Ilka Oliva-Corado A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar. El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y este aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo. En su casa su madre nunca ha tenido ni voz ni voto, todo lo decide su papá entonces para cuando se enteró se puso a llorar porque así mismo le pasó a ella. La tomó de un brazo y la sentó en una silla y le explicó que llegaría un hombre que sería su espos...
