnerabilidad ante los ataques del gobierno. El copago, el IVA, las pensiones, todo cae sobre ellos y ahora, tener que compartir su pensi贸n con los nietos. El tercer sector v铆ctima preferente de la vesania represora de la derecha es el de las mujeres, a las que se quisiera ver de regreso a casa y con la pata quebrada. Acabar谩 habiendo manifas espec铆ficas por las agresiones a las mujeres, acabar谩 habiendo feminiflautas.
Al habernos acostumbrado tanto a la presencia cotidiana de este movimiento sin nombre concreto, se nos olvida que tiene una enorme importancia porque supone la irrupci贸n de un actor hasta ahora ausente en un panorama dominado por los partidos pol铆ticos y los grupos de presi贸n, las patronales, la iglesia, la delincuencia organizada. Un actor que insiste en ser apartidista al tiempo que no apol铆tico, lo cual est谩 cargado de sentido. Es un movimiento pol铆tico pero no es partidista porque no pretende representar al pueblo ya que sostiene ser ese mismo pueblo. Ese nuevo actor, por tanto, tiene una enorme potencialidad cuanto que se presenta como el pueblo soberano, en cuyo nombre act煤an, en teor铆a, los dem谩s.
Y el pueblo soberano pide claramente la dimisi贸n del gobierno (entiendo que tambi茅n la del Parlamento) y la convocatoria de un proceso constituyente. El poder responde se帽alando impert茅rrito la ley. Eso de la ley es socorrido. Rajoy y el pr铆ncipe Felipe la blanden frente al irredentismo catal谩n. Y la ley no contempla proceso constituyente alguno. Claro. Porque este nunca puede ser un proceso legal sino pol铆tico, de hecho, en definitiva, ilegal. Es ah铆 en donde est谩 el punto de conflicto entre el poder y el movimiento. El primero blande la ley; el segundo, la desobediencia civil.
A su vez, todo esto tambi茅n pilla al PSOE ensimismado como, por otro motivo, lo est谩 el PP. El PSOE tampoco escucha la calle, ni siquiera la sigue ni la comprende. Sacudido por su impresionante declive en votos y decisiones de votos, parece haber comenzado un periodo de agitaci贸n interna. Ser谩 poco probable que haya alg煤n tipo de claridad antes de las elecciones catalanas. Pero si, como anuncian las encuestas, el PSOE obtiene otro rev茅s en Catalu帽a, la agitaci贸n se convertir谩 en tumulto. Ser谩 muy dif铆cil que la actual direcci贸n se mantenga en los cargos. Tendr谩 que abrir ese periodo de reflexi贸n program谩tica que le pide todo el mundo.
Si lo hace, lo primero debe ser mirar el movimiento indignado, entenderlo, estudiar sus peticiones y adoptar aquellas que el partido considere compatibles con su ideario o programa, la daci贸n en pago, la reforma del sistema electoral, etc.
*Palinuro
