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desde el r铆o hasta el mar

Otros horizontes

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Escucha a lo lejos la alarma del reloj despertador, voltea a ver, son las tres y treinta de la madrugada, se levanta adormitado y camina hacia el ba帽o, desde la noche anterior dej贸 la cubeta llena con agua para no tener que ir a esa hora a sacarla al tonel que est谩 en el patio. En un costal tiene cuatro mudas de ropa, saca una que planch贸 la noche anterior y se alista para esperar al repartidor de pan que no tarda en llegar.    En una de las dos hornillas de la estufa de mesa pone a calentar los frijoles, en la otra calienta las tortillas, del refrigerador saca una bolsa con crema y queso fresco del que pas贸 dejando el vendedor que llega desde Taxisco cada semana, se sirve una taza de caf茅 y del canasto del pan saca dos zepelines. Se sirve los frijoles, coloca las tortillas en una manta y comienza a desayunar, son las cuatro de la ma帽ana, en una hora tiene que abrir la abarroter铆a, pero antes a Ovidio le toca limpiar y organizar el mostrador como t...

Su majestad el Rey Pel茅

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Las generaciones m谩s j贸venes creen que el f煤tbol se invent贸 hace diez a帽os y que los campos sint茅ticos o engramillados siempre han estado ah铆, al igual que la cercan铆a y sobreexposici贸n de las redes sociales que todo lo magnifican a favor de las grandes empresas de la explotaci贸n inform谩tica y mafias que rodean el f煤tbol. De ah铆 que creen con inversiones millonarias en propaganda cada diez a帽os a jugadores estrella que les servir谩n para la venta de camisetas, audiencia televisiva y entradas a los estadios. Imponi茅ndoles as铆 a un 铆dolo a las masas mundiales que son tan manipulables. M谩s all谩 de todo eso est谩 Pel茅, que jug贸 con pelota de piedra, en campos enlodados y sin reglamentos de f煤tbol renovados a帽o con a帽o que faciliten cada vez m谩s el desarrollo del juego para el 煤nico fin de ser un espect谩culo m谩s all谩 del deporte y el esp铆ritu del juego limpio. Muchos podr谩n estar en contra eso no quita que Pel茅 sea el m谩s grande jugador de f煤tbol de todos los ti...

A la hora del sereno

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado A las tres de la madrugada ya tienen preparadas las redes de zanahorias, remolachas y r谩banos. Las lavaron la noche anterior, las consiguen m谩s baratas cuando los campesinos las arrancan de sus sembrad铆os y se las entregan directamente. Este a帽o tambi茅n se aventuraron a comprar cocos para el ponche de las fiestas de fin de a帽o, aunque para conseguirlos tienen que viajar desde Chimaltenango hasta Escuintla o a veces hasta Suchitep茅quez lo que representa un gasto extra y muy fuerte para su econom铆a tan fr谩gil.    Los padres de Ixmucan茅 lograron comprar un puesto dentro del mercado despu茅s de veinte a帽os vendiendo en las afueras colocando sus verduras sobre un nailon, aguantando fr铆o, lluvia y sol.  Eso gracias a que una hermana de su mam谩 que vive en Estados Unidos como indocumentada y que trabaja en un matadero de pollos les envi贸 el dinero, de otra forma jam谩s hubieran podido, es algo que siempre   le recuerda su mam谩 a su...

El d铆a que escampe

OPINI脫N de Ilka Olica-Corado S贸lo le falta amarrarse las cintas de los tenis y est谩 lista, con su uniforme bien planchado y su cabello cuidadosamente sujetado, Soledad est谩 por comenzar su tercera jornada de trabajo. Se asoma por la puerta de la cocina y ve el sal贸n lleno a reventar, calcula por lo menos unas quinientas personas a las que tienen que atender entre seis meseros, tres mujeres y tres hombres. En las ma帽anas trabaja de costurera en una lavander铆a, los remiendos que hace le agrandan la billetera al due帽o del negocio, a ella le paga una m铆nima cantidad pero que le sirve para ayudarse a pagar la renta de la casa que alquila   junto a sus hijos.  En las tardes limpia casas y sale de ah铆 despepitada para el sal贸n de banquetes donde trabaja en las noches, otro lugar donde le pegan menos del salario m铆nimo como le toca a la mayor铆a de indocumentados en el pa铆s. Migr贸 hace treinta y cinco a帽os, cuando ten铆a cuarenta y cinco. En Estados Unidos el tiempo para los indocumenta...

El anhelo del vendedor

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado   Enciende la plancha y prepara un vaso de agua para rociarle con los dedos sobre el pantal贸n. Fulgencio sigue con la tradici贸n de su abuelo materno, usa camisas y pantalones de vestir, su茅ter de lana y zapatos tipo mocasines.  Siempre con su pa帽uelo de tela bien planchado y cuidadosamente doblado guardado en la bolsa de atr谩s del pantal贸n. Usa el mismo cincho de cuero desde hace cuarenta a帽os.   Ya que tiene su mudada lista se va a ba帽ar con el agua fr铆a del tonel, pero primero lava la muda de ropa del d铆a anterior y la deja secando. Se restriega los carca帽ales con las piedras pomas que compra en el mercado en el local de do帽a Juanita que es la vendedora m谩s antigua, con treinta a帽os en el puesto, empez贸 vendiendo pashtes  [1]  y hoy en d铆a tiene piedras pomas, bolsas de arena roja, copal,  2  veladoras, siete montes y   puros.    Cuando le alcanza el dinero Fulgencio compra pasta de...

Un d铆a tranquilo

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Se sienta para descansar un momento, ha pasado parada durante diez horas con dos intermedios de diez minutos para ir al ba帽o y media hora para almorzar. El clima de noviembre es muy fr铆o en Nueva York, son los d铆as de vestirse con tres mudas de ropa, con guantes gruesos, dos pares de calcetas y botas de tractorista. Nemesia siempre lleva gorro y sombrero para cubrirse del fr铆o y del sol.  El pa帽uelo que le cubre el rostro lo usa todo el a帽o, le ayuda un poco con las quemaduras en la piel, en verano por el calor y en el invierno por el fr铆o. Va y viene entre los surcos de los 谩rboles de manzana en la finca donde trabaja, la caja que carga sobre la espalda cuando est谩 llena pesa cincuenta libras, el peso es el doble cuando tiene que subir por la escalera hasta la copa de los 谩rboles para alcanzar los frutos que est谩n m谩s altos, en la bajada tiene a煤n m谩s temor por los resbalones que pueden costarle la vida. No hace mucho lleg贸 a Estados Unidos, ser谩 cosa ...

El valor de las remesas

OPINI脫N de Ilka Olica-Corado Conoci贸 el salm贸n en Nueva York cuando lo vio cocinado en bandejas en el deli del supermercado. Doce d贸lares el pedazo de media libra. Doce d贸lares, se pregunt贸 qu茅 pod铆a hacer con doce d贸lares en su natal Todos Santos Cuchumat谩n, Huehuetenango, Guatemala, sin dudas alimentar a su familia por lo menos tres d铆as. En Todos Santos Cuchumat谩n, Clementino trabaj贸 desde la adolescencia en el cementerio, primero de ayudante de su t铆o donde aprendi贸 a hacer chapuces[1] por aqu铆 y por all谩: d铆as de enterrador, otros de alba帽il, d铆as de mantenimiento y d铆as de pintor de brocha grande y de pincel peque帽o. Se aprendi贸 de memoria la bandera de Estados Unidos cuando comenzaron a llegar los cuerpos de migrantes que mor铆an en aquel pa铆s y que lo hab铆an adoptado como su segunda patria, gente que estaba tan agradecida con el sustento que pidi贸 que en su tumba le pintaran la bandera de Estados Unidos junto con la de Guatemala. Pedidos expresos de paisajes de las urbes estadou...

La herida de la ausencia

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado  Se levanta, prepara el caf茅 y abre la peque帽a ventana de su habitaci贸n, de golpe entra el aire fr铆o del oto帽o que le tulle los huesos, jam谩s pens贸 que octubre pudiera ser tan fr铆o, si su natal Caba帽as, Zacapa, Guatemala es un horno todo el a帽o.   A Lindomar le brota de los poros constantemente la a帽oranza por su tierra y su familia apenas est谩 cumpliendo un a帽o de haber llegado a Estados Unidos, la herida est谩 fresca.  Los ha llorado todos los d铆as con sus noches, nunca imagin贸 que alguien pudiera llorar tanto por extra帽ar y que la melancol铆a se sintiera como una herida en carne viva imposible de curar.  Sus hijos gemelos se grad煤an de tercero b谩sico y 茅l no podr谩 estar presente, fue un momento que siempre so帽贸 porque 茅l no pudo pasar de tercero primaria. Siente culpa, la misma culpa que siente la mayor铆a de migrantes indocumentados que han dejado a sus familias en sus pa铆ses de origen. Su pena es mayor porque sus hijos viven s...

El campo de manzanas

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado En la noche celebrar谩n los quince a帽os de su hija mayor, la emoci贸n no la ha dejado pegar el ojo en la 煤ltima semana.  Macarena trabaj贸 horas extras durante un a帽o para poder ajustar para los gastos de la fiesta. Por videollamada estuvo presente en todo el proceso, desde la reuni贸n familiar de planificaci贸n en donde estuvieron abuelos, t铆os, sobrinos y amigos cercanos, hasta los 煤ltimos ajustes en los que ella tuvo la 煤ltima palabra.  Macarena quiere que la fiesta de su hija sea recordada en todo el pueblo, es la forma que encontr贸 de abrazarla lo m谩s fuerte posible desde la lejan铆a que tiene El Norte, hasta su pueblo natal en Candelaria, Lempira, Honduras y tambi茅n para demostrarle a los que la criticaron por ser mam谩 soltera, que su hija pod铆a tener una fiesta de lujo sin necesidad de tata. As铆 fue comprando dos vacas, tres marranos, una cabra y una docena de patos para la fiesta. Desde Estados Unidos envi贸 por encomienda, cajas de licor, mantele...

La cena

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Fidelio se detiene y descansa junto a la carreta de helados, tiene ampolladas las plantas de los pies, sus zapatos apenas tienen suela.  Ha recorrido gran parte de la ciudad desde las siete de la ma帽ana, pronto entrar谩 la noche. No ha sido un d铆a bueno, no logr贸 vender ni la tercera parte de la mercader铆a, as铆 pasa para los d铆as en los que comienza el oto帽o y el clima cambia de repente. Nunca se imagin贸 que el norte ser铆a eso, empujar una carreta de helados desde la primavera hasta el oto帽o y suplicar que le compren el producto, como suplic贸 en su natal Iguala de la Independencia, Guerrero, M茅xico, cuando vend铆a panes y atoles.   Treinta a帽os recorriendo las calles de la ciudad de Chicago, en d铆as de fr铆o, lluvia y sol. Lleg贸 al pa铆s del norte con treinta y dos a帽os cumplidos, va para los sesenta y tres y todav铆a sigue indocumentado, no conoce de un d铆a de descanso porque empuja su carreta de lunes a domingo.  Poco falta para que olvide su nom...

El viaje de Simona

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado A las doce en punto del medio d铆a suena la alarma, es hora del almuerzo, los trabajadores tienen media hora para comer y regresar a sus labores. Simona lleva veinte a帽os trabajando en ese lugar, entr贸 como personal de mantenimiento y despu茅s de cuatro a帽os ascendi贸 a ayudante de cocina, desde cortar cebolla por costaladas al principio hasta 煤ltimamente preparar comidas gourmet que reparten en supermercados de zonas exclusivas. Originaria del cant贸n Los Apantes, Juay煤a, Sonsonate, El Salvador, Simona emigr贸 a Estados Unidos para escapar del estigma, s贸lo quer铆a vivir en un lugar en el que no fuera insultada por su condici贸n f铆sica. La poliomielitis en la pierna derecha la hace caminar renqueando, no recuerda un solo d铆a sin que los ni帽os de la escuela y del cant贸n se burlaran de ella. En cuarto primaria decidi贸 dejar de estudiar y dej贸 el a帽o a medias, no soport贸 m谩s las burlas y el silencio de los docentes y hasta las risas de unos al escuchar los apodos c...

Los d铆as de lluvia

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado En las noticias anuncian un pron贸stico de lluvia que durar谩 todo el d铆a, Rom谩n apaga el televisor y trata de dormir, le duelen las articulaciones de las rodillas y de las manos, ma帽ana ser谩 un d铆a largo, cansado y de empaparse. Su oficio de mil usos en el supermercado coreano lo deja realmente extenuado. Entre empujar carretas que los clientes dejan regadas por todo el estacionamiento, barrer y trapear el piso, limpiar los ba帽os, recoger la basura de la cafeter铆a, el deli, la pescader铆a, la carnicer铆a y de los recipientes que est谩n adentro y afuera para los clientes, Rom谩n al medio d铆a no da m谩s. Apenas a la mitad de su jornada. Para 茅l, el clima no importa, si hace mucho calor, si neva, si llueve, tiene que empujar las carretas y colocarlas en orden en el 谩rea de entrada para que los clientes las encuentren a la mano. A veces se le tullen los dedos de las manos y de los pies, su econom铆a no le da para comprar zapatos para climas extremos como el invierno, ...

Cristina de la Patria Grande

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Han intentado marchitar la flor en primavera. No quieren montes de flores silvestres, ni p茅talos de colores abrazando la esperanza.  No quieren ra铆ces de encinos, ni sombras de flores de fuego. Han intentado silenciar los retumbos del mar despierto, hermoso, siempre en rebeld铆a.  Han intentado aprisionar la libertad del viento, consecuente con su albedr铆o. Cristina Fern谩ndez en una imagen de archivo Intentaron cercar la vereda, el 煤nico camino. Intentaron minar la ladera para que ninguna nube se pose ah铆 con sus encantos. Para que ning煤n atardecer embellezca la utop铆a. Intentaron silenciar el trino de las aves, para que la luz de un nuevo d铆a no traiga el j煤bilo de la ilusi贸n. Porque el canto es el alma celebrando la vida. Intentaron domar a la yegua salvaje, pero es montaraz, completamente ind贸mita.   Intentaron borrar la sonrisa de la infancia, porque les es m谩s 煤til un adulto herido que un adulto amando. Porque saben que el amor es un senti...

El incienso humando

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Disiderio enciende una veladora en el altar que tiene en la sala de su casa en Colorado, reci茅n ha regresado de trabajar limpiando ba帽os p煤blicos en parques del distrito. Es el cabo de a帽o del fallecimiento de su madre Modesta, 煤nica sobreviviente de su familia que fue masacrada por el ej茅rcito de Guatemala en los tiempos de la dictadura militar. Sus padres les contaban que junto a otras familias se internaron en la selva durante meses para no ser asesinados, de aquellos d铆as de persecuci贸n, hambre, fr铆o y angustia recordaban los entierros que se hac铆an al pie de los 谩rboles, como se帽a por si alg煤n d铆a regresaban para encontrar a los difuntos y enterrarlos en el camposanto del pueblo. En ese viaje por la sobrevivencia conoci贸 a On茅simo a quien le hab铆an asesinado a sus padres y hermanos, se casaron muchos a帽os despu茅s cuando resid铆an en Colorado, Estados Unidos. Ninguna de aquellas familias con las que recorrieron monta帽as retorn贸 al pa铆s y los cerros inmen...

Los grandes azadones

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Sabina envi贸 durante veintisiete a帽os cajas de encomiendas llenas de ropa y regalos para sus cuatro hijos en Guatemala. Migrante indocumentada se le astillaron las v茅rtebras de tanto limpiar ba帽eras e inodoros. Se le agrietaron las manos de tanto cloro y qu铆micos. Compartiendo apartamento con siete personas m谩s Sabina tuvo tres trabajos al d铆a. Limpiando ba帽os en restaurantes, edificios de oficinas, centros comerciales y casas particulares. Si sabr谩 de lo sucia que es la gente dentro y fuera de su casa. Viuda con cuatro ni帽os, decidi贸 emigrar para poder darles un futuro mejor al de ella que no lleg贸 ni a segundo de primaria. Los dej贸 a cargo de sus padres y se fue de mojada al pa铆s del norte. Logr贸 darles universidad a todos, tambi茅n enviarles remesas para que cada uno tuviera una cuenta de banco, mientras ella en Estados Unidos no pasaba de cuatro mudas de ropa y dos pares de zapatos, de dormir tres horas al d铆a. La ropa y los zapatos que le regalaban sus ...

Hojas de ruda

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Jesusa camina por la orilla de la banqueta mientras disfruta los amarillos de los mirasoles que adornan los cercos de las casas. En agosto, cuando el calor del verano estadounidense hace reventar los p茅talos silvestres y empieza a sazonar el zacate sembrado en los arriates, el aroma de las flores de lavanda hace que los 煤ltimos d铆as del verano sean inolvidables en su hermosura. Es entonces cuando florecen los girasoles y Jesusa olvida moment谩neamente todos sus dolores. Come sand铆a, tambi茅n ar谩ndanos y melocotones. Hace ensalada de aguacate con albahaca y lim贸n, prepara limonada con hierbabuena y pone a secar las hojas de ruda para el t茅 que tomar谩 en el invierno. Logr贸 que se le pegara una mata despu茅s de muchos intentos, ya ha sobrevivido a tres inviernos y renace galante en primavera para cuando florecen los cerezos y los 煤ltimos tulipanes despiden la nieve y el hielo negro de la estaci贸n. S贸lo en agosto, cuando cantan las 煤ltimas chicharras y las hojas d...

La c谩scara de pino

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Valerio lleva trabajando treinta y siete a帽os en los campos de cultivo de California, se conoce como las palmas de sus manos los de uvas, ciruelas, fresas, mangos, culantro, r谩bano y apio. Tiene el cuerpo molido y el alma rota, como la mayor铆a de migrantes indocumentados en el pa铆s. Es tarahumara, originario de Chihuahua, M茅xico, pero se reconoce siempre como rar谩muri. Para cuando emigr贸 ya estaba comenzando la tala ilegal de 谩rboles de la Sierra Tarahumara y aumentaban los campos de cultivo de marihuana y amapola que acaparaban gran parte de la Sierra Madre Occidental entre Chihuahua, Durango, Sonora y Sinaloa. El acoso a su poblaci贸n y reclutamiento para trabajar en los campos de cultivo hizo que muchos comenzaran a emigrar en busca de trabajo a otros estados de M茅xico y Estados Unidos. 脡l fue el primero en emigrar de su familia, con los a帽os le siguieron hermanos, primos y gente del pueblo, a todos los fue recibiendo uno por uno y les consigui贸 trabajo...

La ciruela

OPINI脫N  de Ilka Oliva-Corado Guillermina deja las bolsas del supermercado sobre la mesa y con urgencia saca una ciruela, la lava y le da una mordida, el jugo se le escurre por la comisura de los labios. Cierra los ojos y saborea lentamente su dulzura mientras agradece a las manos que la cuidaron desde que la semilla del 谩rbol fue plantada. Desde ni帽a sus abuelos campesinos le ense帽aron a agradecer el trabajo que realizan quienes cultivan la tierra. Originaria de Parramos, Chimaltenango, Guatemala, cuando lleg贸 a Estados Unidos no hablaba m谩s que su idioma materno, el cakchiquel. Palabras de espa帽ol, una por aqu铆 y otra por all谩, del ingl茅s jam谩s hab铆a escuchado. Lleva veinte a帽os trabajando como empleada dom茅stica en Nueva York, ah铆 aprendi贸 a viajar en tren. La primera vez que se subi贸 a uno y vio los mundos de gente en la estaci贸n se sorprendi贸, de la tecnolog铆a y de la cantidad de personas que viajan en ese medio de transporte. En Guatemala nunca vio uno, s贸lo conoce la melod铆a...

El sorbo del nuevo d铆a

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado   Justina limpia habitaciones de hotel, veintid贸s al d铆a, a veces veinticinco dependiendo si falta alguna compa帽era al trabajo. Su turno comienza a las cinco de la ma帽ana y termina a las siete de la noche, catorce horas en total. De lunes a viernes. Los s谩bados y domingos le rentan el espacio de un metro cuadrado en un supermercado mexicano por veinticinco d贸lares el d铆a, ah铆 vende mantas que borda las noches en las que no puede dormir, que son muchas. Con eso se ayuda para la gasolina.   De mi茅rcoles a s谩bado Justina trabaja en una discoteca latina, le cobran veinte d贸lares la noche para poder poner su puesto en el ba帽o de mujeres.  En una mesita que desdobla coloca toallas sanitarias, ganchos sandinos, colas, ganchos para ropa, pedazos de algod贸n, curitas y si alguien necesita un poco de talcos, loci贸n y desodorante tambi茅n, como ung眉entos para el dolor de pies. Aunque los due帽os de la discoteca no la dejan ponerle precio a nada, las pol铆tic...

La tristeza de Cecilio

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado Cecilio prepara una taza de caf茅 mientras se calientan dos tamalitos de frijol en el microondas, de la mochila que lleva al trabajo saca un botecito de vaselina y se unta un poco en la yema de los dedos, los tiene rajados y le sangran de tanto cortar cerezas todo el d铆a en el trabajo. En el supermercado mexicano que queda cerca de donde vive compra ung眉entos para el dolor de espalda, gana seis d贸lares por bote que cuando se llena pesa quince libras. 脡l se cuelga uno del cuello y el otro a media cintura, para lograr ganar doce d贸lares en cada vuelta, en los supermercados las cerezas cuestan casi diez d贸lares la libra, Cecilio cree que es una gran injusticia que quien las cosecha gane tan poco. Pero as铆 es la vida del pobre, les dice siempre a sus compa帽eros de trabajo cuando les cuenta que cuando trabajaba en las faldas del volc谩n de fuego en Guatemala, en la cosecha de pi帽as eran tambi茅n los terratenientes los que se quedaban con las mayores ganancias. Cec...




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