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Las miles de muerte de La Veneno


Cristina Ortiz Rodríguez, conocida artísticamente como La Veneno, falleció este miércoles en el hospital de La Paz de Madrid. La Veneno se encontraba hospitalizada desde el sábado, 5 de noviembre, después de sufrir un fuerte golpe en la cabeza, al parecer por una caída accidental en su domicilio.


Trans, una vida violenta
Por Rómulo Hernández

A una persona nacida biológicamente mujer, con las mismas características físicas de Cristina, a menudo le dirían  “hembrón”, “diosa”, “mujerón”. A “La veneno”, como la presentaba la TV española, se le llamaba “mostruo” o para suavizarlo con anglicismos La reina del ‘freak show’.

Transgénero. Nació como José Antonio. Y a las chicas como ella, las fuentes de trabajo, la familia, y la sociedad en general, las lanza a menudo a la calle. 
Ella las transitó para sobrevivir. Y una en millones, la “descubrió” el mundo del espectáculo para exhibirla cruda. Desfachatada. Impúdica. Así vendía más.

A otras figuras las pulen, educan, maquillan por dentro y por fuera, antes de exhibirlas. Pero La Veneno era trans y querían que mostrase el trasero frente a la pantalla tal cual lo hacía en uno de los callejones que mencionaba, aunque ya no necesitara económicamente ese par de billetes sudorosos.

Vidas como la de ella, a la edad de los cuentos de hadas empiezan a enfrentar a una serpenteante pesadilla. Violencia, abandono, abusos, depresión, insultos, discriminación, burlas, escándalos, relaciones fugaces, escondites, son sus alfileres.
A punta de hormonas y cirugías riesgosas,consumen parte de sus vidas intentando poner congruencia al cuerpo con el género. La vida es corriendo.

Aunque muchas veces superen las expectativas físicas, a menudo pierden empleo,vivienda, y custodia de hijos, si los tienen, o enfrentan dificultad para actualizar sus documentos legales.
Las hay activistas, inteligentes, preparadas, pero eso no da audiencia, es difícil ridiculizarlas.

Cuando terminan sus vidas, a veces acortadas por la cobardía ajena, siguen siendo irrespetadas. Sus cuerpos, ocasionalmente, son vestidos como varones y sus victimarios pocas veces investigados.

@RomuloHernande8

¿Cuánto cuesta una sátira? Se nos salió de las manos

OPINIÓN de Rómulo Hernández.-  Las globalizadas nalgas de Kardashian y las estupideces de Justin Bieber nos embrutecieron. Algo estamos haciendo mal.

Nadie sigue católico por haber sido bautizado. Ni todo progresista es ateo porque a Marx se le ocurrió decir aquello sobre “el opio de los pueblos”. Seguir a un Dios marrón como Jesús, a una Diosa azulada como Shiva, a un Dios negro como Changó, o al polémico y multidibujado, Alá, no nos hace mejor ante el otro. Parecía más sencillo.

Tu creencia espiritual o tu ateísmo no es mejor que el mío. Como no lo es mi piel. Ni mi estatura. Ni mi contextura. Ni mi comportamiento en la cama, menos cuando puede ser tan frágil que un par de cervezas podría adulterarlo. O sincerarlo.

Tampoco por ser minoría se es víctima. Son poquitos quienes manejan la banca y los uniformados medios de comunicación ¿O son los mismos?

Olvidamos que el mundo es percibido de acuerdo al sitio donde se esté o a los conocimientos archivados en la cabeza. O a la falta de ellos.

Mi sátira o la tuya a alguien podrían herir. Tu sarcasmo es pagado por carcajadas que ignoran el sufrimiento de otros perdidos entre tu misma multitud. Es un arma emocional.

Mientras unos asisten a procesiones con lápices encima, otros dan la vida por conseguir un par de gotas de agua potable. ¿A quién atender? A veces no hay tiempo para descifrar parodias. Ni resulta tan simple como colocar un "Me gusta/Like" a cualquier dibujito o frase inventadas por quien no nos conoce.

El millonario y la cacerola

Por Rómulo Hernández.-

El cliente espera a que abran la tienda para comprar. El millonario la hace cerrar para que no le molesten mientras escoge su ropa.

El cliente paga para ver una película en el cine. El millonario decide cuál verá el asistente y cuándo.

El cliente compra una revista para ver a Paris Hilton o a las Kardashian. El millonario busca quién se las presente.

El cliente trata de juntar millas para ayudarse a comprar un pasaje. El millonario hace paralizar el aeropuerto para él despegar primero. El cliente escribe los libros. El millonario decide si los publica o no. El cantautor crea la canción. El millonario decide si la graba o no. El cliente pide la cerveza. El millonario decide si la tomas o no. El cliente pide la harina. El millonario decide si la compra o no. El cliente quiere ser actor. El millonario decide si lo hace famoso o no. El cliente enciende la televisión. El millonario la posee. El cliente desesperado pide un candidato. El millonario se ofrece.

El millonario vende las cacerolas. El cliente las compra y las hace sonar para aturdir al mundo y pedir con alaridos, seguir teniendo a su mismo amo, el millonario.

Así tronaron palanganas, ollas de aluminio, de presión (más que nunca) y hasta una que otra de peltre. Eso sí, puliditas. Protestar, pero cuidando las apariencias.

Nos guste o no el candidato. Aunque nos haga pujar con el pensamiento para transmitirle la frase completa. Después se verá si las entiende o no. Había que complacerlo. Al fin y al cabo hizo un gran esfuerzo para colocar su voz más grave, mientras los labios movía temblorosos para al final tartamudear: “¡Arrecheeraa!”.

Había que sacar el sonido de las cocinas de gas directo para celebrar la quema de clínicas comunitarias, para ocultar ocho gritos de muerte y el llanto de la pobreza aún de luto por quien le abrazó sin vergüenza.

Una clase media fuera de control: Votar en un consulado

- EL MERCURIO DIGITAL -

CRÓNICA de Rómulo Hernández.- A las cinco de la madrugada llegaron a la oficina del consulado de Venezuela en San Francisco (EEUU) los miembros voluntarios de las mesas electorales ante las elecciones para elegir al Presidente de Venezuela, entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles.

Algunos se trasladaron manejando casi siete horas desde Los Angeles, para contribuir con el engorroso trabajo de buscar números de identificación en interminables listas, comparar datos, sellar, hacer firmar, observar que los votantes lo hagan en su mesa respectiva, contar votos, llenar planillas, y a lo largo de todo el día y la noche, soportar preguntas impertinentes, ironías, insultos gratuitos sin conocer si a quien se dirigían votaba por su mismo candidato o no. La rabia es libre.

A las 5:30 am aparecieron como 18 miembros de la oposición que durante cada una de las 15 elecciones (14 ganadas por el actual gobierno bolivariano) han protagonizado hechos similares al acontecido el pasado domingo. Como desayunados con ‘kriptonita’ desde la madrugada arremetieron, primero contra el policía puesto por la ciudad de San Francisco, por haberles preguntado por su identificación a cada uno, como antes había hecho con los miembros de las mesas electorales.

Como respuesta le gritaban que él no tenía nada que decir por cuanto estaba en ‘territorio venezolano’ (en el pasillo bien estadounidense frente a oficinas de diferente índole, entre ellas, el consulado de Venezuela).

La discusión se extendió por media hora, a través de un postigo de la puerta, en medio de lo cual exigieron la presencia de la Cónsul para gritarle que era ilegal lo que se estaba haciendo (lo que aún no empezaba), que les abrieran la puerta a todos (sólo debían entrar los testigos de los respectivos candidatos) y al mismo tiempo acompañaban los insultos con cámaras de video y teléfono.

Finalmente, poquitos minutos antes de las seis, hora de inicio oficial de la votación, entraron sudorosos (paradójicamente hacía frío en la ciudad), con jadeos asmáticos y retorcijones de ojos. Los miembros de mesa mientras, tenían casi una hora esperando en posición de yoga, para abrir y revisar las cajas y empezar el proceso. El policía, pese a ser perfectamente bilingüe, observaba sin entender el pase de adrenalina injustificado.

Durante el transcurso del día, hasta la hora de cierre, seis de la tarde, fueron pasando a depositar su voto los venezolanos inmigrantes adornados con gorras y franelas tricolores como la bandera izada estaba vez con impaciencia y rasgos de odio.

Mientras unos votaban, algunas miembros de mesa se ofrecían voluntariamente a cuidar de algunos niños acompañantes. Otros de los votantes hacían caso omiso a la orden de no fotografiar el recinto y otros más desesperados exigían que se quitara un poster del presidente Hugo Chávez porque para ellos era propaganda ilegítima, ilegal.

Algunas de las asistentes luego de depositar su voto, gritaban desaforadas en medio del salón sobre el detalle que en ese momento consideraran ‘ilegal’.
Si algún (a) miembro de mesa de quien se sospechara era del partido de gobierno del candidato chavista, se le ocurría transitar por el edificio o salir de él hacia el café cercano al local, se encontraba con alaridos de “Pata en el suelo, tierrúos…Les vamos a sacar…” Gritados cual consigna electoral que les ha caracterizado durante 14 años.

Ya a la hora del conteo, pasadas las ocho de la noche en San Francisco, y para seguir las normas del Consejo Nacional Electoral, la cónsul Tibisay Lugo permitió la entrada de los representantes de la oposición. Eran aproximadamente 40, con los mismos jadeos de la madrugada, los ojos desorbitados y los tintes amarillos en las cabelleras.

A cada momento se les recordaba que en cada mesa tenían representantes ambos partidos. Sus testigos, por su parte, se mantenían en silencio. Parecían temerle a sus propios copartidarios. Ya antes, a una ex representante de la oposición ante procesos electorales previos y ligada familiarmente a un político reconocido, luego de ‘saltar la talanquera’ (se acercó ahora al chavismo) ha sido agredida verbalmente múltiples veces por estos mismos personajes.

Los ahora invitados de última hora se negaban a respetar la distancia de dos metros de las mesas de escrutinio. Armados con lápices y papel y los consabidos ojos desorbitados pedían que se repitiera cualquier información que pronunciara la cónsul, la revisión de cualquier papelito o planilla, y sus exigencias las adobaron con calificativos como “Mira malandro…”.

Ya el cansancio de los trabajadores voluntarios no daba para más. Por poco se empieza a responder con el mismo tono de irrespeto y demencia. La cónsul de nuevo pidió calma y seguimiento a las normas electorales, mientras seis policías contactados previamente se mantenían en expectativa.

Los agentes de seguridad fueron contratados a la ciudad previamente debido a que los improperios y actos de violencia (escupitajos, insultos y empujones) han sido una constante en un gran número de consulados y embajadas durante cada elección, casi siempre ganada por la oposición en el exterior de Venezuela y perdidas siempre por esa comunidad de clase media que se aferra a un candidato salido de la clase pudiente de Venezuela fácilmente reconocible en video y películas por su participación en el golpe de estado del 2002.

Por ello no sorprende que al momento de escribir esta crónica se protagonicen tantos hechos violentos liderados por la oposición representada por Henrique Capriles y coreada por sus seguidores a través de las redes sociales.

La expectativa se mantiene porque en los momentos similares de hace once años regresó a su pueblo un líder que siguiendo la conducta de pacifistas reconocidos, invitó a un diálogo mostrando un Cristo y perdonó a la mayoría de quienes casi le hacen desaparecer para siempre. Hace pocas horas se eligió un nuevo presidente, Nicolás Maduro, y seguidores y oposición esperan con la misma angustia de hace once años cuál será su actitud ante la amenaza que hoy sale de nuevo a las calles.