Por Raúl Allain (*) Caminar por las calles de Lima hoy, con el brillo de los centros comerciales y el rugir del tráfico, puede hacernos caer en la trampa de la amnesia. Sin embargo, para quienes tenemos memoria y formación en las ciencias sociales, el silencio de los coches bomba no significa que la amenaza haya desaparecido; simplemente ha cambiado de piel. Como sociólogo, pero ante todo como peruano que vio las cicatrices de los años ochenta y noventa, me preocupa esa narrativa edulcorada que intenta presentar el terror como un "conflicto social" o una respuesta romántica a la desigualdad. Hay que decirlo con claridad: lo que vivimos fue un ataque sistemático contra la civilización, la libertad y la propiedad por parte de grupos mesiánicos que despreciaban la vida humana. Desmontar esta mentira histórica es el primer paso para proteger nuestro futuro. Durante demasiado tiempo, ciertos sectores han intentado blanquear el pasado de Sendero Luminoso y el MRTA, presentándolos c...
