Por Franco Gamboa Rocabado
El siglo XXI no solamente es testigo de las revoluciones tecnol贸gicas m谩s impresionantes, sino que al mismo tiempo evidencia una extra帽a convivencia entre dos mundos mutuamente excluyentes: la secularizaci贸n, es decir, el proceso cultural por medio del cual, tanto el racionalismo como la Raz贸n humana, rechazan cualquier explicaci贸n trascendental, divina o religiosa, privilegiando la confianza en el poder de la ciencia; por otro lado, el mundo secular camina junto al resurgimiento de m煤ltiples credos religiosos y un renovado inter茅s por todo tipo de misticismos que anhelan un m谩s all谩 paradis铆aco donde pueda plasmarse el renacimiento espiritual de la humanidad.
Tanto el racionalismo como el desarrollo cient铆fico caracterizan a la modernidad y los procesos de modernizaci贸n en cualquier parte del mundo; sin embargo, las religiones universales como el cristianismo, el credo isl谩mico y otras filosof铆as espiritualistas del oriente hinduista, budista o tao铆sta, son constantemente reinterpretadas a la luz de las calamidades como el incremento de la violencia urbana, el hambre, la pobreza mundial, la inseguridad fruto de enfermedades infecciosas, el miedo a una hecatombe nuclear o medioambiental, y el deseo por reconciliar la Raz贸n instrumental del occidente secularizado, con la protecci贸n de la naturaleza a escala global.
En el terreno pol铆tico, el fin de la Guerra Fr铆a populariz贸 la idea de un final de la historia y las ideolog铆as para ensalzar una nueva 茅poca, caracterizada por el triunfo de la democracia liberal y el atractivo de la sociedad de mercado. La b煤squeda del crecimiento econ贸mico transmiti贸 varios mensajes donde, supuestamente, era m谩s importante consolidar una voluntad humana que haga prevalecer su conducta racional privilegiando sus intereses y beneficios personales, junto con las m煤ltiples opciones de consumo que el mercando iba a proveer.
De pronto, las convicciones pol铆ticas o las filosof铆as cl谩sicas en torno a la naturaleza humana y la representaci贸n del hombre en la modernidad capitalista, fueron vistas como in煤tiles, en medio de una defensa a ultranza de las satisfacciones materialistas. Esto fue un error grave y, hasta cierto punto, completamente absurdo porque ni el mercado y ning煤n sistema pluralista que reconozca los derechos civiles como las democracias contempor谩neas, podr铆an prescindir de creencias donde se expliciten claramente cu谩les son los sentidos de la vida, del esp铆ritu humano que se esfuerza por construir obras imperecederas o, simplemente, ideas capaces de reconocer las m煤ltiples limitaciones del hombre en medio de la evoluci贸n del universo cuya finalidad 煤ltima, probablemente no existe.
Los credos religiosos y las convicciones ideol贸gico-filos贸ficas est谩n saludables y plenamente vigentes. El sentimiento de lo sagrado desempe帽a un papel central para cualquier clase social, aunque tambi茅n se esconde una duda fundamental: ¿en qu茅 creen las grandes mayor铆as del siglo XXI?, ¿茅stas se sienten convencidas por ideolog铆as? o simplemente fingen para explotar 煤nicamente su ego? Por supuesto que resaltar谩n un sinf铆n de hipocres铆as al confirmarse la enorme distancia existente entre aquello que las personas dicen creer y lo que realmente practican; de todos modos este no es el centro del problema.
Las religiones junto con las ideas pol铆ticas y filos贸ficas son la manera en que los hombres aceptan sus derrotas o sus 茅xitos como inevitables. Aceptar la vida como derrota o fortuna no es posible, sino a condici贸n de identificar una serie de explicaciones sobre el sentido de la vida; sentido que no est谩 sujeto 煤nicamente a la racionalidad cient铆fica del mundo moderno, sino condicionado a la aceptaci贸n de un orden que girar谩 en torno a diversos entendimientos de lo sagrado.
El siglo XXI no solamente es testigo de las revoluciones tecnol贸gicas m谩s impresionantes, sino que al mismo tiempo evidencia una extra帽a convivencia entre dos mundos mutuamente excluyentes: la secularizaci贸n, es decir, el proceso cultural por medio del cual, tanto el racionalismo como la Raz贸n humana, rechazan cualquier explicaci贸n trascendental, divina o religiosa, privilegiando la confianza en el poder de la ciencia; por otro lado, el mundo secular camina junto al resurgimiento de m煤ltiples credos religiosos y un renovado inter茅s por todo tipo de misticismos que anhelan un m谩s all谩 paradis铆aco donde pueda plasmarse el renacimiento espiritual de la humanidad.
Tanto el racionalismo como el desarrollo cient铆fico caracterizan a la modernidad y los procesos de modernizaci贸n en cualquier parte del mundo; sin embargo, las religiones universales como el cristianismo, el credo isl谩mico y otras filosof铆as espiritualistas del oriente hinduista, budista o tao铆sta, son constantemente reinterpretadas a la luz de las calamidades como el incremento de la violencia urbana, el hambre, la pobreza mundial, la inseguridad fruto de enfermedades infecciosas, el miedo a una hecatombe nuclear o medioambiental, y el deseo por reconciliar la Raz贸n instrumental del occidente secularizado, con la protecci贸n de la naturaleza a escala global.
En el terreno pol铆tico, el fin de la Guerra Fr铆a populariz贸 la idea de un final de la historia y las ideolog铆as para ensalzar una nueva 茅poca, caracterizada por el triunfo de la democracia liberal y el atractivo de la sociedad de mercado. La b煤squeda del crecimiento econ贸mico transmiti贸 varios mensajes donde, supuestamente, era m谩s importante consolidar una voluntad humana que haga prevalecer su conducta racional privilegiando sus intereses y beneficios personales, junto con las m煤ltiples opciones de consumo que el mercando iba a proveer.
De pronto, las convicciones pol铆ticas o las filosof铆as cl谩sicas en torno a la naturaleza humana y la representaci贸n del hombre en la modernidad capitalista, fueron vistas como in煤tiles, en medio de una defensa a ultranza de las satisfacciones materialistas. Esto fue un error grave y, hasta cierto punto, completamente absurdo porque ni el mercado y ning煤n sistema pluralista que reconozca los derechos civiles como las democracias contempor谩neas, podr铆an prescindir de creencias donde se expliciten claramente cu谩les son los sentidos de la vida, del esp铆ritu humano que se esfuerza por construir obras imperecederas o, simplemente, ideas capaces de reconocer las m煤ltiples limitaciones del hombre en medio de la evoluci贸n del universo cuya finalidad 煤ltima, probablemente no existe.
Los credos religiosos y las convicciones ideol贸gico-filos贸ficas est谩n saludables y plenamente vigentes. El sentimiento de lo sagrado desempe帽a un papel central para cualquier clase social, aunque tambi茅n se esconde una duda fundamental: ¿en qu茅 creen las grandes mayor铆as del siglo XXI?, ¿茅stas se sienten convencidas por ideolog铆as? o simplemente fingen para explotar 煤nicamente su ego? Por supuesto que resaltar谩n un sinf铆n de hipocres铆as al confirmarse la enorme distancia existente entre aquello que las personas dicen creer y lo que realmente practican; de todos modos este no es el centro del problema.
Las religiones junto con las ideas pol铆ticas y filos贸ficas son la manera en que los hombres aceptan sus derrotas o sus 茅xitos como inevitables. Aceptar la vida como derrota o fortuna no es posible, sino a condici贸n de identificar una serie de explicaciones sobre el sentido de la vida; sentido que no est谩 sujeto 煤nicamente a la racionalidad cient铆fica del mundo moderno, sino condicionado a la aceptaci贸n de un orden que girar谩 en torno a diversos entendimientos de lo sagrado.