OPINIÓN Por Raúl Allain (*) / Escarlet Tadeo (**) Cuando pensamos en la cultura hindú, casi de inmediato la mente viaja a imágenes de templos coloridos, danzas enérgicas y deidades con múltiples brazos. Pero detenernos ahí sería caer en una postal superficial. En realidad, la presencia de la India en el Perú, aunque silenciosa, ha sido mucho más honda de lo que solemos reconocer. Lo curioso es que esa influencia no se ha dado de manera impositiva ni aparatosa, sino como un río subterráneo que se filtra en costumbres, en la música, en la espiritualidad, en la moda y hasta en la manera de entender la salud. En lo personal, como sociólogo, me sorprende cada vez más la capacidad de la cultura hindú para abrirse paso en un país tan complejo y mestizo como el nuestro. Los peruanos hemos aprendido a convivir con una pluralidad de identidades, y quizá por eso miramos con cierta empatía lo que viene de otros lugares. La India, con su milenaria tradición espiritual, ha encontrado en nuestro suel...