Otra información es posible

Pegado al taburete

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Pasó como aquella vez hace dos años, cuando Capriles anunció por Twitter que iría al diálogo convocado por el presidente Maduro “para hacer temblar a Miraflores”. Y fue, y solo puso la torta. Bueno, Ramos Allup reeditó el fracaso con un anuncio con tintes de amenazas, un tuit para el lado gris de la historia: “Maduro, Delcy y Bernardo: aprietense los cinturones y peguense del taburete que vamos con todo a la OEA.” Así, sin tildes, porque la rabia le nubla la ortografía. Y con su “todo” se fue a Washington en el avión de su cuñado.

Crónica de una fiesta aguada

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.-  Estaban todos en la sala donde se habían citado. En la pared, un televisor panorámico. Sobre las mesas, grandes poncheras -perdón- bowls de cotufas -excuse me- pop corn bañados en mantequilla. Aunque eran apenas de las nueve de la mañana, había botellas de whisky dispuestas coquetamente al lado de las jarras de agua de coco, junto a unos centros de mesa con claveles azules, blancos y rojos, entremezclados con banderitas de los Estados Unidos y estrellitas de escarcha, todo con el sello inconfundible de Ronald Carreño, experto en estos temas tan sensibles.

Crónica de guerra en un país en paz

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Tras semanas de preparación psicológica, finalmente, junto al valiente Albert Rivera, un equipo periodistas nos subimos al avión rumbo a Venezuela, rumbo al peligro mortal.

El verdadero drama de Patricia

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.-  Ese día Patricia no pudo más. La crisis humanitaria la estaba ahogando así que, ahogada en llanto, tomó uno de sus smartphones y comenzó a grabar un video selfie para que “todo el mundo, a nivel mundial, se enterara de lo que el venezolano vive todos los días”. Un video que Patricia lanzó como una botella al mar de Youtube… al menos eso se supone que debemos creer.




Llora a moco tendido Patricia porque su sueldo no alcanza aunque ella es “profesional”, porque en su casa no hay hambre, porque no puede ni comprar “tres laticas de comida”, llora por que el único que “medio puede comer” los tres pollos que su sueldo le permiten comprar, es su hijo de dos años. Llora Patricia y su famélica papada de tres capas se estremece con cada hipido.

Durante su lacrimógena narración nos cuenta sobre su tía que “reclamó por un horno mal arreglado y miren cómo la dejaron” -Entonces, la hambrienta obesa que nos acaba de decir que no tiene dinero para comprar comida, saca otro smartphone nos muestra una foto de una mujer tirada en un charco de sangre.

Llanto in crescendo, Patricia le clama al “mundo a nivel mundial”: “¿Hasta cuándo seguir así? ¡Es hora de que nos ayuden!”. Ahí está el meollo del asunto.

¡Oh sorpresa! Antena 3, canal de tele español que dedica, con saña, la mayor parte de sus tertulias y noticieros a Venezuela, descubre, entre millones de millones de videos que flotan en youtube, la botella que Patricia acababa de lanzar.

Al rescate acuden el matutino Espejo Público, con sus invitados de lujo: el papá de Leopoldo López y Albert Rivera, del neo Partido Popular llamado Ciudadanos. Las lágrimas que ruedan por los enorme cachetes hambrientos de Patricia conmueven al papá de Leopoldo que a su vez puja una lagrimita que se niega a salir de sus áridos ojos. Albert Rivera, a modo de fingido consuelo, posa su mano sobre el muslo de su cómplice, intentando poner su granito de arena en tan dramático momento. Nace una estrella, fugaz.

Ese mismo día, en medio de su tragedia humanitaria, Patricia cambia de nombre en su perfil de Facebook y crea un página de fans donde se identifica como “figura pública”. Patricia logra solo 236 admiradores y un montón de dudas que Patricia se encarga de oscurecer cuando la intenta aclararlas. La estrella como que no lo fue tanto.

Patricia, intuyo, puede ser comienzo de una oleada de video selfies sobre “crisis humanitaria venezolana” que inundará a la mediática internacional. Una especie de continuación de aquellos micro dramas como “Me iría demasiado”, ahora más íntimos, más amateur, más cercanos a la clase media “del mundo a nivel mundial”, que es capaz de conmoverse con la hambruna de una gorda allá en Venezuela, mientras ignora verdaderas crisis humanitarias que se desarrollan trágicamente en sus narices. Crisis que, por cierto, son el producto de guerras que fueron aupadas, con el mismo método, desde los mismos medios que hoy cuentan del drama de Patricia.

Hoy es Patricia en Venezuela, ayer fue Amina en Libia. ¿Qué será de la vida de Amina? Ahí está el verdadero drama.

De infiltrados y perseguidos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Marcharon. Llegaron a la avenida Libertador junto a algunos de sus dirigentes. Allí entregaron un documento. Se acabó, vuelvan todos a sus casas –declararon a los micrófonos para no meter la pata como la metió Leopoldo. Entonces se retiraron dejando a su gente a la deriva con la cabeza llena de los discursos previos a la marcha: Vamos a llegar al CNE aunque la dictadura no quiera. No necesitamos permiso de nadie -aunque saben que en cualquier ciudad del mundo sí se necesitan permisos para convocar manifestaciones públicas-. Calle sin retorno, hasta que se vaya Maduro.

Insoportable corrupción roja

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- El joven, ayer guarimbero manos blancas, luego concejal, hoy diputado en La Asamblea Nacional, muchacho sin mayor trayecto, sin tiempo para amasar fortuna, se baja del Audi carísmo que gentilmente le “prestó” una empresa -segurito, por puro altruismo- y sube a un avión, first class y brinca de un continente a otro, todo cinco estrellas, todo estrellas Michelin. Miles y miles de dólares se esfuman de uno no sabe dónde para que el joven diputado, como la sortija, vaya y venga, sin que nadie lo detenga, sin que nadie sepa para qué, sin que alguien en la oposición -algún periodista, alguna señora de esas que vociferan en la panadería- ponga en grito en el cielo. Pero, ¡Ay si fuera un chavista!

Sordos peligrosos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En estos días hemos visto a la oposición ejerciendo un derecho político que profundiza la democracia, un derecho único, que no existe en ningún otro país del mundo, ni siquiera en aquellos que nos acusan de ser una dictadura, un derecho que no existía hasta que Chávez lo sacó a la luz y lo puso en nuestras manos.

La Hora del Diablo y otras genialidades

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Desde el sector decente y pensante de esta país y con carácter de urgencia, llega, una, dos, tres veces en una semana, desde tres grupos distintísimos, sin conexión alguna entre ellos, más allá de su antichavismo rabioso, esta cadena de Whatsapp:

Extraña cobardía

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- El 19 de abril, la MUD convocó a una gran marcha -¡ejem, ejem!- mejor un cabildo, sí, un cabildo abierto, una cosa más representativa de la fecha que se conmemora. ¿Qué se conmemora? –Preguntó Capriles, a quien nadie le para y se quedó con la duda forever, poniendo la torta a la hora de su brevísimo discurso cuando del 19 de abril solo pudo decir que “en este día de… este día de… bueno, esta fecha patria.”




Cabildo abierto en un sitio cerrado, convocatoria de esta extraña unidad que pone a Capriles a balbucear allá en la tarimita, mientras que afuera, los guarimberos leopolderos y los adecos cabilleros gritaban que no querían cabildo, sino que querían calle, ca-lle, ca-lle, “hasta que se vaya este gobierno”. Cuatro energúmenos que quieren calle pero no hallan como llenarlas porque ya casi nadie, por muy antichavista que sea, se emociona con esa “calle” que significa guarimba, encierro, encapuchados secuestrando sus propias urbanizaciones, y aquel humero, y aquella zozobra; hasta la Plaza Brión, eso sí, porque más allá está el abismo.

Como si los adecos y leopolderos no estuvieran afuera saboteando esa unidad que no se une ni con saliva de loro, tomó la palabra Chuo para hacer lo que hace Chuo: dar pena. Con cara de arrechito, se dirigió a los chavistas en lo que él considera un discurso de brazos abiertos, de hermanito vente para acá. Nos instó Chuo, desgañitándose y meneando amenazante sus dedos de topochos pasaos, a dejar la cobardía y a unirnos a la gran familia Polar, -perdón- la familia de la transición. Nos aseguró que no habría cacería de brujas cuando ellos tomaran el poder, pero eso sí, si saltábamos la talanquera, ya, antes de que se arme el zaperoco. Si no lo hacemos, si nos negamos a claudicar, lo que nos pase, bueno, ya no será culpa de Chuo porque él nos dio la oportunidad de correr hacia él como valientes gallinas traidoras. Guerra avisada…

Cobardes, nos llamó envalentonado a la sombra del Tío Sam. Cobardes porque no traicionamos nuestras convicciones, porque no renegamos de Chávez ni de nosotros mismos, porque no nos entregamos con la cabeza gacha, pidiendo perdón por haber luchado, porque no le ponemos al enemigo la papita pelada a cambio de que, un día, no vengan por nuestras cabezas. Extraña cobardía esta que no sabe vivir si no es luchando.

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Paco y Nicolás

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Paco, el españolito, llega del trabajo -por fin tiene trabajo luego de cinco larguísimos años en el paro-, después de cumplir sus 13 horas con un receso al mediodía para comerse alguna cosita, trece horas cada día porque está en “período de prueba”, una forma de torcer todavía más los derechos de los trabajadores. Trece horas cada día durante dos meses, a ver si sirve, a ver si resiste, a ver si al final se gana un contrato fijo. Rara vez se los ganan, rara vez el patrón quiere soltar la manguangua del período de pruebas, de la desesperación que lleva al trabajador a dejarse despojar a cambio de la esperanza de un contrato. Paco llega agotado y enciende el televisor.

Rebelión solitaria en el supermercado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En el supermercado, donde un cartel antibachaqueros te recibe advirtiendo que no venden productos regulados, me consigo con unas larguísimas colas, no en la puerta, sino en las cajas. Hileras de clientes con sus carritos que se extienden hasta dentro de los pasillos. La causa: de las veintiséis cajas, solo funcionan seis: una preferencial, dos lentísimas “cajas rápidas” y tres para el resto de los clientes, que nunca tenemos la razón.

Recorro los pasillos abriéndome espacio entre las colas. La gente se arrima como acostumbrada a arrimarse, y alguno masculla “¡Qué desgracia de país!”, porque esa cola también es culpemaduro. En la nevera, ricotta a novecientos bolos que la semana pasada costaba seiscientos. Miro la fecha y todos están vencidos, la tapas abombadas lo corroboran, pero ahí están, junto a un suero que también ha caducado. Desisto de los lácteos, me niego a pagar sobreprecio para intoxicar a mi familia.

El altoparlante anuncia a los estimados clientes que a partir de mañana, como parte de una campaña ambientalista, nos cobrarán también las bolsas plásticas. Ni un resuello, parece que nadie escucha.

No hay un solo precio en los anaqueles, adivina adivinador parece ser el juego. ¿Para qué poner los precios a la vista tal como dice la ley, si los cambiamos cada semana? Imagínate los costos que eso significaría para el dueño. “Nadie trabaja a pérdida” Dicen las víctimas defensoras de sus victimarios.

Aún en contra de mi instinto que me grita: “¡vete, Carola, vete!”, persisto en el intento de hacer mi compra mientras las colas bajan. No bajan nunca. Los clientes domesticados esperan y esperan mientras chatean por whatsapp. Ni una queja. Comento en voz alta el abuso de tener tantas cajas cerradas. “Es culpa de la Ley del Trabajo” -Contesta alguien sin dejar de mirar su teléfono.

Voy con el gerente, le reclamo que hay leyes y que las están violando todas. Me contesta tranquilazo que no pueden evitarlo. Si ustedes no pueden evitar violar las leyes, yo tampoco lo podré evitar y me llevaré mi compra sin pagar -lo desafío. Atrévase y va presa -responde.

Dejo el carrito en sus narices y me voy pensando: si ese supermercado no fuera propiedad de un millonario sino del Estado, estos dóciles clientes estarían enguarimbados. Pero ahí los dejé, mansitos haciendo cola.

Incorregibles de pie

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Argentina, la de los amigotes entrañables, los compañeros incorregibles, irreductibles. Veinte años no es nada, cuarenta tampoco, la memoria sigue viva, la dignidad intacta.

Un golpe, muchos caminos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- La hoja de ruta, la prioridad de los diputados que llegaron a serlo cabalgando sobre las colas. y que hoy, sobre el tema, no saben, no responden. La hoja de ruta para sacar a Maduro en seis meses, que ya son tres y restando, y el tiempo apremia y la Unidad en pedacitos no se termina de poner de acuerdo. Cada uno tiene un método, cada quién una aspiración personalísima y aquel saco de gatos por dentro y, para afuera, una sonrisa tiesa, más que sonrisa, mueca. Los que mismos que decían “Hay un camino”, hoy dicen que no uno sino que más mejor.

Usual y ordinario Obama

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Obama, preocupadísimo por las violaciones de derechos humanos, cosa de la que él sabe mucho, extendió el decreto que declara a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria” para los Estados Unidos, y todos en Texas, Alabama y Ohio corrieron aterrados con las manos en la cabeza, culpemaduro.

Otro Caracazo, plis

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En el este del Este, amaneció aquel 27 de febrero de 1989 como si nada. Aquellos días cuando éramos felices y no lo sabíamos, cuando los venezolanos no conocíamos de divisiones, cuando “los venezolanos” éramos solo nosotros, los que todavía podíamos comer, los que caminábamos indolentes por las calles saltando niños que dormían sobre cartones. Los huele pega, les llamábamos con miedo y desprecio.




Entonces era normal el goteo de muchachitos que aún no mudaban los dientes de leche, vendiéndote yesqueros, bolígrafos, flores, mientras tú y tus panas intentaban comerse una arepa en Doña Caraotica a las 2 de la mañana después de una rumba discotequera. Ni los mires, ni les contestes porque te caen como cien carajitos a pedirte una arepa. Qué ladilla con esos chamos, pana.

Los barrios eran el Coco, una especie de mito que metía miedo porque un día podían “bajar”. Los barrios, una cosa abstracta que latía peligrosamente más allá de nuestros muros con garita de vigilancia. Nos tenían rabia allá arriba, como si nosotros tuviéramos la culpa de que ellos fueran unos flojos que no quisieron estudiar. Resentimiento de rancho, chamo, quieren ser como uno pero sin trabajar. ¡Oh, aquella Venezuela en la que todos éramos hermanos|

Amanecimos aquel 27 de febrero como cada día. Ignorábamos el rugido que despertaba, y cómo no, si ignoramos el hambre, la miseria, la desesperanza de la mayoría de los venezolanos, como ignorábamos con arrogancia nuestra propia debacle clasemediera mientras colgábamos del abismo a la pobreza agarrándonos con las uñas comidas. No es sorpresa que el Caracazo nos tomara por sorpresa. Tampoco es sorpresa que hoy, cómodamente, desde un sofá el este de Este, invoquen otro Caracazo para que volvamos a ser felices y no lo sepamos.

Pero no hubo estallido; ni ardió el oeste de la ciudad, de Chacaíto para allá, plis; ni hubo suspensión de garantías constitucionales; ni militares masacrando al pueblo, tal como sucedió en tiempos democráticos de CAP. Como no pasó ninguna de estas cosas que mostrarían, sí, a Maduro como un maldito dictador genocida, decepcionados, los mismos que creen que Ramos Allup representa un liderazgo nuevo, afirman amargamente que este país está condenado al desastre porque el pueblo, además de feo, bruto y flojo, tiene la memoria muy corta.



*carolachavez.wordpress.com

Un ejercicio de locura

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Hagamos un ejercicio de locura amparándonos en la Ley de Amnistía y Reconciliación que propone la oposición venezolana, donde la incitación a la violencia, por si acaso alguien interpretara este ejercicio como tal, no sería un delito si ésta fuera por razones políticas.



Imaginemos que el chavismo decide manifestar contra, digamos, la gobernación de Miranda y sus alcaldías aliadas. Imaginen que saliéramos a quemar las calles de Alto Prado, El Cafetal,, Altamira, Terrazas del Ávila, tal como lo hicieron los guarimberos, pero claro, esta vez nuestro objetivo no serían los carepueblo, sino los colectivos de caceroleros marcharines, o de estudiantes manos blancas. Imaginen nuestra protesta frente a instituciones públicas, imaginen la gobernación, las alcaldías bajo una lluvia de piedras y molotovs, los módulos de la policías estadales y municipales… Imaginen que quemáramos los pre-escolares, colegios privados y universidades, que destrozáramos los centros comerciales que fungen como plazas públicas en ese lado de la ciudad.

Imaginen que pusiéramos guayas en las calles del este del Este para degollar a quienes vayan en sus Harleys y que sembráramos las vías de otras trampas para mortales, levantando alcantarillas, colocando barricadas… Imaginen que incendiáramos, con o sin gente adentro, cualquier carro que osara circular con una calcomanía desteñida de “Hay un camino” o con un “SOS Venezuela” pintado el el vidrio trasero. Imaginen que traficáramos explosivos para cometer atentados porque no nos gusta Capriles y no nos gustan quienes votaron por él. Imaginen que robáramos armamento de la policía de Miranda para utilizarlo en nuestra protesta política loca. Imaginen que repartiéramos drogas entre a nuestros héroes luchadores, incluso a los menores que reclutaríamos para tumbar al vil gobierno caprilero. Imaginen que pusiéramos francotiradores que dejaran tendido en la calle, con un certero tiro en la nuca, a quien que tocara nuestras barricadas, a los policías que vinieran a detenernos, a cualquiera.

Imaginen que después de todo el terror y la muerte nos llamáramos víctimas, perseguidos políticos y nos acogiéramos a la ley que la MUD propone. Imaginen que fuéramos así de irresponsables. Imaginen abrir esa puerta. Imaginen la locura y luego hablemos de reconciliación.
*carolachavez.wordpress.com

Golpe avisado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- ¡Todos a la Plaza Brión para acelerar la salida de este gobierno! -Convocó Guarimba Guevara y Mireya, en su apartamento en en La Boyera siente que un sudorcito frío recorre su espalda. Inmediatamente vuelven a su memoria fresquita los meses de zozobra que vivió hace dos años, la calle cerrada con basura, con ramas del árbol de la esquina taladas para secuestrarlos dentro de sus propias calles, los meses de niños enjaulados en casa sin colegio, abajo los guarimberos, encapuchados, amenazadores, el carro de su esposo golpeado por pretender atravesar la barricada, el papel pegado en el espejo del ascensor: denuncia al sapo, el miedo, la desconfianza, el silencio porque cuando José Alberto, el doctor del segundo piso, se quejó de la estupidez que suponía trancar las calles de esa manera, llovieron las acusaciones y amenazas: Tú como que eres chavista. A ver a dónde te vas a meter.




Todos a la Brión y fueron 50 personas, porque las Mireyas y José Albertos, hartos de lo mismo, se quedaron en sus casas. Y ya no hubo quien los llamara sapos porque sus vecinos se quedaron en casa también. Así, la multitudinaria manifestación mutó a asamblea ciudadana. Desde ahí, Guarimba Guevara, haciéndose el loco que es, insistía: “Llegó el momento de calentar la calle” -y la calle helada, helado todo, hasta el siempre cómodo y ardiente Twitter, donde Guevara y su convocatoria no aparecieron en los “Trending Topics”- “Todo cambio va a requerir la movilización del pueblo en la calle ¿Se puede o no se puede?” – Preguntó el líder sin liderazgo-. ¡Síííí! Gritaron los 50 asistentes sin reírse de un mal chiste que se contaba solo. Entonces, el añorante salidista, el que siempre juega con candela, amenazó: “No jueguen con candela. En 2014 nosotros no teníamos 8 millones. Nosotros no teníamos la Asamblea Nacional”. ¡Vaya modo de administrar una victoria!

Una amenaza que viene rodando desde hace días en boca de dirigentes opositores y que repiten los medios nostálgicos del 11 de abril: “Maduro está haciendo todo lo posible para que le den un golpe de estado”. Y Ramos Allup la adereza con una violenta confesión adelantada: “Maduro va a terminar como Allende”, sincronizadito con Roberta Jacobson que afirmó -¡Oh sorpresa!- que el gobierno de los Estados Unidos está consternado, no por los anuncios de golpe, sino por una decisión de nuestro TSJ que al Departamento de Estado no le gustó. Y es que no es posible que el gobierno venezolano declare una crisis económica, no señor. Lo que sí hay que declarar, y eso lo harán ustedes desde la Asamblea, es una crisis humanitaria, como la que esperaba el General John Kelly para tener la excusa de meternos en Venezuela a ayudar, humanitariamente, como solo nosotros lo sabemos hacer. Yes, sir!

“Estamos avanzando en la Unidad para decirle al pueblo en 15 días cuál es el mecanismo para salir del Gobierno” -Anunció Guarimba Guevara. Y uno se pregunta qué mecanismos serán esos, si todo el mundo sabe que el único mecanismo constitucional para “salir de este gobierno” es el referéndum revocatorio, pero ahí las cuentas no les cuadran, así que hay que buscar otros “mecanismos”, ya saben, “Maduro está haciendo todo lo posible para que le den un golpe de Estado”.

En fin, golpe avisado…

Primero muerta que conuco

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Pocas cosas han recibido tantos ataques desde la clase media citadina como la propuesta de impulsar la agricultura urbana. ¡Urbanitas del mundo, uníos, porque no es no! -Gritan en feroz coro y uno se pregunta por qué tan rabioso rechazo, por qué la burla, por qué la ceguera.





La ciudades son trampas incapaces de sostenerse. Allí donde lo humano se diluye a favor de lo que llaman modernidad, los citadinos asumen mansamente el individualismo castrante. Su vida transcurre en la soledad de la propiedad privada. Millones en propiedad horizontal, cuyo máximo nivel de organización se reduce a una junta de condominio que solo sirve para fijar las cuotas que pagarán a una administradora que atienda el mantenimiento de lo poseen en común. Y más allá del muro, la calle, y una redoma cubierta de gamelote que no es problema mío porque yo pago mis impuestos para que la limpien. Puertas adentro, un palacio, puertas afuera, el abismo de lo público: lo de nadie.

Convocar al urbanita clase media a la organización comunitaria y al trabajo voluntario que implica la siembra, atenta contra todo lo que el urbanita es y valora. Es la vuelta a la edad de piedra, un golpe a la civilización. Ni siquiera los invites a sembrar en sus macetas, individualmente, tal como les gusta, pero en lugar de geranios, una tomatera, unos cebollines, una matica de albahaca para consumo propio. No me da la gana, porque para eso están los campesinos, cuyo trabajo reivindico cuando amenaza la posibilidad de tener que llenarme las manos de tierra.

Aferrados a la desinformación, juran indignados que la agricultura urbana se propone como solución única al tema alimentario -¡qué bruto es Nicolás!-. El ombligismo no les deja ver sino obstáculos y desventajas, ni de vaina documentarse, ni vaina imaginar, al menos, el impacto positivo que tendría en zonas de populares -¿A quién le importa?-. Quieren soluciones macro, eso sí, macro sin micros. Frente al abrumador hecho de el 89% del país vive en zonas urbanas y pretende ser alimentado por el 11% restante que vive en el campo, ven en la industrialización la única salida, nada de soluciones alternativas, complementarias, esas son vainas jipis y chaburras, nada al alcance de la mano, nada de ser parte de la solución ¡Que viva el glifosato y la cadena de distribución!


*carolachavez.wordpress.com

El Cambio y sus medios -

OPINIÓN de Carola Chávez.- Verano en Argentina, tiempo de letargo. En el verano argentino “nadie hace mucho y de eso se aprovecha el gobierno” -me comenta un amigo peronista. Aprovecha el nuevo gobierno y despide a cincuenta mil trabajadores, el peine del revanchismo no distingue entre los K o los anti K. Todos reciben su balde...



Verano en Argentina, tiempo de letargo. En el verano argentino “nadie hace mucho y de eso se aprovecha el gobierno” -me comenta un amigo peronista. Aprovecha el nuevo gobierno y despide a cincuenta mil trabajadores, el peine del revanchismo no distingue entre los K o los anti K. Todos reciben su balde de agua fría en la puerta del trabajo, donde unos vigilantes, con listas en mano, te dejan entrar al “laburo”, o te convierten en un “gasto” menos.

Es verano y nadie hace mucho, salvo el gobierno de Macri, que, pobrecito, aún en reposo por una costilla conveniente e intermitentemente fracturada, se ha dedicado a desarmar el país por decreto, y al que no le guste, por decreto será destituido… y si le gusta, será despedido también. Tranquilo, que no habrá Clarín que lo señale porque vuelve Argentina a tener un presidente del agrado de La Nación.

Los mismos medios que condenaban a Nestor primero y a Cristina después, hasta por respirar, los que, por ensañarse, se ensañaban con sus zapatos, con sus políticas sociales, con cada medida de su gobierno, con sus hijos, con su luto, con sus seguidores, sus compañeros, con los caídos, los desaparecidos, con todo lo que oliera a nacional y popular, hoy se dedican a dar prácticos tips para que los argentinos vivan El Cambio “con alegría”.

Para los cincuenta mil despedidos -y contando-, El Clarín dedica un trabajo excelente titulado “Diez años en la misma empresa puede ser un fracaso personal”, donde les explica a los tercermundistas sureños que en los EEUU los jóvenes trabajadores prefieren cambiar de trabajo a cada rato y que eso es una maravilla, como todo lo que sucede allá. Cunden los titulares tipo autoayuda: “Tiempo libre: un “tesoro” que puede dar más felicidad que el dinero” o “Los bienes que más valen no tienen precio”, así como para que los que perdieron su empleo dejen de quejarse y aprendan a valorar lo que El Cambio hace por ellos.

Para el creciente número de gente que ahora no tiene o no le alcanza el sueldo para nada, publican maravillas como “Precios que suben… y aportan al conocimiento”, “Trucos para cargar nafta y pagar menos”, “Reducir el tamaño de las porciones, la clave para perder peso” y el más fashionista de todos los titulares: “Chiconomics: de qué se trata esta nueva moda que combina elegancia y ahorro”.

Y claro, si este año, de sopetón y por decreto, no pudiste veranear como lo hacías durante “la década perdida de la Yegua”, no dejes de leer “Verano en la ciudad: trucos de maquillaje para simular el efecto bronceado”, “Vacaciones en carpa, una experiencia de vida” o “Comer es viajar con el paladar” -aunque ya sabemos que tampoco te alcanza para comer, pero si te comes un croissant, que no es tan caro, viajarías a París… con el paladar, claro. Aunque ninguno más cínico que “Turismo virtual no para de sumar millas” un reportaje que explica cómo se puede recorrer el mundo baratísimo y sin salir de casa gracias a Google Maps. Como, de paso, te clavaron un 500% de aumento en las tarifas de la luz y te estás achicharrando de calor, sonríe y lee “Verano en la ciudad: 5 actividades para alejarse del aire acondicionado”, o “Cómo mantener la casa fresca sin usar aire acondicionado” -que tienes y que no puedes usar-.

Y no se crean que El Cambio no afecta a los ricos, no, allá todos tiene que ajustarse el cinturón, como ordena el FMI con el que se acaban de volver a endeudar. Lo que pasa es que en ese ajuste cinturonil, los empresarios se lo aflojan con exoneraciones fiscales por decreto, mientras las clases medias, mayoritariamente anti K, ahora pagarán más impuestos “con alegría” y casi sin poder respirar. Para esa gente sacrificada habla Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler Automobile Argentina, y les dice con humildad empresarial en una reseña de La Nación: “Ganaría menos con tal de que al país le vaya bien”. Curiosamente es el mismo que en agosto de 2013 dijo al diario La Nación que “Los empresarios no pueden pagar más la cuenta” y en enero del 2014, salía reseñado en el mismo diario bajo este conmovedor titular: “Cristiano Rattazzi revela que el impuestazo “fulminó” la venta de autos de alta gama”. Afirmar que ganaría menos para que al país le vaya bien, es solo un decir, ya sabemos, como solo fueron decires -“slogans publicitarios”, según el Diputado Berriezbeitia aquí en Venezuela- los desmentidos de Macri cuando calificó de “campaña de miedo” las advertencias que hacía Scioli sobre la devaluación, despidos masivos, recortes y liberación de precios que traería El Cambio.

Aclarado el asunto del marketing electoral y las promesas, Macri se dedicó a mandar a sacar, por anticuados y mala vibra, los retratos de los Héroes de la Patria de los salones de La Casa Rosada, “Me sacan esa vaina de aquí, que se los lleve el aseo”, como diría el nuevo presidente de nuestra Asamblea Nacional -¿casualmente?- por estos mismos días.

¿Qué por qué escribo sobre Argentina cuando en Venezuela están pasando tantas cosas? Porque Argentina es una angustiosa ventana al futuro en la que podemos asomarnos y ver a El Cambio en toda su magnitud. El funesto impacto que supondría el gobierno en manos de los del “Vamos a acabar con las colas” de campaña reducido a un lamentable “El sueldo de diputados no nos alcanza y lo vamos a revisar”, por cierto, una declaración que lo dice todo y que los medios “demócratas, independientes y libres” nunca, nunca, nunca reseñarán.

Un café bien conversado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Chávez fue un gran comunicador. El más grande de todos, el mejor. Él se sentaba a conversar con nosotros, con sencillez, aboliendo la rimbombancia de discurso, y agregándole mucho sustento, muchas lecturas, mucha creatividad, muchos argumentos. Chávez nos brindaba esas conversas con café que, literalmente, arreglaban el mundo.



Él agarraba un tema y lo deshilachaba hasta la última hebra, hasta que no quedara duda. Nos explicaba cosas que teníamos en las narices y, que a veces, tantas veces, no éramos capaces de entender. Chávez nos abrió los ojos, no con sus frases grandilocuentes, que las tenía y con las que nos hacía vibrar, sino con sus palabras sencillas, con sus historias de muchacho de campo, de militar joven en un país entregado, con esos libros enormes que para muchos de nosotros son complicadísimos, convertidos en memorables conversaciones entre amigos que comparten un café.

Chávez usaba consignas, sí, pero no hacía de ellas su discurso. La consigna era un recordatorio de todo aquello que nos había hablado. Las consignas solitas, repetidas tantas veces, se desgastan hasta no decir nada. Son como las letanías que se dicen sin siquiera pensar en lo que está diciendo. Las consignas no van al fondo, apenas lo enuncian, no las sobemos tanto.

Si Chávez iba al detalle, nosotros tendemos a hablar en términos macro. Hablamos de su Legado, y ahí caben tantas cosas que no nombramos, y que hay que nombrar para que no se haga difuso hasta la absurda reducción de quienes creen que El Legado es un cupo electrónico o una tableta, o de los que creen que es cosa de los demás y no de cada uno de nosotros, o de los que lo fraccionan tomando solo lo que les calza, obviando la complejidad y diversidad del chavismo, convirtiendo en pecado sus contradicciones. El Legado se construyó desde el detalle cotidiano, desde lo que somos, lo que logramos, lo que aspiramos, y de eso ya casi no hablamos. Hablamos de logros en cifras que desdibujan caras, historias, convertidas en porcentajes que aunque quieran decir mucho, por abstractos, lo que dicen no llega.

Es hora de que quienes erróneamente nos llamamos comunicadores -como si la comunicación no fuera cosa de todos-, nos bajemos un poco de esa nube y busquemos alcanzar la claridad de Chávez y sus cafés bien conversados.