El sábado 4 de julio de 2026, mientras las taquillas del puerto de Dénia vendían entradas a cinco euros para presenciar la primera sesión de la temporada, un equipo de investigadores de AnimaNaturalis y CAS International se mezclaba entre el público con cámaras y objetivos de largo alcance. Su objetivo era documentar lo que la Generalitat Valenciana declaró en 1993 Fiesta de Interés Turístico Nacional. La contradicción resulta evidente: una distinción administrativa pensada para promocionar el turismo ampara, sesión tras sesión, el acoso de toros y vacas jóvenes hasta que caen exhaustos al mar. Aquel sábado, las reses recorrieron primero la calle Marqués de Campo hasta los corrales del puerto, en la única entrada urbana programada para esta edición. Horas después, en la plaza semicircular instalada junto a la lonja pesquera —cuyo lado recto permanece abierto directamente al agua—, comenzó la sesión que marcaría el resto de la semana: el animal embiste, los participantes corren, y quien...
