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Ser radical

OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro.-

脷ltimamente hay un empe帽o manifiesto en degradar el t茅rmino radical cuando a pol铆tica se refiere. Las manifestaciones que rodean el Congreso, las de funcionarios, docentes, sanitarios, se convierten el “algaradas” de radicales de extrema izquierda y antisistemas. Coinciden en sus farsantes an谩lisis el Presidente y su ministro Wert. Las gentes bienpensantes que permanecen en sus casas tom谩ndose un caf茅 de media tarde son por el contrario los buenos espa帽oles alabados por Rajoy porque ellos –se supone que en su totalidad- apoyan los recortes del gobierno, la intromisi贸n de Gallard贸n en el cuerpo de la mujer, el desprecio de Wert por la ciudadan铆a, las falsedades de Montoro y De Guindos sobre econom铆a o el deseo vehemente de que se jodan los parados de la ni帽a Fabra.

Los desahuciados, los que exigen derechos, una sanidad preventiva y curativa, una docencia que construya futuro, una mano econ贸mica para apoyar la vida dolorida de los dependientes, los que quieren expresar sus ideas, los que reclaman ser actores permanentes de la democracia, los que no soportan sentirse relegados al voto cada cuatro a帽os, todos esos son radicales de mala cala帽a, peligro para la Espa帽a grande y libre, a帽orantes de un marxismo desnortado, ap贸statas de la vida apacible y serena que disfrut贸 Mayor Oreja durante el franquismo.

Y someti茅ndose a esa falsa visi贸n de la radicalidad, la izquierda se autodenomina centro-izquierda, izquierda moderada, lejos de extremismos peligrosos, de planteamientos radicales. Radical, seg煤n la Real Academia es lo “perteneciente o relativo a la ra铆z” “lo fundamental” ¿C贸mo puede la izquierda apartarse de la elemental y escu谩lida definici贸n de la Real Academia para refugiarse en un centrismo destructor de s铆 misma, que copula con un centro-derecha para engendrar una misma visi贸n econ贸mica aplastante y que recae sobre la mayor铆a de la ciudadan铆a? Porque en esa convergencia de centrismo se fundamenta la visi贸n negativa de la pol铆tica y de los pol铆ticos: son todos iguales. Y a veces no falta raz贸n para esta visi贸n raqu铆tica en su enfoque. En ese ombligo contemporizan la izquierda y la derecha, en ese punto coinciden y desde ah铆 arrojan la miseria sobre la poblaci贸n m谩s pobre que permanece expectante de un cobijo redentor. No puede mirar a la derecha porque conoce sus ra铆ces. No puede mirar a la izquierda porque la encuentra en un terreno econ贸mico condescendiente con el poder. Y entonces se alberga en la indiferencia cuando no en el desprecio.

Necesitamos una izquierda clara en sus enunciados, decidida en su oposici贸n y creadora de soluciones que aporten esperanza en la sociedad. No debe satisfacer su ego salpicando el rostro del gobierno con un barro prefabricado. Debe denunciar con energ铆a las tropel铆as de un incumplimiento program谩tico, de promesas pisoteadas a los pocos d铆as de la toma del poder, de las privatizaciones de los servicios p煤blicos que desmantelan el estado de bienestar canje谩ndolo por concesiones al capital para hacer negocio con la sanidad, la educaci贸n, las amnist铆as, la evasi贸n de capitales. Necesitamos esa oposici贸n decidida, ese grito no acallado. Y se le exige que esa denuncia la haga, no s贸lo en el Parlamento, sino en la calle, junto a los sin techo, los sin pan, los sin un trozo de esperanza que llevarse al alma. Que se ponga al frente de quienes descontentos con el desguace de salarios, de despidos, de pensiones, de desahucios se han erigido en grito vertical en las aceras un d铆a y s铆 y el otro tambi茅n. Unidad de la izquierda, de toda la izquierda, hombro a hombro con la desesperaci贸n de una juventud sin futuro, de una madurez laboral sin futuro, de una ni帽ez sin futuro, sin una vejez sin futuro. Porque del futuro se trata surgiendo de un presente machacado por los mercados, por el d茅ficit, por los bancos.

Y a esa oposici贸n ejercida con m煤sculo y sin concesiones, le exigimos un futuro que se enfrente a un capitalismo feroz que coloca el supremo valor del hombre por debajo del dinero, que se exija una distribuci贸n de la riqueza que cicatrice el abismo entre pobres y ricos, que funde una conciencia de que la prosperidad de un pa铆s la crea principalmente el trabajo y no el empresario como 煤nico dispensador de un derecho que me viene otorgado por la misma Constituci贸n.

Una oposici贸n as铆 no ser谩 nunca de CENTRO-IZQUIERDA. Dejemos que otros necesiten llamarse de CENTRO-DERECHA. Suena a careta carnavalesca. Tenemos que dignificar el t茅rmino “radical”, darle contenido, llevarlo por dentro y aflorarlo sin miedo. Y sobre todo ejercerlo.

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