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Mostrando las entradas etiquetadas como CAROLA CHÁVEZ

Pegado al taburete

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Pasó como aquella vez hace dos años, cuando Capriles anunció por Twitter que iría al diálogo convocado por el presidente Maduro “para hacer temblar a Miraflores”. Y fue, y solo puso la torta. Bueno, Ramos Allup reeditó el fracaso con un anuncio con tintes de amenazas, un tuit para el lado gris de la historia: “Maduro, Delcy y Bernardo: aprietense los cinturones y peguense del taburete que vamos con todo a la OEA.” Así, sin tildes, porque la rabia le nubla la ortografía. Y con su “todo” se fue a Washington en el avión de su cuñado.

Crónica de una fiesta aguada

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.-  Estaban todos en la sala donde se habían citado. En la pared, un televisor panorámico. Sobre las mesas, grandes poncheras -perdón- bowls de cotufas -excuse me- pop corn bañados en mantequilla. Aunque eran apenas de las nueve de la mañana, había botellas de whisky dispuestas coquetamente al lado de las jarras de agua de coco, junto a unos centros de mesa con claveles azules, blancos y rojos, entremezclados con banderitas de los Estados Unidos y estrellitas de escarcha, todo con el sello inconfundible de Ronald Carreño, experto en estos temas tan sensibles.

Crónica de guerra en un país en paz

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Tras semanas de preparación psicológica, finalmente, junto al valiente Albert Rivera, un equipo periodistas nos subimos al avión rumbo a Venezuela, rumbo al peligro mortal.

El verdadero drama de Patricia

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.-  Ese día Patricia no pudo más. La crisis humanitaria la estaba ahogando así que, ahogada en llanto, tomó uno de sus smartphones y comenzó a grabar un video selfie para que “todo el mundo, a nivel mundial, se enterara de lo que el venezolano vive todos los días”. Un video que Patricia lanzó como una botella al mar de Youtube… al menos eso se supone que debemos creer.




Llora a moco tendido Patricia porque su sueldo no alcanza aunque ella es “profesional”, porque en su casa no hay hambre, porque no puede ni comprar “tres laticas de comida”, llora por que el único que “medio puede comer” los tres pollos que su sueldo le permiten comprar, es su hijo de dos años. Llora Patricia y su famélica papada de tres capas se estremece con cada hipido.

Durante su lacrimógena narración nos cuenta sobre su tía que “reclamó por un horno mal arreglado y miren cómo la dejaron” -Entonces, la hambrienta obesa que nos acaba de decir que no tiene dinero para comprar comida, s…

De infiltrados y perseguidos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Marcharon. Llegaron a la avenida Libertador junto a algunos de sus dirigentes. Allí entregaron un documento. Se acabó, vuelvan todos a sus casas –declararon a los micrófonos para no meter la pata como la metió Leopoldo. Entonces se retiraron dejando a su gente a la deriva con la cabeza llena de los discursos previos a la marcha: Vamos a llegar al CNE aunque la dictadura no quiera. No necesitamos permiso de nadie -aunque saben que en cualquier ciudad del mundo sí se necesitan permisos para convocar manifestaciones públicas-. Calle sin retorno, hasta que se vaya Maduro.

Insoportable corrupción roja

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- El joven, ayer guarimbero manos blancas, luego concejal, hoy diputado en La Asamblea Nacional, muchacho sin mayor trayecto, sin tiempo para amasar fortuna, se baja del Audi carísmo que gentilmente le “prestó” una empresa -segurito, por puro altruismo- y sube a un avión, first class y brinca de un continente a otro, todo cinco estrellas, todo estrellas Michelin. Miles y miles de dólares se esfuman de uno no sabe dónde para que el joven diputado, como la sortija, vaya y venga, sin que nadie lo detenga, sin que nadie sepa para qué, sin que alguien en la oposición -algún periodista, alguna señora de esas que vociferan en la panadería- ponga en grito en el cielo. Pero, ¡Ay si fuera un chavista!

Sordos peligrosos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En estos días hemos visto a la oposición ejerciendo un derecho político que profundiza la democracia, un derecho único, que no existe en ningún otro país del mundo, ni siquiera en aquellos que nos acusan de ser una dictadura, un derecho que no existía hasta que Chávez lo sacó a la luz y lo puso en nuestras manos.

La Hora del Diablo y otras genialidades

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Desde el sector decente y pensante de esta país y con carácter de urgencia, llega, una, dos, tres veces en una semana, desde tres grupos distintísimos, sin conexión alguna entre ellos, más allá de su antichavismo rabioso, esta cadena de Whatsapp:

Extraña cobardía

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- El 19 de abril, la MUD convocó a una gran marcha -¡ejem, ejem!- mejor un cabildo, sí, un cabildo abierto, una cosa más representativa de la fecha que se conmemora. ¿Qué se conmemora? –Preguntó Capriles, a quien nadie le para y se quedó con la duda forever, poniendo la torta a la hora de su brevísimo discurso cuando del 19 de abril solo pudo decir que “en este día de… este día de… bueno, esta fecha patria.”




Cabildo abierto en un sitio cerrado, convocatoria de esta extraña unidad que pone a Capriles a balbucear allá en la tarimita, mientras que afuera, los guarimberos leopolderos y los adecos cabilleros gritaban que no querían cabildo, sino que querían calle, ca-lle, ca-lle, “hasta que se vaya este gobierno”. Cuatro energúmenos que quieren calle pero no hallan como llenarlas porque ya casi nadie, por muy antichavista que sea, se emociona con esa “calle” que significa guarimba, encierro, encapuchados secuestrando sus propias urbanizaciones, y aquel hu…

Paco y Nicolás

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Paco, el españolito, llega del trabajo -por fin tiene trabajo luego de cinco larguísimos años en el paro-, después de cumplir sus 13 horas con un receso al mediodía para comerse alguna cosita, trece horas cada día porque está en “período de prueba”, una forma de torcer todavía más los derechos de los trabajadores. Trece horas cada día durante dos meses, a ver si sirve, a ver si resiste, a ver si al final se gana un contrato fijo. Rara vez se los ganan, rara vez el patrón quiere soltar la manguangua del período de pruebas, de la desesperación que lleva al trabajador a dejarse despojar a cambio de la esperanza de un contrato. Paco llega agotado y enciende el televisor.

Rebelión solitaria en el supermercado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En el supermercado, donde un cartel antibachaqueros te recibe advirtiendo que no venden productos regulados, me consigo con unas larguísimas colas, no en la puerta, sino en las cajas. Hileras de clientes con sus carritos que se extienden hasta dentro de los pasillos. La causa: de las veintiséis cajas, solo funcionan seis: una preferencial, dos lentísimas “cajas rápidas” y tres para el resto de los clientes, que nunca tenemos la razón.

Recorro los pasillos abriéndome espacio entre las colas. La gente se arrima como acostumbrada a arrimarse, y alguno masculla “¡Qué desgracia de país!”, porque esa cola también es culpemaduro. En la nevera, ricotta a novecientos bolos que la semana pasada costaba seiscientos. Miro la fecha y todos están vencidos, la tapas abombadas lo corroboran, pero ahí están, junto a un suero que también ha caducado. Desisto de los lácteos, me niego a pagar sobreprecio para intoxicar a mi familia.

El altoparlante anuncia a los estima…

Incorregibles de pie

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Argentina, la de los amigotes entrañables, los compañeros incorregibles, irreductibles. Veinte años no es nada, cuarenta tampoco, la memoria sigue viva, la dignidad intacta.

Un golpe, muchos caminos

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- La hoja de ruta, la prioridad de los diputados que llegaron a serlo cabalgando sobre las colas. y que hoy, sobre el tema, no saben, no responden. La hoja de ruta para sacar a Maduro en seis meses, que ya son tres y restando, y el tiempo apremia y la Unidad en pedacitos no se termina de poner de acuerdo. Cada uno tiene un método, cada quién una aspiración personalísima y aquel saco de gatos por dentro y, para afuera, una sonrisa tiesa, más que sonrisa, mueca. Los que mismos que decían “Hay un camino”, hoy dicen que no uno sino que más mejor.

Usual y ordinario Obama

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Obama, preocupadísimo por las violaciones de derechos humanos, cosa de la que él sabe mucho, extendió el decreto que declara a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria” para los Estados Unidos, y todos en Texas, Alabama y Ohio corrieron aterrados con las manos en la cabeza, culpemaduro.

Otro Caracazo, plis

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- En el este del Este, amaneció aquel 27 de febrero de 1989 como si nada. Aquellos días cuando éramos felices y no lo sabíamos, cuando los venezolanos no conocíamos de divisiones, cuando “los venezolanos” éramos solo nosotros, los que todavía podíamos comer, los que caminábamos indolentes por las calles saltando niños que dormían sobre cartones. Los huele pega, les llamábamos con miedo y desprecio.




Entonces era normal el goteo de muchachitos que aún no mudaban los dientes de leche, vendiéndote yesqueros, bolígrafos, flores, mientras tú y tus panas intentaban comerse una arepa en Doña Caraotica a las 2 de la mañana después de una rumba discotequera. Ni los mires, ni les contestes porque te caen como cien carajitos a pedirte una arepa. Qué ladilla con esos chamos, pana.

Los barrios eran el Coco, una especie de mito que metía miedo porque un día podían “bajar”. Los barrios, una cosa abstracta que latía peligrosamente más allá de nuestros muros con garita…

Un ejercicio de locura

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Hagamos un ejercicio de locura amparándonos en la Ley de Amnistía y Reconciliación que propone la oposición venezolana, donde la incitación a la violencia, por si acaso alguien interpretara este ejercicio como tal, no sería un delito si ésta fuera por razones políticas.



Imaginemos que el chavismo decide manifestar contra, digamos, la gobernación de Miranda y sus alcaldías aliadas. Imaginen que saliéramos a quemar las calles de Alto Prado, El Cafetal,, Altamira, Terrazas del Ávila, tal como lo hicieron los guarimberos, pero claro, esta vez nuestro objetivo no serían los carepueblo, sino los colectivos de caceroleros marcharines, o de estudiantes manos blancas. Imaginen nuestra protesta frente a instituciones públicas, imaginen la gobernación, las alcaldías bajo una lluvia de piedras y molotovs, los módulos de la policías estadales y municipales… Imaginen que quemáramos los pre-escolares, colegios privados y universidades, que destrozáramos los centr…

Golpe avisado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- ¡Todos a la Plaza Brión para acelerar la salida de este gobierno! -Convocó Guarimba Guevara y Mireya, en su apartamento en en La Boyera siente que un sudorcito frío recorre su espalda. Inmediatamente vuelven a su memoria fresquita los meses de zozobra que vivió hace dos años, la calle cerrada con basura, con ramas del árbol de la esquina taladas para secuestrarlos dentro de sus propias calles, los meses de niños enjaulados en casa sin colegio, abajo los guarimberos, encapuchados, amenazadores, el carro de su esposo golpeado por pretender atravesar la barricada, el papel pegado en el espejo del ascensor: denuncia al sapo, el miedo, la desconfianza, el silencio porque cuando José Alberto, el doctor del segundo piso, se quejó de la estupidez que suponía trancar las calles de esa manera, llovieron las acusaciones y amenazas: Tú como que eres chavista. A ver a dónde te vas a meter.




Todos a la Brión y fueron 50 personas, porque las Mireyas y José Alberto…

Primero muerta que conuco

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Pocas cosas han recibido tantos ataques desde la clase media citadina como la propuesta de impulsar la agricultura urbana. ¡Urbanitas del mundo, uníos, porque no es no! -Gritan en feroz coro y uno se pregunta por qué tan rabioso rechazo, por qué la burla, por qué la ceguera.





La ciudades son trampas incapaces de sostenerse. Allí donde lo humano se diluye a favor de lo que llaman modernidad, los citadinos asumen mansamente el individualismo castrante. Su vida transcurre en la soledad de la propiedad privada. Millones en propiedad horizontal, cuyo máximo nivel de organización se reduce a una junta de condominio que solo sirve para fijar las cuotas que pagarán a una administradora que atienda el mantenimiento de lo poseen en común. Y más allá del muro, la calle, y una redoma cubierta de gamelote que no es problema mío porque yo pago mis impuestos para que la limpien. Puertas adentro, un palacio, puertas afuera, el abismo de lo público: lo de nadie.

Conv…

El Cambio y sus medios -

OPINIÓN de Carola Chávez.- Verano en Argentina, tiempo de letargo. En el verano argentino “nadie hace mucho y de eso se aprovecha el gobierno” -me comenta un amigo peronista. Aprovecha el nuevo gobierno y despide a cincuenta mil trabajadores, el peine del revanchismo no distingue entre los K o los anti K. Todos reciben su balde...



Verano en Argentina, tiempo de letargo. En el verano argentino “nadie hace mucho y de eso se aprovecha el gobierno” -me comenta un amigo peronista. Aprovecha el nuevo gobierno y despide a cincuenta mil trabajadores, el peine del revanchismo no distingue entre los K o los anti K. Todos reciben su balde de agua fría en la puerta del trabajo, donde unos vigilantes, con listas en mano, te dejan entrar al “laburo”, o te convierten en un “gasto” menos.

Es verano y nadie hace mucho, salvo el gobierno de Macri, que, pobrecito, aún en reposo por una costilla conveniente e intermitentemente fracturada, se ha dedicado a desarmar el país por decreto, y al que no le guste…

Un café bien conversado

OPINIÓN de Carola Chávez, Venezuela.- Chávez fue un gran comunicador. El más grande de todos, el mejor. Él se sentaba a conversar con nosotros, con sencillez, aboliendo la rimbombancia de discurso, y agregándole mucho sustento, muchas lecturas, mucha creatividad, muchos argumentos. Chávez nos brindaba esas conversas con café que, literalmente, arreglaban el mundo.



Él agarraba un tema y lo deshilachaba hasta la última hebra, hasta que no quedara duda. Nos explicaba cosas que teníamos en las narices y, que a veces, tantas veces, no éramos capaces de entender. Chávez nos abrió los ojos, no con sus frases grandilocuentes, que las tenía y con las que nos hacía vibrar, sino con sus palabras sencillas, con sus historias de muchacho de campo, de militar joven en un país entregado, con esos libros enormes que para muchos de nosotros son complicadísimos, convertidos en memorables conversaciones entre amigos que comparten un café.

Chávez usaba consignas, sí, pero no hacía de ellas su discurso. La …

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