OPINIÓN Puño en Alto La célebre frase de Julio Cortázar —“ Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose ”— encierra una intuición profundamente política que trasciende lo literario. Esta premisa nos obliga a replantear qué entendemos por esperanza en contextos de crisis, desigualdad o conflicto y, sobre todo, a cuestionar quién la produce y con qué fines. En el discurso político contemporáneo, la esperanza suele presentarse como una virtud individual o una obligación moral; se nos exhorta a «no perderla» incluso cuando las condiciones materiales la hacen insostenible. Sin embargo, Cortázar subvierte esta idea al despojarla de su carácter privado: la esperanza no es algo que poseemos, sino una fuerza que nos atraviesa. No nace de la voluntad ni de un optimismo ingenuo, sino de una inercia vital más profunda; es la propia vida resis...
