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"Para romper las barreras, fui capaz de decir 'ya basta'"

Superviviente de violencia sexual en México


Marbella vive a las afueras de Acapulco. Asistió a terapia durante varios meses con nuestra psicóloga Nadia Rivera, lo que le permitió empezar a recuperar su vida. Sin embargo, antes tuvo que lidiar con muchos obstáculos.
La violencia en Acapulco, uno de los lugares con mayor índice de homicidios en el mundo, se puede dar de muchas formas. La lucha contra la delincuencia cobra vidas en las calles y hace que desconfíes de los otros.

En muchas partes de esta ciudad, los asesinatos, secuestros, extorsiones, tiroteos, violaciones y agresiones sexuales suceden a diario. La violencia es un problema normalizado que, desafortunadamente, toca todas las esferas: la pública y la privada.

"En esta ciudad, llevamos a cabo un proyecto de atención psicosocial y de salud mental para las supervivientes de la violencia, incluida la atención médica, psicológica y social enfocado en supervivientes de violencia sexual, una de las poblaciones más vulnerables", señala la organización Médicos Sin Fronteras.

“Cuando comenzamos con este proyecto, nos fuimos dando cuenta de lo enraizada y normalizada que estaba la violencia, donde la afectación a la salud mental de la población es evidente, las personas viven con temor. Además, la violencia sexual es una problemática social y cultural”, señala Nadia Rivera, psicóloga de MSF  en el estado de Guerrero (México)

Las mujeres continúan siendo la población más afectada; el 85% de los casos que atendemos son mujeres y niñas. “Me dijeron que era normal, que eso pasaba en todas las relaciones y que tenía que aguantar. Ante los ojos de los demás, la rara era yo”, señala Marbella, una joven de 22 años abusada sexualmente por su pareja.

"La violencia sexual es un problema de salud pública que debe ser tratada como una emergencia médica", dice MSF. "En Acapulco, implementamos un programa con el objetivo de garantizar servicios médicos, psicológicos y de trabajo social a todos los supervivientes de violencia sexual, asegurando el derecho de acceso a la salud de todos ellos y sensibilizando a la población sobre la importancia de buscar ayuda inmediata".


Ana fue agredida en dos ocasiones, las dos en el interior de su casa. Tiene lesiones en el rostro y en los brazos y ha recibido atención psicológica a raíz de ello. Christopher Rogel Blanquet/MSF

Psicólogos sociales, promotores y agentes comunitarios de la propia localidad evaluaron las necesidades de la población y llevaron a cabo labores de empoderamiento comunitario, incluyendo la detección de casos.

“Cuando busqué ayuda me dijeron que era mi culpa, que yo debería aguantar eso, hasta que comencé a acudir a las charlas de los promotores de MSF, donde me di cuenta que nadie tiene que aguantar una situación así”, relata Marbella.

“Uno de los grandes desafíos del proyecto fue ganarnos la confianza de la gente y lograr que confíen en profesionales para contarnos la realidad de haber sido supervivientes de cualquier tipo de violencia, sobre todo cuando ésta se vive en casa”, menciona Rivera.

“Llegaron en el momento en el que más lo necesitaba, había perdido las esperanzas, sentía vergüenza y pensé que ellos tenían razón, por eso dejé de buscar ayuda. Encontrar a alguien que me escuchará y me ayudara fue muy importante en mi vida”, recuerda Marbella.

Las heridas emocionales que conllevan una agresión sexual son lacerantes y profundas; pero buscar atención médica inmediata luego del abuso sexual es vital. Las primeras 72 horas marcan la diferencia para prevenir el contagio de VIH, otras infecciones de transmisión sexual y evitar embarazos no deseados, por lo que la atención para los supervivientes debe ser garantizada de manera inmediata y oportuna.

Como la falta de seguridad dificultaba el ingreso de los residentes y el de los profesionales a los centros de salud, ofrecimos acompañamiento y atención integral -médica, psicológica y social- a personas supervivientes de violencia sexual en dos unidades hospitalarias de la ciudad, en la Clínica Avanzada de Atención Primaria en Salud y en el Hospital General ‘Donato G. Alarcón’, gracias a un acuerdo de colaboración con la Secretaria de Salud del estado.

“Había tocado puertas y me habían rechazado. Me enfrenté con varios obstáculos. Viví violencia de muchas formas, me acerqué a las autoridades sin recibir respuesta. Como mujer no es fácil alzar la voz, pero no tengan miedo, siempre hay gente buena que te ayuda. Hay que romper las barreras y decir ‘ya basta’”, concluye Marbella.

En colaboración con la Secretaria de Salud del estado de Guerrero, en 2018 atendimos a 58 supervivientes de violencia sexual en Acapulco, 47 son mujeres y el 40% fueron menores de edad.

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