C. Hermida* Hace ochenta y siete años murió en Colliure Antonio Machado. Fue el 22 de febrero de 1939, un mes después de atravesar la frontera francesa ante el avance de las tropas franquistas. Allí sigue enterrado uno de los más grandes poetas españoles. Hombre sencillo, honesto, de una inmensa altura intelectual y siempre unido a su pueblo, en la alegría del 14 de abril de 1931 y en la amargura de la derrota republicana y el exilio. Machado encarna el patriotismo republicano, que es lo contrario del nacionalismo vocinglero de una derecha que se envuelve en la bandera para justificar sus crímenes y tropelías. La España que ama Machado está encarnada por el pueblo, por sus luchas y afanes, por su heroísmo anónimo. Esa alma popular se refleja en una poesía plena de sensibilidad y emoción. Machado no es poeta y republicano, no son dos dimensiones separadas, sino una sola. Es el poeta republicano. Inseparables su expresión lírica y su posición política. Tras la guerra, algunos falang...
