OPINI脫N de Joan del Alc脿zar.- No son pocos los que se lamentan ahora dentro del PP por haber puesto en marcha las primarias para elegir a quien ha de sustituir a Mariano Rajoy. Con lo f谩cil que hubiera sido seguir la tradici贸n, utilizar la designaci贸n directa, y ahora resulta que la ocurrencia de jugar a la democracia interna se ha convertido en un l铆o monumental.
Por una parte, eso de primarias es cosa de modernos, cuando no directamente de rojos recalcitrantes, que no saben lo que es un jefe pol铆tico de verdad; por otra, eso de pedirle a la militancia que elija entre Pedro y Pablo, o entre Juana y su hermana, es cargar de responsabilidad a gente que no est谩 preparada. Adem谩s, es que eso de la democracia interna es un cuento chino que provoca alergia en las filas del partido que quiere volver a ser hegem贸nico –mandar vaya, mandar- no solo en la derecha, sino en el escenario pol铆tico espa帽ol.
Una buena parte de los afiliados no entiende cabalmente porqu茅 Rajoy no ha hecho como en su momento hizo Aznar con 茅l, ungirlo; y antes Fraga con el propio Aznar. Viven ahora un aut茅ntico problema que, siguiendo la tradici贸n del dedazo, se hubiera podido evitar. Si en el PP la l铆nea de mando est谩 clara, si la gente de orden acepta la jerarqu铆a sin chistar, si se entiende que los que mandan, mandan, para qu茅 todo este jaleo de elegir a un candidato y, adem谩s, a unos compromisarios que ser谩n los que finalmente decidir谩n. ¿Y si luego ambas elecciones no coinciden?
Que el PP es un partido potente est谩 claro, como lo est谩 que no es un partido como los dem谩s. M谩s que militantes, que los tiene, cuenta con simples inscritos y con amigos pol铆ticos interesados; gente que, sintonizando m谩s o menos con los valores conservadores de la formaci贸n, espera obtener r茅ditos tangibles de esa relaci贸n.
Ahora, cuando se ha conocido el censo de los participantes en la elecci贸n se ha descubierto un pastel muy grande, mucho. Dec铆an, pregonaban, se jactaban los dirigentes de que el PP era el mayor partido de Europa por n煤mero de afiliados: m谩s de 860 mil. Ahora, a la hora de la verdad, se ha descubierto que apenas el 7 por ciento de esos inscritos [66 mil] est谩 al corriente de las cuotas que son preceptivas para alcanzar la condici贸n de afiliado.
No es dif铆cil imaginar lo que hubieran dicho los del PP si este apabullante desfase entre el mito de la gloriosa militancia publicitada y la realidad de la raqu铆tica afiliaci贸n real hubiera ocurrido en otro partido. Pero ellos tienen otra vara de medir para s铆 mismos, as铆 que, bueno, consienten a rega帽adientes, vale, habr谩 que hacer alguna depuraci贸n en el censo. En fin, vienen a decir, se trata de un problemilla menor.
Pero no, no es un problema menor. Es, como dir铆a Rajoy, un problema mayor. Y lo es porque se ha mentido reiteradamente a la opini贸n p煤blica y porque con esos datos de afiliaci贸n se puede haber falseado hasta la n谩usea el cap铆tulo de ingresos por cuotas. Adem谩s, ¿c贸mo es que al tesorero y a la secretar铆a general de un partido no le preocupa que, durante a帽os, paguen las cuotas menos del 10 por ciento de los te贸ricos afiliados?
Por si eso fuera poco, ahora tenemos cifras oficiales del propio PP respecto a la distribuci贸n de esa militancia real por provincias. Mientras que en La Rioja el PP cuenta con 65 militantes por cada 10 mil habitantes, son 49 en Melilla, 47 en Soria, 42 en Lugo o 41 en Cuenca; en 脕raba son 7, 4 en Lleida, 3 en Navarra, Tarragona y Bizkaia, 2 en Barcelona, y 1 en Girona y en Guipuzkoa. Madrid y Valencia, tienen 15, y Sevilla 18, por citar otras provincias importantes. Es bien interesante este mapa pol铆tico. Efectivamente, adem谩s de otras consideraciones, nos permite ver que el PP es completa y absolutamente irrelevante en Catalu帽a y en el Pa铆s Vasco y Navarra. ¿Nadie, puertas adentro, se hace preguntas sobre esta realidad?
Lo m谩s preocupante, con todo, para la realidad pol铆tica espa帽ola, no es que el PP haya mentido sobre su caudal de afiliaci贸n, ni que base su fuerza en la Espa帽a interior, ni siquiera que el liderazgo de esa organizaci贸n partidaria -que todav铆a es mayoritaria en la derecha hispana- vaya a ser decidido por menos de 70 mil personas. Lo grave, lo realmente grave es el discurso de los aspirantes, enfrascados en una batalla cada vez m谩s can铆bal seg煤n pasan los d铆as, que no va m谩s all谩 de los t贸picos zarzueleros: viva Espa帽a ca帽铆, somos los mejores, y ganar para poder mandar es lo 煤nico importante.
Dejando de lado al que se presenta como Joserra, jaleado con gracia por Wyoming y los suyos en El Intermedio, la cosa parece estar entre las dos se帽oras, Cospedal y S谩ez de Santamar铆a, y el Estudiante Casado. Garc铆a Margallo, que al lado de los anteriores parece sir Winston Churchill, tiene un discurso demasiado complejo para el que funciona entre las filas del partido.
Pablo Casado, que se presenta como el palad铆n de la renovaci贸n generacional, es simplemente un carcamal de 40 a帽os, adem谩s de alguien al que -visto su curr铆culum acad茅mico- pocos le comprar铆an un coche de segunda mano. El viejo cuarent贸n, del que se recuerda aquella intervenci贸n indigna sobre los desaparecidos en las fosas de las cunetas de Espa帽a, acaba de declarar que est谩 en contra de la propuesta de ley aprobada en el Congreso a favor de la eutanasia [pensar谩 que hay que morir rabiando de dolor] y, adem谩s, ha a帽adido que el aborto no es un derecho. Toma renovaci贸n generacional.
Las se帽oras, abogadas del Estado ambas, han destacado por su impericia y su insolvencia pol铆tica. A Cospedal, la del finiquito en diferido, no se le conocen mayores haza帽as que las que perpetr贸 contra todo lo p煤blico durante el tiempo que fue presidenta de la Castilla meridional. Eso y una petulancia estomagante que le impide reconocer error alguno en la formaci贸n de la que ha sido secretaria general. S谩ez de Santamar铆a, mujer de mejor talante y trato menos 谩spero que su 铆ntima enemiga, acumul贸 un poder desorbitado en el Gobierno de Rajoy que le granje贸 odios africanos entre parte de la dirigencia pepera, y defraud贸 a propios y extra帽os al fracasar en la reconducci贸n de la crisis catalana.
Estos son los perfiles de aquellos entre los cuales deben elegir los afiliados al corriente de las cuotas. Si en alguna cosa coinciden los tres es en la indulgencia plena hacia s铆 mismos y en la dureza contra los otros partidos, contra el PSOE y Podemos, y contra los nacionalistas vascos y catalanes. De la corrupci贸n sist茅mica del PP, nada de nada. Adem谩s de eso, cuando ellos acercaban presos de ETA a Euskadi y hablaban del MLNV, era por patriotismo puro; cuando pactaban con Pujol o con Artur Mas lo que hiciera falta, era por el supremo bien de Espa帽a. Ahora, rabian, insultan y maldicen a diestro y siniestro; se envuelven en la bandera de Marta S谩nchez y deambulan entre la amenaza y la descalificaci贸n a sus contrarios y el anuncio del apocalipsis si ellos no vuelven pronto al gobierno.
Como dir铆a el cl谩sico, en el PP todo es falso menos alguna cosa.
Por una parte, eso de primarias es cosa de modernos, cuando no directamente de rojos recalcitrantes, que no saben lo que es un jefe pol铆tico de verdad; por otra, eso de pedirle a la militancia que elija entre Pedro y Pablo, o entre Juana y su hermana, es cargar de responsabilidad a gente que no est谩 preparada. Adem谩s, es que eso de la democracia interna es un cuento chino que provoca alergia en las filas del partido que quiere volver a ser hegem贸nico –mandar vaya, mandar- no solo en la derecha, sino en el escenario pol铆tico espa帽ol.
Una buena parte de los afiliados no entiende cabalmente porqu茅 Rajoy no ha hecho como en su momento hizo Aznar con 茅l, ungirlo; y antes Fraga con el propio Aznar. Viven ahora un aut茅ntico problema que, siguiendo la tradici贸n del dedazo, se hubiera podido evitar. Si en el PP la l铆nea de mando est谩 clara, si la gente de orden acepta la jerarqu铆a sin chistar, si se entiende que los que mandan, mandan, para qu茅 todo este jaleo de elegir a un candidato y, adem谩s, a unos compromisarios que ser谩n los que finalmente decidir谩n. ¿Y si luego ambas elecciones no coinciden?
Que el PP es un partido potente est谩 claro, como lo est谩 que no es un partido como los dem谩s. M谩s que militantes, que los tiene, cuenta con simples inscritos y con amigos pol铆ticos interesados; gente que, sintonizando m谩s o menos con los valores conservadores de la formaci贸n, espera obtener r茅ditos tangibles de esa relaci贸n.
Ahora, cuando se ha conocido el censo de los participantes en la elecci贸n se ha descubierto un pastel muy grande, mucho. Dec铆an, pregonaban, se jactaban los dirigentes de que el PP era el mayor partido de Europa por n煤mero de afiliados: m谩s de 860 mil. Ahora, a la hora de la verdad, se ha descubierto que apenas el 7 por ciento de esos inscritos [66 mil] est谩 al corriente de las cuotas que son preceptivas para alcanzar la condici贸n de afiliado.
No es dif铆cil imaginar lo que hubieran dicho los del PP si este apabullante desfase entre el mito de la gloriosa militancia publicitada y la realidad de la raqu铆tica afiliaci贸n real hubiera ocurrido en otro partido. Pero ellos tienen otra vara de medir para s铆 mismos, as铆 que, bueno, consienten a rega帽adientes, vale, habr谩 que hacer alguna depuraci贸n en el censo. En fin, vienen a decir, se trata de un problemilla menor.
Pero no, no es un problema menor. Es, como dir铆a Rajoy, un problema mayor. Y lo es porque se ha mentido reiteradamente a la opini贸n p煤blica y porque con esos datos de afiliaci贸n se puede haber falseado hasta la n谩usea el cap铆tulo de ingresos por cuotas. Adem谩s, ¿c贸mo es que al tesorero y a la secretar铆a general de un partido no le preocupa que, durante a帽os, paguen las cuotas menos del 10 por ciento de los te贸ricos afiliados?
Por si eso fuera poco, ahora tenemos cifras oficiales del propio PP respecto a la distribuci贸n de esa militancia real por provincias. Mientras que en La Rioja el PP cuenta con 65 militantes por cada 10 mil habitantes, son 49 en Melilla, 47 en Soria, 42 en Lugo o 41 en Cuenca; en 脕raba son 7, 4 en Lleida, 3 en Navarra, Tarragona y Bizkaia, 2 en Barcelona, y 1 en Girona y en Guipuzkoa. Madrid y Valencia, tienen 15, y Sevilla 18, por citar otras provincias importantes. Es bien interesante este mapa pol铆tico. Efectivamente, adem谩s de otras consideraciones, nos permite ver que el PP es completa y absolutamente irrelevante en Catalu帽a y en el Pa铆s Vasco y Navarra. ¿Nadie, puertas adentro, se hace preguntas sobre esta realidad?
Lo m谩s preocupante, con todo, para la realidad pol铆tica espa帽ola, no es que el PP haya mentido sobre su caudal de afiliaci贸n, ni que base su fuerza en la Espa帽a interior, ni siquiera que el liderazgo de esa organizaci贸n partidaria -que todav铆a es mayoritaria en la derecha hispana- vaya a ser decidido por menos de 70 mil personas. Lo grave, lo realmente grave es el discurso de los aspirantes, enfrascados en una batalla cada vez m谩s can铆bal seg煤n pasan los d铆as, que no va m谩s all谩 de los t贸picos zarzueleros: viva Espa帽a ca帽铆, somos los mejores, y ganar para poder mandar es lo 煤nico importante.
Dejando de lado al que se presenta como Joserra, jaleado con gracia por Wyoming y los suyos en El Intermedio, la cosa parece estar entre las dos se帽oras, Cospedal y S谩ez de Santamar铆a, y el Estudiante Casado. Garc铆a Margallo, que al lado de los anteriores parece sir Winston Churchill, tiene un discurso demasiado complejo para el que funciona entre las filas del partido.
Pablo Casado, que se presenta como el palad铆n de la renovaci贸n generacional, es simplemente un carcamal de 40 a帽os, adem谩s de alguien al que -visto su curr铆culum acad茅mico- pocos le comprar铆an un coche de segunda mano. El viejo cuarent贸n, del que se recuerda aquella intervenci贸n indigna sobre los desaparecidos en las fosas de las cunetas de Espa帽a, acaba de declarar que est谩 en contra de la propuesta de ley aprobada en el Congreso a favor de la eutanasia [pensar谩 que hay que morir rabiando de dolor] y, adem谩s, ha a帽adido que el aborto no es un derecho. Toma renovaci贸n generacional.
Las se帽oras, abogadas del Estado ambas, han destacado por su impericia y su insolvencia pol铆tica. A Cospedal, la del finiquito en diferido, no se le conocen mayores haza帽as que las que perpetr贸 contra todo lo p煤blico durante el tiempo que fue presidenta de la Castilla meridional. Eso y una petulancia estomagante que le impide reconocer error alguno en la formaci贸n de la que ha sido secretaria general. S谩ez de Santamar铆a, mujer de mejor talante y trato menos 谩spero que su 铆ntima enemiga, acumul贸 un poder desorbitado en el Gobierno de Rajoy que le granje贸 odios africanos entre parte de la dirigencia pepera, y defraud贸 a propios y extra帽os al fracasar en la reconducci贸n de la crisis catalana.
Estos son los perfiles de aquellos entre los cuales deben elegir los afiliados al corriente de las cuotas. Si en alguna cosa coinciden los tres es en la indulgencia plena hacia s铆 mismos y en la dureza contra los otros partidos, contra el PSOE y Podemos, y contra los nacionalistas vascos y catalanes. De la corrupci贸n sist茅mica del PP, nada de nada. Adem谩s de eso, cuando ellos acercaban presos de ETA a Euskadi y hablaban del MLNV, era por patriotismo puro; cuando pactaban con Pujol o con Artur Mas lo que hiciera falta, era por el supremo bien de Espa帽a. Ahora, rabian, insultan y maldicen a diestro y siniestro; se envuelven en la bandera de Marta S谩nchez y deambulan entre la amenaza y la descalificaci贸n a sus contrarios y el anuncio del apocalipsis si ellos no vuelven pronto al gobierno.
Como dir铆a el cl谩sico, en el PP todo es falso menos alguna cosa.
