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Pensar en el pasado sin pisarlo

OPINIÓN de José Luis Ibáñez Salas.- El pasado que no pasa y va y se posa, y a veces reposa e incluso se esposa, cuando no se espesa. Que es repisa y represa, que es capaz de ser repulsa y pulso. El pasado que nos pisa sin darse prisa. Que evita la pausa y nunca es menopausia. Que pesa y apresa, apisona y apasiona.

El pesado pasado de las personas. El plisado pasado de los pasantes. ¡Cuánto se ha pastado en el pasado que apesta, cuánto! Pasado perfecto, pasado imperfecto, pluscuamperfecto. De indicativo, de subjuntivo. De imperativo: ¡pasa! De posos y pasos. Lo perdurable y lo que cambia: los posos y los pasos, las repisas y las prisas. El pasado puso todo de su parte, a veces lo pisamos cuando queremos pesarlo. No hemos de mandarlo a paseo, pero si lo paseamos hemos de hacerlo en condiciones: no podemos darle el paseo ni hacer con él el paseíllo.

Al pasado no se va a pasar un buen rato si se quiere saber lo que en él pasó. O tal vez sí, tal vez eso pase. El pasado posee algunas respuestas. Probablemente, también posea todas las preguntas. Pensar el pasado, pensar en el pasado, pensar para el pasado: pensar por culpa del pasado.

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