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Las altas autoridades eclesiásticas católicas, siempre del lado del crimen y la dictadura

OPINIÓN de Carlos Tena    

A lo largo de la historia, la Iglesia Católica se ha distinguido fundamentalmente por su historial de crímenes y colaboración con la represión, el genocidio y el asesinato de millones de personas.

Los pocos casos contrarios a la “normalidad” han tenido héroes como Monseñor Arnulfo Romero o Ignacio Ellacuría.

En la actualidad, casi o nada ha cambiado en la estrategia de dominio impuesta por el Vaticano, consistente en apoyar a los regímenes neoliberales (excepto en casos puntuales muy escasos), las dictaduras disfrazadas de democracia (Honduras, Paraguay, Colombia, El Salvador, España, Haití, etc.) y en general todos aquellos gobiernos que siguen los dictados del Imperio norteamericano.

En Argentina, los crímenes de Videla y otros militares fueron bendecidos, aprobados y ocultados posteriormente por cardenales, obispos, arzobispos y otras altas autoridades.

Desde un estricto punto de vista democrático y jurídico, hubiera sido necesario procesar junto a esas alimañas uniformadas a decenas de servidores de la Iglesia.

El propio Videla cubre la miseria de sus delitos confesando que la Iglesia Católica argentina (como la alemana en tiempos de Hitler, la italiana en la etapa fascista, la española con Franco, el Chile de Pinochet, etc.) colaboró junto a la junta militar en represiones tan brutales como la de los miles de desaparecidos, las torturas, las ejecuciones y el robo de niños. 

El por qué no se ha llevado a cabo jamás tal medida, lo dejo a la deducción del lector.

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