Otra información es posible

¿Alguien sabe dónde está Israel?

OPINIÓN de Javier Couso.-

Hace unos días me quedé estupefacto oyendo la radio, más que otras veces, tengo que añadir. El caso es que se iba a celebrar un partido de baloncesto entre el Maccabi de Tel Aviv y el Real Madrid y su entrenador realizaba unas declaraciones en las que señalaba que la del Maccabi era una de las canchas más temibles de Europa... ¿De Europa? En ese momento dejé lo que estaba haciendo y me pregunté si Israel está en Europa.

La radio seguía sonando y el locutor hablaba de la Euroliga de baloncesto, en la que se enmarcaba este partido. Mi asombro dio paso a la indignación al constatar que el estado racista de Israel, espada del imperialismo angloamericano en Oriente Medio, se inserta con total normalidad en un continente que no es el suyo. Algo que no sorprende a la mayoría de la población europea.

Indagando, descubrí que la Euroliga depende de la Confederación Europea de Baloncesto (FIBA Europa) entidad integrada por 51 países, de los que 50 están geográficamente en Europa, siendo uno de ellos, Turquía, bicontinental al compartir territorio en Europa y Asia. Israel representa pues, una anomalía absoluta, ya que su situación en el mapa es Oriente Medio, indiscutiblemente situada en el continente asiático.

En la mayor expresión de racismo, Israel no se relaciona culturalmente con sus vecinos, ni con Palestina, a la que mantiene bajo una criminal ocupación, ni con los demás países del área, la mayoría de los cuales son abiertamente hostiles a un estado que se ha forjado sobre la expansión militar basada en criterios religiosos.

No hay ningún atisbo de intención de una paz justa que dé lugar a una buena vecindad en el espacio geográfico sobre el que se asienta el Estado de Israel. Por eso la esquizofrenia de residir en tierra árabe pero pensar en occidental; alma judía, mente estadounidense y cuerpo europeo.

Mayor culpa tenemos nosotros, que permitimos la presencia en la Euroliga, en Eurovisión, en la Eurocopa, etc... de un país que practica el apartheid racista contra la población árabe dentro de sus fronteras y un estado de guerra permanente con Palestina, territorios ocupados o no.

Es como si a finales del siglo XX hubiéramos admitido a los racistas de Pretoria para que se desarrollaran deportiva y culturalmente alejados de su propia población negra. Cultura occidental, robo sudafricano. Puro cinismo racista elevado a la máxima potencia.

Este desatino tiene como finalidad la normalización, algo parecido al olvido en los casos de genocidio. Si se ve normal será aceptado, si se olvida no será juzgado. Admitiendo a un estado racista en nuestros espacios culturales y deportivos damos nuestro plácet al robo de tierras, a la ocupación, a los asesinatos extrajudiciales, a la deportación, a la tortura, al uso de fósforo blanco, a los bombardeos sobre población civil, ... en definitiva, la aceptación del mal sobre otros seres humanos.

La normalización del crimen a nivel de estado es la banalización de la violencia como forma de política internacional, constituye la aceptación del horror institucionalizado. Haciéndolos nuestros iguales nos hacemos, a su vez, cómplices.

Cada gol, cada canción, cada canasta, son un tanto en la impunidad de un estado, como el israelí, que ni respeta ni pretende más ley que la del más fuerte, la suya.



Apoyemos al movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones).

Gracias por marcar el camino

OPINIÓN de Javier Couso.-

Oigo a los todólogos, a los creadores de opinión, a los responsables políticos de los partidos del régimen bipartidista hablando de los escraches y los veo muy nerviosos. Opinan al unísono en contra de los gritos de las víctimas.

Ellos y ellas, los apesebrados, los que nunca hacen más que aplaudir el estado general de las cosas, se asustan cuando ven al pueblo en movimiento. Ante cualquier rotura del statu quo se ponen automáticamente a la defensiva.

Les pareció simpático ver a la gente en las calles y plazas, pero solo un rato, como algo simbólico. Pasado un tiempo y sabiendo de las reivindicaciones que cuestionaban el capitalismo, la cosa cambió. Así no, van a tener menos apoyo, una cosa es una cosa y otra otra.

Lo mismo con las acciones contra los desahucios. Lo ha mandado un juez, no se pueden saltar las leyes, esto sería el caos. Sin bancos no se puede vivir. Así os dejarán de apoyar.

Esa es su función, apaciguar y adoctrinar. Pastores de la sumisión hablando desde los púlpitos mediáticos. Entrando en el salón a la hora de cenar para convencer a las sufridoras gentes de bien, que los malos no son los que les roban o explotan, esos que convierten la vida en un infierno a su servicio, sino que los “malos” son los que rompen la “pax financiera” exigiendo justicia social.

Habrían estado contra la Huelga de la Canadiense, huelga con heridos y detenidos que trajo el derecho a las 8 horas. Hubieran llamado a la calma en medio del gueto de Varsovia. Afearían a Rosa Parks por sentarse en una asiento de blancos. Con los mismos argumentos sobre la ley o las formas. Siempre defendiendo la quietud que da tranquilidad al poder.

Vivimos en una olla a presión cerrada, con un fuego vivo de los poderes financieros, sin el agua que nos proteja de la quema y sin válvula de presión. Estamos a punto de ebullición y el vapor empieza a empujar hacia todos los lados. Vamos hacia la explosión. No nos queda otra.

Por eso los nervios, por eso las condenas. Ya no son cuatro desarrapados “radikales”, ahora son miles de jubilados estafados, decenas de miles de familias desahuciadas o millones de desempleados. Existe un sentimiento creciente de descontento y de perdida de legitimidad de un sistema que trabaja para la dictadura de la banca y de las grandes empresas.

Y eso asusta, les asusta. No quieren que los gritos lleguen a sus casas, no quieren verse increpados por sus vecinos ni señalados por el pueblo, un pueblo al que quieren como un rebaño de ovejas camino al matadero financiero.

Intentarán desunir, criminalizar o reprimir, pero viendo su intranquilidad sé que la PAH nos señala hoy el camino, un camino de acciones civiles con el pueblo activo.

A las mareas, a los mineros, a la PAH,... gracias por ponerles nerviosos, gracias por llevar la indignación a los culpables de tanto sufrimiento. Gracias a quien apoya públicamente, sea intelectual o político. Gracias por marcar el camino.

Nos vemos en las calles. No son del orden silente, son del pueblo. Son nuestras.

Intervenciones: estación final China

OPINIÓN de Javier CousoHablando República.-

Hace un par de días empezaba a leer el libro [1] de un cronista del ejército estadounidense que se ha dedicado a recorrer de cabo a rabo el extenso espacio geográfico que a nivel global controlan sus más de 800 bases militares.

El autor se declara abiertamente admirador de la política militar estadounidense. Pero, a pesar de que está escrito de manera maniquea, que exalta sin disimulo a los “cowboys” sobre el terreno y que destila no pocas veces un tufo racista neocolonial, lo que se adivina entre líneas da muchas e interesantes claves.

En el capítulo de apertura aparece el Sahel, tan de moda ultimamente; Malí, Mauritania, Niger, Senegal, Burkina Faso, y los demás países del área se suceden descritos con precisión. Es 2004 y ya encontramos tropas especiales estadounidenses entrenando a militares malienses (¿serían los mismos que dieron un golpe de estado en marzo de 2012?) y se habla sin empacho de la contención de China, presente en la zona tras los recursos estratégicos necesarios para su crecimiento.

A nadie se le escapa la emergencia de China como única potencia capaz de hacer sombra al poder omnímodo de EEUU, ni que la prioridad máxima de Washington sea contenerla reteniendo todas las áreas de abastecimiento enérgetico que se pueda. Es la lucha por el control de los círculos concéntricos de los que hablaba Brzezinski destinados a defender la primacía de la potencia global. Pero lo que para Rusia puede ser la pérdida de influencia estratégica, para China supone un golpe mortal pues, al contrario que Moscú, no es autosuficiente energéticamente.

En el momento en que la asistencia al gobierno sirio y los vetos en la ONU a cualquier intervención o exclusión aérea impulsados con firmeza por China y Rusia han logrado, quizás no detener, pero sí ralentizar las pretensiones de los aliados estadounidenses para romper la primera barrera que da protección a Irán, uno de los primeros abastecedores de petróleo del gigante asiático (20%), con la partida maliense se abre una nueva jugada en el tablero.




Si en Siria se busca romper el eje Irán-Hezbollah-Siria además de privar a Rusia de su única salida al Mediterraneo, en Malí se asegura un pivote estratégico que tiene frontera con siete países y posee grandes recursos, además de dar un toque de atención a Argelia, otro país rico energéticamente y díscolo con el proyecto de reordenación del mapa africano (cuando las barbas del vecino libio veas cortar...).

En esta nueva apuesta nos encontramos con los mismos actores que se vieron sin disimulo en Libia y se ven difuminados en Siria: presencia comercial francesa, qatarí y saudí, asistida a regañadientes por los socios del paraguas militar OTAN bajo la tutela del Africom estadounidense.

Se tensiona sin disimulo en el ámbito económico con políticas FMI para debilitar población y fragmentar la sociedad, se promueven gobiernos títeres por lo civil o se imponen por lo militar, pero siempre con fachada democrática y/o con la excusa del combate al terrorismo.

Son las nuevas intervenciones neocoloniales con fachada posmoderna que esconde las viejas maneras de Roma o el Imperio Habsburgo: asegurar los negocios de los estados vasallos a cambio de la protección de su valedor, el Imperio unipolar.

La guerras de Occidente son siempre contra los tiranos, por la democracia, por los derechos humanos, por la libertad, … la utilización de espantajos salafistas infiltrados en los tuaregs del norte de Malí, los aliados occidentales de Al Qaeda en Siria y Libia o la utilización de la Hermandad Musulmana para reconducir levantamientos populares, no tienen nada que ver con el control de las fuentes de energía y los acuíferos, son solo las alucinaciones de algunos antiimperialistas trasnochados.



[1]: "Por tierra, mar y aire. Las huellas globales del ejército americano". Robert D. Kaplan.

La izquierda y las nuevas viejas guerras

OPINIÓN de Javier Couso.-

En la izquierda nuestra hay cuestiones que permiten separar el grano de la paja en lo que a las actitudes morales se refiere. Cuba tiene esa capacidad. Su Revolución y como nos relacionamos con ella hace caer muchas máscaras entre los que prefieren la actitud “progre” de lo políticamente correcto a la defensa del básico antiimperialismo.

Hoy, la mayor de las Antillas comparte con Venezuela y los países del ALBA esa función tamizadora. Afortunadamente cada día está menos sola y parece que va ganando la batalla contra la inquina del mayor Imperio global conocido.

Con las nuevas guerras pasa lo mismo, asistimos a la fragmentación de la izquierda mundial con gravísimas diferencias. Una parte de la gente de izquierda, mucha buena gente, ha sucumbido al aplauso de las operaciones de cambio de gobierno desarrolladas por actores imperiales y neocoloniales utilizando y parasitando las legítimas aspiraciones de pueblos enteros.

Como se demostró en la agresión que destruyó la República Federal de Yugoslavia, no se pueden avalar intervenciones brutales que se enmascaran en la supuesta defensa de los Derechos Humanos por parte de los que no los cumplen jamás y cuyos pretextos, no pocas veces, son fabricados en operaciones de bandera falsa.

Apoyar aunque sea tácitamente el llamado “deber de injerencia” es no darse cuenta de que se está ayudando a romper la arquitectura básica emanada de los procesos descolonizadores, esa que dio carta de naturaleza al derecho de no intervención en los asuntos internos de los estados soberanos.

Hace 10 años estaba claro, la izquierda al unísono y un importante número de la población mundial nos manifestamos contra la agresión a Irak. No, no defendíamos a Sadam, el antiguo títere que se usó como ariete contra Irán, ese que hacía escala en Arabia Saudí para bombardear, ese que utilizaba la tortura y la persecución,... NO, ninguno lo defendíamos.

Estábamos contra el desmantelamiento de lo que quedaba de ese estado laico nacido del panarabismo socialista que se alzó contra el colonialismo en toda la región. Nos manifestábamos contra la destrucción de la sanidad pública, contra la privatización de la industria del petroleo, contra los bombardeos que sabíamos serían la puntilla de un embargo que había matado a cientos de miles de niñas y niños iraquís.

Por eso no entiendo la comprensión de parte de la izquierda ante el uso de las milicias integristas de la versión más reaccionaria del islam, el de las satrapías saudís y qatarís. A pesar de Gadafi, a pesar de Assad.

¿Dónde están ahora los que pedían una intervención en Libia? Los que espolearon y dieron pátina de moralidad a los bombardeos de antiguas potencias europeas con sueño de renovada grandeur, esos cínicos gobernantes occidentales que lanzaban a unos jóvenes contra otros como carne barata para el asador estratégico.

Ya no oígo hablar de Libia, ni de su desastre, ni de la vuelta al tribalismo, a la persecución, a los reinos de taifas en lo que antes era un estado laico, sí, gobernado como un cortijo, pero mejor que el caos de ahora donde siguen las torturas, las ejecuciones, los bombardeos con armas químicas, …

Es lo mismo que pasó en Irak tras la invasión. Yo lo vi con mis propios ojos, en 2004, en 2005 y en 2008. Vi una sociedad destruida, con dificultades en el acceso al agua potable, con cortes en la luz eléctrica, con mafias, con delincuencia, con trata de blancas, vi la vuelta de enfermedades erradicadas como el cólera. Escuché lo que me decían muchos iraquís: que los invasores habían hecho bueno a Sadam, que cualquier cosa era mejor que ese amenaza estadounidense, hoy cumplida, de hacer retroceder al país cientos de años.

En estos meses contemplo Siria con horror. Rastreo en las "informaciones" convertidas en propaganda. En nuestro lado, en nuestra prensa, esa que está de parte de los llamados rebeldes, que “informa” basándose en fuentes que están en Londres y que no son verificables. Del otro lado, busco a Sana, RT o TeleSur. Intento desgranar la realidad que se nos escapa en medio de tantas operaciones psicológicas que son propias de cualquier guerra.

Trato de ver los vídeos del denominado Ejército Libre Sirio y me espeluzno. Es su propio material y no dejo de ver a salafistas y a gentes del takfir. Los aspirantes al califato islámico, perfectos peones usados para desestabilizar. A veces veo también gente que parece estar luchando de buena fe, pero son los menos y la verdad, no percibo que tengan el peso protagónico.

También veo vídeos del Ejército Árabe Sirio, imágenes que se me hurtan en la inmensa mayoría de los informativos. Veo las miserias bélicas, pero también soldados de extracción popular combatiendo calle a calle y como son recibidos por miles en barrios de diferentes ciudades. Y otra vez me digo, no es tan fácil.

Lo que me sorprende es la inopia de algunos que parecen no ver la mano negra del Golfo, de Turquía, de Francia,... en su batalla contra Irán y contra la resistencia libanesa o en la pretensión de cortar la salida al mar Mediterráneo de Rusia. Todo, intereses geopolíticos que sustituyeron hace tiempo cualquier aspiración popular.

Y tiemblo, no por Assad, no por su cortijo de mierda, sino por el estado árabe laico donde conviven distintas etnias y religiones, mal que bien, pero conviven. Y me viene otra vez a la cabeza Irak, su desastre, la división confesional y sectaria de un tablero desmembrado y desestabilizado, como le gustaba al Imperio Británico, como le gusta a sus herederos.

Por eso, no contéis conmigo. No quiero formar parte de la coartada supuestamente humanitaria de las grandes potencias para decidir quien es el malvado de turno, ni ser parte de esa izquierda que tolera las nuevas formas de intervención del imperialismo, del viejo colonialismo de siempre.


Mentir y desacreditar, estrategia contra lo público

OPINIÓN de Javier Couso.-

Como reflexionaba en un artículo anterior sobre el ataque a la Sanidad Pública, los pivotes de la estrategia neoliberal son mentir y desacreditar. Mentir sobre la relación coste-eficiencia y desacreditar a todo el personal público.

La campaña contra el funcionariado es antigua pero en los últimos años se ha convertido en virulenta. Nada como comprobar que es un asunto recurrente en las páginas del “centrista” diario El Mundo o que es uno de los temas estrella de las plataformas ultras-liberales como Libertad Digital o Intereconomía.

De siempre hemos asistido a la siembra de la duda que contraponía la supuesta ínfima calidad de lo público con la excelencia de lo privado, todo aderezado con la eterna y popularizada crítica al trabajo de los funcionarios, reducidos a poco más que vagos malencarados.

En vez de promover la aspiración a que la estabilidad y los derechos laborales conseguidos por los trabajadores públicos se extendiera a todo el colectivo trabajador se puso en marcha una jugada a largo plazo, basada en la excitación de los bajos instintos y la envidia: “si yo no lo disfruto, que nadie pueda”. Campaña de mentiras que desde los despachos del pensamiento privado se propagó como un virus a los grandes medios de (des)información, a las tertulias, a los editoriales, a los cómicos, a las series de situación y de ahí, a los bares y a las casas.

Los funcionarios son unos vagos, lo público es malo. Queremos ser ricos.

Se consiguió. La mayoría piensa ya como los verdugos. Aspiran a ser, pero no lo serán. Es lo que tiene el capitalismo, la mayoría se debe arrastrar para que unos pocos puedan triunfar.

A pesar de las mentiras, ellos siguen ahí trabajando para todos: nos curan, apagan fuegos, investigan, enseñan, limpian, conducen, … tan variados y tan presentes. Sí, los hay vagos e incluso indolentes, como en todos los colectivos, pero la mayoría siempre está para atendernos, independientemente de si tenemos dinero o no.

Para entenderlo, nada mejor que las palabras prestadas de una amiga (funcionaria) en un correo a alguien cercano contaminado por la propaganda neoliberal.

«...los funcionarios no hemos nacido funcionarios, la mayoría hemos trabajado con anterioridad en la empresa privada, en todo tipo de empresa privada. 

En mi caso, tras 14 años en un colegio de monjas donde me enseñaron, sobre todo, a aprender, a estudiar y ser eficaz, al terminar nos engañaron diciéndonos que el mundo era nuestro si cursábamos una carrera universitaria. 

Cuando la terminé, historia, encontré trabajo, y sólo con ayuda de alguien, como es tan frecuente en nuestro país y me temo que en casi todos, vendiendo perfumes en el aeropuerto. Allí se trabajaba por picos, había horas eternas y otras en las que no parabas. De ahí a un broker, con jefes muy progresistas en apariencia pero con un régimen de trabajo en el que parecía que nunca hacías las tareas todo lo rápido que la empresa necesitaba. A mi lado, una secretaria vestida de rojo vaporoso, se limaba literalmente las uñas mientras yo trajinaba como una loca. 

De ahí pasé a una institución cultural semi pública-semi privada en la que se nos contrataba por medio de una ETT diseñada ad hoc y nos pagaban una mierda en comparación con lo que cobraban los que sí estaban en nómina. El trabajo no era abrumador, la verdad, y aprendí muchísimo hasta que al pedir la reducción de jornada por maternidad hicieron fijos a todos mis compañeros menos a mí. Hoy no queda más que uno en la sección, éramos 10. 

Entonces decidí presentarme a una oposición. Nunca antes lo había contemplado porque la sola idea de hacer lo mismo toda mi vida laboral me espantaba pero me gustaba mi profesión y en la administración podía ejercerla sin la amenaza que vi materializarse con la reducción de jornada por maternidad en la privada. Aprobé y desde entonces soy funcionaria de carrera.

Supongo que me he "convertido" y que ahora valoro mucho más la función de quien trabaja para todos. Los hay, hay gente que atiende a inmigrantes, a pacientes, que apagan incendios, que dan clase a mis hijos y se la darán en los institutos cuando vayan. Hay quien trabaja con personas y quien se limita a tramitar. Todo muy normal, como en la privada. 

Sin embargo, nuestros sueldos son los más bajos que yo he cobrado en toda mi vida laboral. Tenía muchos más días libres en la institución cultural, por ejemplo, y mucha más movilidad de horario en el aeropuerto. 

Pero sobre todo nadie me difamaba. Nadie me mandó nunca mails ni artículos en los que se decía que todos los que ejercían una profesión como la mía eran unos caraduras, unos sinvergüenzas, unos vagos, unos incoherentes... Nadie cuestionó jamás que se dieran bonus millonarios en las empresas privadas. Nadie cuestionó que se te castigara por pedir una reducción de jornada por maternidad... 

Pero fue hacerme funcionaria y ver como todo el mundo escupe críticas, las más de las veces fundadas en rumores, chismorreos o voluntades decididas que lo que pretenden es deslegitimar lo que hacemos.
No me parece justo y quería hacerlo saber. 

Hay funcionarios vagos como hay trabajadores vagos en la privada, hay personas ineficaces y mediocres en uno y otro ámbito. Hay dinero público que va directo a empresas y entidades privadas porque sin ese dinero no subsistirían y nadie dice nada y sin embargo el ojo del huracán está siempre, como la espada de Damocles, sobre nuestras cabezas...»

Su enfado debería ser el nuestro, porque defender lo PÚBLICO es defender lo de TODOS. Solo los que quieren robar lo de TODOS pretenden desvalorizar lo PÚBLICO.

Defender la Sanidad, recuperar la Soberanía

OPINIÓN de Javier Couso.-

Nada mejor que acudir a los datos para rebatir la propaganda. Lo científico frente a la publicidad sugestiva. Porque cuando observas las números con detenimiento, los analizas y comprendes, cae como un telón toda la hojarasca neoliberal que, presentada como proyecto de buena gestión contra el “despilfarro”, no es más que un proyecto ideológico que pretende revertir lo conquistado por la ciudadanía para retornar a su particular arcadia, un remozado nuevo, pero en esencia antiguo, régimen.

En la cuestión sanitaria madrileña, punta de lanza del ataque liberal a la Sanidad Pública, se ve claro, no solo que son mentiras las cifras que manejan como un mantra para engañar a toda la población, sino que éstas no aguantan la comparación fría con las cuentas reales.

Mentir es la estrategia, desacreditar la táctica. 1-Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. 2-Lo Público es insostenible. Dos titulares de consigna repetidos hasta la saciedad. Simples ideas-fuerza, mentiras positivas que, emulando al mago nazi, van calando en la población.

La primera frase encubre la estafa privada de la Banca mundial, verdadero expolio contra países y personas cuando los platos rotos producidos por el desastre financiero especulativo de una élite son socializados para que todos paguemos, llegando a rendir a las soberanías nacionales por medio de la modificación de sus Cartas Magnas para poner por encima el pago del robo financiero transnacional a las necesidades de la ciudadanía.

La segunda, responde a la intención de que la gente crea que no se puede mantener su asistencia, que la riqueza no da para todos, que todo lo que se ocupa de todos no es posible. Es la peor de las ideas, la vieja esencia del régimen aristocrático que divide a las personas en categorías deterministas sobre quién accede a los frutos económicos y quién no.

Lo peor de todo esto es que la mayoría de la gente, cada día más idiotizada por la desculturización programada, lo compra, lo asume, y finalmente lo cree sin cuestionarlo.

Afortunadamente existen, la historia es movimiento, sectores avanzados que se niegan a tragar, que dicen un NO alto y fuerte, que se juegan sus salarios, las estabilidad laboral, su integridad física y hasta su libertad. Son los ejemplos dignos, quienes dan un paso al frente. Mareas que algún día se transformarán en maremotos contra el viejo mundo que quiere resucitar para robar todo lo conseguido por el movimiento obrero organizado.

Debemos sumarnos a todas las movilizaciones que protagoniza el personal sanitario, entendiendo que defienden no solo su trabajo sino lo nuestro, lo de todos. Porque es la lucha por la protección de una cuestión fundamental que afecta a la vida y a la calidad de la vida. Un derecho que debe ser de excelencia y universal, no una salud de apartheid segregada entre ricos y pobres.

Nos encontramos ante la implantación de una sanidad de calidad (relativa) para los que puedan pagarla y otra deficiente-caritativa para una mayoritaria población cada vez más empobrecida. Por eso, retornando al principio, los números son tan importantes, porque desmontan las mentiras:

La Comunidad de Madrid no parece contemplar que hay 2 tipos de hospitales en la red madrileña de salud: los del nivel 1 (atención a patologías menos graves y con menor coste) y los de nivel 2 (90% de la asistencia especializada, de mayor coste y dotados de más personal). La comparativa de los datos no se puede establecer sin contemplar esta diferencia y hay que hacer constar que sólo los hospitales públicos de nivel 1 son susceptibles de ser privatizada su gestión sanitaria según el Plan de Medidas de sostenibilidad de la Comunidad de Madrid. Los datos de los costes de hospitales de gestión íntegramente pública al no pertenecer al mismo grupo, NO SON COMPARABLES.

En cuanto a los de nivel 1, sí es posible la comparación:



Conclusión: Si se sigue el modelo de privatización de la gestión sanitaria , el coste no desciende, sino que asciende a 118 millones de Euros por año, con financiación pública (impuestos) [1]. Los presupuestos de 2013 implican el incremento de la asignación en un 20% a los 3 hospitales públicos de gestión enteramente privada (menos complejos), mientras se reduce en un 30% la financiación de los hospitales de gestión mixta (cuya gestión sanitaria se quiere privatizar) y un 16% de media los de gestión enteramente pública de la Comunidad (los de mayor complejidad asistencial): Se saca dinero de la financiación a centros públicos de gestión pública para sostener los de gestión privatizada y por privatizar.

Como vemos, día a día se va atacando todas las conquistas sociales. Necesitamos luchar, salir a la calle y apoyar a los que se la juegan pero también hablar claro en política. Hay que plantear la reversión de las privatizaciones, la expropiación y re-nacionalización de los sectores estratégicos para detener el proyecto neofeudal. Proponer futuro y cumplirlo con la fuerza de la calle. Solo así se podrá, no ya llegar a ganar elecciones sino, como nos enseña Chile en negativo y Venezuela en positivo, mantener el poder en un proyecto soberano al servicio del pueblo.

Ilusionar para ganar, ganar con poder, mantener el poder de todos para defender lo de todos.



Notas:

Datos de los presupuestos consolidados de la comunidad de Madrid para 2012 y proyecto de presupuestos para 2013, disponibles, en la página de AFEM, así como pliego de contratación para uno de los hospitales en régimen capitativo:
* Pliego de licitación del Hospital de Torrejón: http://www.asociacionfacultativos.com/images/comunicados/torrejon.pdf.
Presupuestos Comunidad de Madrid 2012 consolidados: http://www.asociacionfacultativos.com/images/comunicados/presucon12.pdf
Presupuestos 2013, proyecto:
http://www.asociacionfacultativos.com/images/comunicados/presugral13.pdf