OPINI脫N de Emilio Cafassi.-
Los progresismos sudamericanos deber铆an comenzar a tomar nota tanto de las transformaciones discursivas como de las pr谩cticas pol铆ticas que las derechas vienen desarrollando y que en gran medida son resultado del crecimiento y consolidaci贸n de esos mismos progresismos, all铆 donde pudieron desplegarse. No es el discurso enarbolado desde hace m谩s de una d茅cada, cuando se contentaban con desconocer las atrocidades de los estados terroristas encubriendo a sus responsables y a s铆 mismos por su complicidad. Por entonces esas derechas consideraban a la democracia como una simple formalizaci贸n pol铆tica alternativa del orden, una m谩s entre varias (como el propio estado terrorista), mientras garantizara el disciplinamiento social y la exacci贸n de beneficios privados a la par de congraciarse con las recetas neoliberales aplicadas. Su narrativa incluye ahora algunos derechos sociales y una aparente preocupaci贸n por la democracia, y sus pr谩cticas no excluyen la disputa de las calles, las redes sociales y la cultura.
A los efectos de esta discusi贸n, poco importa si la viraz贸n es sincera o una simple recomposici贸n de imagen y metodolog铆as con fines efectistas y electorales. Reconozco que referirme a los progresismos sudamericanos en general es una generalizaci贸n, tal vez abusiva, debido a la heterogeneidad de las fuerzas gobernantes en cada pa铆s del sur y a su cultura pol铆tica y tradiciones organizativas contrahegem贸nicas. Aunque no lo es tanto en lo referente a las derechas, las que, pasado el primer momento de confusi贸n y dispersi贸n, han tendido a homogeneizarse y unificarse en una suerte de emulaci贸n de algunos ejemplos de izquierdas en la resistencia, como el brasile帽o o el uruguayo. Si periodizamos, las derechas pasaron de reivindicar el genocidio a encubrirlo, para presentarse ahora como luchadoras por las libertades individuales, la independencia de poderes y la honestidad. ¿Ganaron en lucidez? No lo creo, aunque puede haber algunos honestos liberales a la americana en sus filas. S贸lo se aprovechan de los errores y desprecios por esas libertades que exhiben ciertos progresismos.
Un claro ejemplo de la nueva estrategia es el del recientemente derrotado candidato venezonalo Capriles, detr谩s de quien se unific贸 la oposici贸n. Con un linaje de derecha se present贸 publicitariamente como un centroizquierdista que hasta prometi贸 mantener los programas sociales del chavismo llamados “misiones” o bien machac贸 sobre los riesgos de fraude y hasta de golpismo, siendo precisamente uno de los participantes del frustrado golpe del 2002 y del ataque a la embajada cubana. Apareci贸 disfrazado de defensor del estado de derecho y la independencia. El conservadurismo, por recursos y cultura pol铆tica, es qui茅n mejor capitaliza la videopol铆tica y las t茅cnicas de seducci贸n por imagen. Casualmente esta semana, el matutino argentino “La Naci贸n”, exponente de la derecha mitrista, public贸 un art铆culo en el que describe las clases de teatro que toman algunos pol铆ticos con prestigiosos actores (sus ejemplos concretos son todos de fuerzas retr贸gradas), adem谩s de contar con asesores de imagen que los instruyen en oratoria, peinado y en el uso del “lenguaje no verbal conjuntamente con su vestimenta”. La experta asesora entrevistada sostiene que “considera exitoso a quien utiliza el 85% de su ingenier铆a humana (o marketing personal). El resto, el 15%, refiere al conocimiento en la materia que por supuesto deber谩 sostener".
Como motor de estos cambios se combinan dos cuestiones relevantes. Por un lado la crisis capitalista internacional que pone en cuesti贸n los lineamientos monetaristas ortodoxos obligando a prescindir de ellos en la oratoria y hasta reconocer algunos logros de los oficialismos en materia de inclusi贸n social. Por otro, inconsistencias, debilidades o negaciones de institutos democratizantes por parte de los gobiernos progresistas. Ahora bien, una vez reconocidos estos cambios, el mejor modo de combatir la ofensiva derechista es quitarle la raz贸n en los hechos. De lo contario, se le concede ese 15% faltante que ning煤n marketing podr铆a otorgarle. Por caso, el reciente papel贸n de la Presidenta argentina Cristina Kirchner en las universidades de Georgetown y Harvard, se apoy贸 en la negaci贸n sistem谩tica de los datos y la pertinencia interrogativa que expusieron t铆midos -y hasta ingenuos- estudiantes. Desperdiciando sus dotes ret贸ricos, apel贸 a una oratoria de maestra ciruela, incluyendo reprimendas a los j贸venes a quienes adem谩s acusaba de ignorantes. Neg贸 la existencia de una inflaci贸n del 25% y de la manipulaci贸n de las estad铆sticas p煤blicas, de su propio enriquecimiento durante la gesti贸n, y ante la requisitoria de la raz贸n por la cual no concede conferencias de prensa o admite preguntas, asever贸 hablar asiduamente con periodistas, sin m谩s prueba que su propio aserto.
Un peligro que acecha a los progresismos es el de conformarse con la realidad a partir de los resultados electorales recientes que en su extremo ideol贸gico culmina en el apotegma de que “el pueblo nunca se equivoca”, desmentido por el m谩s vasto pasado mediato. Ni ganar ni perder elecciones otorga racionalidad alguna. La consistencia de la raz贸n reclama pruebas m谩s epistemol贸gicas que unos cuantos votos de m谩s. La aritm茅tica electoral resulta de la aplicaci贸n de un 谩lgebra de funciones simb贸licas y ecuaciones de gran complejidad e incertezas entre las que interviene la variable de la legitimidad. No es la mera resultante de la eficacia econ贸mica, que en 煤ltima instancia reafirma el concepto de “voto cuota”, tan usado por el menemismo en Argentina. Entiendo por eficacia los resultados de la gesti贸n cuyas pol铆ticas p煤blicas mejoran las condiciones econ贸mico-sociales de las mayor铆as e instrumentan respuestas positivas a las expectativas de mejoramiento, algo en lo que han puesto el acento los progresismos. Contrariamente, entiendo por legitimidad la creencia colectiva mayoritaria de que, a pesar de sus limitaciones y fallas, las instituciones pol铆ticas existentes son mejores que otras que pudieran o pudieron haber sido establecidas y que cumplen en la pr谩ctica con los valores e ideales que las erigieron. Obviamente las dos dimensiones se superponen, y cuanto m谩s inequitativo sea el sistema capitalista imperante, m谩s se perder谩 de vista una (la legitimidad) bajo la urgencia de la otra (la eficacia).
Un ejemplo rotundo de torpeza extrema y desprecio por las libertades y derechos, es decir, por la legitimidad, es el que vivi贸 en Venezuela (con repercusiones internacionales) el periodista argentino Jorge Lanata, hoy showman al servicio del monopolio comunicacional al que poco tiempo atr谩s dedic贸 p谩rrafos lapidarios: el Grupo Clar铆n. Para Lanata, su empleador “convivi贸 e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Naci贸n), gerenciado por la se帽ora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como pol铆tica laboral (no tiene, por ejemplo, comisi贸n interna) (…) que mont贸 ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logr贸 la fusi贸n monop贸lica del cable con Kirchner”. Con el prop贸sito de transmitir por el canal antes denostado lo que supon铆a ser铆a la ca铆da de un “tirano”, viaj贸 al pa铆s caribe帽o para reflejar con pretendido alborozo el supuesto hecho hist贸rico que la enorme proporci贸n de votantes se encarg贸 de contrariar. Pero al llegar fue demorado e interrogado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) mediante agentes de civil y sin identificaci贸n, con la habitual imbecilidad de estos cuerpos represivos para inquirir obviedades y abochornar a los poderes que los montan y sustentan. ¿Qu茅 otra cosa pod铆a ir a hacer un equipo de periodistas televisivos de la derecha pol铆tica argentina sino a mostrar las razones por las que, seg煤n ellos, deb铆a ganar la oposici贸n? ¿Y qu茅 tendr铆a eso de malo o de peligroso? Pero peor a煤n es que al retornar volvi贸 a vivir la misma experiencia con todo su equipo, demorando un vuelo con 200 pasajeros, con el agravante de que en esa ocasi贸n le sustrajeron y borraron computadoras y celulares, las filmaciones de la propia detenci贸n y con ello sentaron las bases para cualquier amplificaci贸n o versionismo de las vejaciones que quieran hacer las v铆ctimas. La excusa de la 煤ltima detenci贸n fue que contaban con un documento del propio SEBIN (obviamente filtrado desde la misma instituci贸n y ya exhibido por TV, tal como pueden serlo los de wikileaks). Para coronar la estulticia, el embajador argentino consider贸 que se debi贸 a una provocaci贸n de los periodistas. A煤n si as铆 fuera, nada exculpa de estupidez a los que caen en ella.
¿A qui茅n sirven los “servicios”? ¿Y a qui茅n el SEBIN en particular? ¿Qui茅n los dirige y qui茅n los controla? ¿Qui茅n se hace cargo de sus intervenciones? Aunque no tengamos respuesta y las volteretas de Lanata nos merezcan repudio 茅tico e ideol贸gico, no hay otra actitud posible que la de la m谩s franca solidaridad con el equipo de profesionales agredidos y vejados. Las fuerzas represivas an贸nimas y autonomizadas no son jam谩s de izquierda o progresistas, sino siempre el veh铆culo del abuso de poder, de la arbitrariedad, la soberbia y la humillaci贸n, cuando no directamente del crimen. Afortunadamente, la victoria del Presidente Ch谩vez no s贸lo abre esperanzas para profundizar los cambios generales en la regi贸n, sino tambi茅n para abrir un debate sobre los institutos pol铆ticos sobre los que se asienta el r茅gimen de gobierno como as铆 tambi茅n los aparatos represivos con los que cuenta y su control. Como ya expuse en otras ocasiones, una verdadera revoluci贸n pol铆tica no s贸lo podr铆a corregir enormes concentraciones de poder a煤n vigentes, sino adem谩s dar un gran impulso a las reformas econ贸mico-sociales que tan afortunada como tibiamente se vienen implementando desde los progresismos realmente existentes. El riesgo ante el silencio es la erosi贸n de la legitimidad que tanto anhelan las derechas.
A las denuncias de corrupci贸n se las combate probando honestidad. A las preguntas capciosas se las combate con respuestas fundadas. Y a los servicios se los combate denunci谩ndolos en sus atropellos, por m谩s bolivarianos o revolucionarios que se crean.
Los progresismos sudamericanos deber铆an comenzar a tomar nota tanto de las transformaciones discursivas como de las pr谩cticas pol铆ticas que las derechas vienen desarrollando y que en gran medida son resultado del crecimiento y consolidaci贸n de esos mismos progresismos, all铆 donde pudieron desplegarse. No es el discurso enarbolado desde hace m谩s de una d茅cada, cuando se contentaban con desconocer las atrocidades de los estados terroristas encubriendo a sus responsables y a s铆 mismos por su complicidad. Por entonces esas derechas consideraban a la democracia como una simple formalizaci贸n pol铆tica alternativa del orden, una m谩s entre varias (como el propio estado terrorista), mientras garantizara el disciplinamiento social y la exacci贸n de beneficios privados a la par de congraciarse con las recetas neoliberales aplicadas. Su narrativa incluye ahora algunos derechos sociales y una aparente preocupaci贸n por la democracia, y sus pr谩cticas no excluyen la disputa de las calles, las redes sociales y la cultura.
A los efectos de esta discusi贸n, poco importa si la viraz贸n es sincera o una simple recomposici贸n de imagen y metodolog铆as con fines efectistas y electorales. Reconozco que referirme a los progresismos sudamericanos en general es una generalizaci贸n, tal vez abusiva, debido a la heterogeneidad de las fuerzas gobernantes en cada pa铆s del sur y a su cultura pol铆tica y tradiciones organizativas contrahegem贸nicas. Aunque no lo es tanto en lo referente a las derechas, las que, pasado el primer momento de confusi贸n y dispersi贸n, han tendido a homogeneizarse y unificarse en una suerte de emulaci贸n de algunos ejemplos de izquierdas en la resistencia, como el brasile帽o o el uruguayo. Si periodizamos, las derechas pasaron de reivindicar el genocidio a encubrirlo, para presentarse ahora como luchadoras por las libertades individuales, la independencia de poderes y la honestidad. ¿Ganaron en lucidez? No lo creo, aunque puede haber algunos honestos liberales a la americana en sus filas. S贸lo se aprovechan de los errores y desprecios por esas libertades que exhiben ciertos progresismos.
Un claro ejemplo de la nueva estrategia es el del recientemente derrotado candidato venezonalo Capriles, detr谩s de quien se unific贸 la oposici贸n. Con un linaje de derecha se present贸 publicitariamente como un centroizquierdista que hasta prometi贸 mantener los programas sociales del chavismo llamados “misiones” o bien machac贸 sobre los riesgos de fraude y hasta de golpismo, siendo precisamente uno de los participantes del frustrado golpe del 2002 y del ataque a la embajada cubana. Apareci贸 disfrazado de defensor del estado de derecho y la independencia. El conservadurismo, por recursos y cultura pol铆tica, es qui茅n mejor capitaliza la videopol铆tica y las t茅cnicas de seducci贸n por imagen. Casualmente esta semana, el matutino argentino “La Naci贸n”, exponente de la derecha mitrista, public贸 un art铆culo en el que describe las clases de teatro que toman algunos pol铆ticos con prestigiosos actores (sus ejemplos concretos son todos de fuerzas retr贸gradas), adem谩s de contar con asesores de imagen que los instruyen en oratoria, peinado y en el uso del “lenguaje no verbal conjuntamente con su vestimenta”. La experta asesora entrevistada sostiene que “considera exitoso a quien utiliza el 85% de su ingenier铆a humana (o marketing personal). El resto, el 15%, refiere al conocimiento en la materia que por supuesto deber谩 sostener".
Como motor de estos cambios se combinan dos cuestiones relevantes. Por un lado la crisis capitalista internacional que pone en cuesti贸n los lineamientos monetaristas ortodoxos obligando a prescindir de ellos en la oratoria y hasta reconocer algunos logros de los oficialismos en materia de inclusi贸n social. Por otro, inconsistencias, debilidades o negaciones de institutos democratizantes por parte de los gobiernos progresistas. Ahora bien, una vez reconocidos estos cambios, el mejor modo de combatir la ofensiva derechista es quitarle la raz贸n en los hechos. De lo contario, se le concede ese 15% faltante que ning煤n marketing podr铆a otorgarle. Por caso, el reciente papel贸n de la Presidenta argentina Cristina Kirchner en las universidades de Georgetown y Harvard, se apoy贸 en la negaci贸n sistem谩tica de los datos y la pertinencia interrogativa que expusieron t铆midos -y hasta ingenuos- estudiantes. Desperdiciando sus dotes ret贸ricos, apel贸 a una oratoria de maestra ciruela, incluyendo reprimendas a los j贸venes a quienes adem谩s acusaba de ignorantes. Neg贸 la existencia de una inflaci贸n del 25% y de la manipulaci贸n de las estad铆sticas p煤blicas, de su propio enriquecimiento durante la gesti贸n, y ante la requisitoria de la raz贸n por la cual no concede conferencias de prensa o admite preguntas, asever贸 hablar asiduamente con periodistas, sin m谩s prueba que su propio aserto.
Un peligro que acecha a los progresismos es el de conformarse con la realidad a partir de los resultados electorales recientes que en su extremo ideol贸gico culmina en el apotegma de que “el pueblo nunca se equivoca”, desmentido por el m谩s vasto pasado mediato. Ni ganar ni perder elecciones otorga racionalidad alguna. La consistencia de la raz贸n reclama pruebas m谩s epistemol贸gicas que unos cuantos votos de m谩s. La aritm茅tica electoral resulta de la aplicaci贸n de un 谩lgebra de funciones simb贸licas y ecuaciones de gran complejidad e incertezas entre las que interviene la variable de la legitimidad. No es la mera resultante de la eficacia econ贸mica, que en 煤ltima instancia reafirma el concepto de “voto cuota”, tan usado por el menemismo en Argentina. Entiendo por eficacia los resultados de la gesti贸n cuyas pol铆ticas p煤blicas mejoran las condiciones econ贸mico-sociales de las mayor铆as e instrumentan respuestas positivas a las expectativas de mejoramiento, algo en lo que han puesto el acento los progresismos. Contrariamente, entiendo por legitimidad la creencia colectiva mayoritaria de que, a pesar de sus limitaciones y fallas, las instituciones pol铆ticas existentes son mejores que otras que pudieran o pudieron haber sido establecidas y que cumplen en la pr谩ctica con los valores e ideales que las erigieron. Obviamente las dos dimensiones se superponen, y cuanto m谩s inequitativo sea el sistema capitalista imperante, m谩s se perder谩 de vista una (la legitimidad) bajo la urgencia de la otra (la eficacia).
Un ejemplo rotundo de torpeza extrema y desprecio por las libertades y derechos, es decir, por la legitimidad, es el que vivi贸 en Venezuela (con repercusiones internacionales) el periodista argentino Jorge Lanata, hoy showman al servicio del monopolio comunicacional al que poco tiempo atr谩s dedic贸 p谩rrafos lapidarios: el Grupo Clar铆n. Para Lanata, su empleador “convivi贸 e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Naci贸n), gerenciado por la se帽ora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como pol铆tica laboral (no tiene, por ejemplo, comisi贸n interna) (…) que mont贸 ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logr贸 la fusi贸n monop贸lica del cable con Kirchner”. Con el prop贸sito de transmitir por el canal antes denostado lo que supon铆a ser铆a la ca铆da de un “tirano”, viaj贸 al pa铆s caribe帽o para reflejar con pretendido alborozo el supuesto hecho hist贸rico que la enorme proporci贸n de votantes se encarg贸 de contrariar. Pero al llegar fue demorado e interrogado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) mediante agentes de civil y sin identificaci贸n, con la habitual imbecilidad de estos cuerpos represivos para inquirir obviedades y abochornar a los poderes que los montan y sustentan. ¿Qu茅 otra cosa pod铆a ir a hacer un equipo de periodistas televisivos de la derecha pol铆tica argentina sino a mostrar las razones por las que, seg煤n ellos, deb铆a ganar la oposici贸n? ¿Y qu茅 tendr铆a eso de malo o de peligroso? Pero peor a煤n es que al retornar volvi贸 a vivir la misma experiencia con todo su equipo, demorando un vuelo con 200 pasajeros, con el agravante de que en esa ocasi贸n le sustrajeron y borraron computadoras y celulares, las filmaciones de la propia detenci贸n y con ello sentaron las bases para cualquier amplificaci贸n o versionismo de las vejaciones que quieran hacer las v铆ctimas. La excusa de la 煤ltima detenci贸n fue que contaban con un documento del propio SEBIN (obviamente filtrado desde la misma instituci贸n y ya exhibido por TV, tal como pueden serlo los de wikileaks). Para coronar la estulticia, el embajador argentino consider贸 que se debi贸 a una provocaci贸n de los periodistas. A煤n si as铆 fuera, nada exculpa de estupidez a los que caen en ella.
¿A qui茅n sirven los “servicios”? ¿Y a qui茅n el SEBIN en particular? ¿Qui茅n los dirige y qui茅n los controla? ¿Qui茅n se hace cargo de sus intervenciones? Aunque no tengamos respuesta y las volteretas de Lanata nos merezcan repudio 茅tico e ideol贸gico, no hay otra actitud posible que la de la m谩s franca solidaridad con el equipo de profesionales agredidos y vejados. Las fuerzas represivas an贸nimas y autonomizadas no son jam谩s de izquierda o progresistas, sino siempre el veh铆culo del abuso de poder, de la arbitrariedad, la soberbia y la humillaci贸n, cuando no directamente del crimen. Afortunadamente, la victoria del Presidente Ch谩vez no s贸lo abre esperanzas para profundizar los cambios generales en la regi贸n, sino tambi茅n para abrir un debate sobre los institutos pol铆ticos sobre los que se asienta el r茅gimen de gobierno como as铆 tambi茅n los aparatos represivos con los que cuenta y su control. Como ya expuse en otras ocasiones, una verdadera revoluci贸n pol铆tica no s贸lo podr铆a corregir enormes concentraciones de poder a煤n vigentes, sino adem谩s dar un gran impulso a las reformas econ贸mico-sociales que tan afortunada como tibiamente se vienen implementando desde los progresismos realmente existentes. El riesgo ante el silencio es la erosi贸n de la legitimidad que tanto anhelan las derechas.
A las denuncias de corrupci贸n se las combate probando honestidad. A las preguntas capciosas se las combate con respuestas fundadas. Y a los servicios se los combate denunci谩ndolos en sus atropellos, por m谩s bolivarianos o revolucionarios que se crean.
