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LoCombia

OPINIÓN de Mauricio Castaño H., Colombia.- Risible aún la llamada democracia colombiana. En este LoCombia la manera en que se elige es todo un show como son también sus gobernantes preocupados en posar la mejor sonrisa ante las cámaras, en cómo agradar más a la masa idiotizada por los más media. Existir es estar en los medios de comunicación, quien no aparece allí no existe.




Los candidatos. ¿De dónde salen los candidatos? De los Delfines. Salen de los hijos de los hijos de esa larga cadena de los hombres de Poder. Demos un ejemplo en este terruño criollo en pleno alistamiento para las elecciones presidenciales del 2018. Todos los astros están siendo alineados en la órbita de uno de los grandes apellidos que han gobernado este país: Los Lleras. De ese árbol genealógico es el hoy ministro Germán Vargas Lleras, quien ha seguido el legado de esas familias aprestigiadas ellas de seguir y mantenerse en las posiciones de Poder. Hace algunos años fue congresista, un padre que hacía leyes para los colombianos, bueno eso dicen ellos, aunque la verdad sea otra, sólo legislan para la gran empresa, para sus grandes pares, para los intereses del gran mercado.

Decíamos, entonces, de este gran apellidado, que camina los senderos del poder delineados para él. En este cuatrenio le dieron la chequera ministerial de alto impacto social y económico, la relacionada con la que más chupa presupuesto, la de infraestructura, atinente a vías y viviendas. Quién no ha visto cada semana al ministro con su casco puesto inaugurando vías y entregando casas. Vargas entregando la gran autopista, Vargas pronunciando discursos, Vargas tomándose fotos con familias felices que acaban de recibir sus “casitas”, en diminutivo, denotando cariño y conmiseración por los sin techo. Incluso el Vargas gruñón con sus empleados y hasta dador de coscorronasos a sus escoltas. Vargas el gran papá Noé. Todas estas acciones, toda esta sobre exposición en medios tiene el inmenso propósito de posicionar su figura tanto en los grupos de Poder como en la gran masa colombiana.

Irrigar presupuesto público de manera tal que muchos queden contentos, tanto los pobres, los sin techo como los contratistas. Este tema de la contratación es bastante complejo, nos hemos familiarizado con los grandes escándalos en los cuales se descubre todo el entramado de redes que raponan el botín público. Las firmas contratistas son tejidas por las mismas familias que conforman lo público y lo privado, los dineros fluyen por esas redes que engordan los bolsillos de esos cuantos.
Y son esas grandes transacciones que conforman, que aseguran el poder.Recordemos al político de izquierda Gustavo Petro quien no hace parte de esos abolengos, este confirmaba lo dicho, más que votos es la chequera pública lo que hace elegir al gobernante de turno. Sobresale una figura emblemática: Los Gamonales, notables los regionales, enlaces con esa figura central y nacional, sobre sus manos fluye el dinero derramado contrato tras contrato, parte es destinado para enriquecerse, otro para avivar sus caudales electorales, a ese entramado Maquinaria Electoral. Un Gamonal negocia paquetes electorales, eso cuesta billete, y se lo provee quien tenga el flujo de la chequera pública. No existen partidos, sólo intereses, sólo gamonales con coimas. A todos esos liberales o conservadores ya han sido tramados, filados en la gran repartija de la torta de Poder que se avecina.
Ilustra también, cómo entre los campos de esas élites hacen sus repartidas. Por ejemplo, están conviniendo de fórmula vicepresidencial al hijo del expresidente César Gaviria, Simón, su familia ha sabido hacerse a un puesto en el panorama nacional, ya dicen la casa Gaviria, refieren a los poderosos como cuando en los tiempos ya idos se compraban títulos de nobleza. Aquel, además de ser el segundo, reclama el Ministerio de Hacienda, es decir, el manejo del dinero nacional, lo que da el poder, no quiere conformarse con ser un segundón decorativo.

Esto, lo expresado aquí, no tiene nada de distinto, son más bien lugares comunes, pero hay que seguir hablando más de lo mismo mientras no haya nada diferente, mientras no haya un cambio. Los Estados Nación, las llamadas democracias no han encontrado la fórmula de romper con esos gamonales, con esas prácticas, con esas maquinarias electorales que descreen lo democrático. Lamentamos que aún en estas latitudes no se han podido configurar poderes alternativos, todo sigue por los senderos demagógicos. Por el momento bien vale el desprecio con el voto en blanco, es una posibilidad de obligar a lo diferente.

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