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30/12/15

Espacio Cerrado

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Existen diferencias entre los espacios abiertos y los espacios cerrados. Tomemos como ejemplo el espacio navideño en la ciudad de Medellín. El antes corresponde a la iluminación a todo lo largo del río de esta ciudad con sus diversas figuras atractivas para el transeúnte, el trayecto iniciaba en las instalaciones del edificio de Empresas Públicas de Medellín – EPM - y terminaba en el antiguo puente de Guayaquil. Este espacio era totalmente abierto, cualquier persona en carro o a pie apreciaba sus decorados lumínicos, podía incorporarse al recorrido a pie a esos tumultos de gentes en cualquier punto del trayecto, los individuos se integraban a los recorridos sin que existiera ninguna barrera o autoridad que lo impidiesen.



A esto llamamos espacio abierto, y precisamente por tal condición cualquier persona entraba sin restricción alguna, sin que se sintiera intimidación bien fuera explícita o implícita, característica ésta que era aprovechada por ladronzuelos o por la delincuencia organizada para sacar provecho de las bonanzas económicas cosechadas por los ventorrillos de licor y comida barata pero ordinaria. Esta misma razón de inseguridad hizo que más de un ciudadano desistiera de estas caminatas. Este espacio se volvió despreciable por la inseguridad y maloliente, el desaseo, disfrutarlo ya no era posible, más bien espantaba a cualquier tipo de visitante.

En contraste, tenemos el actual espacio navideño que se caracteriza por ser semi cerrado y semi abierto, ya no es una larga línea recta ribereña, sino que está conformado por una gran cuadrícula en donde sobresalen el Edificio de EPM y el complejo de convenciones internacionales denominado Plaza Mayor. Esta gran cuadrícula está bordeada por vallas metálicas que impiden el acceso y solo lo permiten en las entradas dispuestas para su ingreso, en cada una de ellas y en general en todo el espacio, te encuentras con agentes de policía y seguridad privada, funcionarios enchalecados que controlan el espacio público, toda está composición te genera una sensación de seguridad, de tranquilidad, puedes sentarte a disfrutar de una cerveza o arriesgarte con la indigesta comida paisa.

Existe una expresión que indaga si la ciudad más segura es en donde hay más o menos policía. La respuesta suele ser en donde hay menos, incluso en la que no tiene casi nada, similar cuando uno se pregunta por la ciudad más limpia, si es en donde hay muchos barrenderos o pocos, la respuesta tiene la misma lógica, en donde todo el mundo está contento no requiere ni tantos policías ni tantos barrenderos, los ciudadanos contentos han incorporado, introyectado las normas que proporcionan una feliz convivencia. Si hay equidad, empleo, nadie tiene porque estar por ahí repartiendo su ira, arrebatando lo ajeno para proporcionarse una miga de pan.

No se puede tapar el sol con una mano, la producción automatizada genera mayor concentración de riqueza sin necesitar de los brazos humanos. Las invenciones humanas están liberando a los hombres de los trabajos mecánicos, repetitivos y aburridos, las máquinas lo hacen mejor. El paradigma está en cómo hacer que estos logros de la humanidad sean para el beneficio colectivo, de ella misma, por ello se habla de equidad, hoy muchos ingeniosos hombres de empresa han entendido de lo absurdo de la acumulación y entonces se desprenden de sus riquezas donándolas para propósitos filantrópicos.

Los ejércitos de hombres desempleados tratan de mantenerse a flote, salen a las selvas de cemento al rebusque, muchos de ellos se alistan en el crimen organizado en donde dejan de ser nadie para tratar de ganarle una partida a la vida.

Comprendemos esa necesidad vital de proveernos por lo menos una sensación de seguridad así sea en un espacio cerrado y por el momento lo que dure en recorrerlo, pero no podemos ser ingenuos y comerle cuento al demagogo gobernante de turno en tratar de convencernos en que la solución es la represión y el aislarnos los unos a los otros. Las buenas prácticas se adquieren cuando se tiene las condiciones que garantizan mantenernos en pie con vida, sin que el hambre nos amenace.

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